• Paula Shocron

     

    La destacada pianista, cellista, improvisadora, performer, artista transdiciplinaria, investigadora y docente Paula Shocron nació en Rosario (Argentina) en 1980 y reside en la ciudad de Buenos Aires desde 2004.

    En su vasto cuerpo de trabajo coexisten un abordaje estético con epicentro en la improvisación que abarca desde el jazz hasta la música contemporánea o el arte sonoro y un creciente interés por la transdisciplina que impulsara la cristalización de actividades –tanto en propuestas individuales como en colaboración con otros artistas- donde se integran la música, la danza, las artes escénicas, la poesía y las artes visuales, entre otras disciplinas.

    La fértil producción discográfica desplegada por Paula Shocron desde su debut en 2005 con el álbum a solo piano La voz que te lleva, engloba a Urbes de 2007 y Homenaje en 2009 (ambos en trío con Jerónimo Carmona y Carto Brandán), la edición de El Enigma de 2010 en sociedad con el saxofonista Pablo Puntoriero, un personal acercamiento a los cánones del jazz manifestado en los discos Our Delight de 2011 (donde estuvo secundada por Jerónimo Carmona y Eloy Michelini), Warm Valley en 2012 (allí compartiendo liderazgo con Mariano Loiácono) y Serenade in Blue de 2012 (en trío con Juan Bayón y Eloy Michelini).

    Más tarde publicará los álbumes See See Rider (su segundo solo piano) en 2013, Gran Ensemble de 2011 (en el que participan Luis Nacht, Ingrid Feniger, Juani Méndez, Pablo Pesci, Fernando Isaia, Gabriel Sainz, Enrique Norris, Joaquín de Francisco, Francisco Salgado, Damien Poots, Ezequiel Dutil y Pablo Díaz) y Surya de 2014, en formato de trío junto a Juan Bayón y Bruno Varela.

    La etapa más reciente del trayecto discográfico recorrido por Paula Shocron aparece visiblemente emparentada con formas ligadas a la improvisación contemporánea y la nueva música creativa, tales como las propuestas realizadas por el SLD Trio (banda que completan el baterista Pablo Díaz y el contrabajista Germán Lamonega con la que lanzara Anfitrión en 2015, Tensegridad de 2017, El contorno del espacio en 2019 y En vivo en Estudios Libres de 2020), el álbum Sono-Psico-Cósmica grabado en vivo a dos pianos junto a Enrique Norris y el tríptico Cooperative Sound de 2017, donde aparecen Matt Lavelle, Ras Moshe, Daniel Carter, Hilliard Greene y Pablo Díaz.

    También comparte créditos con William Parker y Pablo Díaz en los discos Emptying The Self de 2017 y Live at IBeam de 2020 y edita durante 2018 los álbumes Statements (con Christoph Gallio y Pablo Díaz), Geograficciones (acompañada por Luis Conde, Cecilia Quinteros, Pablo Díaz y Andrew Drury) y el disco en solitario Los Vínculos.

    Su discografía se completa con Future Retrospection de 2019 (en trío con Pablo Díaz y Kristin Norderval), la sociedad con Ada Rave y Cecilia Quinteros plasmada en Magma de 2019, UNBOUNDEDNESS de ese mismo año con Pablo Díaz y Miguel Crozzoli, el proyecto de 2020 Music Now! encabezado por Ras Moshe Burnett y la reciente presentación, junto a Pablo Díaz, del audiolibro Algo en un espacio vacío.

    Además, Paula Shocron funda y dirige junto a Miguel Crozzoli y Pablo Díaz el sello discográfico Nendo Dango Records, se desempeña desde 2006 como docente titular en la Carrera de Jazz del Conservatorio Manuel de Falla, impulsa entre 2010 y 2017 el proyecto transdisciplinario IMUDA y desde 2016 a la fecha el taller El Cuerpo Rítmico y es artista curadora en el área de música de MAGMA Centro de Artes

     

    Paula Shocron compartió con nosotros los pensamientos, experiencias y conceptos que componen su ideario estético en la entrevista que sigue a continuación:

     

    Empecemos hablando de tu participación en el recientemente constituido MAGMA Centro de Artes. ¿Cómo fue concebida la idea y cuáles son los objetivos fundantes de este proyecto colectivo?

