• Walter Malosetti

    Todo lugar, ya sea un continente, país, provincia, ciudad, estado, pueblo o casa, tiene uno o más próceres.
    Un prócer es un ser eminente, elevado, una persona de la más alta dignidad.
    Coloquialmente, en la Argentina, un prócer es un maestro, un guía, un referente.
    Pasaremos por alto en esta ocasión (y en muchas otras optamos por lo mismo, valga la aclaración) que hay muchos tildados de “próceres” que deberían ser “procesados”. Por la justicia o en una Moulinex. Vamos por los buenos, entonces.
    Mejor dicho, por uno de ellos.
    Porque… más allá de gustos, afinidades, puntos de vista y cuantos etcéteras quieran agregar, no cabe la menor duda de que en la música en general y en el jazz en particular, el guitarrista Walter Malosetti es un maestro, un guía y un referente.
    O sea: un prócer.
    Nació el 3 de junio de 1931 en el seno de una familia cuya rama masculina (padre y hermano) le daba con ganas a las seis cuerdas. Pero el pequeño Walter descubrió (e insertó en el clan familiar) al jazz. A Walter lo rodeaban otros estilos como el folclore, el tango y la música clásica. Pero vaya uno a saber qué bisectriz tomaron sus genes para que la “rítmica” del jazz lo enloqueciera.
    Cosas de chicos, seguramente… ya se le va a pasar…
    Minga.

    Con los Malosetti asentados en Palomar (provincia de Buenos Aires) y siendo adolescente, se empleó en el ferrocarril al igual que su padre; pero renunció sin más ni más en cuanto le ofrecieron brindar sus primeros conciertos en una suerte de confitería bailable de esa localidad.
    Y no paró más.
    Integró varias orquestas, el trío Crazy Fingers, los grupos Georgians Jazz Band, Blue String, Swing Timers, Buenos Aires Big Band, Satch y Swing Club, grabó varios álbumes con Swing 39, dio conciertos en todo el país, Madrid, París, Oslo, Copenhague, Venecia, Gratz y Londres.

    Ha grabado infinidad de álbumes, ya sea como líder o sideman; fue invitado por artistas tan diversos como Oscar Alemán, David Lebón, Erik Andersen e Illya Kuryaki & the Valderramas, se presentó con… ¿todos? Trataremos de resumir: Chuck Wayne, Didier Lockwood, Gato Barbieri, Jim Hall, Hernán Oliva, Enrique "Mono" Villegas, Marian Mc. Partland, Lalo Schiffrin, Larry Coryell, Billy Smith, Joe Pass, Karlheinz Miklin, Andrés Boiarsky, Teddy Wilson, Earl Hines, Mauríce Ferret, Baby López Furst, Friedrich Gulda, Jorge Navarro…
    Y resumimos, eh…


    Ha escrito casi una decena de libros sobre su instrumento y en 1961 fundó su Escuela de Música que sigue en pleno funcionamiento, hoy en la localidad porteña de Caballito.
    En la actualidad, Walter Malosetti se presenta regularmente en trío o cuarteto; junto con su hijo, el bajista Javier Malosetti, editará este año un álbum en vivo reflejando los conciertos que brindaran en La Trastienda en septiembre de 2007; acaba de editar un nuevo libro titulado “Nuevo Método de Guitarra Jazz” y sigue desempeñándose como Director Musical de su Escuela de Música.


    En el año 2004 Daniel Gagliano dirigió un documental de 55 minutos titulado Solo de guitarra, basado en la vida y música de papá Malosetti. A pesar de no haber recibido apoyo oficial de ninguna índole, se presentó en varios festivales como los de Mar del Plata, Rosario, Olavarría y Trieste.

    Su actual compañera, Sara, fue el nexo ideal para concertar la entrevista que se llevó a cabo en la Escuela que dirige. Lo que no podíamos adivinar era que ese día, en Buenos Aires, tuvimos un simulacro del diluvio universal y no fui previsor: no saqué pasaje para el Arca.
    Pero un simple chubasquito no nos iba a detener así nomás, así que munidos de una canoa marca ACME, nos acercamos al coqueto barrio de Caballito.
    O sea… la tuvimos que remar.
    Afortunadamente, no ocurrió lo mismo con el entrevistado. Con el rutilante buen humor de siempre, este joven Prócer de 76 años nos diría al finalizar la entrevista: “Disculpame… pero creo que mi memoria no es buena en estos tiempos”.
    Ajá.
    Así que “desmemoriado”.
    No pienso emitir opinión, simplemente juzguen ustedes…
    Lo que sí debo comentarles (además del inmenso placer que sentimos en todo momento) es que, apenas se sentó, tomó una guitarra criolla que estaba sobre la mesa; se puso a tocar, como intentando reconocer el estado, y se mandó con… ¡una zamba! Embobado, al dejar de tocar quise saber:

    ¿Nunca le interesó el folclore?

