• Sergio Álvarez

    Cuántas veces le habrá sucedido a usted aquello que comúnmente es denominado “déjà vu”… O al menos sabe a qué me refiero. Se lo comento porque es una sensación que me está ocurriendo en este momento y no hay motivo alguno por el cual tenga que andar ocultándole cosas. Pero estoy dando por sentado que el “déjà vu” forma parte de su cotidianeidad y tal vez usted lo haya relacionado con la película de Tony Scott, o con el disco que grabaran Crosby, Stills, Nash & Young en 1970, o con el capítulo del Monty Python’s Flying Circus, o con el tema de Gustavo Cerati (Fuerza Natural, 2009) o con algún DJ Vu que seguramente existirá por ahí, confundido entre bandejas giradiscos.

    Bueno, no. El “déjà vu” (que en la velocidad del transcurrir y en la lentitud de mi tipeo ya pasó hace un buen rato), tiene que ver con esa sensación del “uy, qué loco, esto ya lo viví”. Si nos vamos a poner en exquisitos, formales y eruditos (aunque cueste o no salga hay que insistir), deberíamos referirnos a la paramnesia (me sentiría mucho mejor si al final de la frase usted emitiera un “¡wow!”; muchas gracias).

     

    Paramnesia. Ajá. Y cuando digo “ajá” lo digo a modo de interjección para denotar sorpresa y no para referirme al disco que Steely Dan grabara en 1977 (porque además allí, del acento ortográfico o tilde, ni noticias).

    La paramnesia es una alteración de la memoria por la que el sujeto (acá, del predicado, tampoco hay noticias) cree recordar situaciones que no han ocurrido o modifica algunas circunstancias de aquellas que sí se han producido. En psicología se ponen un poco más violentos, ya que se refieren a la paramnesia como a un trastorno mental consistente en un falso reconocimiento de información. De esto, seguramente, bien pueden dar testimonio algunos testigos falsos o una importante cantidad de periodistas.

    Parece ser que en el cerebro se activan, por error, los circuitos neuronales responsables de la sensación del recuerdo. Algunos más arriesgados lo relacionan con poderes especiales y no faltan quienes aseguran que el “déjà vu” o paramnesia está conectado en paralelo con la reencarnación del alma (¡pardiez!).

     

    Abreviando, déjeme decirle que lo mencionado viene a cuento de que al intentar comenzar con la introducción a la entrevista realizada al guitarrista, compositor, arreglador, productor y docente Sergio Álvarez experimenté la misma sensación que cuando me dispuse a realizar algo similar en ocasión al 1×5(+1) que realizara el mismísimo Álvarez para este site: la nulidad.

    En aquella oportunidad (compruébelo usted mismo) decidimos prescindir de presentaciones rimbombantes (o no) habida cuenta de las infinitas bondades del texto enviado por el guitarrista.

    Aquí (lamentablemente) no hubo texto, sino (afortunadamente) una extensa conversación llevada a cabo luego de que presenciáramos un ensayo de más de tres horas de Panza, banda que lidera musicalmente desde 1998 y que se completa con la magnífica cantante (líder visual y letrista principal del cuarteto) Mariana Bianchini, el bajista Franco Barroso y el recientemente ingresado Augusto Urbini en batería.

     

    Sergio Álvarez es un músico inquieto nacido en 1968. Fue el principal responsable de la música de Porco (1992 – 1998), antecedente inmediato de Panza que, como no es difícil deducir, no es el único proyecto del que forma parte. Están sus aventuras solistas bajo el seudónimo Electroálvarez, el trío (a veces cuarteto) Experiencia Electroálvarez y la Orquesta Ruido Negro (combo de 12 guitarristas que, según Álvarez “afortunadamente, nada tiene que ver con el Guitar Craft de Robert Fripp”). Integra el cuarteto La Mujer Barbuda, el Nicolás Sorín Octeto, el doble cuarteto Datrebil, acaba de participar como invitado en el próximo álbum del Esteban Sehinkman Trío y anda con la idea fija de concretar un disco a dúo con el también guitarrista Wenchi Lazo.

     

    Es el “clinician” oficial de la firma Fender para América del Sur. Como docente ha dado clases durante seis años de Armonía, Audioperceptiva, Ensamble, Instrumento, en la EMC y CAEMSA (Berklee International Network). Realizó transcripciones para la revista Guitar Player y colaboraciones para El MusiqueroMusic ExpertEl Guitarrista.

     

    También se encuentra escribiendo un propio libro propio que llevará por título La música, la guitarra y la puta que lo parió. Al respecto, Álvarez nos cuenta apenas dos cosas: “tengo el primer capítulo terminado” y “estoy bastante avanzado con la parte correspondiente a la puta que lo parió”.

     

    Como dijimos en su momento, Panza nos reconcilió con el rock. Su último álbum, el triple La madre de todos los picantes es decididamente extraordinario, le guste a usted el rock o no. Que tendrá su merecidísima presentación el próximo jueves 2 de junio a las 20:30 hs. en el Teatro ND/Ateneo, donde también habrá lugar para viejos clásicos de la banda y algunos invitados especiales en un concierto que superará la treintena de canciones.

     

     

    De nuevo la paramnesia, disculpe…

     

    Sergio Álvarez es… es… Sergio Álvarez… ES.

     

    Y no sabemos si siempre; pero en esta oportunidad se mostró locuaz, incisivo, combativo, impiadoso, cordial, terrorista, amable, filoso, ingobernable, gracioso, tenso, atento, minucioso, curioso, inquieto, generoso, arrebatado y, fundamentalmente, ínclito.

    O sea… no estamos ¿solamente? ante un músico notable sino también, tal vez ayudado por sus incursiones en la Ingeniería Electrónica, la Filosofía y las Ciencias Exactas, uno de los más preparados a la hora de sostener un discurso que excede lo musical para adentrarse en terrenos fangosos de los que sale (hasta en el desacuerdo) ileso por sus convicciones.

     

    Si quiere, dude o desestime todo lo que acabo de mencionar hasta aquí.

    Puede ser que no le interesen los guitarristas, los músicos, Panza, Electroálvarez, Experiencia Electroálvarez, Orquesta Ruido Negro, Porco, La Mujer Barbuda, Datrebil, Nicolás Sorín Octeto, La música, la guitarra y la puta que lo parió.

    Pero no se pierda la oportunidad de acercarse a los pensamientos y reflexiones de un artista necesario.

    Y después me cuenta.

     

    Empecemos por Panza y esta docena de años…

     

    Rumbo a la “trecena” a fin de año… (risas)

     

    “Trecena” entonces…

     

    A fin de año tenemos el Bar Mitzvah de Panza al que estás invitado (risas); tengo un alumno rabino que ya dijo que nos va a venir a cantar… y hablamos de la Toráh… finalmente terminaremos llegando a la adultez como corresponde…

     

    Y la banda pasará a llamarse Panzosky

     

    Correcto.