    En realidad, la historia comenzó con una invitación de Nicolás Cremonese a ser parte de un espacio con el objetivo de realizar actividades, ya sean proyectos nuestros como también programar otras propuestas con relación al universo sonoro. Ahora bien, esta invitación, que ocurrió una noche a finales de 2018, fue mutando una y mil veces durante 2019. Ese año conocimos a otras invitadas provenientes de los mundos de la danza, la performance, la poesía, el teatro… Empezamos a esbozar algunas actividades, residencias, ciclos de conciertos, festivales, comenzamos a visualizar una inauguración para mediados de 2020 y cabe recalcar que todo esto giraba alrededor de un espacio físico.

    Sin embargo, el vértigo que esto generaba, la incertidumbre y los miedos, se vieron interrumpidos por la pandemia y de golpe nos encontramos con el freno de mano puesto y luchando con la inercia de querer seguir.

    De más está decir que el proyecto inicial entró completamente en crisis, todo se tuvo que actualizar y reactualizar una y otra vez. Fue tremendo este proceso, ya que pasamos de pensar en ser curadores de un espacio físico a repensar todas las actividades artísticas en un contexto nuevo. También, en medio de estos movimientos, empezamos a tener más tiempo para trabajar juntas, preguntarnos cuáles eran nuestras virtudes, nuestros puntos flojos, dónde nos complementábamos y dónde nos diferenciábamos, qué deseos teníamos, tanto individual como colectivamente. 2020 fue un año para pensar y escribir mucho, tejer acuerdos, abrir debates, angustiarse y emocionarse.

    Creo que todo esto forma ya parte del objetivo MAGMA. Para mí es hermoso poder encontrar nuevas maneras de relacionarnos, nuevas formas de hacer, ya sea como colectivo hacia adentro, pero también con otros colectivos, con la comunidad, volver una y otra vez a la pregunta inicial de qué hacemos y para qué, para quién, cómo, etc.

    En este momento, y después de todo ese recorrido, el espacio de acción es virtual y nos proponemos generar contenidos editoriales, visuales, audiovisuales, interactivos, sonoros, espacios de prácticas, de residencias y de intercambio, siempre desde una perspectiva transdisciplinar. A partir de marzo empezamos a volcar en la web todo lo ya trabajado y las próximas convocatorias. 

     

    ¿Qué escenario futuro nos ofrece, en el arte, esa vinculación entre lo colectivo y lo virtual? ¿Consideras que estamos viviendo una etapa de transición o crees que avanzamos rápidamente hacia nuevas formas de pensamiento, elaboración y recepción de las manifestaciones artísticas?

    Lo virtual vino muy rápido, nos tomó por sorpresa, quizás aún no podemos vislumbrar cómo será ese escenario, esa relación… Si la pregunta es si la virtualidad reemplazará a la presencialidad, ahí nos metemos en un terreno muy profundo y lo poco que puedo encontrar son preguntas.

    Desde mi lugar pienso, por un lado, que la corporalidad, la “fisicalidad” o la espacialidad física son conceptos que no podemos dejar ir así de fácil en los terrenos artísticos. Nos necesitamos, entre artistas, entre artistas y públicos y entre públicos. La pregunta es cómo va a ser esa presencialidad en el futuro, desde estos nuevos cuidados que se despertaron a partir de los protocolos pero que vinieron para quedarse, cómo va a ser habitar un espacio, cómo va a ser compartirlo con otres (*)

    Por otra parte, lo virtual tiene un alto potencial que aún no puedo precisar; pero sí lo voy viendo mientras trato de aprender a usar estos nuevos medios. Crear espacios de recorridos en una web que sean interesantes y que permitan generar vínculos por esa vía, es un desafío en este momento. Sin embargo, lo virtual tiene también ese otro costado de la inmediatez, la red como lugar de “picoteo” de información, muchas veces en exceso y la mayoría de esas veces sin que llegues a profundizar en nada. Quizás lo colectivo está ahí, pero desconectado, intermitente, todo más con relación al sistema de consumo, pero en mi opinión sin que pueda profundizarse mucho.

    Algo que me pasó en 2020 fue “resucitar” algunos canales de comunicación. Por supuesto que uno de ellos fue hablar por teléfono, pero también los mails. Me di cuenta de que allí hay un canal por el cual, en diferido, se puede conversar, pensar, estudiar, llevar a cabo procesos creativos, acompañamiento de alumnes (*), etc. 

