• Ted Reichman

    ¿Por qué tomaste para tu disco el título de un libro sobre Joseph Mitchell? (“My Ears are Bent” compendia las notas que escribiera el periodista Joseph Mitchell durante la década del ’30 para el diario The World-Telegram).

    El libro es de Mitchell y no sobre él. El disco en realidad no es un tributo a él, ni está basado en el libro. El trabajo de Mitchell me dio un monton de inspiración no tanto por el material o los temas desarrollados, sino por el lenguaje y la estructura utilizada. De hecho, le doy importancia a que su obra se centrara en New York en un momento histórico tan especial en lo general, pero no tanta importancia como el placer que, en lo particular, me brindó su lectura.

    ¿Por qué?

    Estaba pensando un montón acerca de New York en el período en que leí “My Ears are Bent”, porque vivía en el medio de la nada del alto New York y en ese momento estaba por regresar a Brooklyn. También meditaba mucho sobre la religión por los obvios momentos políticos que atravesaba Estados Unidos y por algunos eventos personales no tan obvios… Mitchell escribió sobre religión con una combinación imponente de reverencia y sarcasmo. Sentí apropiado ese enfoque para el momento que yo estaba viviendo. Pero la atracción principal radica en que sólo aspiro a escribir música tanto como él escribía palabras, con la misma clase de economía y claridad.

    ¿Cómo fue la elaboración de “My Ears are Bent”?

    Empezó a través de algunas frases sueltas. El grueso de eso ocurrió cuando me levantaba muy temprano y me ponía a practicar piano. Luego, lentamente insertaba esas partes juntándolas en el piano. Una vez que comenzó la grabación de la música, eso se hizo más y más lento ya que fue producido como un disco de rock y no tocado en vivo como un disco de jazz. Todo fue grabado separadamente, recién entonces me aboqué a hacer una extensa edición, mezcla y tratamiento electrónico.

    Una pregunta inevitable: ¿por qué no tocás acordeón en “My Ears are Bent”?

    Pienso que fue la continuación de un proceso con el que estaba experimentando desde hacía tiempo. En la medida en que intenté crecer como compositor, resultaba importante no sentirme atado al acordeón. Quería que eso fuese una opción. No quiero que mi música se transforme automáticamente en música para acordeón.

    ¿Por qué te inclinaste por el piano entonces?

    Cuando empecé a trabajar sobre “My Ears are Bent” estaba tocando el piano un montón y sólo por propio placer. Además estaba escuchando mucha música para piano. Por eso no es sorpresivo que haya terminado haciendo un disco básicamente en piano. En un principio no imaginé que no incluiría el acordeón, pero estaba abierto a eso y finalmente me pareció una consecuencia natural y apropiada en términos musicales. Estoy muy feliz con el resultado.

    Los temas incluidos en el disco, ¿fueron especialmente compuestos para él o provienen de otra época?

    Algunos de ellos fueron compuestos para mi banda Émigré poco después de salirme del grupo, aunque nunca me parecieron composiciones que estuvieran realmente conectadas con el material de Émigré. Así que preferí hacerlo en su propio contexto. La mayoría de las composiciones fueron escritas en un período de un año. Pero también hubo muchas canciones que escribí en ese momento y que no usé.

    ¿Qué te llevó a elegir para tu disco a Mary (Halvorson) y a John (Hollenbeck)?

    Elegí a Mary Halvorson por su sonido. Buscaba un guitarrista que tuviera un sonido clásico de guitarra jazzera pero cuyo contenido no fuese jazz. Tengo una pesada influencia que proviene del Nat King Cole Trio y de Big Maceo y Tampa Red en términos de sonido piano/guitarra. Mary (Halvorson) también tiene un background similar y eso me llevó a pensar que sería interesante tocar con alguien que no conocía realmente, pero con quien tenía cosas en común. En cambio con John (Hollenbeck) la cosa era diferente. Lo conozco muy bien y pensé que sería asombroso escuchar lo que podía hacer con este material.

    ¿Cómo describirías tu música?

    Mirá… para mí, “My Ears are Bent” y Émigré son básicamente música rock instrumental. Creo que de mí surgen más conceptos de producción de rock que de cualquier otro género musical. Definitivamente, no soy un músico de jazz ni un compositor clásico. Tampoco un músico folk. Así que ese simple proceso de descarte, me condujo al rock (risas). No… es una broma…

    ¿Y cómo ves la escena de la nueva música creativa? Vos, ¿te ubicás allí?

    No estoy tan seguro de conocer la escena a la que te estás refiriendo. Pienso que está apareciendo un montón de gente con su propioasunto”. Y tanto compositores como algunas bandas están haciendo fuertes propuestas. La gente está trascendiendo a sus propias influencias y está logrando crear su visión personal. En todo el mundo se está gestando y produciendo una abundante cantidad de música interesante y eso va más allá de lo que puede suceder en nuestra propia comunidad. Estoy feliz de poder conectarme con esa gente ya sea tocando con ellos o escuchando la esencia de todo eso; y si puedo ser un apoyo para su desarrollo, mejor todavía. Pero salvo eso, la verdad es que soy bastante ignorante de lo que sucede más allá de mi pequeña vecindad, por lo menos en este tiempo.

    ¿Cuáles serán tus próximos pasos?

    Tengo planificado involucrarme más con música para películas y seguir haciendo tantos discos como sea posible. Ya estoy trabajando en mi próximo álbum, aunque momentáneamente tuve que dejarlo de lado por todos los otros proyectos y compromisos que te mencioné.

    ¿Qué imaginás para el futuro de la música?

    Para mí y mis amigos… creo que estamos empezando a entender las técnicas que necesitamos dominar para hacer la música que deseamos oír (risas). Eso significa que estaremos cada vez más y más en condiciones de llevar a cabo ideas más ambiciosas que las que puede reunir una banda solamente tocando sus temas o improvisando. No encuentro nada de malo en ese modelo en particular. Sólo estamos cuestionándonos si es suficiente o resulta una idea satisfactoria para la música del siglo XXI.
    Como te dije antes, pienso que la influencia transcendental del artista debe ser salir a escena para hacer el mejor trabajo de su vida y eso sólo puede lograrse comprometiéndose realmente. Nadie puede sostener una larga y fructífera carrera como artista haciendo covers o conformando bandas tributo, aun cuando esto sea realmente sincero. La mayoría de los artistas que admiro son los que se empujan a sí mismos a buscar su contribución personal al mundo de la música.

    Supongo que en algún momento te habrás preguntado cuál era tu misión como músico… ¿ya tenés la respuesta? (risas)

    Mi meta es incrementar el nivel de belleza y energía positiva en cualquier forma que pueda y por más pequeña que sea. Por eso trato de exigirme más y más evitando la salida fácil. Y trato de devolver con energía y respeto a toda la gente que me ha apoyado, ya sean compañeros musicales, miembros de la audiencia o el tipo que me llevó al aeropuerto. No siempre acierto…

    Una última pregunta y espero que aciertes con la respuesta (risas): si debieras ir a una isla desierta, ¿qué llevarías con vos?

    Bueno… primero que todo, a mi esposa.


    http://www.tedreichman.com/

    Sergio Piccirilli

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