    Y… somos de acá… mi viejo tocaba… (y vuelve a tocar algo folclórico) y mi hermano le daba por lo clásico (y toca algo clásico). Yo fui el único jazzero en la familia…

    Pero por lo visto veníamos de familia de músicos…

    Sí… la guitarra era parte de la familia. Mi hermano mayor, que tocaba muy bien folclore y clásico, fue luthier de muy buenos instrumentos que han tomado mucho prestigio, porque no solamente ha hecho guitarras para folclore sino también para jazz. En mi casa tengo dos que son muy, muy buenas. Mi hijo Javier es un coleccionista…

    Por su hermano luthier es el título de su disco PALM, ¿no?

    Exacto: Pedro Alfredo Lucas Malosetti… pero contame cuál es la idea de esta nota…

    Charlar… no más (ni menos) que eso…

    Ah… ¿ya estás grabando? Pero mirá que son rápidos ustedes… son medio detectives che… me encanta cuando me llevan a un terreno que me interesa, que me gusta… la música, las guitarras… también podemos hablar de chicas (risas) que me fatigan pero… (más risas).

    Despreocúpese que de física cuántica no vamos a hablar

    No… por favor… ni de autos… ¿viste que ahora viene el MGT, el PTM, el TFG…? ¿Alguien entenderá eso? Porque yo no sé ni cómo andan esos aparatos… Pero (ve que no llevo apuntes ni nada que se le parezca) me gusta que charlemos así; vos después determinarás qué sirve o qué no porque uno no es ni un conferencista, ni locutor de radio. A mí me gusta más así, relajado, sin apuros… después supongo que tendrás que hacer algo parecido a lo que hace un orquestador, ¿no?

    Tal cual…

    Determinar qué va, qué no va y adónde…

    Yo no podría haberlo explicado mejor; pero volviendo, ¿cómo sale un jazzista de una familia en la que convivían el folclore y la música clásica?

    A mí me parece que de chico tenía una gran predilección por la rítmica, sin importarme el estilo. Me resultaba más atractivo un vals criollo que un tango, por ejemplo. La música de jazz me sorprendía mucho y me atrapó. Cuando mi hermano tocaba en el campo, allá por Chacabuco, yo me escondía para escuchar y me la pasaba haciendo el ritmo con dos palitos o con lo que fuere. Tenía unos 5 ó 6 años…

    Ya buscaba el swing…

    Y… parece que sí, aunque en ese momento yo no tenía ni idea de lo que era el swing… ni nada. Cuando empecé a tocar, y tenía unos 8 ó 9 años, ya me encantaba el jazz. Empecé a escuchar a Louis Armstrong y me volvía loco con Oscar Alemán. A los 12 me ponía los pantalones largos y me iba a los bailes. Ya nos habíamos ido de Chacabuco y estábamos en Palomar, donde se estaba construyendo Ciudad Jardín. Después de la guerra, los alemanes se instalaron con algunos boliches, cervecerías. Y a los 14 ó 15 ya tocaba algo en la guitarra y tenía nociones del estilo. Quien más me influenció fue Oscar Alemán, que tenía esa cosa de tocar parado y con la guitarra sin sostén, revoleándola para un lado y para otro, bailaba… tenía un swing desbordante y que a mí me volvía loco. Después me encontré con algunos amigos con los que tocábamos, ensayábamos… y en un momento me hice amigo de los hermanos López Furst. Los conocí en una tocada… (piensa), creo que fue acompañando a un cantante de jazz; y ahí estaban Héctor con el violín, Baby con el piano y me parecieron caídos del cielo… o extraterrestres (risas). Y yo a ellos también les parecí un genio (risas); lo cierto es que se ve que andábamos necesitando lo mismo y nos hicimos amigos. Empecé a ir seguido a la casa y la verdad que Baby tenía una musicalidad impresionante. Tuve la suerte de tocar con ellos mucho tiempo. Y a partir de ese momento no paré jamás. En realidad mi primer trabajo fue en Ciudad Jardín. Yo tocaba en fiestas, cumpleaños, cosas así. Pero un día me llamó el dueño de una confitería bailable llamada Astoria, en Palomar; y me propuso tocar de viernes a domingo. En ese tiempo yo trabajaba en el ferrocarril porque mi viejo era Jefe de estación. Porque lo de la guitarra, para mi viejo…

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