     

    Esta primera docena los encuentra bien armados…

     

    Que digas primera docena implica que va a haber una segunda…

     

    Que ya empezó…

     

    Claro… pero puede completarse y eso da un poco de miedo…

     

    En un momento pensé en si no hubiese sido mejor la nota por escrito que oralmente; porque creo que te explayás mejor con la pluma que con la verba.

     

    Y sí…

     

    ¿Por qué?

     

    Porque cuando vos escribís tenés tiempo de releer, corregir… hacemos como quieras…

     

    El tema son los tiempos, porque con el show del 2 de junio encima no creo que tengas mucha disponibilidad.

     

    Me estás tirando un centro incabeceable. Intentemos esto ahora; si vemos que resulta irrescatable (risas), vemos… Porque vos viste lo que duran los ensayos nuestros…

     

    Por el momento regresemos a la docena, que los agarra bien plantados pero con un cimbronazo: el cambio de baterista después de un disco triple muy trabajado. ¿Por qué se dio esa situación y cómo te sentís al respecto?

     

    Fue una decisión total y absoluta de Pablo (Contursi), así que tal vez pueda imaginarme el por qué pero en realidad no lo sé. Puedo tener muchas hipótesis al respecto pero las palabras de Pablo fueron muy concretas; él nos dijo, puntualmente, que no sentía placer tocando. Y de alguna manera es como que te digan que no te quieren. Y vos podés rogar, suplicar, escribir poemas… pero si no te quieren, no te quieren. Tal vez el “cimbronazo” en realidad sea el emergente de varias cosas tapadas dentro de lo “social” de la banda…

     

    Pero no es que hubo un conflicto…

     

    No, para nada. Yo a Pablo lo quiero mucho y me llevaba muy bien con él. No sé si es recíproco, básicamente porque es muy callado. Incluso compartíamos un humor ácido; fue el responsable del texto que aparece en el booklet del disco triple: “Para saber cuánto te gusta el rock and roll (y si te vas a morir joven)”. Yo tenía mucha empatía con su corpus de cosas leídas y estudiadas en cuanto a la literatura, a algunas ciencias duras… lo cual nos convertía un poco en los “nerds” de la banda, los que nos reíamos de cosas que nadie entendía, por ejemplo. Pablo venía, de alguna manera, alejándose; por cuestiones personales, filosóficas… iba poniendo una distancia cada vez mayor. Pero no hubo ninguna pelea ni nada que se le parezca, al contrario, fue todo muy civilizado.

     

    ¿Con los cambios de bajista se dieron circunstancias similares?

     

    Sí… y no. El primer bajista, Martín Delahaye, se fue rumbo a un futuro mejor (sonríe); creo que ahora está en Estados Unidos trabajando como sesionista. Con él teníamos cierto conflicto musical y, tal vez, personal también. No sé… como si me dijera “me encantó El Gran Pez”, película que aborrezco (risas) y por ahí no le gustaba David Lynch (que conste que estoy siendo figurativo). Después entró Javier (González) que ahora sigue ligado a nosotros, trabajando en las proyecciones del show en el Ateneo y con él siempre hubo mucha empatía. Decidió irse porque estaba en una época de toma de decisiones y se ve que encontró su lugar, se siente muy cómodo en la producción de cine y televisión. Y en aquel momento la música le planteaba unas opciones que se ve que estaban alejadas de sus necesidades. Luego entró Franco (Barroso), a quien nunca le pesó la mochila de “ser músico”. Y lo de Pablo (Contursi) lo que te conté, además de que 12 años es mucho tiempo… incluso para un matrimonio (risas). Lo cierto es que ninguno de los músicos se fue de Panza de manera conflictiva.

     

    Y cuando se fue Pablo…

     

    El mismo día hablé con Augusto (Urbini). A él ya lo conocía, incluso tocamos juntos una vez en un show de La Mujer Barbuda. Mi primera elección había sido Lulo (Isod, del “Tres Bien Ensamble”), pero también fue lo primero que descarté porque está tapado de laburo. No podés competir con Ciro (ex cantante de Los Piojos del que Lulo Isod es el actual baterista). Franco (Fontanarrosa, bajista de “La Mujer Barbuda”) me habló de Augusto y, con lo que me dijo, fue suficiente. Tenía que pasar por el tamiz de la banda pero internamente, para mí, no había dudas. Nos juntamos a tocar el 10 de diciembre y terminó resultando un cambio carente de traumas. Y, como suele ocurrir, al entrar trajo otra energía, ideas nuevas, ímpetu, lo que a su vez estabilizó (o llevó hacia otro lugar) la relación entre nosotros tres (Álvarez, Contursi y Mariana Bianchini). En ese momento se produce, también, la aparición de una persona con intenciones de invertir en Panza. Y por supuesto que no le dijimos que no…

     

    Panza es un cuarteto del cual sos el líder y Mariana (Bianchini) la cara visible. Vos sos responsable de las músicas y ella de las letras; teniendo en cuenta que son pareja, ¿te pegan de alguna manera sus composiciones?

     

    Para nada. En absoluto. Yo también escribo algunas cosas y por eso sé que no puedo sentirme el centro del universo y pensar que todo lo que escribe está dirigido a mí. Uno al escribir se puede poner consignas como lo que uno no es y lo que no haría, por ejemplo. Por otro lado, algunas de las letras del primer disco las escribimos juntos Mariana (Bianchini) Pablo (Contursi) y yo; y también escribí algunos estribillos del triple. Pasa que… (piensa) hay una diferencia entre “escribir” y “escribir canciones”; son mundos diferentes. Pero sí, a veces, yo terminé redondeando algunas partes que no terminaban de conformarme del todo.

     

    ¿Ayuda que la cara visible del grupo sea una mujer?

     

    (Piensa) No sé… me parece que en la Argentina no ayuda. No… hay que estar demostrando todo el tiempo que una cantante puede ser tan buena como un hombre.

     

    Me sorprende lo que decís…

     

    Yo creo que… mirá… en el mercado internacional, de los diez artistas que más venden por lo menos la mitad son mujeres. Pero en la Argentina, el rock es principalmente un nicho de hombres. Y machista. Creo que el potencial de la banda de atravesar una barrera está, justamente, en lo que vos decís: que cante una mujer; pero no creo que sume puntos. Sí puede ayudar por una cuestión de imagen, en una foto, una nota.

     

    Pero no se acerca más público por eso…

     

    Ése es otro tema. A mismos niveles de inversión en difusión, no sé si sería una ventaja o no tener una cantante. Pero nunca tuvimos inversión en difusión, así que…

     

    ¿Por qué una banda de rock? Porque vos no sos o, al menos, no se te tiene como un guitarrista de rock.

     

    No sé.

     

    Perdón pero… me parece muy pobre la respuesta.

