• Lisa Mezzacappa

    La concepción tradicional de la creatividad artística basada en un individuo actuando al influjo de una musa inspiradora, en la unicidad y permanencia del objeto creado, en la presencia distante del espectador y en la divulgación de la obra a través de medios que se hallan fuera del alcance del artista, ha mutado dramáticamente en los últimos años.

    El surgimiento de un pensamiento crítico y reconstructor de la historia ha propiciado nuevas estrategias artísticas que han ido alejándose de la estética tradicional instalada en el restringido territorio de la alta cultura para entremezclarse en el espacio abierto de la vida cotidiana y la cultura popular. En ese contexto, el ya perimido mito cultural que identificaba al creador con el genio aislado, inmerso en su subjetividad y separado del mundo, ha dado paso a una creatividad extendida a propuestas artísticas relacionales y procesos interactivos que no sólo tienen implicancias artísticas sino también de orden ético, político y social.

     

    En su libro The Listening Self: Personal Growth, Social Change, and the Closure of Metaphysics, el filósofo David Michael Levin señala: “Necesitamos pensar en prácticas artísticas que comprendan las sutiles complejidades del entretejido que reúne al individuo con el otro y la sociedad en su conjunto”.  La acabada comprensión de ese proceso integrador, que estrecha la distancia que separa al artista y su obra del espectador y la valoración estética individual, empuja a establecer derechos y obligaciones compartidas. En ese espacio común, el público ante la obra de arte debe abandonar el rol pasivo para asumir un compromiso militante y participativo; en tanto que el artista se ve motivado a abandonar la idea asociada a la tarea individual del genio creador para asumir una función social que facilite un mejor entendimiento de la realidad.

    En las expresiones estéticas de nuestro tiempo hallamos, cada vez con más frecuencia, una fuerte convergencia entre arte y sociedad en donde el artista comenzó a asumir funciones que, tradicionalmente, le eran ajenas y en donde su rol como autor y creador se ha expandido a una amplia gama de tareas que incluyen a la planificación, la investigación, la organización, la divulgación y la intencionalidad permanente por interrelacionarse con el resto de los actores sociales involucrados en el desarrollo del arte.

     

    A modo de ejemplo de lo mencionado podríamos afirmar que la notable contrabajista, compositora, líder de banda y sesionista, organizadora y curadora Lisa Mezzacappa es un auténtico arquetipo del vasto universo que debe ocupar un artista de nuestro tiempo.

    Lisa Mezzacappa, merced a la multiplicidad de proyectos musicales y organizativos que la tienen como protagonista, se ha convertido –y con justicia- en una de las figuras emblemáticas de la comunidad artística de la ciudad de San Francisco. Su heterogéneo alegato musical transita un generoso abanico de formatos, géneros y estilos que engloban desde jazz de vanguardia a música pop y de libre improvisación a ensambles de cámara. En la actualidad lidera Lisa Mezzacappa’s Bait & Switch -banda que completan Aaron Bennett en saxo tenor, John Finkbeiner en guitarra y Vijay Anderson en batería-, cuyo debut discográfico con el álbum What is Known de 2010, además de recoger unánimes elogios, le significó ser elegida por la prensa internacional como Músico Revelación en nuestra última encuesta anual.

    Otro de sus proyectos más recientes es el cuarteto colectivo Cylinder (materializado en el álbum del mismo nombre recientemente editado por el sello Clean Feed), en donde comparte créditos con el trompetista Darren Johnston, el baterista Kjell Nordeson y Aram Shelton en saxo alto y clarinete. Sin dejar de mencionar, además, su sociedad con el baterista Jason Levis en duo B hasta aquí expresada en These Seem Natural to Us de 2006 pero con un segundo trabajo de próximo lanzamiento; su liderato compartido con el saxofonista Kasey Knudsen en el octeto de covers The Permanent Wave Ensemble; el inminente debut discográfico de Lisa Mezzacappa & Nightshade (con John Finkbeiner en guitarra, Tim Perkins en electrónicos, Corry Wright en clarinete y Kjerll Nordeson en vibráfono y percusión) y su consolidada participación en el ensamble extendido The Oakland Active Orchestra.