    No sé si ésta es una etapa de transición porque creo que de algún modo siempre se está en una transición hacia alguna parte. También es muy subjetivo, ya que algunas personas quizás sienten que este es sólo un momento difícil que nos tocó y después tratarán de volver a sus “vidas anteriores” lo más parecido que sea posible. Creo que se trata de cómo se toma cada uno esta situación y cómo la aprovecha (o no) para revisar modos de hacer las cosas. Para mí, sin duda, esto traerá nuevas formas de pensamiento; ya las está trayendo, pero en los aspectos artísticos aún es un poco confuso ya que, por otra parte, las actividades artísticas están en plena crisis tratando de subsistir y, sumado a que venimos de prácticamente un año de confinamiento, me cuesta aún leerlo con perspectiva. Quizás sea positivo lidiar con esta incomodidad de no saber muy bien hacia dónde estamos yendo.

     

    ¿De qué manera los cambios de paradigmas y la incertidumbre sobre el futuro se manifiestan en tu música y tus proyectos actuales? ¿Hay en ellos una búsqueda consciente y deliberada por encontrar nuevas formas de pensamiento artístico o son parte de un proceso natural de adaptación a tener que lidiar con la “incomodidad de no saber muy bien hacia dónde estamos yendo”?

    Creo que se manifiesta en todos los haceres, no sólo en los proyectos artísticos sino también en la vida misma; o quizás, pensándolo bien, hoy la vida es en sí un proyecto artístico o, al menos, lo vivo como tal.

    Las actividades en las que estoy sumergida durante este último tiempo son más integrales que diez años atrás. Son procesos más largos, más complejos y contemplan muchos aspectos; desde lo más concreto, como puede ser tocar un instrumento (el piano o el cello) o componer un paisaje sonoro, hasta algo más sutil como las formas de vincularse entre las personas que conforman esos procesos, ya sean artistas o las audiencias o públicos. A esto se suma el interés cada vez mayor en cómo tejer vínculos entre las distintas artes y cómo se complementan en la investigación o en la creación artística. 

    Por otra parte, me quedo pensando en esto que preguntas acerca de si hay una búsqueda… A veces me gusta pensar más que en ir a buscar algo, que ese algo venga a buscarme. Creo que nada es unidireccional; hay por un lado una búsqueda (o una necesidad, o un deseo) más consciente en algunos momentos y en otros no tanto, pero también hay contextos que nos buscan a nosotres (*); nos envuelven, nos jaquean, nos ponen en conflicto. Y si bien podemos renegar de eso, en el fondo son oportunidades para cambiar cosas, reactualizar o replantearse modos de hacer, construir nuevos conocimientos, derribar viejos modelos, etc. También estos contextos nos contienen y hoy podemos abrir a conversación temas que antes eran muchos más difíciles, ponerlos en la mesa, discutirlos en espacios educativos y con colegas. 

    Volviendo a tu pregunta, quizás no estoy en una búsqueda consciente pero sí estoy súper atenta a todo esto, como una práctica para estar “despierta” mentalmente pero también de estar sensible. 

     

    Muchos de los elementos que mencionas son algunas de las características fundantes del concepto de Hiperculturalidad elaborado por el filósofo Byung-Chul Han. Él señala que en la cultura del siglo XXI todo está vinculado y que nada es lineal ni unidireccional, pero también afirma que la idea de identidad nacional o las tradiciones culturales irán dejando su lugar a estructuras en red capaces de integrar diferentes culturas en igualdad de condiciones y sin jerarquías. En ese sentido, me gustaría saber cómo se relaciona tu forma de hacer arte con el lugar al que perteneces y sus tradiciones.

    A veces la palabra “tradición” me resulta un poco extraña, ya que la relaciono con perpetuar en el tiempo un modo, una forma, un lenguaje, conservar un movimiento más hacia adentro. En mi caso particular creo que he llevado toda mi vida tratando de despojarme de las tradiciones; es decir, expandir, siempre hacia afuera… Aunque en el fondo nunca podré despojarme de eso más intrínseco muy ligado a la memoria, a la historia familiar. Esa identidad que es en parte heredada, deconstruida y luego reconstruida, es algo que me va a acompañar siempre, consciente o inconscientemente. Supongo que eso está presente en todos mis trabajos. 