     

    Es verdad (risas). Tal vez sea mi último intento de abrazar el ideal de la adolescencia. Eso en mi caso (aclara); no sé lo que dirán los demás músicos de la banda. Cuando en los ’90 terminé con Porco, un grupo que ahora parece más importante de lo que fue en ese momento, yo me dije “ya está, para mí se terminó el rock”. Quería dedicarme más a otras cosas que me interesaban. Y terminé armando una banda de rock casi por accidente, porque el primer bajista (Martín Delahaye), a quien había llamado para hacer un grupo de música instrumental, o algo que no fuera rock y que en ese entonces tendría unos 18, 20 años, me insistía para que armáramos una banda de rock. Yo había visto un par de veces a Hipnótiko, donde cantaba Mariana (Bianchini), con una actitud que no me resultaba habitual ver en los músicos argentinos. Todo se remonta a cuando vi en vivo a Peter Hammill la primera vez que vino a Buenos Aires (junio de 1992, en el desaparecido Teatro Alfil), que con su voz y su piano o guitarra me dejó tan deslumbrado, al punto de decirme que no volvería a hacer rock salvo que tuviera un cantante así. Me dije “no voy a hacer un grupo de rock sin un cantante, o una, o un ente que se entregue de esa forma”. Porque viéndolo entendí un montón de cosas. Por eso las entradas a los conciertos deberían ser más accesibles, porque uno va y aprende. Lo vi a Hammill y tuve una epifanía… yo no iba a hacer nada que no tuviera algo de eso porque no tendría ningún sentido. Y la persona más parecida que conocí, después de Gabriel (Gabo Ferro, cantante de Porco) fue Mariana (Bianchini). Además, después de Porco me pareció interesante que cantara una mujer. Había visto a una banda, Skunk Anansie, una suerte de Living Colour pero con una mina al frente y me encantó la mezcla de géneros… ¿por qué una banda de rock tiene que estar integrada sólo por hombres, como si fuera un equipo de fútbol? Siempre me pareció una pelotudez. Algo que en la música clásica, en Argentina, no se da… fijate que la mejor pianista del mundo es Martha Argerich; y en cada instrumento tenés referentes femeninas. En el jazz, aunque menos, también hay mujeres que sobresalen en lo suyo; pero en el rock es mucho más difícil que se dé. Por eso impuse la condición: si ella quería, adelante; si decía que no, pues nada. Terminamos juntándonos el 14 de diciembre de 1998 con Pablo (Contursi) y Martín (Delahaye) y estuvo bárbaro.

     

    ¿Por qué creés que Panza sigue existiendo, y tal vez en su mejor momento, 12 años después?

     

    La respuesta más exacta que te puedo dar es porque nos gusta mucho la música que hacemos. Y nos gusta hacer música juntos, sin que ello impida que tengamos otros proyectos paralelos.

     

    Pero Panza, ¿hacia dónde apunta… o no apunta a ningún lado?

     

    Es una cuestión hedonista. El leit motiv de la banda es “hacemos lo que nos gusta”; cuando nos gusta y como nos gusta. Eso, por supuesto, muchas veces hay que articularlo con la realidad. Pero es eso: hacer lo que se nos canta… que es lo que nos permitió sobrevivir; si no…

     

    Una vez en una nota Miguel Zavaleta nos decía que el rock se permitía ciertas licencias porque, cito textual, “en el rock no se estudia ni se ensaya” (risas). Algo que en el caso de ustedes no se da…

     

    Mirá… es interesante la observación. Es cierto: todos los integrantes de Panza estudiamos. Pero, al menos en mi caso, la idea es llegar a la música de una manera más “automática”; no es que nos ponemos a sacar las cuentas como Dream Theater o esas bandas horribles. Yo no quiero impresionar a nadie; es lo que nos sale en ese momento. En otros contextos sí, tal vez se pueda intentar impresionar; pero no en éste.

     

    ¿En qué contextos?

     

    Hay contextos que socialmente son más aceptados a nivel musical, donde ser un músico eficiente requiere de determinado tipo de habilidades.

     

    ¿Te referís a proyectos de jazz?

     

    Sí, por ejemplo…

     

    ¿Vos te sentís cómodo en los proyectos paralelos de los que no sos líder?

     

    A ver… ahora estoy con La Mujer Barbuda, el Nicolás Sorín Octeto, estuve tocando con (el tecladista) Esteban Sehinkman… sí, me siento cómodo y me gusta. Siempre es un desafío interesante volver a situaciones en las que estoy con gente que es muuuucho mejor que yo tocando, en las que tengo que ceñirme a un libreto, con un vocabulario determinado.

     

    En un momento vos, refiriéndote a un disco de Sonny Sharrock, decías que te daba cierta esperanza que hubiera sido editado en los ’90, dando a entender que la actualidad no te brindaba, justamente, muchas esperanzas. ¿Qué creés que pasó desde una década que añorás, envidiás, como la de los ’60, a la actualidad? ¿Por qué se dieron las cosas de una manera y por qué ahora se dan de otra?

     

    Todos somos productos de nuestra época. En los ’60 hubo un auge… el petróleo estaba muy barato y, por primera vez en la historia de la humanidad, existió la posibilidad tecnológica de fabricar la mayor cantidad de bienes de lujo para toda la población del planeta y para alimentar a todo el mundo, más allá de que hubiera países que sufrieran el hambre… o no… Coincidió también con el boom de los chicos que habían nacido después de la Segunda Guerra Mundial, el aumento de la población. También se dio, ya desde un punto de vista filosófico, que fue el período más parecido a la República de Weimar, después de la Primera Guerra Mundial, donde se empezó a hablar de la liberación femenina, la libertad sexual, de las drogas… y fue una especie de oasis que duró unos diez años; luego aumentó el petróleo, se reacomodaron los movimientos políticos internacionales y los movimientos religiosos; porque el Siglo XX fue básicamente un período de guerras religiosas, no tanto del Corán contra el Judeo-Cristianismo sino de religiones más profundas. El ser humano tiene esa necesidad genética de creer en algo y ponerlo en combate contra otro; aparentemente es una ventaja evolutiva creer en cosas que no existen. Y eso se manifestó, para mí, en cuestiones político-económicas… o económico-políticas. De alguna manera, violentamente, a partir de los ’70 y los ’80 hubo una recesión mundial importante que hizo que todas las cosas dieran marcha atrás; hubo una reacción con respecto a la acción que hubo en los ’60 y los halcones volvieron a tomar el control. Aquel período simplemente parece haber sido un “descuido” de la gente que controla el poder político.

     

    ¿Decís que fue un descuido la creatividad surgida en los ’60 y principios de los ’70?

     

    No… yo creo que fue un descuido la creatividad asociada a la masividad. La creatividad siempre va a seguir existiendo; es parte de nuestra raza.

     

    ¿Te estás refiriendo más que nada al rock?

