• Ute Lemper: Ute Es La Culpable

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    Ute LemperUte Lemper
    Teatro Coliseo – Buenos Aires.
    Viernes 27 de Mayo de 2005.

    Las luces se apagan y nadie aplaude, ni grita, ni muestra el menor desborde; hay expectativa, eso sí.

    Pablo MainettiEntonces, en penumbras, aparece el bandoneonista Pablo Mainetti.
    Se sienta y comienza una intro. El silencio es sepulcral; se suma el guitarrista Mark Lambert y Ute Lemper, desde la oscuridad, comienza a narrar el potente significado de que en plena guerra, el mundo (casi) se detenga unos minutos por una canción. Ya visible, comienza a cantar Lili Marlene; el resto de los músicos se agregan y hacia el final del tema, la ovación.

    Menos de cinco minutos le llevó a Ute Lemper magnetizar a todo un teatro.

    La alemana mostró desde el inicio una voz y una presencia arrolladoras; aprovecha entonces su magnetismo para, entre tema y tema, monologar, recitar, narrar, bromear, desafiar, ya sea en inglés, francés, alemán o castellano. Lo aprovecha a Mainetti para Balada para mi muerte, de Piazzolla. No es demagogia: en But One Day, su último trabajo grabado en el 2002, hay una versión rebautizada Buenos Aires. No sólo se muere en Buenos Aires, de ahí el salto a Ámsterdam de Jacques Brel. La tensión es grande. La atención, también. Mainetti cumple sobriamente su rol en este primer tramo del concierto. Se gana una merecida ovación al retirarse (momentáneamente, luego volvería por más).

    Aparece en escena la mejor Ute de la mano de la Three Penny Opera de Brecht/Weill. La cantante no sólo es cantante, hay mucho de show-woman; teatraliza, “interpreta” y su registro vocal es sorprendente. Se sabe que Mack the Knife (o Mack Die Messer) es un pleno a toda hora, pero Lemper está en su salsa y se nota.
    Y en este gran acierto estuvo tal vez el gran error.

    Ute LemperNunca el concierto volvió a tener ese nivel de expectación. Era muy difícil sostenerlo a Macky. Y no se lo sostuvo. Pareció o bien una mala elección en el momento o una escasez de rigor en lo posterior.
    El cuarteto integrado por el mencionado Mark Lambert en guitarra acústica, Gregory Jones en bajo, Todd Turkisher en batería y Vana Gierig en piano han dado toda la sensación de no estar a la altura de la diva. Se sabe que Lemper vive en Estados Unidos y también que es loable su intención por adaptar/traducir canciones e historias para atrapar/cautivar a un público a priori ajeno. Pero algo se pierde en ese camino. Tal vez más que algo.

    Cuando la Lemper realizaba al principio sus monólogos en inglés, me preguntaba si la gente ajena al idioma no se estaría quedando afuera de la performance. La respuesta me llegó cuando comenzó a dialogar con cierta parte del público en francés; ahí fue un servidor quien corrió el riesgo de quedarse afuera… y no.
    Es que parece cantar hasta cuando habla; ciertos gestos, mohínes, “figuras” te meten en su mundo independientemente del idioma. Aquí entonces (me) surge la pregunta: ¿es necesario que Ute Lemper intente adaptar(se) a ciertas reglas del mercado?
    Durante el show cantó en inglés, francés, alemán, castellano, hebreo e yddish. Y aparentemente en buena forma. La sensación es que la señora puede cantar e interpretar lo que quiera. Lo que no está tan claro es el cómo. Ciertos arreglos livianos, casi “poppys”, terminan restándole contundencia a la propuesta. Tampoco es una gran compositora, eso ha quedado claro.
    Pero es una intérprete (casi) inigualable.
    Pese a lo antedicho, arriba de un escenario te aplasta.
    Hubo menciones a Chava Alberstein, más Brel (Ne Me Quitte Pas), más Piazzolla (Oblivion), salió muy bien parada en temas fácilmente asociables con Edith Piaf (como en L’Accordioniste, donde se permitió ciertos juegos con Mainetti a quien elogió en varios pasajes) y la gente disfrutó y obtuvo de regalo 4 bises.

    Ute LemperEl concierto fue muy interesante desde el comienzo mismo, aunque después no hubo manera de evitar los desniveles. Con un acompañamiento musical que por momentos pareció estar de más, los únicos momentos “distintos” fueron los aportados desde el bandoneón de Pablo Mainetti (sobrio en su lugar y espacio), especialmente no sólo en los tangos sino también en varios pasajes relacionados, básicamente, con la chanson française.
    Lemper gana en la cercanía, en la intimidad, en el mano a mano.
    Parece conocer todos los terrenos.
    Tal vez algún día se decida a volcarse por el juego que mejor juega.
    Y que más nos gusta.

    Marcelo Morales.

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