    Sin embargo, por otro lado, sí creo que hay modos de hacer las cosas que quizás tienen que ver con haber nacido y habitado esta zona del mapa o con haber crecido en este tipo de sociedad, donde las actividades artísticas -sobre todo las que pertenecen a circuitos más alternativos o al menos no mainstream– están muchas veces lidiando con una situación de precariedad constante; todo cuesta mucho esfuerzo y los resultados muchas veces son mínimos. 

    Algo que fui aprendiendo y sigo tratando de perfeccionar día a día es la capacidad de autogestión, la perseverancia, el pensar mucho en cómo hacer las cosas, generar colaboraciones, invertir y dosificar el tiempo (en lugar del dinero) para fines comunes a varios artistas, hacer mucho con muy poco. En fin, veo todo eso muy ligado a vivir en un país latinoamericano. Para mí, esta capacidad es una enorme virtud. Quizás desde esta nueva perspectiva de lo virtual actúe como un modo de relación más igualitaria, en el que no importa mucho en qué parte del mapa estamos y sea nuestra carta de presentación y nuestra potencia para entramarnos en red con el resto del mundo.

     

    Esas referencias a la autogestión, la economía de recursos y la generación de colaboraciones para fines comunes a varios artistas, nos conduce a Nendo Dango Records. ¿Qué lugar ocupa el sello en tu pensamiento artístico y cómo se fueron transformando los objetivos iniciales del proyecto con el paso del tiempo?

    El sello pasó a tener un rol súper importante en estos últimos tiempos, sobre todo en esta época pandémica donde casi no existen conciertos en vivo. Es un modo de presentarnos, de visibilizarnos, de relacionarnos con el resto de los trabajos de muchísimes (*) artistas y oyentes de todo el mundo. Además, es un lugar donde realmente una puede ser sincera, no hay presiones desde afuera y, justamente, creamos esta plataforma para poder seguir editando música y ser lo más fieles posible a eso que nos pasa, a nuestro modo de escuchar, de pensar y de ver la música.

    Sin embargo, hoy en día siento que este formato de sello nos está quedando un poco chico en relación con todo lo que se fue infiltrando últimamente en nuestros trabajos, como lo performático, lo visual o audiovisual, la poesía, etc. y nos encontramos buscando nuevas formas que permitan ese diálogo, por ejemplo, el audiolibro que hicimos como edición especial de Algo en un Espacio Vacío junto a Pablo Díaz y en colaboración con Verónica Trigo. 

    Por otra parte, y con mucha cautela, empezamos a convocar a algunes (*) artistas por fuera de los trabajos de Miguel (Crozzoli), Pablo (Díaz) y míos, para sumarse al sello. Digo con mucha cautela, ya que esto lo hacemos muy a pulmón y no pretendemos volvernos un negocio en este punto ya que, justamente, la idea es poder seguir dedicando el tiempo que cada trabajo se merece. Por eso vamos poco a poco, aprendiendo mucho en el camino y lo hacemos más desde la invitación a entramarnos en esta pequeña red que a editar un disco, a visibilizarnos de manera más colectiva. Creo que es algo que tenía que pasar, sin duda, como parte de todo este proceso. 

     

    En esa aspiración por desarrollar propuestas que representen con la mayor fidelidad posible tu modo de escuchar, de pensar y de ver la música, ¿cuál es el rol que juegan el público, los oyentes o los destinatarios de cada trabajo? ¿Te preocupa que una obra no sea comprendida cabalmente o que no tenga una respuesta acorde al tiempo y esfuerzo que le dedicaste?

    Tocaste un punto para mí súper importante, ya que muchas veces y durante mucho tiempo se hablaba del “público” como un grupo de personas que pasivamente se encontraban con el material. A veces no sólo tenían un rol pasivo, sino que muchas veces el público llamado “especializado” o más entrado en el lenguaje tenía ya cerrada la idea de lo que iba a escuchar. Esto fue muchas veces tema de discusión entre artistas, colegas o amigues (*) donde se planteaba como problema el hecho de que el público no podía acceder a la música o disfrutarla, bien sea porque “no entendía” lo que pasaba o porque era tan “entendido” que enjuiciaba y calificaba la música todo el tiempo y eso le impedía disfrutarla. Para mí estas dos opciones son parte del mismo problema, que es el de pensarnos separades (*) del público o del oyente, como si nuestro trabajo fuera cien por ciento para adentro y este sólo lo recibe y lo aplaude… o no. Algo que empecé a entender con los años es que la relación obra-público se construye, no sólo con el tiempo sino también en el momento en que la obra está ocurriendo. Este aprendizaje es necesario que lo hagamos tanto les (*) músicos como les (*) oyentes. Es en ese constante ir y venir donde todo se enriquece. Por esta razón, siento que la obra siempre debe tener un grado de “incompletud” y es ese público quien lo completa en su imaginario, dando lugar a múltiples posibilidades de interpretación. Me parece muy rico y potente este vínculo, donde ya no hay una parte pasiva y otra activa, sino que las dos van y vienen entre estos dos roles. 

     

    ¿Toda obra requiere de ese vínculo e interacción para estar “completa” o el concepto sólo se ajusta a una forma específica de hacer arte?

    Yo pienso que sí lo requiere, en mayor o menor medida y de manera más o menos consciente, dependiendo mucho de las distintas propuestas, lenguajes, etc. Por supuesto que mi respuesta es una de las muchísimas visiones que puede llegar a haber sobre este tema, dado que en nada hay absolutos y está bien que no los haya (enfatiza). Es lo que ahora está atravesando mi manera de hacer tanto como artista o como público/oyente. En este último caso, por ejemplo, me encanta quedarme pensando en lo que sea que se haya disparado en mi cabeza después de escuchar un disco o en tener sensaciones a veces indescriptibles. Ese completar no siempre es desde la palabra y eso me parece hermoso. 

     

    En correlación con aquello que atraviesa tu manera de hacer como artista en la actualidad, puede resultar oportuno referirnos a Algo en un espacio vacío. ¿Cómo surgió el proyecto y de qué manera fue transformándose la idea original hasta llegar a materializarse con la edición de un audiolibro?

    Podríamos decir que mucho antes del proyecto lo que surgió fue el nombre. Empezamos a nombrar así al dúo con Pablo Díaz a partir de las giras que comenzamos a hacer primero en Nueva York y luego en otros lugares. El nombre surgió a raíz de espacios que tenían un gran potencial como espacios en sí, pero que a veces no tenían literalmente nada; es decir, algunas veces no tenían piano, pero en otras ocasiones no tenían ni piano ni batería. En vez de tomar esto como un motivo para desistir, por lo contrario, nos invitó al desafío de “qué hacemos cuando no tenemos nuestros instrumentos”. Si bien ya vengo investigando y explorando los espacios escénicos más allá de la música, no lo habíamos hecho nunca como dúo con Pablo (Díaz). Así es como surgió esta posibilidad de probar en lugares con distintas características, en una legendaria y pequeñísima disquería, en una casa vieja, en un garaje, en una sala negra, en espacios abiertos, etc.…   

    En 2019 me enteré de una convocatoria en el Centro Cultural Sábato en el área de danza donde se invitaba a la exploración escénica y a la posterior presentación de lo explorado. Por otra parte, a partir del nombre (Algo en un espacio vacío) muchos pensa,mientos se nos dispararon: qué es el vacío, si existe realmente, qué es vaciarse, y a partir de ahí muchas otras preguntas en torno a los roles como músicos, cómo habitamos la escena, etc. Nos pareció una buenísima oportunidad para ver qué nos pasaba en un contexto más propicio para investigar sobre estas cosas. Así surgió lo que podemos llamar “obra” o “concierto performático”, que fue presentado en el mismo centro cultural a finales de 2019. Con ese impulso con el que terminamos todo ese proceso, fuimos al estudio de grabación; no para “grabar un disco” sino para volcar la resonancia que nos quedó después de esa experiencia. 