     

    Lisa Mezzacappa es también una de las sesionistas más consumadas y requeridas de la actualidad. En ese rol ha colaborado con la Aaron Bennett’s Go-Go Fightmaster, el Aaron Novik’s Thorny Brooky, el Admiral Ted Brinkley’s Homblower Cruise Septet, el Cory Wright Group, el Phillip Greenlief’s Citta di Vitti, el Jason Levis’ Joseph’s Bones, el Beth Custer Ensemble y el Vijay Anderson’s Touch and Go Sextet, entre muchos otros.

    Otra faceta artística que la distingue es su labor como organizadora y curadora, aspecto en el que acredita elogiadas gestiones al frente de la serie anual JazzPOP del Hammer Museum de Los Ángeles, la serie mensual Monday Makeout Creative Music en San Francisco y el ciclo de filmes Mission Eye and Ear en el Artist’ Television Access.

    Lisa Mezzacappa tiene una sólida formación académica que incluye un master en etnomusicología obtenido en la UC Berkeley en 2003 y un bachillerato en música otorgado en 1997 por la University of Virginia. También trabajó como artista en residencia para el Djerassi Resident Artist Program, el Headlands Center for the Arts, el Banff International Workshop y el Painted Bride Arts Center y ha recibido becas de parte del San Francisco Friends of Chamber Music, el American Composer Forum de la ciudad de Oakland, el Meet the Composer y de la Southern Exposure/Andy Warhol Foundation.

    En síntesis: Lisa Mezzacappa es una artista que merece ser escuchada, seguida, apreciada y –como usted comprobará a continuación- también leída.

     

    Tú eres una figura clave del arte y la escena musical de San Francisco, especialmente entre la comunidad del free-jazz y la música improvisada. Me gustaría preguntarte: ¿qué cambios has observado en esa escena desde los noventa hasta nuestros días?

     

    Bueno, me mudé al área de la Bahía en 2001, así que los 90’s ¡son parte de la leyenda! Algunas personas recuerdan la época dorada cuando la ciudad tenía dinero de sobra y los jóvenes salían a escuchar música durante el auge de las “punto com”… (el auge y posterior caída de algunas compañías informáticas radicadas en Silicom Valley -dada su cercanía con San Francisco- impactaron fuertemente en la economía de la región). Los clubes andaban muy bien y había un montón de conciertos para ir a ver. Creo que cuando eso tocó fondo nos recordó a todos aquí que tenemos que sostenernos a nosotros mismos y mantenernos independientes de las modas o tendencias que haya en el resto del mundo… El arte, el cine y la escena musical del área de la Bahía (*) siempre han tenido artistas muy motivados –al margen de lo institucional, el dinero o el rol de los medios- y gente muy de base, del tipo “hágalo usted mismo”. Así que aunque los tiempos puedan ponerse duros, en términos de lugares para tocar o de apoyo exterior, todos nosotros estaremos en la misma a largo plazo. Además, en términos de creatividad, nunca ha habido tregua ya que aquí hay mucha gente haciendo un gran trabajo independientemente de cualquier parafernalia del éxito o de reconocimiento externo.

    (*) El área de la Bahía de San Francisco también conocida como The Bay Area es una región metropolitana ubicada al norte de California que incluye, entre otras, a las ciudades de San Francisco, San Jose y Oakland.

     

    ¿Ves alguna diferencia en la actitud entre los músicos del área de la Bahía y, por ejemplo, los músicos neoyorquinos? ¿Hay un “sonido San Francisco”?

     

    Oh… Nosotros hablamos un montón sobre eso, especialmente entre aquellos que hemos tocado mucho en New York. Soy neoyorquina de nacimiento y crecí tocando música allí; y ese paisaje cultural tuvo un gran impacto en mí. Artísticamente, hay músicos que son auténticos o no en todas partes… pero creo que hay mucha más gente viéndote cuando estás en New York y por eso mismo existen más posibilidades para el desarrollo de tu carrera profesional. Sin embargo, todas las desventajas de estar viviendo en donde la escena es un poco más pequeña y está algo más marginada tiene el beneficio adicional de que la gente está menos obsesionada por su carrera, también… ¡a veces mi banda requiere ensayos extras! (exclama) Aquí existe un compromiso real con lo que estamos construyendo juntos y la gente tiende a ser mucho más generosa con su tiempo para ayudarte a hacer realidad tu visión.