     

    Me refiero a muchas cosas; pasó también en la literatura… fijate que probablemente el período más atractivo de la literatura argentina haya sido el de las décadas del ’50 y ’60. Hubo una liberación, un cambio de paradigma. Que duró poco. La creatividad siempre existió; lo que pasa es que para que exista se necesitan determinadas posiciones materiales que tienen que ver con no tener que correr detrás de la zanahoria, tener un lugar para dormir que no sea una fábrica… un montón de cosas relacionadas con el hábitat y el entorno. Por eso hace falta una bonanza económica. Sin bonanza económica no hay creatividad aplicada al arte. Entonces es difícil, en un mundo donde no se termina de definir cuáles son las políticas del capitalismo (que no deja de ser una política aunque los economistas nos digan que es una ciencia). Y tengamos en cuenta que un período de 40 años en la historia en realidad no es nada… fijate que la Revolución Francesa fue en 1789 y lo de la Comuna en Francia fue en el ’48… por lo que podemos deducir que no 40, sino incluso 50 ó 60 años no son nada… y menos en la historia del arte. Yo creo que se dio un oasis económico y liberal, en el sentido que le dan los anglosajones a la palabra liberal (y no al que le dimos acá en la pasada década del ’90) lo que permitió la conjunción de la libertad económica con la creativa. Los mayores consumidores de esa época y los productores de arte eran gente de clase media… había movilidad social en esa época, incluso en la Argentina. El público cambió. La composición del público cambió tanto en estos 40 años que es muy difícil que aquello se repita… al menos en los próximos veinte. Yo no lo voy a ver. Tal vez lo vea como viejo… pero no como artista. Ojo… es mi opinión…

     

    Por supuesto que todo lo que sale de tu boca es tu opinión, eso está claro.

     

    Hummmm… no todo… puede ser la opinión de otro y que yo la esté diciendo en voz alta; pero en este caso es lo que pienso… un análisis modesto…

     

    ¿Hasta qué punto la modernización, la tecnología, va – justamente- en contra de la creatividad?

     

    No creo que vaya en contra…

     

    Voy a recurrir al escritor argentino Hernán Casciari. Él cuenta que un día, leyéndole a su hija “Hansel y Gretel”, llegando al momento en que se hallaban perdidos ella le dijo: “No importa. Que lo llamen al papá por el móvil” (risas). Dice entonces Casciari que la aparición de los teléfonos celulares, de alguna manera, han resultado un atentado contra la literatura porque con ellos, por ejemplo, la tragedia de Romeo y Julieta no habría existido: todo se arreglaba con un mensaje de texto. Entonces, retomando, ¿hasta qué punto la tecnología te brinda tanto que te anula, tal vez, la búsqueda?

     

    (Piensa… mucho) Mirá… yo no creo que la tecnología anule la búsqueda. Tanto la gente creativa como la búsqueda siguen existiendo; lo que cambian son los lugares donde se aplican. Yo creo que en los ’60 ó ’70, y en la Argentina un poco después, hubo gente que aplicó su creatividad a lo artístico. Independientemente de lo tecnológico de cada época, ¿no? Esa misma gente, si no hubiera existido la penicilina, tal vez habría estado muerta. Yo mismo; vos también… probablemente estaríamos muertos de no haber sido por la tecnología… o el avance científico. Pero mucha gente, que yo veo que es creativa, se está dedicando a otras cosas. No a la música. Tal vez a hacer páginas web, a programar excel para empresas, no sé… aplican su creatividad donde pueden. No creo que la tecnología sea una contra. No soy partidario de la restricción general, porque no creo que funcione como atizador de la imaginación.

     

    Yo tampoco y en ese punto estoy de acuerdo; me refería a…

     

    (Interrumpiendo) Dejame decir esto: si yo hubiera tenido internet a los 18 años, habría sido tan feliz…

     

    Me refería al por qué la juventud de 30 ó 40 años atrás poseía un afán investigativo más profundo que el de la juventud actual cuando hoy por hoy, paradójicamente, se cuentan con mayores y mejores elementos para la búsqueda, la información, la investigación y la concreción…

     

    Mirá… hablar de la juventud actual es algo que escapa a mis…

     

    (Interrumpiendo, je) ¿Puede ser que hoy se “padezca” de un exceso de oferta?

     

    Bueno… el exceso de oferta tiene otra lógica. Que también estaba cuando éramos chicos nosotros; pasa que acá, en la Argentina, se veía distinto. En países como Estados Unidos es como el “lema” de la nación.

     

    ¿Te parece? ¿Se editaban tantos discos como ahora?

     

    Y… ahora es mucho más fácil editar discos.

     

    A eso voy… tengo la sensación de que antes se escuchaba con más profundidad lo que llegaba a tus manos. En cambio hoy… no sé cuánta gente lo hace…

     

    Por lo que conozco de la juventud o, mejor dicho, viendo a mi hijo adolescente, no sé si estar de acuerdo con lo que decís; porque a él le sugerís que escuche a Primus y el tipo va, se baja siete discos y se los aprende de memoria. Y sus amigos también, saben qué músico estuvo en cada formación… o bien lo tenés a Franco Fontanarrosa (bajista de “La Mujer Barbuda”) que creció con internet, a quien le decís un artista y el tipo lo busca, investiga, lo escucha…

     

    Me estás hablando de casos que son, seguramente, excepcionales…

     

    No sé si son excepcionales… son los que conozco. No conozco los “otros” casos; aunque en realidad, me parece que los culpables en todo caso seríamos los de nuestra generación. Los músicos de Bersuit son más grandes que yo. Los Babasónicos también. La gente de Catupecu Machu tiene mi edad. Nosotros somos los que cagamos la cosa.

     

    (Con malicia) ¿Y Los Fabulosos Cadillacs?

     

    Son más grandes… Cuando salieron en su momento estaban bien… parecía que venían a romper un poco con ese protocolo del rockero argentino serio, medio tanguero… y estuvo bien lo del primer disco, con la novia que se cayó en un pozo ciego y esas cosas. Pero listo, ahí se acabó el chiste. Todo lo demás es…

     

    ¿Hay un encono ahí o me parece?

     

    No, para nada… Es una descripción de la realidad; son horribles y punto, con una canción buena cada tres discos. No suenan bien en vivo y no entiendo el sentido de la banda. Capaz que son tipos divinos, pero musicalmente… Y cuando se habla de una cosa no se habla de otra; que ellos estén implica que otros no. Pero volviendo, los perpetradores de la maldad son gente de nuestra edad, no son los chicos. Porque los más grandes, pasando los 50, no.

     

    Sería la brecha de los que hoy andan entre los 35 y los 50 años los que están provocando un vacío cultural / intelectual, refiriéndonos a la música, ¿no?

     

    Sí, yo me refiero básicamente a lo que es el mainstream. Hay gente haciendo cosas muy interesantes que también conforma ese rango de edades que mencionaste: Diego Schissi tiene mi edad, Guillermo Klein también; son tipos que están haciendo cosas realmente interesantes y que están buenísimas. Pero el tema es cuando la búsqueda artística está puesta al servicio de algo popular y entendible para todos. Y eso es lo que está faltando. Eso no está.

     

    Justamente… ¿por qué no está ahora y sí estuvo?

     

    Es que la gente que consumía es gente grande ya. La clase media se achicó; y la gente de clase media y clase alta, que eran los principales consumidores en esa bonanza económica del mundo, también cambió. No lo relaciono con la abundancia de oferta ni con la escasez de tiempo.