    Al terminar de grabar y mezclar nos dimos cuenta de que era la primera vez que encarábamos un disco de esta manera y al escucharlo veíamos, o a veces también recordábamos, escenas de lo experimentado durante nuestra residencia. Nos dimos cuenta también de que tenía un enlace importante con lo visual y fue desde allí que empezamos a pensar en Verónica Trigo. Yo hace mucho tiempo que la conozco, somos amigas, pero también admiro su trabajo con las acuarelas. Además, hace tiempo que venimos junto con Pablo pensando en trabajos más colaborativos con artistas de otras áreas, lo cual nos motivó aún más a esta invitación. La propuesta fue la de realizar una imagen por cada track. Conversamos un poco y ella nos propuso hacerlo en tiempo real, lo cual a mí me pareció hermoso y sentimos que tenía que ver con continuar esa exploración que había empezado en el espacio escénico. Y fue así como ella esbozó las imágenes en tiempo real y les terminó de dar forma después. Nos encantó su trabajo y nos parecía que merecía hacerse algo, más allá de publicarlo digitalmente en el bandcamp de Nendo Dango Records Y así, después de mucha conversación entre les (*) tres, surgió la idea del audiolibro. Allí cerramos este pequeño ciclo, pero abrimos un mundo que no sé adónde nos llevará.

     

    Nikola Tesla afirmaba que no hay espacio vacío en el Universo porque “lo que se considera como espacio vacío es sólo una manifestación de la materia que no está despierta”. Voy a permitirme unir ese concepto con la descripción que haces sobre Algo en un espacio vacío para hacerte dos preguntas: La primera es si consideras que esta experiencia fue como un “despertar” en términos artísticos de algo que no se había manifestado antes y, la segunda, apunta a conocer cómo manejas la incertidumbre creativa de haber entrado a un mundo que no sabes adónde te llevará…

    En cuanto a tu primera pregunta, no sé si considerarlo un despertar… Preferiría decir que, si bien nada es aislado y todo está inmerso dentro de procesos que toman su tiempo, a veces hay momentos de materialización más concreta de esos procesos. Me animo a decir que Algo en un espacio vacío es uno de esos momentos pero no el único; hubo y seguirá habiendo otros, supongo, es como una actualización…

    Respondiendo a tu segunda pregunta, pensando un poco, es en el mismo estado de incertidumbre donde tenemos la oportunidad de encontrar nuevas formas, nuevas maneras de estar, de crear, de percibir, desde este lugar un poco más pasivo, de escucha, por eso no lo siento para nada como algo perturbador, sino todo lo contrario: como un estímulo, como una potencia… Por otro lado, la incertidumbre es también confianza en el afuera, ya sean personas concretas o cosas que suceden, todo esto es un apoyo, la incertidumbre no es desde la soledad, es estar sostenida por una complejísima red, con otres (*).

     

    Haciendo una retrospectiva de tu trayectoria que abarque desde tus inicios hasta la actualidad: ¿Cuáles han sido los momentos de “materialización más concreta” de cada uno de los diferentes procesos artísticos que fuiste desarrollando a través de los años? 

    Puedo enumerarte algunos; sobre todo, los que más me resuenan en este momento. Por ejemplo, la edición del disco Los Vínculos fue un momento importantísimo en relación con esta primera apertura hacia más de un lenguaje musical, la relación del trabajo artístico y la vida cotidiana, la posibilidad de superponer el tiempo, la composición, la improvisación… Todas estas cosas se plasmaron en ese trabajo, fue un momento de síntesis. 

    El disco Anfitrión fue también un momento clave, ya que ahí se volvió más claro cuál estaba siendo nuestro proceso creativo, más ligado a la composición instantánea. A esto también se sumaron las vivencias entre los tres durante un viaje en el año 2014 donde tuvimos la oportunidad de conocer a músicos y otres (*) artistas increíbles, como así también poder hablar largo y tendido sobre muchos temas que luego, de una u otra forma, aparecen en la música. El primer cruce con la poesía también estuvo en ese disco; el uso de la voz hablada, pero también el poema que escribió Steve Dalachinsky a partir de la escucha de la música. Por otro lado, con Anfitrión se inauguró Nendo Dango Records; es decir, más concretamente la ventana hacia la autogestión.

    También la primera vez que hice una performance en Nueva York sin un piano, en Downtown Music Gallery. Fue en trío junto a Pablo (Díaz) y Daniel Carter. Por primera vez se materializó lo investigado durante años: en un contexto completamente musical, mi cuerpo pasó a ser mi instrumento. A partir de ahí nunca más se fue esta sensación, hubiese pianos u otros instrumentos disponibles. 

