Por Los Codos

Javier Malosetti

En general, el bajo, al menos cuando uno es pibe, es tomado como un instrumento secundario, de base y que de ahí no sale…

Es que lo es…

Bueno, pero vos lograste…

No… yo no…

Quiero decir… tu estilo…

Digamos que cuando el bajo se electrificó… en realidad, cuando el jazz se electrificó a partir de los ’70, los tres instrumentos confinados a la sección rítmica de cualquier orquesta como el piano, el bajo y la guitarra, dieron un paso al frente. No solamente la guitarra; Pastorius, Stanley Clarke… y algunos contrabajistas como Oscar Pettiford que tenía un contrabajista atrás haciendo la base y él hacía los solos con un cello para tener un sonido más agudo, como si fuera un píccolo pero del contrabajo. Y los bateros también, como en los discos de Billy Cobham, por ejemplo, que usaba los solos como nexo entre tema y tema, así que no creo haber inventado nada. Tuve la suerte de no ser un bajista de ésos que ejercen de bajista las 24 hs. y que se masturban con el instrumento. Yo no le doy tanta bola al bajo, a mí en realidad me gustan más los violeros, los cantantes… estoy más influenciado por los guitarristas que por los bajistas.

Javier Malosetti - 1991Convengamos en que no tenés un estilo de bajista “típico”…

No…

Ahí aparece más el guitarrista…

Claro… pero me divierte también hacer la base, aunque el lenguaje lineal be-bop de cualquier vientista como Charlie Parker o Clifford Brown, es lo que más me gusta tocar y no es un estilo que podría decirse típico del bajo.

¿Vos te considerás un bajista de jazz?

No. No soy de aquí, no soy de allá (había una canción que decía así, ¿no?). Toco jazz y lo hice durante toda mi vida. Pero afortunadamente me gustan muchas músicas; por eso no soy tan cerrado, aunque esto resulte también una mini condena.

¿Cómo es eso?

Y… los músicos de rock piensan que soy muy jazzero y para algunos músicos de jazz soy muy rockero para su forma de entender el jazz.

Pero también hay una tercera posición que es la de los tipos que creen que sos versátil…

Y… ésos son los que vienen a mis conciertos… (risas). Y los que se compran los discos… Por suerte está esa gente también.

¿Cuál fue el primer grupo del que participaste que recuerdes?

Bueno… hubo grupos informales, escolares… además estaba la escuela de mi viejo; la verdad es que yo nunca estudié un pomo, siempre fui bastante poco ortodoxo en la manera de estudiar y aprender, si bien mi viejo tenía una escuela de música muy reconocida y muy respetada. Esa escuela me sirvió; si bien no era alumno, participaba en algunas jams con los alumnos y me vino bien para foguearme, más que nada, como batero.
Como bajista, lo primero serio que hice fue con Minichilo y Machline, dos Norbertos.

¿El M3?

MinichilloExacto. Fue mi primer trío importante, por 1984. Tenía 18 años. Pero ya antes había participado en otros grupos. En esa época era más la mano solistas, no había tradición de “bandas”. Por eso el Quinteto Urbano fue un bombazo, como antes Quinteplus y también Escalandrum. Me acuerdo que mi viejo tenía algunos laburos donde por ahí el batero no podía ir y ante el apremio, me proponía y ahí estaba yo tocando a los 15 años con gente como el Fats Fernández, Miguel Píccolo (un trombonista muy bueno). Después, cuando empecé a tocar el bajo, toqué con Santiago Giacobbe, con Jorge Navarro… aunque ahora me acuerdo que antes de M3 había pegado un laburo con el trompetista Rubén Barbieri, Giacobbe y Minichilo. Me acuerdo que cobré 90 no sé qué, si australes, pesos ó 90.000… era algo con 90; y al día siguiente, con esa guita, me compré una bicicleta (risas); era pibe…
Después sí pintó la cuestión con los Norbertos. Minichilo fue muy decisivo para mí, funcionó como un segundo padre porque no era mi viejo y teníamos una relación de mucha complicidad… había sido falopero en su época en Suecia con Larumbe. Los dos volvieron al país para curarse de la heroína y siempre me pareció un personaje inquietante y aterrador por un lado y por el otro me parecía maravilloso; y el empuje que me dio el tipo fue tremendo.
Luego de eso, empecé a tocar en un cuarteto en el que estaban Luis Cerávolo en batería, Andrés Boiarsky en saxo y Baby López Furst en piano. Estaba con los top del momento y los Norbertos se pusieron un poco celosos…

Javier Malosetti¿Vos tocabas el bajo eléctrico?

No… ellos querían un sonido acústico, así que empecé a tocar el contrabajo con uno que me había prestado el Negro González. Y me las arreglaba bastante bien; pero a los ensayos iba con el eléctrico y de a poco lo fui metiendo porque la verdad es que yo no quería tocar el contrabajo en ese momento. Hasta que un día, Baby me dijo “está bien, no te vamos a hacer sufrir más, venite con el bajo guitarra”. Porque él lo llamaba así, despectivamente… y entonces ahí se armó un cuarteto más de fusión donde Andrés y Baby se sacaban chispas. Cerávolo era el joven del grupo y yo pasé a llamarme Javier Santiago Pendejo. Porque era “pendejo” de acá, “pendejo” de allá (risas) y me tenían para el cachetazo…

Ahí tenías unos 20 años…

Sí… y después toqué con Dino Saluzzi… ¿Ves? Se me dieron cosas muy importantes y muy temprano…

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