• Alon Nechushtan: Ritual Fire

     

    ritual fireAn Action Suite in 10 Parts: Hover, Ritual Fire, Psalmonody, Profusion, Ruah Kadim (Eastern Wind), Free Falling, Aureoles, Accross The Ocean Like A Seagull, Hamsin (Heat Wave), Soliloqui

     

    Músicos:

    Alon Nechushtan: piano

    Ken Filiano: contrabajo

    Bob Meyer: batería

    Harold Rubin: clarinete

     

    Sello y año: Between the lines, 2013

    Calificación: Dame dos

     

    Técnica es sólo un medio de llegar a una declaración (Jackson Pollock)

     

    La raíz etimológica de la palabra arte deriva del antiguo vocablo pre-helénico “artao”, cuyo significado original describe “aquello que une” o “que debe ser unido”. A lo largo de la historia, el arte ha ido cambiando y expandiéndose tanto en objetivos como en paradigmas; pero ese principio implícito en el origen del término se mantuvo inalterable a través del tiempo.

    El arte tiende por naturaleza a reunir partes separadas: une al creador con su obra y a esta última con todo aquél que accede a la misma, une el mundo interior del autor con el contexto creativo de su tiempo y une la necesidad del artista por expresar los sentimientos que no puede transmitir de otra forma con las sensaciones y emociones –igualmente irrepetibles- que provoca en los destinatarios de su obra.

    Entre los componentes indispensables del arte –además de sus vínculos socioculturales e históricos– también asoma una fuerte relación con los procesos de internalización humana y la integración del plano consciente e inconsciente, ligado por la técnica en la que la obra se sostiene y a través de la cual puede adquirir un status de perdurabilidad y trascendencia.

    En la búsqueda de los objetivos trazados, el artista debe sumergirse en su propia interioridad y –como afirma Pollock en la frase del epígrafe– utilizar la técnica “sólo como un medio para llegar a una declaración” estética.

    Todos estos elementos –en una clara analogía con los preceptos filológicos de la palabra “arte”- aparecen “unidos” en el núcleo estético que da vida al álbum Ritual Fire del notable pianista israelí Alon Nechushtan.

    La relación de este álbum con Jackson Pollock no se circunscribe a una frase sino que, además, mantiene profundos lazos de unión con algunos de los principios centrales de su fascinante obra pictórica.

    La action painting o “pintura de acción” es una forma de arte que considera a la improvisación como elemento fundamental de la pintura; y Jackson Pollock es, justamente, el action painter por antonomasia. El diseño de sus obras no tiene relación con la forma o el tamaño del lienzo, ni usa el pincel y el caballete como en la pintura tradicional; en su lugar, fijó el lienzo a ras del suelo o a la pared y manipuló la pintura mediante la técnica de dripping (goteo) o con paletas, cuchillos y palos e incluso mezclándola con sustancias ajenas al arte pictórico tradicional como la arena, el cristal molido, el polvo de aluminio y los esmaltes.

    En la obra de Pollock, el proceso –es decir, el acto ritual de pintar y el pensar en el arte como experiencia– se convierte en algo más importante que el resultado final.  Ergo, puede afirmarse que su alegato artístico tiene un fuerte anclaje con la revelación de los estados inconscientes del artista y, por extensión, se relaciona con las teorías surrealistas del automatismo.

    En la música libremente improvisada la técnica permite –de igual manera que en el dripping y la action painting de Pollock- exteriorizar ideas que fueron acopiándose durante años de escucha y aprendizaje.

    Ritual Fire se compone de una suite dividida en diez partes –que su autor, en una premeditada semejanza con la obra de Pollock, denominó An Action Suite in 10 Parts– en la que se desarrolla una especie de dialéctica entre la libre improvisación y el conocimiento exhaustivo de las técnicas establecidas y entre un momento espontáneo de creación musical en tiempo real con la ambición por documentar exitosamente una experiencia de carácter irrepetible.