     

    Y hablando de instrumentos, ¿tus ideas musicales y pensamientos artísticos nacen con un instrumento específico en mente –sea este el piano, el cello, la voz o tu cuerpo- o es algo determinado por el contexto en el cual se canalizan?

    Justamente las ideas musicales o, mejor dicho, las músicas que se van tejiendo, no nacen necesariamente de un pensamiento musical, sino que muchas veces nacen de sensaciones o de palabras o de imágenes, a veces también de sonidos, pero más abstractos, una textura, o una voz… Después, durante la exploración, los instrumentos entran como parte de esa materialización. Últimamente no voy a buscar a los instrumentos, sino que ellos mismos me sorprenden en las pruebas. 

     

    En ese proceso de exploración donde ya no vas en búsqueda de los instrumentos, sino que dejas que estos te sorprendan… ¿Qué lugar estarían ocupando hoy el estudio, la práctica cotidiana y el perfeccionamiento técnico?

    Lo siento más como un entrenamiento totalmente físico. Por supuesto que siempre tuve un vínculo fuerte con la música clásica y hoy es desde donde entreno técnicamente (además de la actividad física literalmente hablando). Disfruto mucho tocar obras, pero lo hago más bien para tener cierta disponibilidad para con el instrumento. Hoy por hoy el piano no ocupa tanto lugar como otros años; pero sí el cello, ya que es un instrumento relativamente nuevo para mí. Me parece importante este punto, ya que entrenando un instrumento se puede entrenar el estar disponible y el estar reactiva para poder tomar decisiones rápidamente, aunque la decisión sea, justamente, hacer silencio…

     

    Antes de finalizar abramos un capítulo dedicado a tu futuro inmediato. ¿Qué nuevos álbumes o proyectos materializarás durante los próximos meses?

    En primer lugar, este año se editará un tercer trabajo junto a William Parker y Pablo Díaz. Estamos cerrando detalles. Mientras tanto, les recomiendo que chequeen los dos discos anteriores de este trío: Emptying the Self y Live at Ibeam (ambos editados por Nendo Dango Records).

    También el taller El Cuerpo Rítmico tendrá su lugar presencial con todos los protocolos para poder hacer este ejercicio de volver a habitar los espacios físicos. Este lugar es clave para toda la investigación con relación al cuerpo, la voz, el espacio, lo escénico, lo vincular, etc. Es un estado de residencia permanente muy necesario en estos tiempos.

    Por otro lado, hay varios proyectos gestados durante 2019/2020 que están en pleno proceso de materialización y se irán comunicando a lo largo del año en la web, tanto en mi página como en la de Magma. También es nuevo para mí estar en distintos roles, a veces superpuestos… la dirección general de una obra, ser co-curadora de una residencia o de un proyecto sonoro… La idea es empezar a navegar más los espacios virtuales en estado de construcción permanente. Por ejemplo, en mi sitio web hay escritos, hay reflexiones sobre el taller, hay fotografías, hay también una sección de páginas recomendadas, todas estas cosas sobre las que hablamos anteriormente toman forma en este espacio. También invito a les (*) lectores a navegar por el bandcamp de Nendo Dango Records para escuchar los trabajos recientes y también los más antiguos. 

    Por último, estamos viendo la posibilidad de organizar la presentación de Algo en un Espacio Vacío de manera presencial, donde también se expongan las acuarelas originales de Verónica Trigo. Ojalá suceda pronto. 

     

    La última pregunta voy a dejarla en tus manos. Si tuvieses la hipotética oportunidad de formularle una única pregunta a todos los seres humanos, ¿cuál sería?

    Más que preguntar algo propondría estar un par de horas en silencio, todes (*) al mismo tiempo y simplemente escuchar eso que no somos nosotres (*). Las preguntas muy probablemente van a venir solas y serán, para cada persona, sus propias preguntas. 

     

    https://www.paulashocron.com/ 

    https://nendodango.bandcamp.com/ 

    https://magmacentro.com/ 

     

    Sergio Piccirilli

    Aclaración: Las palabras en cursiva seguidas de (*) pertenecen al idioma inclusivo. Su publicación obedece al deseo de la artista cuya intención es no excluir a géneros de carácter no binario.

    Notas Relacionadas o de Interés: