• Marco Sanguinetti

    Si usted se encuentra, así, de repente, con dos líneas (o más), equidistantes entre sí y que por más que se prolonguen, no pueden encontrarse (esto, hasta donde le dé la vista o la suela de los zapatos, por supuesto), estará en presencia de dos (o más) paralelas. Y parece que en el infinito tampoco, aunque escasean los testigos presenciales que puedan dar fe de dicha sentencia. Es que difícilmente la gente como usted o como yo tome la decisión de viajar al infinito (y volver) y mucho menos para ver qué ocurre con dos segmentos insignificantes, tirados ahí, a la buena de Alá, Buda, Dios o Mostaza Merlo.

     

    Queda en claro entonces: las paralelas no se cortan (guarde la Gillette).

     

    Pero… y no es que quiera ir en contra de los grandes matemáticos y pensadores de la historia, permítame alzarme con un asterisco. Porque en otras cuestiones las paralelas sí se cruzan, se juntan, se enmarañan, se confunden, se aman, se odian, se dan más…

    Tomemos así, azarosamente, al pianista, compositor y arreglador Marco Sanguinetti. Nacido en Buenos Aires en 1973, inició sus estudios musicales a los 9 años en el Conservatorio Beethoven; luego de un “desengaño amoroso” que lo alejó del piano durante un tiempo, ingresó al Collegium Musicum y luego al  Conservatorio de Música de Buenos Aires Alberto Williams. A los 17, aconsejado por Gerardo Gandini, comenzó a estudiar piano con Diana Schneider y composición con Marta Lambertini. A partir de aquí es donde su formación clásica se ve atravesada por el jazz y otras músicas contemporáneas.

    En 2001 compuso e interpretó la música original para el cortometraje Documental Nº 1 (dirigido por Federico Badía), obteniendo el Premio a la Mejor Banda Sonora en el Festival de Cortometrajes UNCIPAR. En los años siguientes proyectó una serie de piezas para piano presentadas en varios escenarios porteños. Hasta que en 2005 edita, por intermedio de MDR Records, su debut discográfico titulado Improvisiones (en solo piano), donde confluyen composiciones propias y versiones de La Muerte del Ángel (Piazzolla) y Roxanne (Sting). A continuación realizó numerosas presentaciones en dúo de piano y batería. En 2008 conformó, junto con la bailarina y coreógrafa Inés Armas y al dramaturgo Fagner Pavan, la Cía Móvil, un grupo interdisciplinario en el que confluyen música, danza y teatro. Ese mismo año se estrena Los Procesos de Franz en el Centro Cultural Borges. La música de la obra (también en solo piano) fue editada por Acqua Records.

    Con la Cía Móvil, en 2010 estrenan la obra Objetos, participando también en el Festival de Danza de Buenos Aires 2010. La propuesta de Cía Móvil ha estado desarrollando, además, el ciclo Asociaciones libres, donde músicos y bailarines invitados improvisan junto a Armas y Sanguinetti sobre conceptos pre-establecidos.

     

    Marco Sanguinetti fue convocado, luego, para musicalizar en vivo el documental mudo sobre el noticiero Sucesos Argentinos, en el Pabellón Bicentenario de la Ciudad de Buenos Aires. En 2011 conforma el grupo Pibe A, junto a Bárbara Togander (voces) y Pablo Bendov (batería), donde revisionan Kid A, de Radiohead.

    Y el pianista acaba de editar (también por intermedio de Acqua Records) su tercer álbum, El otro, que a diferencia de sus entregas anteriores es en quinteto y fue registrado en vivo durante dos actuaciones en septiembre de 2010 en Casa Frida, con la presencia de espectadores dentro de la sala de grabación. En El otro, Sanguinetti fue acompañado por Hernán Rodríguez (batería), Omar Grandoso (trombón y melódica), DJ migma (bandeja giradiscos) y Paloma del Cerro (voz). Ah… el disco es harto recomendable.