     

    Alon Nechushtan toca piano desde los seis años y comenzó a componer música de cámara a los diez. En su Israel natal fue discípulo de Slava Ganelin y, una vez radicado en Estados Unidos, tuvo como mentor al inolvidable Bob Brookmayer y continuó sus estudios con pianistas de la talla de Fred Hersch, Paul Bley y Ran Blake. En su reconocida trayectoria como líder de banda, aparecen el grupo progresivo Alon Nechushtan’s CopperHead Trio (en compañía de John Lockwood y Bob Gulloti), el ensamble experimental Alon Nechushtan’s Dark Forces (aquí comandando un combo multiestelar que incluyó a Mark Dresser, Ned Rothenberg, Elliott Sharp, Oleg Raskin, Steve Swell, Briggan Krauss, Marcus Rojas, Okkyung Lee, Henry Kaiser y Nate Wooley), el Alon Nechushtan’s Words Beyond Trio (junto a Francois Moutin y Dan Weiss) y el proyecto de música judía multicultural Alon Nechushtan & Talat que completan Marc Mommaas, Matt Pavolka, Jordan Perlson y Matt Shulman.

    La nueva producción de Nechushtan se nutre, además de lo ya mencionado, de las cualidades instrumentales de una alineación sobresaliente que incluye al legendario clarinetista sudafricano y radicado en Israel Harold Rubin (líder de Zaviot Jazz Quartet), el experimentado baterista estadounidense Bob Meyer (Bob Meyer Project, Alt.Timers, Jackalope, etc.) y el excepcional contrabajista Ken Filiano (líder de Ken Filiano’s Quantum Entanglements y miembro de Taylor Ho Bynum Sextet & 7-tette y Fay Victor Ensemble, entre otros).

     

    En el episódico desarrollo de An Action Suite in 10 Parts se van enlazando con naturalidad el evanescente temperamento de Hover –subrayado por la autorizada intervención solista de Harold Rubin en clarinete y las delicadas frases que emergen del piano de Alon Nechushtan-, el abrasivo carácter y la fortaleza colectiva de Ritual Fire, la profunda espiritualidad que emana del magnífico alegato instrumental en Psalmonody y el agitado tránsito de la pieza a piano trío Profusion.

    Tras el regreso al formato de cuarteto, sobrevienen la catártica exposición de Ruah Kadim (Eastern Wind) –que incluye una sustancial evolución dinámica-, la oscura melancolía que transmite Free Falling (coronada en un monumental solo en contrabajo a cargo de Ken Filiano) y la convincente interacción colectiva manifestada en Aureoles, aquí con especial destaque del soliloquio de Harold Rubin en clarinete y en el dramático crescendo desarrollado al conjuro de los coloridos impulsos de la batería de Bob Meyer.

    El categórico y equilibrado alegato de Accross The Ocean Like A Seagull –nuevamente en trío- encuentra su fundamento principal en una interpretación de nivel superlativo, donde se eslabonan los atinados aportes de Ken Filiano en contrabajo (alternando arco y pizzicato) y la variedad de acentos y matices que exhibe Bob Meyer en batería con el amplio e imaginativo vocabulario pianístico de Alon Nechushtan.

    La fase conclusiva del álbum incluye el aquilatado dueto de contrabajo y clarinete de Hamsin (Heat Wave) y la conmovedora declaración de Harold Rubin en una pieza a solo de clarinete, descriptivamente titulada Soliloqui.

     

    Alon Nechushtan, en Ritual Fire, enhebra de manera axiomática los patrones estéticos de la improvisación libre con el pensamiento pictórico de Pollock, la expresión directa con la revelación del inconsciente, el conocimiento adquirido con el desprendimiento de certezas y lo emanado del intelecto con el instinto lúdico. En definitiva, hace honor al significado de la palabra arte y enlaza “aquello que deber ser unido” para la creación de algo nuevo.

     

    La creación de algo nuevo no se logra con el intelecto, sino por el instinto lúdico que actúa desde una necesidad interior (Carl Jung)

     

    Sergio Piccirilli

    Notas Relacionadas o de Interés: