• Theo Bleckmann & Kneebody: Había una vez un Ives

    The Broad Stage – Santa Monica (USA)
    Viernes 21 de Noviembre de 2008 – 19:30 hs.

    En la sesión inaugural del coqueto The Broad Stage de la ciudad de Santa Monica, tuvo lugar la avant premiere de Twelve Songs by Charles Ives.

    Esta obra, que revé algunas composiciones del genial compositor Charles Ives, reunió al magnífico vocalista alemán Theo Bleckmann y al grupo californiano Kneebody integrado por Ben Wendel en saxo tenor, fagot y melódica; Adam Benjamin en piano acústico, piano eléctrico y efectos; Shane Endsley en trompeta y percusión; Kaveh Rastegar en bajo eléctrico y contrabajo y Nate Wood en batería.
    Theo Bleckmann, además de su impactante rango vocal, se destaca por haber estado asociado consistentemente con proyectos de riguroso compromiso creativo. En su dilatada trayectoria trabajó con Philip Glass, Laurie Anderson, Anthony Braxton, Dave Douglas, John Hollenbeck y Michael Tilson Thomas, entre otros. Bleckmann mantiene también una prolongada sociedad artística con Meredith Monk, de cuyo ensamble vocal es miembro desde 1994. En lo que va de esta década desplego en forma simultánea varios planes cooperativos tales como el multiestelar grupo vocal Moss, los dúos que integra con el guitarrista Ben Monder y el pianista y arreglista Fumio Yasuda y más recientemente con el Refuge Trio junto a John Hollenbeck y Gary Versace.

    Kneebody, con su sólida amalgama de post-rock futurista, jazz, libre improvisación, pop, funk y la asimilación de un amplio rango de influencias que van de Jimi Hendrix a Steve Reich y de Aphex Twin a Duke Ellington, ha aportado frescura a la escena de la nueva música creativa. El cohesivo y original alegato musical de esta banda se materializó en los álbumes Kneebody de 2005, Kneebody Live Volume 1 de 2006 y muy especialmente en el ponderable Low Electrical Worker de 2007.
    Si bien Bleckmann y Kneebody exponen una similar vocación por recorrer terrenos no explorados, la direccionalidad de sus respectivas carreras no hacía vaticinar que confluyeran en un proyecto común.
    No obstante, en el verano de 2007 y a instancias del afamado director Kent Nagano, ambos fueron invitados a recrear un ciclo de canciones de Charles Ives para el Munich Opera Jazz Festival. El resultado se corporizó en el álbum Twelve Songs by Charles Ives, que editó recientemente el sello europeo Winter & Winter.

    Charles Edward Ives (1874-1954) es considerado uno de los compositores de música clásica más importantes de todos los tiempos. Su obra abarcó música orquestal, canciones, música religiosa, corales, sonatas y música de cámara. En su estilo convergen fórmulas académicas provenientes de la tradición europea, tonadas folclóricas estadounidenses, elementos característicos del movimiento modernista y una marcada tendencia a la experimentación, la disonancia y a la complejidad armónica y rítmica extrema. El intimidante desafío que representaba ejecutar algunas de sus partituras provocó el rechazo del ambiente musical de su época e hizo que la mayoría de sus composiciones fueran ignoradas hasta después de su muerte, hecho que registra innumerables antecedentes enlazados a creadores que se adelantaron a su tiempo. Podríamos citar muchos ejemplos, pero el caso más paradigmático es el del tristemente célebre Frederic Johannes Papalaqua, quien no sólo fue ignorado en vida sino que algunos rencorosos esperan que muera pronto para seguir ignorándolo.

    Sin embargo existen innegables similitudes entre Ives y Papalaqua. Ambos se iniciaron en la música a temprana edad y tuvieron una sólida formación académica.
    Ives, siendo niño, ya ejecutaba el piano con fluidez y fue organista de iglesia. Mientras que Papalaqua, en su infancia, solía tocar el piano con frenesí durante días enteros. Lo tocaba con los pies, con las rodillas, con la nuca. Lo tocaba. Incluso llegó a intentar hacerlo con un hacha. Finalmente llegó a la conclusión que era hora de tomar algunas lecciones de música. El impacto que causó en Ives su temprano acercamiento al arte musical, lo llevó a escribir himnos y canciones para servicios eclesiales; en cambio, el mayor impacto que recibió Papalaqua fue descubrir que los tres pedales del piano se llamaban unicordio, tonal y pedal de resonancia y no como él creía hasta ese entonces: acelerador, embrague y freno.
    Ives egresó con honores de la Escuela Hopkins y también de la afamada Universidad de Yale, en tanto que Papalaqua egresó del Conservatorio de Milán. Bueno, en realidad ingresó por una puerta e inmediatamente egresó por otra. Pese a este transitorio fracaso, más tarde sería aceptado por una importante institución: la Policía Bonaerense (entidad en la que llegaría a obtener, tras años de estudio, el rango de cabo primero).

