• Jones Jones / The Second Approach Trio & Roswell Rudd / Anthony Braxton & Maral Yakshieva

    Jones Jones: We All Feel the Same Way
    In Jones We Trust, Type Jones Positive, Jones Zones, Have You Met Miss Microtonal Jones?, We All Feel the Same Way

    Músicos:
    Mark Dresser: contrabajo
    Larry Ochs: saxo tenor, saxo sopranino
    Vladimir Tarasov: percusión

    SoLyd records, 2009

    Calificación: Está muy bien

    The Second Approach Trio & Roswell Rudd: The Light
    Pipe It Up!, Mr. P.C., The Light Is With Me, Lavine, Lady Sings the Blues, Jazz Please!, P.S.

    Músicos:
    Andrei Razin: piano, percusión, voz
    Tatyana Komova: voz, percusión
    Igor Ivanushkin: contrabajo, percusión
    Roswell Rudd: trombón

    SoLyd Records, 2009

    Calificación: Está bien

    Anthony Braxton & Maral Yakshieva: Improvisations (Duo) 2008
    Disco 1: Improvisation 1
    Disco 2: Improvisation 2

    Músicos:
    Anthony Braxton: saxos
    Maral Yakshieva: piano

    SoLyd Records, 2009

    Calificación: Dame dos

    El arte nos recuerda lo que, consciente o inconscientemente, sabemos del otro mundo en el fondo de nuestra mente (Aldous Huxley)

    Hasta la aparición del psicoanálisis y la teoría del concepto científico del inconsciente, los cánones de belleza estética estaban sometidos al control de la inteligencia y reposaban en los principios de la razón y la lógica. Freud habló entonces de lo que denominó “placer preliminar” para describir el proceso a través del cual el artista nos introduce en un placer formal que resulta de las exposiciones de sus imágenes o fantasías. Allí el artista no imita ni copia a la naturaleza sino que la recrea. Allí el artista, en lugar de devolver imágenes, controla su obra; primero, introyectando esas imágenes o formas en su mundo interior y luego, transformándolas en su mente para proyectarlas al mundo externo real.
    Así fue como el arte, siguiendo el camino del automatismo, la abstracción y la simbología onírica del individuo, comenzó a representar una realidad completamente liberada del estado de vigilia permitiendo que el subconsciente ocupe la cima de la cadena creativa. Esos principios se expresan de forma privilegiada en las casualidades significativas (en donde los deseos del individuo y el devenir ajeno convergen imprevisiblemente) y en el sueño (en donde los elementos más dispares se revelan unidos por relaciones secretas). El traslado de esos principios al mundo del arte se formalizó a través del surrealismo con André Bretón en la literatura, Salvador Dalí y Joan Miro en la pintura, Jean Arp en escultura y Luis Buñuel en el cine; mientras que en el campo de la música encontró en el jazz caldo de cultivo para su desarrollo.

    La lógica del jazz tiene una tendencia histórica de crecimiento en dirección a la liberación de la idea improvisadora que se funda en la elusión de las limitaciones armónicas y la evolución hacia la atonalidad, pero también articula influencias que se expresan tanto en un retorno a “lo africano” desde una perspectiva modernista como en el encuentro con la atonalidad folclórica concreta del blues arcaico y el field cry.
    Esas ancestrales influencias liberaron la música almacenada en el inconsciente colectivo, en tanto que el automatismo, la proyección del subconsciente y los principios de la abstracción creativa, hallaron una vía de expresión directa en la improvisación.
    La improvisación no es propiedad exclusiva del jazz. La música clásica, aun cuando siempre otorgó primacía a la partitura, contuvo espacios adjudicados a la improvisación que más tarde el establishment de la pedagogía musical se encargó de erradicar. También existe improvisación en las raíces de ragas de la India, en el zurzane persa, en el panzori de Corea, en la simiente del folclore europeo, etc.
    Sin embargo es en el jazz en donde no sólo se conservó mejor esa tradición, sino también en la cual más ha evolucionado a través del tiempo.

