• Miles Okazaki: Trickster

     

    tricksterKudzu, Mischief, Box in a Box, Eating Earth, Black Bolt, The West, The Calendar, Caduceus, Borderland

     

    Músicos:

    Miles Okazaki: guitarra

    Craig Taborn: piano

    Anthony Tidd: bajo

    Sean Rickman: batería

     

    Sello y año: Pi Recordings, 2017

    Calificación: Dame dos

     

    Lo mejor es aprender a jugar con el trickster para desarrollar habilidades que permitan una cierta aceptación de los cambios que las contingencias engendrarán (Lewis Hyde)

     

    La figura del trickster ha estado presente desde tiempos inmemoriales en diversas mitologías. En esos relatos ancestrales, el trickster aparece simbolizado por múltiples formas –dioses, espíritus, hombres o bestias antropomórficas– pero que, invariablemente, fungen como representación de una capacidad especial para desobedecer reglas y normas de comportamiento.

    En rigor, puede colegirse que el trickster es una personificación de tipo divino o sobrenatural que se dedica a embaucar a los demás y desobedecer las leyes que componen el mundo -ya sea por diversión o para beneficio propio- pero que, también, describe su habilidad e ingenio para resolver situaciones de manera original y sin las ataduras impuestas por las normas establecidas. Entre las muchas deidades que se ajustan a la figura del trickster podemos hallar a Dionisio y Hermes en la mitología griega, al primer Krishna del hinduismo, al dios de las artes y la música Huehuecóyot en los aztecas y a Loki, el dios embaucador de la mitología nórdica.

    La llegada del cristianismo –con su rígida división entre el bien y el mal– hizo que estas figuras mitológicas quedaran reducidas a sus aspectos más negativos tales como la traición, el engaño y el doble juego implícito en su proceder e hicieron que se asociara al trickster con un personaje abyecto e inmoral.

    Sin embargo, el estudio del tema jamás fue abandonado y terminaría siendo parte del arquetipo propuesto por Carl Jung para explicar la correlación existente entre las imágenes ancestrales autónomas –provenientes de religiones, mitos y leyendas– y el constructo básico del inconsciente colectivo. De hecho, el “arquetipo jungiano” incluye al trickster –junto al puer aeternus, Dios, el mándala, la cuaternidad, el viejo sabio, el héroe, etc.– como la manifestación colectiva de aquello que su autor definió como “una tendencia innata a generar imágenes con intensa carga emocional que expresan la primacía relacional de la vida humana”.

    El escritor y ensayista Lewis Hyde, en su libro Trickster Makes this World: Mischief, Myth, and Art publicado en 1998, revisa exhaustivamente la iconografía del trickster y encuentra en ella un carácter disruptivo y transgresor que oficia de componente vital para la imaginación humana y la inteligencia creativa. En dicho tratado, Hyde traza un audaz paralelismo entre el comportamiento subversivo del trickster y los irreverentes impulsos creativos manifestados en las obras de artistas como Pablo Picasso, Marcel Duchamp, John Cage y Alllen Ginsberg, entre otros.

    El notable guitarrista y compositor estadounidense Miles Okazaki se inspiró en ese ideario enraizado en la mitología para pergeñar el modelo estético contenido en su nueva producción discográfica titulada, precisamente, Trickster.

    La elogiada trayectoria de Okazaki amalgama su destacada participación desde hace ocho años en el formidable Steve Coleman and Five Elements, las grabaciones junto a Jonathan Finlayson & Sicilian Defense (Moment and the Message de 2013 y Moving Still en 2016), el consolidado enlace que mantiene con el baterista Dan Weiss (cristalizado en los discos Tintal Drumset Solo en 2005, Fourteen de 2014 y Sixteen en 2016) y los aportes ofrecidos a favor de la cantante Jane Monheit (Taking a Chance on Love de 2004, The Season en 2005 y Surrender de 2007), el trompetista Amir ElSaffar (Not Two de 2017), la vocalista Jen Shyu (Jade Tongue en 2009) y el saxofonista Patrick Cornelius (Maybe Steps en 2011 y While We’re Still Young de 2016).

    La discografía solista de Miles Okazaki incluye a su aclamado debut como líder con Mirror en 2006 y los álbumes Generations de 2009 y Figurations en 2012.

    Para la concreción de Trickster convocó a los experimentados Anthony Tidd en bajo y Sean Rickman en batería –ambos compañeros de Okazaki en Steve Coleman and Five Elements– y al venerado pianista e improvisador Craig Taborn.

    La propuesta enunciada en este trabajo se nutre, principalmente, de algunas de las ideas elaboradas por Lewis Hyde en Trickster Makes this World: Mischief, Myth, and Art y hace uso de la paradójica historiografía trickster –con epicentro en relatos asociados a Eshu, Ravin, Krishna, Heyoka, Thoth y Hermes– como base de las estructuras musicales e improvisaciones.

    Otro de los elementos que dictaminan el curso de Trickster es el interés de Okazaki por el origami. El carácter restrictivo de este arte de origen japonés –que consiste en el plegado de papel sin usar tijeras ni pegamento para obtener figuras de formas variadas– no sólo está presente en el arte de la cubierta del álbum sino que también se traduce en formas composicionales simples, pero de ilusoria complejidad, que aceptan sus limitaciones para acrecentar el enfoque creativo.

    El álbum da inicio con el ambiguo encanto de Kuzdu (la especie kuzdu o pueraria lobata es una planta invasora con flores muy vistosas, capaz de cubrir rápidamente la vegetación existente a su alrededor). La pieza oficia a modo de introducción de la obra en su conjunto y describe un curso que elude parapetarse en el hermetismo y se mantiene alejado de paroxismos interpretativos, mediante un encadenamiento sonoro fundado en la sincrónica labor de Anthony Tidd en bajo y Sean Rickman en batería y la sutil austeridad que imparten la guitarra de Miles Okazaki en guitarra y el piano de Craig Taborn.

    Mischief se inspira en un relato sobre la diversidad de criterios atribuido a Eshu, una de las deidades de la religión yoruba con origen en el oeste africano. Los impulsos rítmicos afrolatinos iniciales sientan las bases de un controlado crescendo que ubicará en el centro de la escena al piano de Craig Taborn.

    La rotación de intervalos en las notas secuenciales, una línea de bajo en perpetuo movimiento, el ilusorio carácter rítmico y las melodías simétricas que describe la guitarra de Miles Okazaki, se eslabonan para dar vida en Box in a Box a una fábula en la que Raven –un trickster de los nativos originarios de Salish Sea– se apropia de toda la luz del mundo que se halla oculta en un número infinito de cajas.

    Un cuento de Krishna -figura que en el hinduismo representa a uno de los avatares del dios Visnú- sirve como base argumental para la colisión sonora y los continuos cambios de tiempo desplegados en el encantador Eating Earth.

    La singular impronta que transita Black Bolt actúa a modo de un breve interludio gobernado por los ritmos fracturados y las frases irregulares.

    El vibrante impulso tribal de The West se inspira en la leyenda de un famoso hombre santo de los sioux oglala llamado Alce Negro (Black Elk, en inglés; Hehaka Sapa, en lengua sioux) y tiene como protagonista excluyente a la batería del excepcional Sean Rickman.

    El hechizo armónico que describe The Calendar ilustra una historia en la que Thoth –un trickster símbolo de La Luna en la mitología egipcia y dios de la sabiduría, la música, los conjuros y los hechizos mágicos- derrota a La Luna en juego de dados y le quita los días con los que confecciona el calendario anual.

    El caduceo de la mitología griega está representado por una vara con dos serpientes enroscadas que simbolizan el equilibrio entre fuerzas antagónicas, la armonía infinita y el eterno movimiento cósmico. A partir de esa simbología –nacida de un relato mitológico griego en el que Hermes convence a Apolo de que le entregue su lira a cambio de un caduceo– la composición irá dibujando un entramado de melodías yuxtapuestas y sinuosos contrapuntos en donde sobresalen la habitual solidez de Anthony Tidd en bajo y el ejercicio improvisador que entrelaza a la guitarra de Miles Okazaki con el piano de Craig Taborn.

    El álbum cierra con el sucinto relato en forma de canon para solo de guitarra materializado mediante Borderland.

    Miles Okazaki, en el magnífico Trickster, manifiesta valor para desprenderse de certezas, aceptar riesgos creativos y cruzar nuevas fronteras musicales.

    Y, por cierto, lo hace con autoridad y convicción.

     

    La creatividad requiere tener valor de desprenderse de las certezas (Erich Fromm)

     

    Sergio Piccirilli

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