    Ya están en escena Theo Bleckmann y Kneebody. La apertura del concierto es con una de las canciones más recordadas de Charles Ives: Serenity. Algunos musicólogos aseguran que esta composición fue proyectada como parte de la serie denominada Men of Literature, pero finalmente terminó siendo catalogada como Serenity, Song for voice & piano, S. 347 (K.6B60d). A partir de un preludio en el que se conjugan una rítmica de carácter marcial y los envolventes climas que construye el piano eléctrico, emerge la cristalina voz de Bleckmann quien, con elegancia y precisión, entona la lírica del original perteneciente a John Greenleaf Whittier. Luego ofrecen una relectura de The Cage, tema que Ives escribiera en 1906 pero que no sería publicado sino hasta 1922 y con el nombre de The Cage, Song for voice & piano, S. 221 (K. 6B42). Obra que el propio Ives relanzaría más tarde en versión orquestal con el título de In the Cage como parte del primer movimiento de Set for Theater Orchestra, S.20.
    Esta tendencia de Ives por reinventar su propia obra también fue una constante en la carrera de Frederic Johannes Papalaqua. Así fue como este último compuso una serie obras muy parecidas entre sí con títulos por demás explícitos: La calcada, La idéntica, La misma (1 y 2) y la más ambiciosa de todas… la Sinfonía Ídem Anteriorum.
    La versión de The Cage desplegada por Bleckmann & Kneebody incorpora el uso de disonancias “a la Ives” pero con un encuadre que acepta lejano parentesco con el estilo del grupo británico de rock progresivo de los setenta: Gentle Giant.

    Seguidamente brindan una memorable entrega de la romántica Well’ Auf Mir/ Eyes so Dark, una de las tantas canciones que Ives escribiera en alemán por asignación de su profesor de composición Horatio Parker durante su estadía en la Universidad de Yale. Cabe aclarar que también Papalaqua compuso en alemán pero a causa del Alzheimer. The Housatonic at Stockbrige (Song for voice & piano, S. 266-K 6B64d) de 1914 fue incluida por Ives en el ciclo 114 Songs, aunque su versión orquestal integró el último movimiento de uno de sus trabajos más populares: Three Places in New England. La disposición armónica diseñada por Bleckmann & Kneebody incluyó elementos estructurales aparentemente antagónicos tales como procesador de voz y contrabajo, electrónicos y piano acústico, batería y fagot y trompeta y efectos. Todo coronado en el inaudito registro vocal de Theo Bleckmann. Ovación más que merecida.

    The New River, de 1911, recibe un tratamiento teatral que, a partir del rock experimental, la libre improvisación y el uso de politonalidades, bordea el caos armónico pero sin apartarse del centro gravitatorio de la melodía.
    En la balada In the Mornin’, Shane Endsley ejecuta su trompeta detrás de escena, recurso utilizado por Charles Ives durante algunos pasajes de su obra The Unanswered Questions de 1908 y que describiera pomposamente como “la eterna pregunta de la existencia”. Algo igualmente pretencioso intentó Frederic Johannes Papalaqua en la Opus La Opulencia. Obra en la que también ubicó algunas trompetas detrás de escena pero en sus respectivos estuches. Si bien el recurso sorprendió a algunos entendidos, a la mayoría sólo le provocó risas. Tal vez por ello su Opus La Opulencia recibiría poco después el despectivo mote de ¡Oh, Pus! La Pestilencia.

    Con mejor suerte, Bleckmann y Kneebody desarrollan una mágica relectura de Like a Sick Eagle con otra brillante entrega vocal a cargo del cantante.
    Waltz (S.385-K 6B19) también formó parte de la colección 114 Songs, de 1922. Esta versión respeta el carácter festivo y afable del original. En cambio At the River, de 1916 (algunos de cuyos compases formaran parte de la Sonata for Violin and Piano Numero 4 de 1906), recibe un tratamiento sombrío y melancólico.
    En un juego de contrastes permanentes, a continuación brindan una alegre versión de The See’r, tema que Ives compusiera en 1913.
    Songs My Mother Taught Me fue una de las canciones iniciales de Ives (data de 1895) en la que rindió pleitesía a su madre re-ensamblando un pasaje sobre el mismo texto proveniente de Seven Gypsy Melodies de Antonin Leopold Dvorak.
    También Frederic Johannes Papalaqua, a la hora de componer, se inspiró repetidas veces en su madre. Así fue como compuso Mamita Querida Echame Alcohol, ¡Amamántame ya! y Oda a Mamá, más conocida como El Mamarracho.

    En la lectura que hacen Bleckmann & Kneebody de Songs My Mother Taught Me, un preludio en piano eléctrico atravesado por interferencias de radio muta en un segmento de aires folclóricos para confluir en un final de carácter épico.
    El cierre será con una conmovedora entrega sin amplificación de una de las cuatro canciones en alemán incluidas en 114 Songs: Feldeinsamkeit /In Summer Fields, tema en el que Ives musicalizara un bellísimo texto perteneciente al poeta Hermann Allmers.
    Theo Bleckman & Kneebody, en Twelve Songs by Charles Ives, recrean el mundo sonoro de un compositor genial, transgresor y revolucionario. No sólo para manifestar su respeto y admiración sino también para recordarnos que… había una vez un Ives.

    Sergio Piccirilli

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