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Adrián Iaies: UnoDosTres – Solo Y Bien Acompañado

CD1: Algún día nunca llega, My One and Only Love, Suite John Lewis (Retrato de John Lewis #2, Milano, Morning in Aromo, Afternoon in Aromo, Midnight in Aromo, Autumn in Saavedra, Crecimiento exponencial de la locura #1, Blue Monk, Retrato de John Lewis, Crecimiento exponencial de la locura #2), La sombra de la soledad, Schumann on my Mind
CD2: Autumn in Saavedra #2, Tres historias, De tal palo tal astilla, Hallucinations, My One and Only Love, Años de soledad, Autumn in Saavedra #1,Nefertiti, Body and Soul
CD3: Afternoon in Aromo, Emilia, Algún día nunca llega, Astor Changes, El ojo de la música, De tal palo tal astilla, Una perla en el vacío, No hay dos sin tres, Indicios


Músicos:
Adrián Iaies: piano
Arturo Puertas y Mariano Otero: contrabajo
Pepi Taveira: batería
Miguel Tarzia: guitarra eléctrica
Ricardo Cavalli: saxo tenor y clarinete
Juan Cruz de Urquiza: trompeta

S-Music, 2007

Calificación: A la marosca

Adrián Iaies es un músico excepcional.
Es un gran pianista. Además es compositor y arreglador. Se perfila como un más que interesante productor. Si no lo es ya. Es quien mejor acompaña. Esta afirmación (discutible, si se quiere) surge después de haberlo presenciado junto a cantantes o músicos que, con él, cantan o tocan mejor. Distinto.
Iaies exige. Se exige. Propone, busca, encuentra.
Se pregunta cosas.
Nos sugiere otras. O las mismas.
Es inquieto y el músico argentino al que más hemos seguido en los últimos 15 años.
Por su culpa, exclusivamente.
Cuida a sus colegas, les agradece, los mima.
Por supuesto que también, en las distintas búsquedas, no siempre acierta con un pleno.
Pero eso, ya lo dijimos varias veces desde este lugar, es lo que menos nos importa.
Cuando el pianista, luego de la disolución de Touch (cuarteto señero del jazz fusion en nuestro país), decidió volcarse de lleno a la interpretación de tangos en Nostalgias y otros vicios, no fue una apuesta menor. Debió aclarar, en la portada, que se trataba de “nuevas versiones de viejos tangos”.
Se veían venir dos cosas:
1 – Los tangueros sacarían su costado más recalcitrante y le darían la espalda.
2 – Los jazzeros lo mirarían de soslayo pensando que Iaies había encontrado “el filón”.
Las dos circunstancias, en mayor o menor medida, se dieron. Las críticas vinieron, generalmente, desde aquellos que o no escucharon las relecturas del pianista o bien no las interpretaron. No hablamos aquí de cuestión de gustos, sino de críticas malsanas.
No obstante, hubo gente que creyó en él. Así fue que la apuesta se redobló para el álbum siguiente, Las tardecitas de Minton’s, con el que lograra la primera de sus nominaciones al Grammy Latino. Yo no sé si Iaies va a enojarse por esto que voy a comentar (suponiendo que se dignare a leer estas líneas), pero recuerdo un hecho puntual que, creo, ayudará a comprender lo que quiero decir.

En el año 2000 fue, con su trío (que en ese entonces integraban Paco Weht y Fernando Martínez), el número de apertura del concierto que brindó el Ron Carter Quartet en el Teatro Coliseo. Iaies fue ovacionado por las más de 1.500 personas que se encontraban en el recinto.
A los pocos días, se presentaría en el desaparecido Oliverio Allways, en pleno centro de la Capital Federal. Es cierto que fue una noche rarísima, con muchísimo frío y lluvia, corolario de un día en que el paro de transportes fue total.
Pero no era lógico que el concierto no se llevara a cabo por la perfecta ausencia del público.
Esa noche, en el bar La Academia, charlamos largo rato. Iaies estaba algo más que desanimado, preguntando y preguntándose cosas para las que ni él ni los que estábamos allí (el tercero en concordia era Guillermo Hernández, de la disquería Minton’s) teníamos respuestas.
A los pocos días, llegó la mencionada nominación al Grammy.
Luego vinieron otras dos nominaciones, los discos grabados en España, las giras por doquier, la actuación en el Lincoln Center, el fichaje para EMI, la creación de S’Jazz, su trabajo como productor artístico y varias cuestiones de las que ya hemos hecho mención en reiteradas oportunidades.
Iaies pasó a ser, para muchos, un pianista de tango.
Algo con lo que, por supuesto, no estamos de acuerdo.
Ni un poco.
Para un servidor, siempre fue un pianista de jazz, tocare lo que tocase: Salgán, Monk, Fito Páez, Gardel, Serrat, Charly García, Joe Henderson o Billy Joel.
Y así como en el álbum previo a Nostalgias y otros vicios (La lluvia es sagrada, con Touch) había ya renunciado a todo aquello que no fuera un piano acústico, en Las cosas tienen movimiento (disco anterior al que nos ocupa), Iaies fue dejando el repertorio tanguero de lado, incorporando autores de otros estilos y composiciones propias.

