• Deep Purple: Live In California 74 – DVD

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    Burn, Might Just Take Your Life, Lay Down Stay Down, Mistreated, Smoke On the Water, You Fool No One, Space Truckin'.

    Músicos:
    Ritchie Blackmore: guitarra
    David Covedale: voz
    Glenn Hughes: bajo, voces.
    Jon Lord: teclados
    Ian Paice: batería
    EMI, 2005
    Calificación: Play it again

    Esto va a ser largo.

    Hubo una época en la que no existía el DVD.

    Tampoco el CD, ni la televisión por cable, ni las videocaseteras eran moneda corriente, ni los walkman; una época en la que el vinilo y el casete habían derrotado por goleada al magazine.

    A principios de los años '80 no sólo era muy difícil que las bandas "del momento" pisaran suelo argentino, sino que era hasta dificultoso imaginárselos cómo eran sobre un escenario… habida cuenta de la escasez de material visual existente por estos lares.

    Recuerdo soportar, estoico, programas insoportables (uno de ellos era "Música Prohibida para Mayores", por el viejo Canal 7 que recién se había re-bautizado como ATC, que después de anunciar con pompa y jabones los clips del disco The Wall de Pink Floyd, por presiones gubernamentales y por la censura nuestra de cada día, decidieron no difundirlos sin dar la más mínima explicación al respecto), simplemente porque en la previa se anunciaba un clip de, por ejemplo, Tormato, disco de Yes de 1978.

    Hasta el momento que nos ocupa, películas como Woodstock o Yessongs, eran oportunidades casi únicas para presenciar cómo algunos de nuestros músicos preferidos se mostraban sobre un escenario. Muchos recordarán las interminables funciones de trasnoche en el cine Lara de la Avenida de Mayo, donde cada sábado se proyectaba The Song Remains the Same, la de Led Zeppelin. Fueron muchos, pero muchos años en el que el cine ya se había transformado en lugar de reunión para unos cuantos, sin importar que la película, de tan gastada, pareciera durar cada vez menos, se viera en forma difusa y el sonido… ¿qué sonido?

    Tanta lata me lleva a un bar hoy inexistente de la Avenida Santa Fe; su nombre era Vinicius. Con buen tino, por las noches se dedicaban a la difusión de videos musicales traídos vaya a saber uno de dónde. Una consumición mínima y a encomendarse a las musas amigas.

    Esto porque, en el precario folleto que entregaban, el lugar brindaba un listado del material "disponible" para ser proyectado, pero nunca sabías de antemano lo que iban a pasar cada día.

    Una de esas noches en las que andar por las calles porteñas ya no era tan arriesgado (no recuerdo bien si los militares habían dejado el poder o lo habían perdido), sufrieron mis oídos como pocas otras veces y no tanto por lo que se proyectaba sino por las condiciones generales, que no ayudaban.

    El lugar estaba (si mal no recuerdo, pero sepan entender que uno con el tiempo acomoda las cosas a los empujones) en un primer piso (o en un subsuelo, da igual). Aquella noche hacía tanto calor que (permítame querido Sr. Galeno que le robe la siguiente frase) "el Diablo en calzoncillos pedía clemencia". Las bebidas frías no estaban tan frías, aire acondicionado no había, a oscuras, con el humo invadiendo la atmósfera y con unos nenes que ni te cuento, los televisores (tres o cuatro de 20 pulgadas, ubicados de manera estratégica; no… ¿pantalla gigante… qué era eso?) proyectaban un show de heavy metal (en los '70 le decíamos "música cuadrada", ¿recuerdan?) de gente que no tenía en cuenta la escasa fidelidad sonora del lugar y se desgañitaba la gola intentando alcanzar, aparentemente, la cima del Aconcagua… sin lograrlo.

    Uno sabía que podía encontrarse con una noche frustrante; más aún cuando la compañía circunstancial no solamente sufría el momento, sino que piadosamente, con la mirada, rogaba por la huida. Fueron varias horas de espera donde recuerdo a Judas Priest; un concierto larguísimo, con un sonido pésimo, en blanco, negro y azul (y… así se veía…) y con cada alarido perforando los tímpanos. No era nuestra noche. Al menos, no la mía.

    Hasta que de pronto, un corte abrupto y como chupete en la oreja aparecen en pantalla los Deep Purple, en vivo, año 1974, en la que fuera una de las primeras presentaciones con la "nueva" formación, con la que habían grabado Burn y luego harían Stormbringer, Ya sin Ian Gillan ni Roger Glover y con David Coverdale y Glenn Hughes.

