• Craig Taborn: Avenging Angel

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    Músico:

    Craig Taborn: piano

     

    Sello y Año: ECM, 2011

    Calificación: A la marosca

     

    El piano concentra y resume en sí mismo la totalidad del arte (Franz Liszt)

     

    La primera evidencia documentada de la existencia del piano data de un inventario preparado en 1700 por un músico de la corte del Príncipe Fernando de Médici en donde se registra una invención atribuida a Bartolomeo Cristofori di Francesco descripta –textualmente- como un  Arpicembalo ch fa’ il piano, e il forte, a’ due registri principali unisoni, con fond di cipresso senza rosa…” (“archicémbalo que produce sonidos suaves y fuertes con dos juegos de cuerda al unísono, con caja de resonancia de ciprés sin rosa…”). De ese archivo histórico se desprenden tres cosas: la primera es que Cristofori –probablemente- era italiano… convengamos que cuesta imaginarse a un vietnamita, un andorrano, un chipriota o un paraguayo patentando algo llamado arpicembalo ch fa’ il piano, e il forte o hablándonos de fetuccini a la putanesca y mucho menos diciéndole a un príncipe Non rompermi i coglioni, cornutto. La segunda es que su intención original fue que el instrumento se llamara archicémbalo (literalmente arpa-clavicordio) pero se vio obligado a desistir debido a una buena razón: el archicémbalo ya había sido inventado por un tal Nicola Vicentino ciento cincuenta años antes. La tercera es que la primitiva denominación de su invento fue, afortunadamente, mutando a través de los años hasta adoptar el abreviado nombre con el que hoy lo conocemos: piano.

    Según algunos afamados musicólogos esto último se debe en gran medida a las continuas dificultades para hallar archicembalistas más o menos idóneos (si usted conoce alguno, me avisa) y también a la necesidad de atender las hordas de pianistas que exigían la creación de un instrumento que le diera razón a su existencia.

     

    La aparición del invento creado por Bartolomeo Cristofori fue coincidente con el surgimiento del clasicismo, época en que algunos de los instrumentos esenciales del barroco como la viola da gamba, el clavecín y el laúd fueron dejando su lugar a nuevos instrumentos como el clarinete, el arpeggione (instrumento de cuerda de efímera existencia) y –muy especialmente- el piano. Este último -debido a sus características melódicas, armónicas, polifónicas y poli-rítmicas-  ganó rápidamente un lugar central en el ámbito musical y comenzó aa ser utilizado como instrumento de composición, acompañamiento y también para conciertos solistas.

    El piano, en sus orígenes, estuvo relacionado socialmente a la aristocracia y la burguesía, ya que no sólo permitió a esas clases acceder a la práctica y los conocimientos musicales sino que, además, la presencia de dicho instrumento en los hogares de las familias más adineradas posibilitaba la celebración de tertulias en torno a él y era sinónimo de elegancia y poder. Situación que, por cierto, iría cambiando con el tiempo hasta hacer que el instrumento sirva -por dar un ejemplo más o menos actual- para que una curvilínea señorita envuelta en un ceñido vestido de alta costura se recueste en él y cante mientras el pianista la toca… me refiero a la canción… también.

    Hoy en día el piano ya no es convocante para tertulias, cenáculos o elegantes reuniones pero sigue siendo sinónimo de poder… De poder… meterlo en un mono-ambiente y sin vernos en la obligación de usarlo al mismo tiempo como mesa, perchero, bodega y lugar designado para que el gato deposite sus detritos.

     

    Lo cierto es que las formas musicales para el piano han ido evolucionado y variando en cada época. Durante el clasicismo las formas predominantes fueron la fantasía, la sonata y las variaciones; en el período romántico surgieron formas más libres como el nocturno, la balada, el scherzo, la rapsodia y, además, dio nacimiento a la idea moderna del concierto para piano. El Impresionismo propulsó una amplia variedad de obras para piano y orquesta, los preludios, las suites y los estudios; en tanto que la música contemporánea amplió la literatura pianística merced a las invalorables exploraciones estéticas realizadas por compositores de la talla de Igor Stravinski, Bela Bartok, Arnold Schoenberg, Aaron Copland o Dimitri Shostakovich, entre muchos otros.

     

    La historia del piano no sólo abarca el ámbito académico sino también a diversos géneros musicales de raigambre popular e incluso alguno de éstos –como en el caso del jazz- ha sido de capital importancia en la evolución de las técnicas interpretativas del instrumento. El piano -debido a su rol multifacético y la naturaleza armónica y melódica que lo distingue- ha sido un elemento integral del jazz desde sus comienzos pero también fue ocupando, paulatinamente, un sitial de privilegio en el desarrollo del concepto de la improvisación solista. En ese historial se fueron concatenando las formas arcaicas asociadas al ragtime, desarrolladas por Scott Joplin, con el nacimiento del jazz propiamente dicho a partir de Jelly Roll Morton. Desde ese entonces se enlazaron sucesivamente el acercamiento al stride desplegado por Fats Waller con el estilo de viento o tercera rama del desarrollo pianístico temprano representado por Earl Hines; la idea acabada de virtuosismo aplicada al swing por Art Tatum con el uso extensivo del contrapunto materializado en Lennie Tristano; la consagración definitiva del jazz moderno a través de Thelonious Monk y Bud Powell con el surgimiento del jazz modal de la mano de Bill Evans; los radicales conceptos de improvisación enarbolados por Cecil Taylor con la liberación de formulismos implícitos en el estilo de Andrew Hill y las particulares nociones de improvisación absoluta impulsadas por Keith Jarrett en sus ya míticos conciertos de música improvisada para solo de piano.