    La improvisación es el reordenamiento de algo ya existente que permite la creación de algo personal con un material conocido, en donde la cultura musical del improvisador fluye a través de una voluntad no consciente. Por conclusión, remite a parámetros similares a los del lenguaje verbal. Cuando hablamos no inventamos instantáneamente las palabras que pronunciamos, ya existían. Esto permite que expresemos ideas diferentes aun usando las mismas palabras y que lo hagamos a través de un aparente proceso intuitivo y automático, aunque no lo sea por completo.
    Traslademos estos conceptos al terreno práctico. Supongamos que nos encontramos a solas en el ascensor con una joven atractiva y queremos impactarla (en sentido figurado y en… el otro) con una frase que exprese nuestra personalidad. Decir: “¡So’ relinda, nena!”, no parece una buena opción… así que lo mejor es liberar el subconsciente y soltar algo que suene más sorprendente y espontáneo. Por ejemplo: “Hoy me comí un canguro a la pomarola y ahora tengo flatulencias”. No caben dudas que esta segunda opción es más espontánea pero no creo que resulte muy eficaz. También podemos recurrir al simbolismo e indicar: ”Si tu pierna derecha fuera un viernes y la izquierda un domingo… me gustaría verte el sábado”. Esto tiene mucho más que ver con nuestro mundo interior y posiblemente sea más genuino pero ni suena improvisado, ni garantiza el éxito. Ergo, un simple y natural “Señorita… ¡buenos días!” con la entonación adecuada y una pausa en el momento justo puede expresar de manera apropiada nuestra personalidad. Queda claro que los tres ejemplos, aun cuando están construidos por palabras ya existentes dependen, al igual de lo que sucede con la improvisación musical, de nuestra capacidad para reordenar ese material conocido de manera personal, genuina y creativa.
    Lo cierto es que el concepto de improvisación no tiene una forma unívoca de manifestarse porque responde al mundo interior de cada improvisador. Quizás, ese signo de individualidad en el contexto de una sociedad masificada por los medios, ha posibilitado que la música improvisada creativa se encuentre actualmente en auge.

    Jacques Lacan afirmó que toda experiencia subjetiva, y la música improvisada lo es, respondía estructuralmente a tres registros posibles: el real (que es aquello que existe más allá del sujeto), el imaginario (en donde lo identificable del mundo real ha sido abstraído por el individuo) y el simbólico (que sirve para representar lo preexistente). En concordancia con esos conceptos nos parece propicio referirnos a tres álbumes recientemente editados por el sello ruso que dirige Andrei Gavrilov, SoLyd Records: We All Feel the Same Way de Jones Jones, The Light de The Second Approach Trio & Roswell Rudd e Improvisation (Duo) 2008 de Anthony Braxton & Maral Yakshieva. No sólo por la calidad de esos registros sino también porque contienen en sí mismos aspectos y enfoques de la improvisación que se entrelazan con las estructuras categorizadas por Lacan. De forma que “lo real” en The Light se traduce en improvisaciones sobre los ejes de la partitura, “lo imaginario” en Improvisation (Duo) 2008 hace que la improvisación proyecte conocimientos adquiridos a través de una voluntad no consciente y “lo simbólico” en We All Feel the Same Way permite que la abstracción del sonido como fin en sí mismo ocupe el centro del acto improvisador.

    We All Feel the Same Way marca el debut discográfico de Jones Jones, grupo que integran tres maestros de la música improvisada: los estadounidense Larry Ochs y Mark Dresser en saxo y contrabajo respectivamente y el baterista ruso Vladimir Tarasov. El álbum fue grabado en vivo durante actuaciones ofrecidas por el trío en junio de 2008 en el Bimhuis de Amsterdan y en el Bulthaup Center de San Petesburgo. La propuesta de este emprendimiento colectivo gira en torno a exploraciones sonoras enteramente improvisadas en donde el medio representado por el sonido se funde con el fin expresado en la propia naturaleza de la música. El imaginario que testimonia la plástica de Jones Jones no está compuesto de frases musicales que orbitan en derredor de ejes sino en un conglomerado de sonidos, a veces repetitivos y en otras ocasiones aleatorios, que pueblan la experiencia auditiva de una estética incidental sustentada en la vasta iconografía de la música improvisada creativa. En In Jones We Trust y Type Jones Positive los tempos son concebidos de forma herética y los conceptos de atonalidad, acción e invención espontánea se anteponen a las convenciones estructurales de armonía y melodía. We all feel the same way exhibe una autonomía de sonidos que incluye el campo de los ruidos en el mapa que delimita las fronteras de la entonación y el timbre. Mientras que Jones Zones y Have You Met Microtonal Jones? hacen vagas y sutiles referencias a la abstracción clásica.
    Jones Jones explora las complejidades más extremas de la improvisación. Un diálogo más simbólico que idiomático en donde se intenta decodificar lo que la mente asimila inconscientemente para traducirlo en sonidos.

    The Second Approach es un trío moscovita de jazz y música improvisada que reúne a un maestro de la improvisación pianística como Andrei Razin, uno de los contrabajistas más destacados de la escena de jazz ruso como Igor Ivanushkin y a la vocalista del afamado ensamble gitano Romen, Tatiana Komova. Esta banda, a lo largo de su extensa trayectoria, ha ofrecido una perspectiva de la improvisación que pasa a través del prisma de la cultura rusa y que por ende reconoce fuertes influencias clásicas. En su álbum en vivo titulado The Light, el trío sumó al notable trombonista estadounidense Roswell Rudd como músico invitado para modelar en conjunto un alegato integral entre los lineamientos emanados de la partitura y los conceptos emergentes de la improvisación. El divergente repertorio que integra esta registro incluye composiciones originales pertenecientes a Razin como Pipe It Up! (inspirada libremente en Circle In the Round de Miles Davis) el efusivo Jazz, Please! y la nostálgica P.S.; una improvisación colectiva como Lavine, una ligera balada compuesta por Rudd que integrara su album Keep Your Heart Right como The Light Is With Me, una respetuosa versión de Mr. P.C. de John Coltrane y una apasionada relectura en solo de trombón del clásico de Herbie Nichols: Lady Sings the Blues.
    En definitiva, un interesante mestizaje de identidades y culturas que fusiona las convenciones de la melodía y el ritmo con el lenguaje de la improvisación.

    Por último haremos referencia al álbum doble Improvisations (Duo) 2008, propuesta que reúne a un icono de la música contemporánea como es el saxofonista, compositor y educador Anthony Braxton y a la eximia pianista turca Maral Yashkieva. Esta auténtica gema se compone de dos extensas improvisaciones registradas durante una actuación llevada a cabo en la Weslayan University en julio de 2008. El dúo exhibe una técnica intachable, un sonido increíblemente hermoso y una efusividad sincera y conmovedora, sobre todo en los pasajes más íntimos. Esa visión, que alterna ráfagas armónicas con momentos de pastoral belleza, va acompañada por la inteligencia del gesto de la pianista y el refinamiento en los ataques dinámicos del saxo para unificar, mediante la improvisación, avant-jazz, música clásica contemporánea y las respectivas tradiciones folclóricas contenida en el ADN de ambos ejecutantes. La perfección formal, la sinceridad expresiva y un perfecto equilibrio entre introversión y extroversión parecen hacer honor a los aspectos sacros del conocimiento musical adquirido y a los más profanos de la abstracción improvisadora y la invención espontánea.

    Los tres álbumes mencionados, ya sea a través de lo real, lo simbólico o lo imaginario, apuestan por la grandeza de la música más allá de posturas conformistas y provocan el interés por conocer los nuevos criterios interpretativos de la música improvisada.

    El que quiere interesar a los demás tiene que provocarlos (Salvador Dalí)

    Sergio Piccirilli

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