     

    ¿Vos tenés ahora el mismo tiempo para escuchar música que el que tenías 20 años atrás?

     

    No. Tengo mucho menos tiempo libre en general. A medida que la gente va creciendo, tiene más ocupaciones que tienen que ver con la lógica de la supervivencia. El tiempo añorado, “La búsqueda del tiempo perdido” de Marcel Proust tiene que ver con cosas que se han perdido como la adolescencia. Yo empecé a trabajar a los 18 y nunca volví a tener el tiempo libre que tenía a los 17…

     

    Resulta poco frecuente que perteneciendo al movimiento, seas tan crítico con la actualidad del rock.

     

    Pero por supuesto, lo que digo es que la responsabilidad es nuestra. Insisto, los Babasónicos son tipos de mi edad. Yo no puedo creer que toquen tan mal después de 20 años y que, encima, ganen lo que ganen. Ojo, yo no digo que una canción tenga que ser una genialidad; no me compro el discurso de Spinetta. Para mí, la canción tiene que ser una canción. La década no tiene que apestar y, con que no apeste, empiezan a andar bien las cosas. Catupecu Machu tuvo sus letras no apestosas y que están OK. De ahí a pretender que un tipo de más de 40 esté hablando de que quiere seducir a una nena de 16 ya me parece una pelotudez. Un movimiento total y absolutamente calculado y comercial, quitándole el mérito que pueda llegar a tener.

     

    Y eso, ¿es rock?

     

    El rock como cultura tampoco existe más.

     

    ¿Y qué hay en ese lugar?

     

    Me estás haciendo preguntas como si fuera un sociólogo (risas).

     

    Te estoy haciendo preguntas porque el entrevistado sos vos…

     

    Es que parece un interrogatorio (risas). Yo no te puedo decir qué hay en su lugar actualmente…

     

    A ver… desde otra perspectiva… ¿por qué el lugar que ocupaban músicos con formación sólida, afán investigativo, ansias de superación, está ocupado por músicos que no tienen esa formación ni esas inquietudes?

     

    Me estás haciendo trabajar (risas). La industria de la música, como la conocemos y que se la pasó robando hasta hace cinco años cuando puso el grito en el cielo por la bajada de música gratuita -con la que tampoco estoy de acuerdo pero prefiero que caguen a la industria porque la industria a mí me caga igual-, se fue enrareciendo en los ’90 y se terminó de arruinar del todo en la década siguiente con la aparición de Napster y esas cosas. Eso hizo que se entrara en un cuello de botella y, lo que en una época se invertía -en tres discos o cuatro para ver si la banda encontraba su rumbo como sucedió con Yes, que su primer disco bueno, o importante si querés, fue Fragile (cuarto álbum, año 1971) o Genesis con Foxtrot (también cuarto, 1972), no es el caso de King Crimson-, se volvió imposible. Se volvió imposible que una empresa invirtiera en el desarrollo de un artista. Esto se fue haciendo cada vez más notorio y evidente al punto de que hoy día conozco gente que firma con compañías discográficas para que les saquen un disco y no puedo creer ni entender por qué lo hacen. ¡También se cayó el Muro de Berlín! Como una derrota de la idea de una alternativa, sin querer significar con esto que la alternativa era interesante; simplemente que la alternativa se cayó, la economía se unificó y empezó a prevalecer la lógica del mercado, que se autojustifica. Que se legitima a sí misma. Y donde lo único que mandan son los números… La lógica de los números no se lleva para nada con la lógica de la creación. Las grandes cosas interesantes de la humanidad, las obras de arte, la matemática, los grandes descubrimientos e incluso las utopías sociales, nunca se guiaron por el número de ventas o por el rating. En los ’90 eso empezó a tallar más. Se cayó el Muro de Berlín, colapsa la economía soviética, aparece un pensamiento único que ahora está un poco más cuestionado pero muy, muy, muy por arriba aún, y ahí se terminó de legitimar la creencia de que los números son los que mandan. Y listo. Se acabó la inversión en un grupo por tres o cuatro años para ver si crecía o no. Fijate que las bandas que ascendieron a un espacio importante en los ‘90 en la Argentina y, si querés, en el mundo, no tuvieron recambio. Porque ya cambió la política económica y es muy probable que no cambie en los próximos años. Hay que tener en cuenta que mucha de la mejor música que se hizo en los siglos XVIII y XIX, se estrenaba para 30 ó 40 personas. Dicen que la Novena Sinfonía de Beethoven se estrenó para 60 personas y que se consideró un éxito. No iba el pueblo a consumir eso, iba la pequeña burguesía. Se perpetúa, entonces, ese sistema de desarrollo económico dejando, automáticamente, afuera a un montón de cosas favoreciendo al tipo de producto que hace movilizar el stock; que es lo que los empresarios quieren. Y el stock es más fácil de mover si es parecido. Si algo funcionó, hagamos cosas similares. Lo que es distinto, afuera. Tal vez cambie, aunque no creo que lo veamos nosotros.

     

    (Pequeña pausa para tomar aire, suponemos)

     

    La gente de mi edad y que, como yo, creía en el romanticismo alemán y “La Noche Transfigurada” de Schoenberg, nos dedicamos a… A ver… algunos hacen lo que corresponde, como Diego Schissi o Guillermo Klein; yo, que soy un desubicado que no me pude encontrar bien, estoy haciendo rock que es, tal vez, mi proyecto más emocionante; y la gente a la que le gustaba la música creativa entre el ’95 y 2000, se empezó a dedicar a una música que, desde el último siglo, permitió la asociación entre músicos que se juntan a tocar, estudian, intercambian discos… el jazz. La gente creativa, en este momento, encontró una solución y una salida en ese lugar. Lo que pasa es que se toca en Virasoro o en Thelonious para… 20 personas… ó 50 ó 70, 100, 150… y el tipo que se dedica a hacer esa música sabe que si mete 30 personas es feliz y si son 200 salta en una pata. Con que pueda ganar algo y no perder… lo demás no le importa…

     

    ¿No le importa o no debería importarle?