    En ese punto imaginario en donde se encuentran parte de la historia y la evolución técnica del piano ya mencionadas, la amplitud estilística asociada a nuestro tiempo y la avanzada de la improvisación puesta al servicio de la música para solo de piano, nos llega hoy Avenging Angels, el fenomenal álbum de Craig Taborn.

     

    La destacada trayectoria desarrollada por el pianista, tecladista y compositor Craig Taborn tiene su epicentro en el jazz pero también incluye experiencias en el campo de la música electrónica, el tecno y el dark ambient. Entre sus labores más recordadas (además de la producción discográfica como líder que comprende a los álbumes Craig Taborn Trio de 1994, Light Made Lighter de 2001 y Junk Magic de 2004) podemos mencionar sus participaciones en las bandas de James Carter, Dave Binney, Chris Potter y David Torn, la protagónica intervención en grupos como Hard Cell y Science Friction (ambos liderados por Tim Berne) y sus colaboraciones con Matt Maneri, Lotte Anker, Dave Douglas, Evan Parker y Susie Ibarra. No obstante, a su lustroso pasado debe agregarse un presente inmejorable que engloba una cardinal intervención junto a William Parker y Gerald Cleaver en el magnífico trío Farmers by Nature, los aportes realizados como miembro del cuarteto de Michael Formanek en el impactante The Rub and Spare Change de 2010, la renovada sociedad con el legendario Roscoe Mitchell materializada el último año en el álbum Far Side, una reciente intervención en el Nicole Mitchell’s Sonic Projection y su cooperación en 2011 en el debut discográfico del Gerald Cleaver’s Uncle June. A pesar de los prestigiosos antecedentes que distinguen la carrera de Craig Taborn, el álbum Avenging Angel posee atributos únicos e irrepetibles en donde parecen confluir naturalmente: el especial enfoque otorgado por el intérprete a sus improvisaciones, la inmejorable acústica del Studio RSI de Lugano, el inconfundible sonido del Grand Piano Steinway D y la ejemplar calidad de grabación con la que el experimentado Manfred Eicher suele dotar a los discos del sello ECM.

     

    Desde el inicio, con The Broad Day King, se puede apreciar que Craig Taborn avanza a paso firme en dirección al pináculo integrado por las grandes obras en solo piano del último decenio. La elegancia de su fraseo, la suavidad en los ataques, el profundo dominio técnico, la mesura y musicalidad en los ornamentos, la ausencia de efectos gratuitos y la claridad de un lineamiento melódico asociado al clasicismo, dan como resultado una verdadera lección interpretativa. En tanto que los veloces arpegios a dos manos de Glossolalia nos conducen a transitar la avenida del jazz de vanguardia con envidiable autoridad expresiva. El envolvente Diamon Turning Dream se convierte en un ejercicio de desarrollo de matices y texturas dotado de una sutil flexibilidad dinámica que parece interactuar con las cualidades acústicas del estudio de grabación.

    El tema que da título al álbum se funda sobre un continuum dramático sustentado en un reducido número de motivos que ofician como variaciones sobre un bajo continuo.

    La primera parte de This Voice Says So remite, por sus armonías simples, notas sueltas sin adornos y acordes triádicos a la música “tintineante” de Arvo Part; pero luego el piano pasa a fluctuar entre los registros más extremos para dominar la densidad espacial en un crescendo que – tras un abrasivo clímax- converge en el motif germinal.

     

    Los laberínticos contrapuntos de Neverland brindan la relajada sensación de estar escuchando a Glenn Gould tocando una pieza de Bach pero con el aderezo de inesperadas resoluciones armónicas provenientes de Thelonious Monk. Luego se suceden: la belleza en estado puro de la balada True Life Near, un ejercicio rítmico con reminiscencias de Chick Corea en Gift Horse/Over the Water; las contrastantes resonancias creadas por la combinación simultánea de secuencias largas o cortas y fuertes o débiles de A Difficult Thing Said Simply, el obsesivo arrebato de los fraseos de Spirit Hard Knock, el rigor estilístico del intenso Neither-Nor y un lirico abrazo a la tradición del jazz con el exquisito Forgetful. Finalmente, la mágica introspección y el buen gusto que emanan de This is How You Disappear brinda el cierra apropiado para un álbum notable, sorprendente y extraordinario, de principio a fin.

     

    En síntesis: No nos sorprendería que Craig Taborn, con Avenging Angel –además de todo lo mencionado anteriormente-, se haya asegurado un lugar de privilegio en la historia reciente de la música improvisada para solo piano.

     

    Una improvisación en solo de piano es una experiencia misteriosa, única e irrepetible en donde todo lo que somos concurre mágicamente en un mismo tiempo y lugar (Keith Jarrett)

     

    Sergio Piccirilli

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