     

    Pero Marco Sanguinetti tiene una vida paralela (ahí vamos): es Diseñador Industrial. Y parece que de los buenos. Sus trabajos han sido incluidos en el Archivo de Diseño Clarín Nº 9 (2010), en las muestras: Diseño Contemporáneo, Visión Argentina (Museum für Angewandte Kunst Frankfurt, 2010), ArgDis (Santiago de Chile, 2006 y Tokyo, 2007), Balance del Diseño Industrial 2000-2005 (MAMBA, 2007) y ARDI (Marq, 2009), entre otras. Recibió el Primer Premio al Diseño de Autor en Casa FOA 2005, el Primer Premio Profesional Ternium Siderar 2007 y un Premio Innovar 2008. Desde el año 2001 es docente en la carrera de Diseño Industrial en la FADU, UBA (adjunto en cátedra Naso). Fue profesor en Diseño Industrial en la Universidad de Palermo entre 2003 y 2008. Desarrolló el trabajo de investigación “Dialéctica global/local en la práctica del diseño de productos” (Secretaría de Investigaciones de la FADU, UBA, 2007-2009). Ha dado conferencias en el ciclo ARDI (SCA, 2008), en las 2das Jornadas de Diseño para el Desarrollo Local (Córdoba, 2008), en el 5to Congreso Internacional de Creatividad e Innovación (Cáceres, España 2009), en la 16ª Conferencia Industrial Argentina (UIA, 2010), en el congreso: El impacto del diseño en el mobiliario (Medellín, Colombia 2010), en Presencias del diseño (Bogotá, Colombia, 2010), en PechaKuchaNight Buenos Aires vol.18 (Ciudad Cultural Konex, 2010), entre otros. Actualmente, coordina el Instituto Metropolitano de Diseño e Innovación (imDi) en el Centro Metropolitano de Diseño (CMD).

    Y a contrapelo de aquella sentencia del inicio de esta nota, Marco Sanguinetti hace que estas dos vidas paralelas se crucen, convivan, compartan, se nutran mutuamente y representen la una, fuente de inspiración para la otra. Y viceversa.

    En lo que más nos ocupa, hay que decir que Marco Sanguinetti es un músico inquieto, estudioso, curioso, que abreva también en otras ramas del arte y que en sus discos refleja un estilo de difícil encasillamiento y catalogación. El brusco cambio reflejado en su tercer CD, El otro, no ha alterado su esencia: la ha enriquecido. Las participaciones ubicuas y no invasivas de sus músicos le permiten abordar con total libertad y desparpajo sus propias composiciones (donde conviven estilos que coquetean con el jazz, el rock, la clásica contemporánea, la música minimalista, el folclore, la libre improvisación…) y las de otros autores como Peter Gabriel, Thom Yorke y Luis Alberto Spinetta, ofrendando verdaderas (e interesantes) relecturas.

     

    De lo mencionado hasta aquí, de sí mismo y de los (sus) otros, nos habló Marco Sanguinetti con entrega, devoción y pasión.

    Las mismas que se reflejan en cada uno de sus trabajos en música o en diseño.

    Actividades paralelas, sí, pero…

    Disfrute de los conceptos de uno de los músicos con más proyección de la escena musical creativa argentina y que goza de un presente artístico al que hay que (hágame caso, al menos esta vez) prestarle mucha, pero mucha atención.

    Y empieza hablando del arte de su flamante álbum (que le entregaron minutos antes de esta entrevista) y de la inclusión en el mismo de la cantante Paloma del Cerro, con quien nos cruzáramos, también, en los instantes previos al inicio de la charla:

     

    La gráfica quedó muy delicada, las fotos de Horacio Sbaraglia son muy buenas…

     

    Es cierto… y a Paloma (del Cerro), ¿qué rol le asignaste en la grabación?

     

    Paloma canta coplas; no está mucho en el jazz… Está terminando un disco con coplas electrónicas, muy interesante. Me interesaba en el disco su aparición con algunas voces ligadas a otras cuestiones; hace cosas en el fondo, improvisadas, que no tienen  mucho que ver con el jazz.

     

    ¿Por qué El otro? ¿Quién es El otro?

     

    Hay muchas explicaciones para El otro. Por un lado, yo soy permanentemente “el otro”, porque en mi vida hago cosas diferentes provocando que entre los músicos llame la atención que sea diseñador; y entre los diseñadores, que sea músico… entonces permanentemente aparece esta figura de “el otro” en mis grupos sociales, laborales… Y siempre me pareció una idea bastante borgiana esto de estar viviendo en un cambio de roles continuamente, como si cada tanto me metiera en cabinas telefónicas y saliera con distintos trajes cada vez. Eso también se intensifica porque, además, me dedico muy seriamente a la docencia y, desde hace un tiempo, estoy trabajando en la gestión pública del Estado en lo referente a la promoción del diseño. En mi vida aparecen situaciones muy diferentes. Y más allá de que para mí está todo mezclado y no creo que la música y el diseño sean cosas tan distintas, me parece que “el otro” es un poco por eso; pero también es cierto que en lo personal me han pasado cosas muy importantes, que me hacen pensar que no soy el mismo de tres años atrás. Este disco cae en un momento donde para mí hay un cambio personal muy importante y, obviamente, los temas que componen el CD son en parte consecuencia de eso. Es muy autorreferencial y lo asumo.

     

    ¿Estos cambios también se trasladan a lo musical?

     

    Totalmente. De hecho, mis dos álbumes anteriores son de solo piano; en cambio aquí estoy tocando con otros cuatro músicos. Eso, desde ya, te influencia a la hora de escribir. El formato del disco también es distinto, grabado en vivo… En el booklet está esa frase del poema Borges y yo que describe claramente lo que te estoy contando… esa idea de transitar por este mundo en forma un tanto virtual… la forma real de estar vivos está ocurriendo pero en otro; y el otro, para mí, es el registro de lo que uno hace.

     

    Esto que me decís está íntimamente relacionado al CD; ahora, en la diaria, ¿cómo llegás a la conclusión de que sos “otro”? ¿Por qué en este momento?

     

    Para mí es un proceso constante, que se potencia a la hora de este juego de dos realidades paralelas, de la sorpresa incluso de la gente que me conoce. Hace poco me pasó en Thelonious Bar cuando los chicos vieron un vaso de whisky que yo diseñé y les costaba entender que, además de músico, podía dedicarme a ser diseñador. Esto, que no deja de ser divertido, creo que se hace más presente ahora porque también me siento más músico. Hasta la grabación de Improvisiones yo casi ni me consideraba músico. A partir de ese momento ya empecé a asumirme como tal. Toqué más en vivo, con muchos otros músicos y eso fortaleció este permiso que me vengo dando de considerarme músico. Por lo que se intensificó esta idea de que estoy viviendo dos vidas al mismo tiempo.

     

    Vamos a la vida del músico; ahí, ¿aparecen “otros” también?

     

    Sí, totalmente porque es cierto que dentro del músico hay distintos perfiles. Por un lado tengo mi proyecto estrictamente musical, que está reflejado en este disco, con música compuesta por la música misma. Por otro lado hay otra faceta que vengo desarrollando que es la de músico para danza contemporánea; estoy muy comprometido en un grupo interdisciplinario, que es la Cía. Móvil, que formamos con Inés Armas (que es bailarina y coreógrafa) y con Fagner Pavan. Ya hicimos dos obras: Los Procesos de Franz (2008) y Objetos (en 2010); siempre nos planteamos el manifiesto de que la música se interprete en vivo. El tratamiento de la música para danza y teatro es muy particular, muy apasionante, inspirador… y esa situación de tocar en vivo me genera además cierto compromiso actoral; en todas estas puestas he tenido algunas pautas actorales, a pesar de que sólo debía tocar el piano.

     

    ¿Tenés en claro cuándo tus composiciones son para un proyecto u otro?

     

    Creo que no lo sé muy bien…

     

    Porque Los Procesos de Franz es un disco tuyo pero que surge a partir de tu experiencia teatral con otra gente…

     

    Es interesante lo que decís, porque… a mí me interesa mucho el debate de la autoría. Pasa en la música y en el diseño también: ¿quién es el autor de las cosas? Cuando tengo que poner los créditos de un disco y debo auto-denominarme como “el autor” de los temas que sé que compuse, me siento un poco mal por no estar incluyendo a (el baterista) Carto (Brandán) o a DJ migma, que han aportado muchísimo desde la composición; y lo mismo me ocurre con la danza, porque ahí hemos logrado un equipo de trabajo muy interesante donde todos compartimos ideas; y la verdad que yo no sé muy bien si la música la compuse solo o junto con ellos. Por otro lado también me siento autor de la coreografía… o sea… es un lío autoral (risas); porque… ¿cómo hacés para ser lo más justo posible? Y con el diseño pasa lo mismo; porque yo considero que mis clientes también son diseñadores en los proyectos en los que soy contratado. A veces me da un poco de vergüenza ponerme como “el diseñador de tal producto” cuando, en realidad, el tipo que me contrató estuvo opinando y es más… sin su participación yo no habría podido hacer las cosas bien. En definitiva… esto de la autoría creo que es una estupidez… ¿no? Porque (piensa)… no sé para qué sirve; lo que uno termina poniendo en los créditos no es tan cierto.

     

    Esto que decís me hace juego con las influencias que citás, que van de músicos clásicos a humoristas. A la hora de componer, ¿vos intentás que todo ese mundo se refleje?

     

    (categórico). A ver… yo no soy un compositor que utilice esta mentira de “las musas me vienen” o…

     

    La mentira, dijiste…

     

    (más categórico aún). Uno piensa, es estratégico; al menos yo soy estratégico al componer. Pienso mi música estratégicamente, pienso que está cargada de sentimientos propios, de inspiración… correcto. Pero hay un comienzo donde te decís: “me interesaría hacer esto”. Y hay una razón para ello; y es estratégica. Pero es algo bueno para mí, es trazar un plan que le dé al proyecto un concepto global. Y en esto que me decís acerca de cómo influyen otros elementos que no tienen que ver con la música… sí, también surgen de manera estratégica, porque… yo consumo de todo, no sólo de música sino también de cine, literatura, danza, diseño, arte plástico… y decido incluir en la música elementos que no provienen de la música propiamente dicha. Tampoco creo mucho en los límites disciplinarios; para mí Ítalo Calvino es músico, Borges es músico, Kafka es recontra-músico, Cortázar es un músico de jazz del carajo…

     

    Pero Beethoven, ¿es literato?

     

    También. ¡Es pintor! (risas).

     

    Vos debutaste discográficamente a los 32 años; sin embargo decías que hasta ese momento no te sentías músico…

     

    Yo estudié para ser músico; de hecho tuve profesores muy importantes, un lujo… y antes de Improvisiones incluso había hecho música para documentales, gané un premio internacional…

     

    Por Documental Nº 1

     

    Exacto; y todo eso me hacía sentir muy contento con lo que estaba haciendo. Yo no hacía música como hobby y, de hecho, había hecho conciertos aunque reconozco que medio raros… porque de pronto tocaba una sonata de Beethoven; de todos modos no había muchas razones por las cuales yo no pudiera considerarme músico. Pero tal vez tenga un tema con la humildad…

     

    O el hecho de mirar ese momento en perspectiva…

     

    También, sí… Improvisiones no fue un disco buscado, fue más bien un ofrecimiento que me llegó. Yo había tomado la decisión, hacía un tiempo, que con la música las cosas se dieran de una forma más “casual”; y la verdad que hasta ahora viene siendo así… y está buenísimo…

     

    ¿Por qué Kafka?

     

    Pasa que Los Procesos de Kafka es una obra de danza contemporánea donde la propuesta surgió de parte de Inés (Armas) y de Fagner (Pavan). Ellos me convocaron con la idea ya instalada y a mí me cerró por todos lados. Lo que ocurrió fue que ellos escucharon Improvisiones y se dijeron “esto es Kafka” (risas). Y debo reconocer que sí, que Improvisiones es kafkiano. Y yo también lo soy. Y el concepto kafkiano con el que estuvimos trabajando era muy bueno para mí, porque musicalmente es muy posible Kafka, sobre todo en el piano, que es como una máquina de escribir… En ese momento yo estaba muy interesado en hacer percusión en el piano por fuera del teclado y “esta gente que baila” adora eso (risas). Así que me descontrolé y empecé a hacer un montón de ruidos extraños; yo me sentí muy cómodo en el mundo de Kafka, que además es un autor que me gusta mucho, creo que combina lo melancólico con lo humorístico… y todo es medio oscuro… espero no terminar como él (risas). Pero considero que mi estilo compositivo tiene bastante que ver con la literatura kafkiana.

     

    Vos te considerás kafkiano, ¿eso incluye también el carácter conflictuado de sus personajes?

     

    Sí, totalmente; yo estoy lleno de conflictos, de todo tipo.

     

    ¿Sos conflictuado… o conflictivo?

     

    No… conflictivo no… al revés… (risas). Creo ser una persona que vive sus conflictos con felicidad; no asumir, no identificar, no vivir los conflictos sería un poco triste. Un poco la gracia de todo esto es poder sufrir sanamente y poder reírse de todo eso. Yo no creo que Kafka haya sido un personaje tan deprimente y oprimido; me parece que fue mucho más sano mentalmente de lo que la mayoría de la gente cree. El tipo recurría mucho al humor…

     

    Sí… aunque un tanto corrosivo…

     

    Eso es cierto…

     

    Vos empezaste a estudiar piano a los 9 años; ¿cómo llegaste a Gerardo Gandini?

     

    No sé por qué me agarró que quería estudiar piano a los 9 años… y mi viejo me llevó al Conservatorio Beethoven. Me daba clases Perla Wicky, una chica muy linda, de unos 25 años, pelo lacio, rubio, largo… y yo tenía 9 años y Perla me agarraba las manitos y me explicaba lo que tenía que tocar… y yo estaba perdidamente enamorado de ella (risas). Así que me transformé en una especie de niño prodigio gracias al amor (risas). A los cuatro o cinco meses llegué un día al Conservatorio y me atiende una chica fea, anteojuda y que me dice “yo voy a ser tu profesora porque Perla se fue de luna de miel”. Y se pudrió todo (risas).

     

    Una situación kafkiana…

     

    Sí… complicada… dejé el Conservatorio y no volví a estudiar hasta los 12 años, más o menos… entré al Collegium Musicum, después pasé al Conservatorio Williams… y en esa época fue, creo, cuando más horas pasé sentado al piano. Igualmente a mí no me interesaba tanto ser pianista sino compositor. Cuando terminé el colegio secundario, mi padre, que tenía alguna amistad con Gerardo Gandini, le pidió que me escuchara. Fui a su casa y, casi sin hablarme, me dijo “sentate y tocá algo” mientras leía mis partituras. A los 15 minutos me dio un papel con dos teléfonos; uno era el de Diana Schneider, que fue mi profesora de piano y el otro de Marta Lambertini, con quien estudié composición. Mientras estudiaba con ellas hacía en paralelo la carrera de Diseño Industrial en la Universidad y… las clases con Marta eran increíbles, momentos gloriosos que ahora los valoro mucho más.

     

    ¿Cómo se toma la decisión de no seguir estudiando con otra persona?

     

    Yo creo que en algún momento me di cuenta que tenía que dejar de absorber información y que tenía que empezar a dar algo. Fue un momento de rebeldía; y de hecho coincidió con una apertura de géneros (musicales). Yo venía estudiando con Diana Schneider piezas muy complicadas técnicamente, estaba más asumido como un pianista de la época de los impresionistas de principios del siglo XX; y con Marta estábamos empezando a meternos en el mundo del dodecafonismo… todo muy interesante pero en un momento sentí la necesidad de patear el tablero y empecé a largar lo que tenía. Coincidió también en ese momento que yo empecé a tocar mucho Piazzolla, a provocar esto de “soltar” a los maestros y ver qué tenía yo para dar. Igualmente… no está bueno dejar de estudiar; uno debería estar estudiando siempre.

     

     

    ¿Por qué? ¿Qué sentís que puede aportar “otro”?

     

    Me parece que lo interesante de la novedad de algo que uno no conoce y el otro sí; permitirse el ingreso a ese nuevo universo. Es muy inspirador darte cuenta de que te entran nuevos conocimientos que, a su vez, permitan generar nuevos proyectos. La producción puede estar alimentada permanentemente por el aprendizaje.

     

    Vendrían a ser algo así como productores musicales, en un punto…

     

    Sí… algo así… a mí me pasa que si bien dejé de estudiar música, nunca dejé de estudiar otras cosas. Entonces, sobre mi universo musical están cayendo conocimientos que fui adquiriendo por otros lados; por esto también es que a la hora de hablar de mis influencias puede aparecer cualquier cosa…

     

    Sin embargo… vos sos Diseñador Industrial y, una vez recibido, no seguiste estudiando en forma particular…

     

    No, claro… pero sí otras cosas que me sirven como diseñador…

     

    Pero con la música también te pasa eso; ¿por qué creés que en la música se necesita ese “neo-aprendizaje” y en otras disciplinas tal vez no?

     

    Yo creo que se necesita en todas. Como diseñador hice posgrados, ahora voy a empezar un doctorado que, justamente, está centrado en la intersección entre la música y el diseño, planteando entre otras cosas el sonido en los objetos… siempre estoy estudiando… es necesario estudiar para producir; porque a mí lo que me interesa es producir.

     

    ¿Te pasa que la música se mete en tu profesión de Diseñador Industrial?

     

    Sí… me ha pasado concretamente.

     

    Vos dijiste que diseñaste un vaso de whisky…

     

    Bueno… mi vaso de whisky es un objeto musical.

     

    ¿Por qué?

     

    Tengo varias ideas que tienen que ver con cómo es la música en los objetos y cómo son los objetos en la música; unas intersecciones donde uno podría realmente afirmar que los objetos portan música y que la música porta objetos. Una de las consecuencias más concretas de todos estos “delirios” que estoy teniendo ha sido la obra de danza Objetos. Pero el vaso de whisky también es para mí un objeto musical porque, en algún momento, empecé a desarrollar la idea de cómo la forma musical y la de los objetos tienen su lugar de encuentro entre música y diseño: la morfología, que existe en la música y en el diseño pero con características muy distintas. Por ejemplo difieren en el hecho de que en la música uno necesita del tiempo… hay divisiones de tiempos, la música transcurre… hay una lógica de la forma en la música muy comprometida con el transcurso del tiempo. Los objetos, no; tienen una forma que uno puede analizar sin necesidad de que el tiempo transcurra, porque son estáticos. Pero yo pienso que hay algunos objetos que sí necesitan del transcurso del tiempo para exponer su forma. Uno de esos objetos es el trompo. Que tiene una forma que se expresa cuando gira. Cuando no gira, no es la forma del trompo. Un trompo recostado es un trompo recostado. Un trompo… es un trompo girando.

     

    Recuerdo lo de Cortázar: “un puente es un hombre cruzando un puente”.

     

    ¿Viste que Cortázar era músico? (risas)

     

    Pero todavía no me convenciste de que tu vaso de whisky tiene música.

     

    Yo tenía que diseñar uno en el año 2005, así que diseñé un trompo. Mi vaso de whisky es un trompo. Un vaso con una forma tal que permite que el vaso gire… como un trompo. Y los hielos se mueven solos…

     

    Entre tu primer disco y el segundo pasaron tres años, y entre el segundo y el tercero, también. ¿Cuál de esos períodos de tres años fue más intenso artísticamente?

     

    Creo que estos últimos. Estuve trabajando constantemente con la Cía Móvil; además de las obras hicimos muchos ciclos de improvisación en vivo, con distintos invitados y con mucho espacio para la experimentación, algo que a mí me resulta muy placentero y muy rico. También se dio que en estos últimos años he tocado con más músicos que antes, siempre he sido un pianista bastante solitario y eso cambió bastante. Otro de los proyectos s el de Pibe A

     

    Con Bárbara Togander y Pablo Bendov…

     

    Sí; y eso también tiene que ver con el hecho de juntarse con otra gente y experimentar otras cosas que antes, tal vez, no hubiese hecho.

     

    Hasta El otro vos venías trabajando solo (diseñando, tocando el piano) o con un grupo de gente donde las responsabilidades eran repartidas. Pero ahora no te quedó otra que ser el líder. ¿Cómo te sienta esta nueva faceta?

     

    Es que en casi todo lo que estoy haciendo musicalmente estoy demasiado a la cabeza; es más… me está faltando la experiencia de ser un músico bajo la dirección de otro. Hasta ahora, cuando trabajo con los bailarines, yo soy el músico; cuando me junto con Pablo (Bendov) y Bárbara (Togander) para Pibe A, si bien compartimos todas las ideas y las decisiones, no deja de ser una idea que yo propuse; lo mismo en El otro… por más que los 4 músicos que me acompañan han tenido sus grandes aportes… Pero sí, lo que me está faltando es no ser el director de un proyecto.

     

    ¿Y por qué no se dio hasta ahora?

     

    Porque nadie me invita (sonríe). No sé si soy tan fácil de invitar a un proyecto porque creo que no se sabe muy bien qué hago.

     

    O por ahí no sos dócil…

     

    No… no creo… porque justamente yo no soy un músico con demasiados preconceptos. Pero como no soy músico de jazz, no toco standards, no me sumo a las jams… puede ser que a los otros músicos del circuito no se les ocurra que yo pueda formar parte de sus agrupaciones.

     

    Sin embargo los discos tuyos van a parar a una batea que dice “jazz”…

     

    Sí… (piensa). Es que, en realidad, creo que no saben dónde ponerlo. Pero está bien, a mí me gusta que pase eso. No me interesaría estar claramente catalogado.

    Si mañana o pasado te convoca un artista para un proyecto determinado, ¿qué tendrías en cuenta para aceptar o no?

     

    Para mí sería un gran aprendizaje y desde ese lugar ya sería interesante… el hecho de formar parte de un proyecto que no sea propio y donde yo tenga que asumir la propuesta de otro. Pero por otro lado yo evaluaría realmente si lo que me están pidiendo es razonable en relación a lo que yo tengo para dar; y en lo que a mí me interese hacer, por supuesto. Porque no soy un sesionista y creo que tengo una forma particular de tocar, de armonizar… Aunque en teoría si me convocan es porque les interesa qué y cómo me expreso musicalmente.

     

    Tal vez una manera de aprendizaje sería la de trabajar bajo las órdenes de un productor musical…

     

    Sí… pero es algo que a mí me pasa como diseñador también… si alguien espera que yo realice algo que está fuera de mi alcance o intención artística, seguramente no va a funcionar.

     

    ¿Puede ser que por momentos se cuele cierta actitud “artísticamente soberbia”?

     

    No… yo soy un poco soberbio y no tengo mucho problema en asumirlo; lo que quiero decir es que cuando me meto en un proyecto, lo hago con todo. Me comprometo, lo siento, me gusta soltar todas las pasiones que cada proyecto implica… y si las cosas vienen muy forzadas, no es cuestión de arruinarle el proyecto al otro.

     

    Pero seguimos yendo por la tangente: me refiero a un proyecto tuyo, propio, con un productor artístico que te acote; no parece gustarte mucho esa idea…

     

    No… sí…

     

    A ver… si un productor te dijera que la versión de Paranoid Android (incluida en “El otro”) debería tener tres minutos menos; o cinco minutos más… ¿te bancarías eso?

     

    Hummmm… qué difícil… (risas). Me cuesta decirte que sí… Pero mirá… en la Cía Móvil ocurre eso… yo cambio mucho las cosas que propongo cuando me lo sugieren; se producen encuentros creativos en los que…

     

    Pero ahí tenemos teatro, danza… es distinto. Estamos hablando de un proyecto tuyo, no compartido.

     

    ¿Te puedo responder en unos días? (risas) Ahora en serio… me resultaría muy interesante poder realizar esa experiencia; pero de nuevo… tal vez volviendo a la excesiva modestia… tiene que haber un productor que se interese en producirme. Yo tengo muy claro que soy un músico poco conocido y que todavía me falta mucho camino por recorrer; estoy contento con lo que vengo haciendo y te diría que hasta orgulloso y está todo muy lindo y todo muy bien pero… no me imagino en este momento a un productor acercándose interesado en trabajar en mi próximo disco. Ojalá pase… sería una experiencia genial, el tener que profesionalizar un poco la música también…

     

    ¿Por qué decís “profesionalizar” la música?

     

    Porque esta sensación del productor yo, como diseñador, sí la tengo. Yo como diseñador respondo a necesidades de empresarios, comerciales, productivas, un montón de cosas. Como músico vengo actuando con una libertad artística muy grande y las cosas se vienen haciendo; pero esto de tener algunos límites vinculados tal vez a cuestiones más comerciales y productivas, también dan la sensación de algo más profesionalizado. Que me resulta interesante, no lo desmerezco y no me parece para nada algo menor, que en la música algunas cosas estén un poco direccionadas. Es decir… (piensa) me parece una estupidez el concepto del músico bohemio que quiere libertad… en realidad uno tiene también que encontrar la posibilidad de expresarse a su manera dentro de los parámetros reales y dentro del escenario que a uno se le presenta. Igual… creo que me estoy enchastrando un poco en la propuesta que “me hiciste” (risas). Lo del productor, me interesaría, sería genial; creo que es algo que para cualquier músico debería representar una gran experiencia de aprendizaje; y, sobre todo, imagino que también debe ser muy interesante ser partícipe de algo que, al verlo, uno se da cuenta de que solo no hubiera podido hacerlo.

     

    ¿Vos creés que el Diseñador Industrial tiene más elementos del músico o que el músico tiene más elementos del Diseñador Industrial?

     

    Uhhh… qué difícil me la hiciste… (piensa).

     

    Podés declarar un empate técnico también… (risas)

     

    Sí… pero de todas maneras yo me voy a jugar (risas), no le vamos a esquivar el bulto a estas cosas… Yo creo que el músico le gana al diseñador. Probablemente el diseñador me esté dando de comer…

     

    Y con la música hacés la digestión… (risas)

     

    Sí… seguramente la música es más importante para mí que el diseño. Y te diría que la mayor parte del tiempo de cada uno de mis días está atravesado por la música.

     

    Pero, volviendo…  reitero: ¿vos creés que el Diseñador Industrial tiene más elementos del músico o que el músico tiene más elementos del diseñador industrial?

     

    (Piensa… mucho). En esto también es cierto que en cualquier cosa que haga como músico arrastro vicios del diseñador; y cuando trabajo de diseñador… soy muy diseñador.

     

    ¿Cómo se le explica a la gente que la música tiene color?

    * (Esto, en referencia a una cita que Sanguinetti colocó en su myspace perteneciente a Stravinski: “No basta con oír la música. Además hay que verla”)

     

    Básicamente yo creo fervientemente que todos los sentidos están involucrados con la manera en que uno percibe la música y también los objetos. No es cierto que la música se perciba solamente a través de la audición. Creo que participan ahí un montón de otros aspectos sensoriales; inclusive otros sentidos que no se sabe muy bien cuáles son. Más allá del olfato, el gusto, el tacto, la visión y la audición, creo que existen también sensaciones un tanto espirituales que participan de la escucha musical; entonces, con absoluta convicción, puedo decirte que cuando uno escucha algo involucra a otros sentidos y es ahí donde uno visualiza colores, recuerdos, lugares, hasta creo también que cambia el olfato… y muchos otros sentidos… un sexto, un séptimo sentido que tienen que ver con cuestiones espirituales, de la imaginación, que sin dudas participan con todo esto. Me parece que los seres humanos somos más complejos de lo “que se sabe” y la música es muy completa. Creo que podemos estar seguros de que la música nos deja abrir todos nuestros sentidos. Y con los objetos y con el diseño también pasa algo parecido; de hecho, en la Facultad donde soy docente, se enseña el diseño de manera muy comprometida con el tacto y la visión; y todos los demás sentidos tienen que estar presentes y lo están.

    Pero en todo caso, una respuesta más sencilla podría ser: hagamos el intento de escuchar música y no ver colores, a ver qué pasa…

     

    ¿Y cuál es el color de la música de Sanguinetti?

     

    (Piensa) Me parece que depende de cada momento musical…

     

    Respuestas de compromiso no…

     

    (Risas) Yo creo que mi música es oscura. Pero yo no estoy tocando siempre igual y te juro que me gustaría decirte algo muy preciso y concreto; pero lo cierto es que Improvisiones y Los Procesos de Franz son dos discos largos, de casi 70 minutos, y donde hay un espectro de colores muy distintos. Improvisiones es un piano solo que lo podés escuchar sin aburrirte del piano justamente porque atraviesa estados muy distintos. Y lo mismo ocurre con Los Procesos de Franz. Eso sí: siempre es oscuro. No aparece demasiado brillo… colores mate… es una música deprimente… (risas); ¡no lo escuchen en momentos complicados! (más risas).

     

    www.myspace.com/marcosanguinetti

    www.improvisiones.blogspot.com

    www.estudiosanguinetti.com.ar

     

    Marcelo Morales

     

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