     

    Bueno… tal vez mi visión sea un poco romántica. Yo no me dediqué a eso porque vengo de otra época o de otra formación o estructura mental. O porque tengo otros lentes para ver la realidad. La verdad que no sé si les importa o no. Yo los noto contentos, con una actitud muy colaborativa. También es cierto que entre 2000 y 2005 se vomitaron miles de músicos a la calle sin la existencia de un mercado. Es muy probable que El “Colo” (Juan Pablo) Arredondo toque hasta los 70 años y que nadie pueda reemplazarlo hasta ese momento, por lo que puede haber una legión de guitarristas que no van a tener dónde aplicar lo que aprendieron. Es una situación ridícula; es como si egresaran 200 ingenieros aero-espaciales por año en la Argentina, ¿adónde los metés? Se tienen que ir a otro país… Ahí tenés entonces el por qué muchos músicos se van al exterior donde descubren que también es duro; pero todo termina reduciéndose al control de los medios de producción y a cómo está la economía y el contexto. Y Argentina es un país periférico y depende 100% de lo que ocurre en el mundo, como pasó desde que nació. Por más que no nos guste, Argentina está atada al destino de Inglaterra y vivimos la decadencia de Inglaterra durante el siglo XX y ahora estamos acá, con una idea de industria argentina que es una mentira. Desde el costado cultural viene un artista extranjero cada dos días, lo que es genial y algo con lo que soñé cuando era adolescente; pero algo contra lo que no puedo competir. La misma noche que toca Panza toca Jane’s Addiction… gratis. Y Jane´s Addiction me parece una porquería, un premio a la nostalgia y yo estoy en contra de la nostalgia. Pero por más que yo diga esto… ¿qué va a elegir la gente? Entonces… ahí no hay ninguna proyección, todavía no tenemos un perfil de país y no veo, en el futuro próximo, una renovación en el rock. Sí veo, por ejemplo, que La Renga, que es la banda que más convoca, tiene un baterista que sigue sin estudiar. No lo entiendo… ¿Por qué no toca bien? Hay algunas cosas que me joden bastante. Dicho esto, el último disco de La Renga tiene un par de guiños a algunas cosas de The Beatles, un par de escalas armónicas menores, tiene algo de lo que… con el poder que tienen (del cual evidentemente no se dan cuenta), podrían hacerse cargo. Por eso me gustó cuando Los Redondos (por Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota) sacaron sus discos electrónicos, a pesar de que no eran geniales. Pero estaba bien que lo hicieran aunque cierta gente los criticara. Que le bajen a la gente cosas que son distintas y que pueden estar buenas. Pasa que hay que hacerse cargo de ese poder. Estoy hablando mucho, ¿no?

     

    (Risas) Vos hablaste con mucho respeto de gente como Klein y Schissi. Independientemente de tu gusto personal, ¿qué otros músicos ves que tienen al menos la intención de brindar algo distinto?

     

    Dentro del jazz claramente Ernesto Jodos, quien además hizo un importante aporte a nivel pedagógico. Trajo un montón de cuestiones que no se trataban y de las que no se hablaba. En menor medida Mariano Otero y, en mayor medida, Enrique Norris pero creo ya que desde un “no lugar”, un tipo súper importante, en algún punto críptico pero siempre muy comprometido con la música. También Esteban Sehinkman, responsable del Real Book Argentina, la gente de Escalandrum, que es muy generosa, muy estudiosa, que le ponen mucha garra a sus proyectos y que aportan cosas interesantes, como (el contrabajista) Mariano Sívori con su sexteto, que está buenísimo; lo que está haciendo Nicolás Sorín también es muy interesante… hay una cosa muy endogámica también, pero me gusta eso, que se junten, que hagan cosas, más allá de mi gusto personal.

     

    ¿Participaste en alguna de las ediciones del Festival Buenos Aires Jazz?

     

    El año pasado como arreglador de un tema de un bajista, Gabriel Cuman, para el Real Book Argentina.

     

    ¿Qué pensás de la existencia de un festival de esas características? ¿Ayuda?

     

    Yo creo que es mejor que esté a que no. Así como creo que estaba bien que estuviera la Bienal de Arte Joven. Por supuesto que una vez que está empieza a talar el sesgo de quien dirige o de quien se acomoda políticamente para estar en ese lugar. Hay que tener vocación de poder, algo muy importante también. Cuando aparece la posibilidad del “poder”, los músicos generalmente tendemos a obviarla o dejarla pasar.

     

    ¿Te referís a cuestiones gubernamentales o a la gente encargada del festival?

     

    La gente que maneja el festival siempre está, de alguna manera, ligada al gobierno de turno. Lo que digo es que está bien que esa gente tome ese lugar y que tenga esa vocación de poder. Y que si no me gusta, tendría que tratar de hacer lo que tengo que hacer para, justamente, ocuparlo. Hay que tener vocación para cambiar las cosas desde ese sitio. O sea… podría hacerle muchas críticas a los festivales como ése, pero prefiero que existan. Lo prefiero al Quilmes Rock, definitivamente. El ambiente es muy distinto, además. Me parece que tiene una pretensión de grandeza de la cual carecen los festivales de rock. Más allá de que esa pretensión después se cumpla o no.

     

    Cambiando abruptamente de tema, el ruido es necesario, dijiste.

     

    El ruido es parte de la vida.

     

    ¿Y qué hacemos con el silencio? ¿O es el peor de los ruidos?

     

    Bueno… ya John Cage hizo un ensayo al respecto con 4:33 (sonríe). El silencio no existe. Es la muerte. ¿Qué más silencioso que la muerte?

     

    Estás siendo portentosamente optimista con esa frase.

     

    Ya voy a tener tiempo de estar en silencio cuando desaparezca y le deje el lugar a otro. Las cosas interesantes están siempre precedidas o rodeadas por el ruido.

     

    Hablando de ruido: ¿por qué Panza es distinto a los demás grupos de rock, al menos de Argentina?

     

    (Sonríe y piensa… mucho) Bueno… al resto de los grupos de rock que conocemos, al menos. La verdad que no lo sé… supongo que es una cuestión de interacción entre los músicos.

     

    ¿Vas a contestar en serio o no?

     

    (Risas) Me parece que Panza es distinto porque hay una estrategia detrás. Hay una intención de hacer música popular pero sin que eso signifique hacer música pelotuda. Me parece que hay dos o tres cosas que la banda tiene y que los músicos abrazamos con fervor. Por ejemplo, la improvisación, o mezclar estructuras escritas con improvisadas, el hecho de que cante una mujer y que no lo haga como una nena, siendo claramente la líder en el escenario; eso no es común y el hecho también de que esté la cantante como “objeto de deseo” y, al mismo tiempo, algo fuerte, de conflicto o de balance con el resto de los músicos. Panza no es particularmente gentil con la cantante, que tiene que ganarse su lugar; y creo que eso en la banda se nota. Y lo que, justamente, es lo que no le gusta a alguna gente, que preferiría que toquemos más bajito…

     

    O sea que no hay contemplaciones…

     

    (Interrumpiendo) No hay contemplaciones genéricas. Mariana (Bianchini) es una música y tiene su trabajo como tal. Y a cada uno de los integrantes le compete lo mismo. A diferencias de otros grupos, Panza no está “diseñado” para “que cante la chica”. Acá no; somos cuatro seres humanos, un poco jodidos, rencorosos y con mucha memoria… una combinación complicada…

     

    ¿Cuál es la principal diferencia con Porco, al margen del género del cantante?

     

    Bueno, técnicamente es una diferencia importante. Pero hay otra que es notable para mí: en Panza hay mucho más trabajo y desarrollo melódico que es algo con lo que yo, particularmente, me enganché años después o más bien hacia el final de Porco.

     

    Como si Panza hubiera podido pertenecer a aquel movimiento de los ’70…

     

    Sí, pienso que sí. También hay una especie de corriente retro dentro de los músicos. Porque además la música  de ese período sigue estando. Tanto Franco (Barroso, bajista) como Augusto (Urbini, baterista), que andan por los 30 años, encuentran cosas muy atractivas en esa música hoy día. El lugar imaginario que ocupa Panza es el de la banda que me hubiera gustado tener en mi adolescencia, un grupo como Genesis, King Crimson o The Police.

     

    No como The Beatles…

     

    No… me gustan, pero no. Estoy en contra del “beatlismo” (risas). Cuando aparecen los “Anthology” me fanatizo pero me dura dos semanas. The Beatles está OK, son parte de esa época también… pero me gustan mucho más los quintetos de Miles Davis o John Coltrane, que eran contemporáneos. Mucho más.

     

    ¿Pensás que el jazz se desgastó de la misma manera que el rock?

     

    Mucha gente que está más en el tema que yo dice que sí.

     

    Pero vos estás en el tema. Estás en bandas de jazz…

     

    Pero yo no soy un músico de jazz.

     

    ¿Qué sos?

     

    No sé. Me gusta el jazz y lo disfruto pero…

     

    Pero estás en varias bandas de jazz… La Mujer Barbuda, se te convoca desde el Real Book Argentina y no llaman al guitarrista de La Renga… te guste o no, de alguna manera pertenecés…

     

    Sí, sí… Estoy con esa gente y es un lugar donde me siento querido y respetado. En el rock argentino no está eso. Cada grupo es una pequeña empresa que lucha por lo propio.

     

    O sea que Panza no tiene relación amistosa con otras bandas de rock contemporáneas…

     

    Somos amigos de la gente de Carajo y de algunas otras bandas que andan dando vueltas; pero nuestra comunicación pasa por otro lado. No somos estrictamente jazzeros en el sentido de que no estamos persiguiendo el último disco de Vijay Iyer. Pero me junto con (Diego) Schissi, el baterista provino del ambiente del jazz, a veces nos juntamos para hacer lo mismo que hacía a los 16 años, escuchar música, intercambiar opiniones… eso sí, lo hago con músicos de jazz y no con rockeros.

     

    El punk, ¿ayudó o fue nefasto?

     

    Para mí estuvo bien. Porque hay que reconocer que con, por ejemplo, Tales From Topographic Oceans (álbum doble de Yes, 1973, con cuatro temas de aproximadamente 20 minutos de duración cada uno), se fueron a la mierda. Para eso escribite un libro… Ésa es mi objeción contra Spinetta y contra los cantautores pretenciosos. Si vos tenés algo para decir… a ver… en la música lo más importante está en la música, la letra tiene que estar bien. Por supuesto que dentro de todo eso hay una gama impresionante de cosas que rozan la excelencia; pero al punto de escribir un ensayo… con música… salvo que seas Peter Hammill…

     

    (Interrumpiendo) Estaba por taparte la boca con esa misma referencia… (risas)

     

    Bueno… pero creo que Hammill es el único tipo que es interesante haciendo eso. El resto es pretencioso y feo. Además, para eso tenés que escribir no bien, sino MUY bien. Un tipo que escribe muy bien y que compone buenas canciones es una combinación rara.

     

    A mí me da la sensación que Hammill escribe ensayos que después canta.

     

    Y está muy bien.

     

    Por eso no hay estribillos…

     

    Bueno… pero es Hammill… y por eso canta de la manera que canta… y qué lindo que es… lo que canta en Exposure (Robert Fripp, 1978)… es tremendo…

     

    Una liana, ya que lo mencionás, ¿registrás el pifie de piano de (Peter) Gabriel?

     

    Totalmente… en Here Comes the Flood, un pifie impagable… (risas). Ese disco, Exposure, creo que es emblemático para Panza; ese exabrupto de (Robert) Fripp, me gusta. Cuando la mina (Terre Roche) canta (y tararea la melodía de “I May Not Have Had Enough of Me But I’ve Had Enough of You”, que es a dúo con Peter Hammill), me dije “¡quiero una banda así, con una mina que cante así… o un tipo!”, jeje… siempre se remite a lo mismo… Es un disco muy importante para mí; el hecho de pasar de una balada como Mary a un tema como Breathless, con los diálogos en el medio… todo eso, que también hacía Frank Zappa, o lo que se percibe en la música concreta… todo eso es un buen compendio de lo que me gusta escuchar en el rock; y volviendo a lo que me habías preguntado acerca del desgaste en el jazz… no sé… el jazz sigue siendo, en general, un monopolio de los norteamericanos, como la gran mayoría de la cultura que consumimos. Los mismos norteamericanos dicen que no hay jazz como el que había en la época de Coltrane y Davis; y vuelve a ser una cuestión económica porque, justamente, esos grupos tocaban todos los días durante un año; es como si hoy acá existiera una banda con, no sé, Jodos, Sívori, “Pipi” Piazzolla… tocando todos los días durante dos años y ganando plata… ¡es imposible! Acá y allá. Cambió la economía… y el Premio Nobel de la Paz mató a Osama Bin Laden… ¡mirá cómo cambió el mundo! Esto se convirtió, de una, en 1948; se miente descaradamente. Antes la gente sospechaba… ahora sale Obama diciendo que mandó a matar a Bin Laden por una cuestión de justicia… ya está… el espectáculo tomó el poder y nosotros somos espectadores de una fantasía permanente.

     

    ¿Vos querés decir que no hay chances?

     

    Yo digo lo que sé… solamente me limito a observar lo que está.

     

    Vos estudiaste Ingeniería Industrial, Filosofía, Ciencias Exactas…

     

    Sí… no terminé nada de eso…

     

    OK, pero eso que estudiaste, lo que leés… ¿de qué manera se refleja en lo que hacés?

     

    No sé… ¿cómo puedo saberlo? ¿Cómo puedo saber si lo que hago, lo que leo y lo que estudié, a lo mejor, me influencia en algo?

     

    No hacés relaciones…

     

    No… tampoco le encuentro sentido a hacerlas. Me resulta un poco profano. Es como tener sexo con alguien y analizar si se parece a algo que estudié o a alguna porno que vi… bueno… tal vez en esto último sí (risas). Es muy difícil analizarse uno mismo. Yo te puedo decir qué cosas aprecio de lo que leo, que soy una persona curiosa, que me gusta tratar de entender lo que pasa a mi alrededor y eso incluye a la música, a la pornografía (risas), que cierto aprecio por las formas largas o por la superposición o desarrollo de dos o tres ideas a lo largo de un tema son cosas que me interesan. Ahora… cómo se traduce eso en la música que hago… no lo sé; podría intentar encontrar una explicación pero te estaría mintiendo.

     

    Pero hoy seguís leyendo, investigando…

     

    Sí, claro…

     

    O sea que tiempo hay…

     

    Me lo hago (sonríe). Es lo que te decía al principio, acerca de la bonanza económica… a nivel evolutivo el arte, la música, no significan nada. Podría desaparecer ya mismo y la humanidad seguiría existiendo. Detesto a esos artistas que se piensan los salvadores de la humanidad. El tiempo me lo hago… pero porque me interesa leer, porque me gusta, nadie me obliga. Me da placer, como tomar vino… me hace sentir más inteligente, más apuesto (risas).