    Increíble. Algo sucedió con mi compañera, ya que adivinó que una vez obtenido "algo" de lo que había ido a buscar, luego partiríamos raudamente hacia… donde fuere.

    Ese show, por las razones citadas (y muchas otras) me quedó grabado a fuego en la memoria.

    Cuando llegó a mis manos el DVD que nos ocupa, sospeché que podía ser "aquel concierto".

    Y no sé si por cuestiones circulares, por la Ley del eterno retorno o porque las cosas suceden y sanseacabó… es el mismo.

    Ya les avisé que sería largo y el que avisa no es traidor.

    De todas maneras y adentrándonos ya en el material propiamente dicho, hay que tener en cuenta la previa para poder comprender lo que sucedería hacia el final del show.

    Se estaba desarrollando el California Jam, un festival llevado a cabo el 6 de abril del '74 y que arrancaba a las 10 de la mañana. Entre los participantes del mega-evento estaban Earth Wind & Fire, Rare Earth (todos se acuerdan de "Apróntate" o "Get Ready", pero yo no puedo sacarme de la cabeza el disco "Ma" con un tema que me volaba el marulo y que creo recordar se llamaba "Big John Is my Name"), Eagles, Black Oak Arkansas, Seals & Crofts, Black Sabbath y, compartiendo el cartel, Emerson Lake & Palmer y Deep Purple.

    Los organizadores hablan con los DP y éstos deciden que el festival lo cierren los EL&P. Los muchachos color púrpura (intenso) llegaron al lugar de los hechos aproximadamente una hora antes de su actuación, pero prácticamente se los obligó (digo… para ir resumiendo…) a subir al escenario casi inmediatamente. Luego de fuertes discusiones (y seguramente algo más), el quinteto sube al escenario. A Ritchie Blackmore le habían preguntado si iba a destrozar o no su guitarra; ante el rodeo, los organizadores le habían pedido que, de hacerlo, tenga en cuenta las cámaras (o sea… querían filmarlo).

    El concierto se desarrolla con, digamos, total normalidad entre los temas de Burn y un par de clásicos de Machine Head.

    Queda claro que Coverdale en vivo dista mucho del caudal expresivo de Gillan aunque le pone una garra que ni te cuento. Y más claro aún es que Glenn Hughes moría por ser cantante y que de no ser porque Ian Paice es una empresa de demolición con seguro y todo, su carrera en Deep Purple hubiera sido efímera.

    Las versiones son muy pero muy buenas, con temas que no han quedado en el inconciente colectivo como Lay Down Stay Down (que se rescató milagrosamente ya que en la edición oficial en VHS no figuraba), Might Just Take Your Life y ese tour de force impresionante que es You Fool No One, con un Paice tremendo, una notable intro de Jon Lord que desemboca en Lazy (de Machine Head), algunos acordes de The Mule (Fireball) y otras citas.

    Hasta aquí, lo de Blackmore había sido medido y sobrio en actitud y comportamiento; notable en la ejecución. Comienza una extensa versión de Space Truckin’; a los 78 minutos de concierto (y faltando, esto deducido gracias a los adelantos tecnológicos, 7 minutos para el final); el Ritchie que comienza a revolear su guitarra, pasa sus cuerdas por el borde del escenario, hace un solo con el pie y la arroja al foso; viene una segunda; frota las cuerdas por las piernas, comienza a utilizar el instrumento cual lazo en el Far West y en una imagen inolvidable (que aquí mostramos, extraída del DVD) embiste contra la cámara en forma reiterada hasta que del pobre instrumento queda poco y nada (y sigue sonando); la ofrenda al público y va por la tercera: también la destroza. Pero no se salvan varios equipos Marshall que también son arrojados al foso; luego de una breve indicación a, suponemos, los plomos, un fuego importante comienza a crecer en el escenario; aparecen los extinguidores.

    ¿La banda? Sigue tocando a pleno como si nada ocurriera.

    Final.

    El DVD es muy recomendable; no sólo porque se trata de una actuación "mítica", sino porque está bien filmado, el show está completo y brinda un panorama bastante fidedigno de cómo sonaban algunas bandas de rock hace… ¡32 años!

    Escuchando a la mayoría de los grupos actuales, da para la depresión.

    Y mirálo vos al Ritchie, tan modosito que parecía.

    "¿Te acuerdas del tipo que rompía las guitarras cuando nadie tenía un miserable amplificador? ¡Hay miles, ahora!" (Charly García).

    Hay miles que rompen guitarras, sí. Pero muy pocos, como Blackmore, "la rompen".

    Marcelo Morales.

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