Sofía Rei: Folk y futurismo
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Jueves 18 de diciembre de 2025 – 20:30 hs.
La Tangente (Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina)
A la hora de escribir una nota, un artículo, una reseña, lo que fuere, generalmente necesito que me aparezca una palabra que me transporte hacia una idea para, así, poder desarrollar esa nota, ese artículo, esa reseña o lo que fuere.
En los conciertos, más precisamente, voy tomando notas y -si aparecen- escribo vocablos sueltos que van surgiendo en el momento para después (tal vez y sólo tal vez) utilizarlos como disparador.
Muchas veces no aparecen las palabras necesarias. Y en otras ocasiones sí, pero no se dirigen hacia lugar alguno.
Son muy contadas las ocasiones en las que sucede lo contrario, donde los sustantivos, los adjetivos, los verbos llueven como si no hubiera un mañana.
Y esto último ha sido, exactamente, lo que me ocurrió en La Tangente la noche del 18 de diciembre de 2025.
Conocí a la cantante y compositora argentina Sofía Rei (por entonces Sofía Koutsovitis) antes de que viajara a estudiar a Boston, al inicio de este siglo. Ya por entonces mostraba una gran avidez en lo concerniente a la vanguardia creativa que se estaba gestando, fundamentalmente, en New York. Viajó, estudió y se recibió en 2003 con una Maestría en Jazz e Improvisación.
Por entonces conformó Avantrio (junto con el bajista Jorge Roeder y el percusionista Jorge Pérez-Albela) y su Grupo Sofía Kousovitis (en este caso, un octeto). En ambos, el núcleo de su repertorio estaba conformado por composiciones ligadas al folclore sudamericano.
Debutó discográficamente en 2005 con Ojalá, acompañada por su banda de músicos argentinos, peruanos y estadounidenses. Y el material incluido, ahora, a la distancia, daba ya pautas claras de por dónde iba a navegar su arte: canciones propias, de Falú/Dávalos, Silvio Rodríguez, Paulinho Da Viola, Cuchi Leguizamón, Ica Novo, etc.
También interpreta allí un standard, You Don’t Know What Love Is”; pero terminaría resultando un detalle, una rareza, habida cuenta de que, de ahí en más, todos sus discos como líder los ha cantado en castellano. Y en todas sus actuaciones, fuere donde fuere, también apeló al idioma de Cervantes.
Incluso cuando John Zorn (uno de los músicos más prolíficos e influyentes de los siglos XX y XXI) la convocó para el exquisito Song Project que integraban Marc Ribot, John Medeski, Trevor Dunn, Kenny Wollesen, Cyro Baptista y Joey Baron, más la presencia de tres letristas / vocalistas: Mike Patton, Jesse Harris y ella misma, donde encantó a propios, extraños e inclasificados con sus interpretaciones de La flor del barrio (con Patton haciendo coros en castellano) y, muy especialmente, la erizante Besos de sangre (“Una vez, el amor no despertó, se fue. Se quedó bien dormido en un rincón, sin luz. Mudo, renunció”). Si aún no ha visto o escuchado la versión que realizaran en Varsovia en 2013, créame que algo importante le está faltando a sus emociones.
Ya en 2010 Zorn había producido el primer disco del cuarteto a capella Mycale, que Sofía Rei integraba junto a Ayelet Rose Gottlieb, Basya Schechter y Malika Zarra. Luego vendría un segundo registro en 2015 con Sara Serpa ocupando el lugar de Schechter. Pero, además de lo mencionado, Sofía Rei ha grabado, actuado o colaborado con Bobby McFerrin, Myra Melford, Maria Schneider, Guillermo Klein, John Scofield, Danilo Pérez, Steve Lacy, Frank London, Eva Ayllon, Susana Baca y un larguísimo etcétera.
En paralelo ha construido una sólida carrera como solista, con álbumes exquisitos y, siempre, ofrendando algo diferente. Y si bien es (muy) difícil determinar cuál o cuáles han sido los más logrados, imposible no mencionar Keter: The John Masada Book 3 (con letras propias, en castellano, por supuesto) donde estuvo acompañada por Jean-Christophe “JC” Maillard y el maravilloso El Gavilán, esencial tributo a Violeta Parra, con el ínclito aporte del guitarrista Marc Ribot.