     

    Vos tenés varios proyectos que circunstancialmente están a un lado porque el protagonismo pasa por Panza. Me gustaría que te refirieras a ellos: por qué a tu actividad como solista la llamás Electroálvarez, el por qué de la Experiencia Electroálvarez, de la Orquesta Ruido Negro… ¿qué es lo que estás buscando en cada uno de esos proyectos?

     

    Ponerse un alter ego funciona, históricamente, como el hecho de ponerse una máscara. Uno se atreve a hacer cosas que no haría. Electroálvarez es el nombre con el que me permito relajarme y no hacer nada como para caerle bien a la gente.

     

    Y no te daba para poner Sergio Álvarez…

     

    No… el disco de Sergio Álvarez todavía no va a salir. Me hacen falta varios años de terapia y de estudiar para eso (risas). Me gustaba la idea de tener un seudónimo. Electroálvarez tiene una estrategia que es la de explorar las posibilidades tímbricas de la guitarra. Porque, a pesar de no haber sido mi primer amor, sigo pensando que la guitarra puede ser un instrumento folk, sonar como una orquesta, puede tener un volumen más grande que el de una orquesta y sin embargo se sigue produciendo el sonido pegándole a una cuerda. Ni siquiera el piano posee esa “urgencia”. Los cantantes y los instrumentos de viento, sí. Pero dentro de los instrumentos armónicos, la guitarra es el líder.

     

    Después está la Experiencia Electroálvarez, un trío con Juan Bayón y Andrés Elstein y que a veces se transforma en cuarteto con Leo Paganini, que está inmerso en un vocabulario más jazzero. Y el nombre es un chiste, porque no me gustan los grupos de jazz que se llaman… no sé… José Cadorna Cuarteto… me parece la cosa más aburrida del mundo; por eso me gustan nombres como Elefante o “Puente Celeste”.

     

    La Orquesta Ruido Negro es, justamente, una orquesta para la que tengo varios bocetos. Me quedó bien en claro que tengo que resolver varias cuestiones económicas con este proyecto. Pero lo bueno es que los músicos siempre están con una gran disposición.

     

    ¿Qué diferencia hay con la League of Crafty Guitarists?

     

    Básicamente la LCG es una franquicia de la mente de Robert Fripp. Y que habla muy mal de Fripp porque todos sus alumnos tocan igual que él; o es lo que intentan, al menos. La diferencia es que en la Orquesta Ruido Negro son todos guitarristas de verdad que tocan y se ganan la vida como guitarristas. Las generalizaciones no están bien, porque…

     

    En la LCG hay gente como Kabusacki…

     

    No estoy hablando de Kabusacki, sino de los alumnos en general. A quien le quepa el sayo que se lo ponga (risas). Por supuesto que hay gente interesante, el California Guitar Trio, Los Gauchos Alemanes… pero me termina hinchando el “tiki tiki tiki ki tiki tiki tiki…”, o sea… el fluir de semicorcheas me hinchó las pelotas. Parece un robo a los metalófonos de Bali, donde hay tipos que hacen una música increíble pero como no cobran derechos de autor, todos les afanan…

     

    Esto, dicho por alguien para quien Robert Fripp es un referente…

     

    Me encanta, por supuesto, como guitarrista y compositor. Pero como docente me parece un vendedor de humo (risas). Yo sé que Robert va a estar muy preocupado por lo que digo pero… (más risas). Seguro que mañana mismo me llama…

     

    Fripp no sé… pero algunos acólitos…

     

    Ya tuve alguna agarrada con un par de tarados vía Facebook de los que no vale la pena ni dar los nombres. No sé qué comentario hice acerca de Fracture, un tema (de “Starless and Bible Black”, año 1974) que en su momento me estudié y si querés te lo toco ahora, y dije algo así como que una vez aprendido me iba a dedicar a vivir o algo así… porque la verdad es que es preferible aprenderse los solos de Coltrane. Aunque estuvo bueno aprenderlo… es un esfuerzo inútil que vale la pena. Y un “chupaFripp” salió con una filosofada berreta y lo que me sorprende es cómo no lo mandé al carajo (risas). Como dije al principio, las generalizaciones son injustas; pero hay un 90% de imbéciles que necesitan un dictador, un sistema fascista que les diga cómo hay que hacer las cosas. Es lo contrario a la creatividad del arte. Es más, es lo contrario a lo que Fripp es, aparentemente, en su vida real… pero bueh… todos necesitamos algo de qué vivir; por empezar, yo a los músicos de la Orquesta Ruido Negro les pagué y si el proyecto no tiene continuidad es porque no tengo fondos para seguir pagándoles. O sea… en ese sentido, adhiero a la política de Zappa… no necesito a los chupas. Otra diferencia es que hay una idea diferente en cuanto a la producción del material; la ORN está más emparentada con el trabajo que en su momento (y antes de Fripp) hizo Glenn Branca (guitarrista vanguardista norteamericano nacido en 1948). Ya voy a retomarla pero para eso necesito tiempo y no estar en tantos proyectos al mismo tiempo. Otra de las cuestiones es que quiero profundizar en cuestiones más… contrapuntísticas, en el sentido tradicional, con formas más desarrolladas y no con tanto amor al minimalismo y a la repetición extrema.

     

    Este año va a haber un par de ediciones en las que participás…

     

    Sí; se está por editar el segundo disco de La Mujer Barbuda, que se va a llamar Lagartos terribles; y también participo como invitado en el nuevo CD de Esteban Sehinkman con su trío.

     

    ¿Y el proyecto junto a (el guitarrista) Wenchi Lazo?

     

    Tenemos que juntarnos para, al menos, grabar. La verdad es que estoy muy absorbido por Panza; es un momento en que tengo que dedicarle mucho tiempo a la banda.

     

    ¿Cuál es el paso siguiente de Panza después de la presentación en el Ateneo?

     

    Vamos a ver cómo sale esta fecha; si todo va bien, tal vez hagamos otro concierto hacia fin de año y ése sí, filmarlo, grabarlo. Material grabado de la banda hay mucho. Están las cuatro actuaciones en Ultra de noviembre pasado, tomas alternativas del disco triple… pero el hecho de haber cambiado un integrante nos posesiona y nos dan ganas de hacer algo nuevo con Augusto (Urbini). Así que mi deseo es empezar a armar cosas como para editar un álbum nuevo el año que viene. No me gustaría que pase mucho tiempo. Y también tratar de que Panza mantenga este lugar en el que se encuentra ahora, e incluso mejorarlo, sin dejar de lado la consigna madre de la banda: hacer lo que nos gusta, cuando nos gusta y como nos gusta.

     

    www.sergioalvarez.com.ar
    www.panzaweb.com.ar
    www.myspace.com/mujerbarbuda
    www.myspace.com/laexperienciaelectroalvarez
    www.myspace.com/noiserpodatrebil

     

    Marcelo Morales

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