     

    Tú trabajas en varios grupos al mismo tiempo. Mantener diferentes estéticas para diferentes bandas es algo de reciente desarrollo en la música. Incluso recuerdo que hasta no hace mucho tiempo, si uno estaba metido en una banda no podía pertenecer a otra. ¿Crees que esta diversidad es un sello distintivo de nuestra era?

     

    Hummm… (reflexiona unos instantes) Me pregunto si esa clase de amplitud en el alcance estético no es también porque la gente que se acerca a esta música proviene de experiencias tan diferentes entre sí… La formación, la cultura, la manera en cómo se llega al jazz y la música improvisada hoy es muy diferente a lo que fue, por ejemplo, en los cuarenta o cincuenta… Por lo tanto supongo que los músicos sólo vamos empujando todas esas influencias y diferentes experiencias de vida en lo que estamos tocando. Sin embargo sé que hay un montón de gente que aún hoy toca exclusivamente un tipo de género musical. A veces los envidio ya que allí hay menos riesgo que cuando se abarca demasiado, pero supongo que ésa no es la forma en que funciona para mí.

     

    Tienes varias bandas y proyectos en curso coexistiendo en tu carrera. Hablemos acerca de algunos de tus grupos y grabaciones más recientes… Me parece que el mejor lugar para comenzar es referirnos a tu cuarteto junto a Darren Johnston, Kjell Nordeson y Aram Shelton, llamado Cylinder. ¿Qué me puedes decir acerca de este álbum y sobre cómo fue que surgió el proyecto?

     

    Cylinder es verdaderamente un cuarteto de colaboración; todos aportamos composiciones para la banda y eso trae una buena gama de posibilidades a nuestro sonido. Creo que primero empezamos haciendo sesiones de libre improvisación y que luego rápidamente se fusionaron en una banda.

     

    En los papeles Cylinder luce para muchos como una reinvención, desde la perspectiva del nuevo milenio, del concepto de harmolodics proveniente de Ornette Coleman. ¿Estarías de acuerdo con una afirmación de ese tipo?

     

    No. Parece que uno no puede escapar a la comparación con Ornette (Coleman) al usar una instrumentación basada en trompeta/saxo alto/contrabajo/batería; pero la cosa es que estamos trabajando a partir de modelos composicionales muy específicos que no hacen referencia a Ornette en absoluto. El espíritu, la libertad y la colectividad están ahí, por supuesto, pero mucho de todo eso está escrito. Nosotros venimos de experiencias musicales, formaciones e historias de vida diferentes a la de Ornette; así que esperamos que cuando una persona escuche el disco encuentre nuestra propia declaración y no un plagio de sus cosas. Además, Aram (Shelton) toca mucho el clarinete ¡lo cual también da por tierra con la comparación!

     

    ¿Crees que estos músicos y el nuevo álbum contribuyen al diálogo en curso entre improvisación y composición? De ser así: ¿cómo difuminas o articulas esa dualidad?

     

    Bueno, supongo que la zona de encuentro entre improvisación y composición es donde vive toda mi música y es el lugar en donde están la mayoría de mis colaboradores más cercanos. Es un espacio muy rico para navegar, especialmente para una banda en donde todos componemos simultáneamente para cada una de las otras personalidades, a la vez que tratamos de realizar las composiciones de los otros. Personalmente creo que ésa es la zona en la cual mi generación puede hacer una auténtica contribución y ofrecer algo nuevo. Probablemente no podamos tocar sobre cambios mejor que Charlie Parker o hacer música con la excitante libertad del Art Ensemble of Chicago o ingresar en los espacios sónicos mejor que los improvisadores experimentales europeos… pero quizás podamos aportar algo en este ámbito de composición para improvisadores, el cual pude ser una clase de invocación para aprovechar y hacer referencia a toda la historia de la música improvisada de una manera más personal.

     

    Hablemos sobre What is Known… Las influencias en Lisa Mezzacappa’s Bait & Switch son increíblemente diversas, lo cual se hace evidente en el álbum. ¿Puedes decirme algo acerca de tu interés por el denominado jazz-garage y cómo crees que eso se relaciona con algunos de los otros puntos referenciales que se escuchan en el disco, tales como la libre improvisación o el groove caribeño?