Sofía Rei se presentó en Buenos Aires luego de tres años de ausencia. Lo hizo acompañada de su habitual ladero, el bajista, guitarrista, tecladista (y bastante más) JC Maillard, el multi-instrumentista Manu Sija y algunos invitados ilustres. La base del concierto estaría basada en Umbral, su último álbum como líder, de 2021 (en 2023 editaría Coplas escondidas, a dúo con el contrabajista Jorge Roeder). Pero aquí empiezan a aparecer varias de las palabras referenciadas al principio de esta reseña: sorpresa, riesgo, búsqueda. Ya que, si bien la teoría se cumplió interpretando seis temas del disco mencionado, otros cinco, inéditos aún, formarán parte de su próximo registro. Y el restante, pertenece a De Tierra y Oro (de 2012).
Luego de haber asistido a varios de sus conciertos (todos con propuestas diferentes, siempre disfrutables), debo reconocer que más allá de las bondades de sus discos, la verdad (las verdades) de Sofía Rei pasa (pasan) arriba del escenario. Siguen las palabras: magnetismo, reconversión, experimentación. Sus cualidades vocales están fuera de toda discusión seria. Pero es realmente llamativa la manera en que se apodera del espacio, de los espacios, de los sonidos y de los silencios. Todo fluye de manera tan natural que parece fácil.
Tres temas de Umbral para el inicio: Un mismo cielo, La otra (musicalización del poema homónimo de la poetisa chilena Gabriela Mistral) y Negro sobre blanco. Aquí la cantante ayudó hablando (y no por primera vez) de “folk y futurismo”. Y no logro encontrar mejor definición que ésa.
Sólidos, compenetrados y creativos, Manu Sija y JC Maillard van repartiéndose los momentos protagónicos, cada uno con sus herramientas (que no son pocas) y sus instrumentos (que tampoco son pocos). Sofía Rei también recurre al charango, programa bases telúricas con aditivos electrónicos y presenta los temas con historias breves y atractivas.
Su próximo álbum, a editarse en abril de 2026, contará con la presencia de varias invitadas ilustres: La Charo, Mariana Baraj y Juana Luna (Argentina), Gaby Moreno (Guatemala), Daymé Arocena (Cuba), Mireya Ramos (Puerto Rico), Xania Rubinos (USA) y Las Áñez (Colombia). “Será una celebración con cantantes”, anticipó Rei.

Y el primer estreno es Antónima (así se llamaría el disco), una base tomada prestada del candombe sobre la que realizan interesantes aportes Maillard en guitarra eléctrica y Sija en bandoneón. El tema va mutando y Rei aporta un breve recitado que no desentona. Para la segunda entrega del próximo disco, se suma la exquisita vocalista formoseña Charo Bogarín, La Charo, que viene coqueteando con las fusiones desde, al menos, la época de Tonolec (su impactante álbum debut data de 2005). La trilogía femenina, en este caso, se completa con los versos de Dicen que el mundo es redondo, de la inolvidable tucumana Leda Valladares. Sobre el escenario, un dúo hipnótico contagia el disfrute.
“Él sigue escondido en el jardín de los tontos”, canta Sofía Rei sobre el violín de Saja y la guitarra eléctrica (por momentos emulando a un cello) de Maillard. Peter Pánico esta basado en esa suerte de “epidemia de seres que no quieren crecer, algo así como un síndrome Peter Pan”, explica la cantante.
Antes del comienzo de La caída (de Umbral), Rei nos cuenta que se basa en un accidente tras el cual fallecería su padre. Sija en violín. Maillard destacándose en guitarra eléctrica. Y Sofía Rei (en charango) que, con su voz como un lamento desgarrador, deja el alma.
En 2012 editó su tercer álbum como líder, De Tierra y Oro, que incluye una exquisita versión de La llorona. Pero lo ofrecido en esta ocasión ha sido de un nivel superlativo. Con el landó (ritmo peruano) como aliado, con la presencia del exquisito Franco Luciani en armónica y complicidad, una sutil percusión pregrabada y un gran aporte de Maillard en guitarra eléctrica, vuelven a aparecer las palabras: fascinación, desafío, exquisitez. Uno de los grandes momentos de la noche. Y de otras noches también.
Pero habría más: Si una cae (inédita) inspirada en la quiteña Manuelita Sáenz, baluarte de las luchas independentistas latinoamericanas del siglo XIX, injustamente olvidada y que todavía espera -desde algún lugar- el reconocimiento que merece. Un festivo y preciso mecanismo de relojería que incluye, como colorario, un buen momento a dúo entre Manu Sija (violín) y JC Maillard (guitarra eléctrica). Le sucedieron una lúdica Escarabajo digital con Sija (percusión), un gran Maillard (guitarra eléctrica y coros) y Rei (charango y voz líder) y el cierre oficial fue con otro estreno: Marciana, con Sija nuevamente al bandoneón y el último invitado especial de la velada: el percusionista cordobés Minino Garay. Una suerte de encuentro entre el tango y el candombe, atravesados por un componente electrónico (“sonidos marcianos”, según la cantante) no invasivo y enriquecedor. Y la sensación de disfrute tanto arriba como abajo del escenario.
El bis fue para otro tema de Umbral. En Helvética 12 Rei le responde a un pretendiente que, al parecer, tenía un desmedido desprecio para con las reglas ortográficas (“Shakespeare de la cibernética”, “La H es muda, no invisible”). Y todo, además, escrito en “Helvética 12”, una elección imperdonable (¡!). En pleno solo de bandoneón a cargo de Manu Sija, vuelve a aparecer (y disfrutando) Minino Garay para que el final fuera festivo y regocijante.

La extraordinaria cantante argentina Sofía Rei brindó un concierto que los presentes recordaremos por mucho tiempo. Siempre creativa, atravesando los límites prefijados, no sólo defiende su idioma sino también sus raíces, su historia, su cultura. Y lo hace innovando, recreando estilos, fusionándolos, experimentando, arriesgando, traspasando umbrales pero sin que las esencias se sientan maltratadas u olvidadas. Más bien, todo lo contrario.
Sofía Rei es hoy, y desde hace ya muchos años, una de las voces más representativas de la música latinoamericana en el mundo.
Y lo confirma con creces en cada una de sus presentaciones.
Se agradece el aporte fotográfico de Pablo Astudillo @astudillofotografias
Marcelo Morales
(Enero, 2026)