UnoDosTres es un álbum triple en donde vuelve, para algunos, aquel pianista de jazz. Aunque… ¿puede volver alguien que nunca se fue?
La caja, lujosa, con una presentación impecable que incluye unas fotos de Horacio Sbaraglia dignas de cualquier exposición cualquiera, viene con tres discos, quedó dicho. A ellos vamos.
Iaies forzó cambios.
Grabó con gente con la que nunca antes lo había hecho. Y en algunos casos, lo hizo con músicos con los que jamás había tocado.
Aportó muchísimas composiciones propias. En algunos casos, estrenos; en otros, relecturas de viejos temas grabados en álbumes anteriores.
El primero de los CD’s es un piano solo que cuenta con la magia en las perillas del gran Carlos Melero, probablemente el único que sabe (pero en serio) cómo debe sonar un piano acústico en la Argentina.
El segundo, contiene duetos.
Y el tercero, tríos.
Adrián Iaies volvió a apostar fuerte. Ustedes sabrán disculpar, pero no haremos un recorrido tema por tema por la simple y sencilla razón de que son, apenas, 34.
Pero algo vamos a decir.

Uno está dividido en tres segmentos claramente definidos. El primero se inicia con Algún día nunca llega, comienzo ideal que te pone en el clima del disco aunque no quieras. Una bellísima composición que, después de trajinar por varios escenarios, llegó al disco. Y culmina con una particular lectura de My One and Only Love.
El segundo tramo corresponde a la Suite John Lewis, que consta de 11 partes. Casi como un juego, la primera lleva por título Retrato de John Lewis #2. La #1 vendría después, casi cerrando la suite. Ambos retratos son una delicia. Es obvio que Iaies adora al ex líder del Modern Jazz Quartet.
Otros momentos: Blue Monk, pero esto lo explica el propio Iaies: “…es como un tributo. Uno de mis discos preferidos de Lewis es el Private Concert, donde el quía grabó una versión de Round Midnight y la orquestó en el piano a partir de una pequeña célula cromática de la mano izquierda. Y con ese recurso sencillo "truchó" el tema. O sea, no suena a Monk, suena a Lewis. (…) Bueno, yo traté de arreglar un Blue Monk que suene a Lewis, no a Monk; y que tenga algún dato personal”.
En Milano también hay un giro que recuerda a Round Midnight. Pero no nos pongamos en exquisitos.
Los distintos “moods” en los tres Aromos. Y ambos Crecimientos exponenciales de la locura, donde Iaies parece hacer referencia a su propio arreglo de Caminito.
El tecer y último segmento de Uno nos acerca al Iaies más clásico, al más reconocible, con La sombra de la soledad y, fundamentalmente, con Schumann on my Mind, que cierra el CD.

Dos ofrece distintas aristas. Con el guitarrista Miguel Tarzia reversiona Autumn in Saavedra, también interpretada en Uno. Aquí también se agrega Autumn in Saavedra #2. Un intenso e intimista clima que permite escuchar el pulsar de las cuerdas y los canturreos del pianista.
Ricardo Cavalli se anota con el clarinete (¡!) en Tres historias y con el saxo tenor en Body and Soul y Años de soledad, de Piazzolla, donde el arreglo es notable. Aunque se sabe que, con Cavalli, todo es más fácil.
El contrabajista Mariano Otero se apersona en una nueva lectura de My One and Only Love. Otro duelo de titanes. Juan Cruz de Urquiza la rompe en De tal palo tal astilla, viejo tema del pianista que apareciera originalmente en Las tardecitas de Minton’s (2000). Y el terrorista Taveira sorprende con las escobillas en Hallucinations y con el tambor en Nefertiti. Ambas versiones son notables. Hallucinations gana en final de bandera verde. Por las escobillas y por la mano izquierda de Iaies.

Tres. Es, tal vez, el más previsible. O el menos sorprendente. Con el tándem Arturo Puertas / Pepi Taveira, Iaies ofrece Afternoon in Aromo (que también está en Uno), El ojo de la música y Una perla en el vacío, otra vieja gema del pianista y lo más interesante de esta trilogía.
En los demás temas, el contrabajista es Mariano Otero. Con Ricardo Cavalli se anotan en Emilia, el “hit single” Astor Changes, tema imbatible al que aquí la solidez de Otero sostiene contra las aceleraciones y frenadas del saxofonista y los juegos del pianista quien parece gozar al resignar protagonismo. No hay dos sin tres ha sido rescatada de La lluvia es sagrada (Touch, 1993). Es lo más largo del álbum triple. Los tres se llevan de maravillas. Y si bien es un placer lo que y cómo lo tocan, un par de minutos menos le hubiesen dado, tal vez, más consistencia.
Tarzia aparece en De tal palo tal astilla. Nuevamente muy bien Otero. Al guitarrista lo prefiero en un plan más belicoso.
Y Juan Cruz de Urquiza, otro de los grandes ofrece, en Algún día nunca llega, una perfecta mixtura de potencia y lirismo. Nuevamente bien sustentado por Otero (gran intro a dúo) y el pianista, que gana en el “menos es más”.
Como si fuera un bonus, el último tema es en cuarteto y lleva por título Indicios. Iaies, Otero, Urquiza y Cavalli, juntos. Una económica anticipación de la futura entrega del pianista, dedicada a cuartetos, quintetos y sextetos.

UnoDosTres es un proyecto ambicioso, atractivo y serio.
Muy serio.
Exige del oyente tiempo, compromiso y paciencia.
Tiene desniveles, por supuesto. Y cada uno tendrá sus propias preferencias.
Lo que es indudable es que Adrián Iaies es uno de los músicos más talentosos de la Argentina.
Y, además, se encarga de demostrarlo.
Y se agradece.

Marcelo Morales

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