     

    Bueno, en cierto modo inventé el género “garage jazz” cuando tuve que describirle a alguien cómo sonaba la banda… ¡Creo que eso le permite entender específicamente a la persona que no somos preciosos o refinados! Tal vez eso te predisponga a esperar alguna clase de groove en particular, ruido, colectividad, sonido de banda más improvisación, estructura, sorpresa. La libre improvisación y la música del Caribe son puntos de referencia para mí y supongo que también lo son para el resto de la banda. Amamos muchos tipos diferentes de música…

     

    Has trabajado frecuentemente en el pasado con Aaron Bennett, John Finkbeiner y Vijay Anderson (miembros de Lisa Mezzacappa’s Bait & Switch). ¿Qué hizo que sus voces individuales te impulsaran a ensamblar este cuarteto y cómo compusiste las piezas teniendo en mente cada una de esas voces en particular?

     

    Cuando junté a la banda sabía que Aaron (Bennett), John (Finkbeiner) y Vijay (Anderson) tenían un profundo amor y conocimiento de la historia de la música a la que se refieren mis composiciones. Asimismo, estos tipos tienen “el sonido” y además es súper divertido tocar con ellos. Aaron toca cada tema como si fuera el último que hace y yo necesitaba esa inmediatez de sonido y esa energía. El enfoque de John es más seco –es el complemento perfecto para los otros- y puede crear igualmente texturas de un soundscape, regalarte un enfermizo reggae de vanguardia o deslizarse sobre un ruidoso riff en blues. Vijay es un músico muy serio y hemos invertido muchas horas tocando juntos tanto en sesiones como oficiando de sección rítmica en los grupos de otra gente. Sabía que la banda necesitaba su propulsión y su claridad de enfoque.

     

    La calidad de sonido de la banda es una equilibrada mezcla de frescura y crudeza y eso es algo que, en definitiva, lo aleja de la tendencia a la sobreproducción que caracteriza en la actualidad a muchas de las grabaciones de jazz. ¿Cuánta importancia tuvo en el resultado final que el disco suene así y no de cualquier otra manera?

     

    Bueno, ¡tendríamos que haber tomado un montón de la magia de estudio para que nosotros sonáramos de otra forma en que lo hacemos! (dicho con énfasis). Le presto mucha atención al sonido de mis grabaciones y tienes razón, el disco no suena como ninguna otra cosa de nuestro sello en lo que a producción se refiere. Nosotros pretendíamos grabar una cinta que conservara la calidez de sonido en analogía con la agudeza del rock y para ello trabajé en el estudio con Myles Boisen, mi ingeniero favorito en todo el planeta.

     

    ¿Cuál es el estado actual de tus otros proyectos como Nightshade, duo B., Permanent Wave EnsembleOakland Active Orchestra?

     

    Nightshade estará lanzando su primer álbum en este verano a través de Leo Records; duo B. está imprimiendo su segundo lanzamiento en vinilo y es muy probable que esté disponible en otoño próximo. The Permanent Wave Ensemble podría estar grabando próximamente sus covers sobre música de Carla Bley… ¡sólo que antes tendríamos que hablar con la Sra. Bley! (risas). Y la Oakland Active Orchestra sigue al pie del cañón ya que, hoy en día, tratar de mantener unida una banda colectiva de más de quince miembros es un proyecto en sí mismo.

     

    Al respecto de tu carrera, ¿cuál es la separación existente entre tu trabajo como sesionista y la labor como líder de banda y qué filosofías aprendidas acompañando a otras gentes estás aplicando ahora al liderar tus propios proyectos?

     

    Supongo que ahora que tengo en marcha muchos de mis propios proyectos debo ser más selectiva en mi trabajo como sesionista, al menos, si es que quiero llegar a alguna parte con mis grupos. ¡Sin lugar a dudas aprendí a ser líder de banda a partir de todos los éxitos y fracasos de los líderes con los que he trabajado a través de los años! La verdad es que no me había dado cuenta que llevaba años de entrenamiento como líder de banda hasta que de pronto ya estaba lista. Eso se sintió como una progresión natural.

     

    En una mirada retrospectiva a tu historia como músico… ¿cuál es uno de tus mejores recuerdos? La mayoría de los músicos suelen mencionar algún evento del pasado al que consideran un punto de inflexión en la dirección de su carrera. ¿Cuáles son los tuyos?

     

    Supongo que son los indicadores externos del éxito -buenos conciertos, prensa recibida, etc.- los que actúan como pequeños signos que te permiten seguir adelante o que hacen que no te rindas todavía. Pero creo que el sentimiento mas grande, sobre todo ahora que llevo casi diez años siendo parte de la escena del área de la Bahía, es sentirme integrada a una comunidad real en donde todos tenemos a los otros detrás, en donde tu trabajo es apoyado por tus pares y en donde al final del camino terminas sintiéndote importante. Así que supongo que construir algo desde aquí, y mantenerme pegada a eso, ha sido el gran punto de inflexión de mi carrera.

     

    En seguimiento a esta mirada a tu pasado… ¿cuándo y por qué elegiste el bajo y cuáles fueron tus influencias originales, tanto en relación al instrumento como a la música en general?

     

    Empecé tocando bajo eléctrico cuando niña… tal vez fue a los 13 años. Luego hice la usual progresión de adolescente suburbano y fui desde el rock clásico al speed metal y de allí al hardcore, el ska, el funk y el jazz… Cuando era una chica solía escuchar a la Mingus Big Band todo el tiempo y sentía mucha curiosidad por el jazz y el contrabajo. Luego, en la Universidad, empecé a tomar lecciones de contrabajo y el resto es historia.

     

    ¿Tienes una rutina con el instrumento y una práctica diaria de composición o eso depende del cronograma?

     

    No tengo un cronograma regular en estos días, la vida es demasiado loca. Usualmente me fijo alguna fecha límite en relación a un concierto o ensayo que me obliga a priorizar la composición. Mis funciones como sesionista me dan la práctica ¡y los locos lideres de banda para los que trabajo me mantienen en forma! (risas)

     

    Un par de cosas más antes de terminar esta entrevista. ¿Puedes decirnos algo sobre tu participación como organizadora y curadora en proyectos como la serie anual JazzPOP del Hammer Museum de Los Ángeles, la serie mensual Monday Makeout Creative Music en San Francisco y el ciclo de filmes Mission Eye and Ear en el Artist’ Television Access?

     

    ¡Organicé un montón de cosas por aquí! Soy buena en la puesta de shows y en el cuidado de todos esos pequeños detalles que los hacen exitosos, así que supongo que ésa es mi contribución a la escena. Me gusta ayudar a la gente a que se supere. En eso uno a veces esta solo, así que puede resultar desalentador en términos de audiencia, cobertura de prensa y de apoyo a las actuaciones. Así que si puedo organizar uno o dos ciclos que le otorguen a alguien la excusa para componer nueva música, reunir a una banda e intentar algo nuevo o que nadie haya hecho antes… me doy por satisfecha.

     

    Para concluir: tú eres una mujer de firmes convicciones y fuerte personalidad, así que ahora vamos a referirnos a ti como persona. Sé que no hay distinción entre el músico y el ser humano pero siempre trato de que mis entrevistados hablen sobre su espiritualidad o su concepción filosófica ante la vida…

     

    No estoy segura de tener una perspectiva espiritual para ofrecer… Pero supongo que estoy motivada por la idea de que lo que hacemos los músicos, a pesar de la forma en que a menudo somos tratados, es importante para la humanidad. No somos superfluos o frívolos, incluso en el contexto de una crisis económica, ante un desastre natural o en momentos de agitación social. Creo que en medio de un clima cultural en donde todo se mueve tan rápido, en donde el lapso de atención es súper corto y en donde la interacción en vivo es relegada a favor de los medios tecnológicos, la experiencia de la música en vivo es realmente un regalo. Los improvisadores en particular pueden ofrecerle a la gente una manera de estar presente, vivir el momento, intimar, sentirse abierto y poroso con otros seres humanos y todos vibrando juntos en la misma sala. No viviéndolo posteriormente a través de fotografías o grabaciones en video sino experimentándolo en el momento ¡y usualmente por una  entrada que cuesta menos de u$s 10! (exclamando). Creo que somos el salvavidas para una forma de vivir la vida que se está perdiendo.

     

    www.lisamezzacappa.com

     

    Sergio Piccirilli

     

    Notas Relacionadas o de Interés: