• Panza en concierto: Por escándalo

    Jueves 2 de junio de 2011: 20:30 hs.

    Teatro ND/Ateneo – Buenos Aires

     

    Permítame decirle que si usted no se hizo presente el 2 de junio de 2011 en el Teatro ND/Ateneo, este comentario no le servirá de mucho. Y si usted estuvo allí, coincidirá conmigo en que la tarea de describir con palabras lo acontecido, es algo peligrosamente similar a una quimera.

    Un primer párrafo pianta lectores, podrá decir usted sin que le falte razón. Y que entonces para qué, podría agregar envalentonado. Es que contra la naturaleza propia no se puede… Y como además por hacer esto la levantamos con pala, aquí me tiene.

     

    Panza es un cuarteto de rock conformado en 1998; su debut discográfico se produjo en 2000 con Sonrisas de plastilina, al que le sucedieron El marajá de San Telmo (2002), Infanticidio (2003), Nada es rosa (2005), Pequeños fracasos v. 2.0 (2007) y el extraordinario álbum triple La madre de todos los picantes (2010). Lo integran Sergio Álvarez en guitarras, Mariana Bianchini en voz, Franco Barroso en bajo y minimoog y Augusto Urbini en batería.

     

    Durante su primera docena de vida… no. Entrando en su decimotercer año de existencia (así, mejor), la banda se encontró –no sin esfuerzo- con la posibilidad de realizar su primer teatro. El habitual grado de obsesión de Panza se incrementó febrilmente ante dicha ocasión. Y donde leyó obsesión, agregue ensayo, profesionalismo, seriedad, minuciosidad y unos cuantos epítetos que en este momento han decidido velar por otras mentes.

     

    Álvarez, Bianchini, Barroso y Urbini planearon un show extenso, haciendo hincapié en La madre de todos los picantes (cuyos tres CD’s se titularon Caramelo, Pomelo y Ají) sin dejar de lado algunos clásicos de su repertorio. Unas tres horas de duración con un sonido impecable, sobria y efectiva puesta de luces, atinadas imágenes proyectadas al fondo del escenario y apenas un par de músicos invitados.

    Y no sólo lo planearon: les salió fenómeno.

     

    Yo podría decirle (o tal vez ya lo leyó) “Notable concierto de Panza en el Ateneo” o “El cuarteto, en estado ideal” o “Una noche potente y adictiva” o “Tres horas del mejor rock de esta parte del planeta” o “Panza afianzó su propuesta en un recital extenuante” y así…

     

    Pero volvamos al inicio: a que si fue porque fue y a que si no fue porque no fue. Aunque… en un arrebato cercano al sincericidio, debo confesarle que todo esto tiene que ver, casi segura y exclusivamente, con mi incapacidad; con mis limitaciones.

    A las 21:09 Sergio Álvarez comenzó a extraer loops de su guitarra mientras los demás integrantes, en penumbras, ocupaban sus lugares. La acertada elección de Bacterias permitió que la atención y la tensión aumenten hasta el estallido “Pegan, no te defiendas…” La base, a cargo de Augusto Urbini en batería y Franco Barroso en bajo eléctrico y (ocasional) minimoog es tan monolítica como atractiva y con sutiles toques, en especial del baterista; El guitarrista regala el primero de una serie de solos inclasificables, sanguíneos, lúdicos, lúcidos, soberbios. Y Mariana Bianchini explotó su imagen como probablemente nadie aquí se encuentre capacitado/a para; pero mucho más explotó su voz, cantando de una manera en la que (primera redundancia con aviso) probablemente nadie aquí se encuentre capacitado/a para.

    Han sido más de 30 canciones, tres horas de concierto y no tema (ni lo pretenda): no realizaremos un análisis exhaustivo tema por tema. Más que nada porque si no estuvo… y si estuvo…

     

    Porque yo puedo decirle que el desgarrador alarido inicial de Lo mejor y lo peor metió en caja al que hacía falta, merced a una violenta precisión que tiene su correlato en Electroshock, con la banda en plena ebullición. Que Mariana Bianchini ya está descalza cuando seduce desde sus movimientos y su garganta (ángel y demonio) en Que me vengan a buscar.

    O que Álvarez recurre nuevamente a un loop antes de que el cuarteto demuela cimientos con las adictivas El amor y las tormentas y Big Bang, así, pegadas como en el CD Caramelo. O que Barroso y Urbini realizan su faena con singular autoridad y soltura mientras que Bianchini se adueñó definitivamente de la geografía del escenario y ÁlvarezÁlvarez… el alarido anónimo surgido desde la platea al final de ambos temas viene como anillo al dedo para explicar el momento: “¡Manga de zarpados!

    Con un interesantísimo aporte desde las imágenes, un tremendo Urbini y con Bianchini absolutamente desquiciada, Callate nena es un buen paliativo para las muelas si se olvidó la anestesia. Dominó produjo un sutil dueto entre la guitarra de Álvarez y la voz de Bianchini, como si fueran Page/Plant o Blackmore/Gillan. Pero aquí un él y una ella y se llevan mejor.

     

    Podría seguir contándole que en La hora del té los Panza parecían poseídos, en especial la cantante, acometiendo alaridos con un megáfono a la hora del “Te vas… Me vas…” o que en Escalofríos vuelve a brillar Bianchini, por momentos, en pose de colegiala rebelde.

     

    O que la teórica segunda parte (de tres) del concierto comenzó con una extraordinaria versión de Cementerio de hormigas (muy bien de nuevo las imágenes), que incluyó un gran trabajo de Urbini en los tambores, un solo de Barroso en minimoog y Álvarez en guitarra-fogón. O que intuyo que en cualquier momento los Panza, durante ¿Querés bailar conmigo? meterán el John the Fisherman de Primus (déles tiempo). Porque usted no estuvo ahí para observar la mirada cómplice de Bianchini cuando Álvarez entró a destiempo en Despiértame, que trajo otra gran faena de Urbini y a la cantante liderando sensualmente, sin opacar. Aire tenemos aunque no den respiro: Bienvenido al infierno, gran trabajo de Barroso y Urbini sustentando al aquí sutil y creativo Álvarez. La complejidad de La gente detrás de las paredes desemboca en un gran descontrol contenido, un pasaje instrumental glorioso, Bianchini que no cede al desborde propuesto y Álvarez que vuelve a asombrar. El final es demoníaco.

    El potente y preciso Franco Barroso sirve de sostén en Sopa de letras cuya exquisita coda final permite degustar a un gran Urbini.

     

    Puedo intentar narrarle que Franco Barroso se mete al laboratorio con su minimoog como introducción a La sociedad del espectáculo que, con su densa atmósfera, me hace pensar (aprovécheme) en por qué no un medley (sí, ¡otra vez!) con el Pioneers Over C de Van der Graaf Generator (y pegar el alarido “It is so dark around, no life, no hope, no sound, no chance of seeing home again”). Perdón… me fui por las galaxias…

     

    Y cómo trasladarle a usted uno de los mejores momentos de la noche, en El final feliz, con Bianchini vestida de blanco y una careta de zorro(a), cual Peter Gabriel en los primeros ‘70’s regalando uno de los momentos musicalmente más complejos y visualmente más hipnóticos del concierto, con la cantante poniendo a prueba nuestra tolerancia auditiva y otro solo de Álvarez para enmarcar…

    El saxofonista Leo Paganini regala, en su rol de invitado, una explosiva intervención en Las Naciones sin industria sólo pueden permitirse cantautores. Y Augusto Urbini cierra este segmento con un solo de batería a base de potencia, ductilidad, ingenio, sutileza y precisión.

     

    Permítame insistirle que todo esto que le cuento no le servirá, a usted que no estuvo, más que para tener una ínfima idea de lo acontecido. Y usted que sí fue, seguramente disentirá en alguna apreciación, algún adjetivo calificativo más o menos rimbombante, a sabiendas de que difícilmente pueda aportarle algo desde estas líneas. Y si no… fíjese en lo que podríamos denominar “el inicio del tercer segmento”: Sergio Álvarez, solo, destilando una atmósfera que remite al buen David Sylvian, colándosele algunos acordes de Message in a Bottle y que sirve de introducción para que Bianchini, ahora de negro, sume su voz para la cálida Nada es rosa.

    Mucho menos explicable es la colosal versión de Amnesia. Instrumentalmente, es imbatible. Pero si a eso se le agrega la performance escénica de la cantante yendo del susurro al sonido gutural más desgarrador, echando mano nuevamente al megáfono, revolcándose por la superficie del escenario… ¿vio? Es difícil…

     

     

    Con el aporte de los saxofonistas Leo Paganini y Martín Pantyrer se suceden Corrientes y Pueyrredón y Exposición desconocida. Pantyrer se pliega a la causa exprimiendo su instrumento hasta las llagas; Bianchini, con un tutú amarillo anda a los alaridos, con o sin megáfono, sobre el escenario o desenfrenada sobre la platea. Una intro a cargo de Sergio Álvarez desemboca en Argentina (de Nada es rosa) y luego en la demencia de Asunto escabroso, con la cantante en plan Violencia Rivas perpetrando “Yo no soy tu puto payasito”. Y a partir de aquí la sensación de estar en constante aceleramiento, en plena autopista, en una montaña rusa sin descansos, sucediéndose Bailarina anarquista en genial interpretación, Camarera (de Sonrisas de plastilina, su álbum debut), Popstar, con Bianchini, desenfadada, primero asumiendo “¿cómo era, que no recuerdo?”  y afortunada, después, cuando patinó y siguió como si nada… Y Panza también siguió con una trilogía final exultante, exuberante, contagiante: Nadie baila solo en Bali, Mundo rock y Panza (el tema).

    Hubo un bis, por supuesto: la adrenalínica Pequeña Muestra de las 120 Posibles Combinaciones de 5 Elementos Diferentes o, si usted lo prefiere, A.E.I.O.U. Y a las casi tres horas de iniciado, final.

     

    Dicen que el que avisa no es traidor, lo que (me) aliviana la (supuesta) culpa y las (no supuestas) limitaciones.

    A fuer de ser sinceros, todo podría haberse resumido en unas pocas palabras.

    Panza, integrado por Sergio Álvarez, Mariana Bianchini, Franco Barroso y Augusto Urbini, presentó el álbum triple La madre de todos los picantes en el Teatro ND/Ateneo el pasado 2 de junio de 2011.

    Me animo también a afirmarle que Panza es lo mejor que le ha pasado (y le pasa) al rock vernáculo (y bastante más allá también) de unos cuantos años a esta parte. Pero unos muchos cuantos… Un guitarrista inmenso, una sólida base rítmica que no escatima sutilezas y una cantante / intérprete / performer de las que no abundan (y ya sea en el susurro o en el alarido nunca deja de cantar; y de afinar).

     

    Panza es un grupo que “hace lo que se le canta, cuando se le canta y como se le canta” (Sergio Álvarez). Con una fuerte presencia escénica acompañada de talento, riesgo, sorpresa, potencia, musicalidad, complejos arreglos, compromiso, ansias de superación, inconformismo, trabajo, dedicación y pasión.

    Le dije que todo podía resumirse en unas pocas palabras…

    Y es que Panza ha brindado uno de los mejores conciertos (y no limite esto al rock) que he presenciado en lo que va del milenio.

    Probablemente usted piense que estoy exagerando…

    Pensamiento admisible pura y exclusivamente si usted no estuvo allí, esa noche.

    Donde Panza dio batalla… y ganó por escándalo.

     

    Marcelo Morales

     

    Fotos: Gisele Rodríguez y Plan A

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