Javier Malosetti
¿Y vos te dabas cuenta de lo que te pasaba?
Sí… y estaba recontra hinchado de orgullo, pero por otro lado no dejaba de tocar con mis amigos… por ejemplo, también tocaba con dos guitarristas tremendos como Armando Alonso y Pino Marrone… iba a cuanta jam aparecía, tocaba mucho en “La Oreja”, con Horacio (Larumbe) nos presentábamos en dúo. Él tocaba el órgano con el equipo Leslie que tiene dos entradas y los dos enchufábamos ahí… el ciego era un genio… y después de lo de Saluzzi, que fue en el ’88, vino lo de Spinetta en el ’89.
Que fue tu primer grupo de rock.
Sí…
Qué manera de debutar, ¿no?
Tremendo…
¿Y por qué Spinetta te dijo que sí?
Bueno… yo no le dije nada como para que él me dijera que sí; el que dijo que sí fui yo… (risas).
¿Y cómo se dio?
Es que en esa época yo también tocaba en trío con Jota (Morelli) y el Mono (Fontana); y en la banda de Luis (Spinetta) tocaba el bajo Machi, que se aleja después de tocar “Téster de violencia” en el ’88. En medio de una gira se les incendia el micro con todos los instrumentos y Machi se va de la banda. Y en primera fila estaba yo, porque ya había ido a algunos ensayos y me sentaba a escuchar y Spinetta me tiraba buena onda. Luis es bastante tano… como yo… “capo di maffia”, o sea… es difícil que entre alguien de afuera, tenés que estar ahí como para que te toque. Fui a lo que me dijeron que era una zapada, aunque en realidad seguramente era una audición y tocamos La herida de París, Yo quiero ver un tren, Contra todos los males de este mundo y No te alejes tanto de mí; los temas de Téster no los conocía porque todavía no tenía el disco. Y ensayamos un mes y nos fuimos a tocar a la costa. Yo ingresé el 1 de enero de 1989 y al toque nos fuimos de gira. Y de tocar en Oliverio para 20 personas pasé a tocar en estadios, teatros… la presentación de “Don Lucero” fue en dos Obras. Ese año también hicimos la gira de apoyo radical. Uno decía “Síganme…” y el otro, Angeloz, decía “Se puede”. Entonces tocamos en escenarios multitudinarios. Con nosotros tocaban también Los Ratones Paranoicos, La Torre, Sandra y Celeste, Virus y Los Pericos. Fuimos por todo el país y a mí se me dio vuelta el mundo.
¿Luis te dejaba resquicios como para hacer lo tuyo en forma paralela?
Yo dejé todo, aunque seguía tocando con Baby (López Furst). En esa época, Boiarsky ya se había ido a los EEUU a tocar en la orquesta de Lionel Hampton, pero seguimos tocando con Cerávolo en trío. O sea… tocaba con el number one del rock de acá y por otro lado estaba con el Baby, que era de exportación… yo era el más feliz de los putos del mundo… (risas); y también tocaba con la orquesta de Pocho Lapouble, que en esa época tenía una banda similar a lo que sería la de Mariano Otero hoy. Estaba Fats, el guitarrista Francisco Rivero, un joven Juan Cruz de Urquiza, Richard Nant… muchos incluso que en ese momento estaban empezando y hoy son grandes estrellas del jazz argentino. Pero no tenía en la cabeza hacer algo mío ni nada de eso, todavía.

Eso vino tres o cuatro años después…
Sí… empezó en el ’93 cuando hice mi primer disco con Sebastián Peyceré y Guillermo Romero; también tocó Alex Acuña, que había venido a dar una clínica y lo invité a hacer un dúo, con él tocando el cajón peruano. Y ahora el disco se agotó…
También participó Spinetta en ese disco, ¿no?
Pero no como músico. Luis escribió un texto larguísimo. En esa época se guardó por unos años; entonces yo le dije que viniera a tocar un tema y me dijo que no, que voy a hacer un papelón, que si querés te escribo algo… y obviamente que le dije que sí, siempre me estaba escribiendo algo. Después tocó en el segundo disco, en Spaghetti Boogie, y metió un solo muy enérgico y desesperado. Y termina el tema y se quedó tocando solo y no borré nada y quedó fenómeno…
¿Por qué 7 años entre un disco y otro?
No sé… yo no sabía bien cómo era la cosa… en el primer disco ni yo ni el pibe que lo produjo teníamos idea de nada. Los dos fumábamos mucho porro en ese momento y queríamos editarlo. Y si bien lo hicimos en forma independiente, fue una producción bastante cuidada y el pibe lo mandó a masterizar con Bernie Grundman, que era algo así como el emperador de la masterización en Los Angeles. Y estuvo Acuña, el gordo Casero… yo después participé en varios discos de él…
