• Uri Caine: Moloch – Book Of Angels Vol. 6

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    Rimmon, Domiel, Mehriel, Savliel, Tufrial, Jerazol, Harshiel, Dumah, Hariel, Segef, Sahriel, Shokal, Zophiel, Hayyoth, Nuriel, Ubaviel, Hadrial, Cassiel, Rimmon

    Músicos:
    Uri Caine: piano
    John Zorn: composición

    Tzadik, 2006

    Calificación: Dame dos

    Siento una irrefrenabe necesidad de fastidiarlos, indignarlos, decepcionarlos y frustrarlos.
    Lo lamento… hoy me levanté así, apoyando uno de mis dos pies izquierdos (y eso que soy diestro).
    Pero aclaremos un poco la cuestión.
    Fastidiar: causar asco, hastío; enojar, molestar.
    Indignar: irritar, enfadar
    Decepcionar: desilusionar, desengañar.
    Frustrar: engañar; privar a alguien de lo que esperaba.
    Bueno… ahora sí: la idea está.
    Poco más, poco menos, cada encuentro sonoro o personal con Uri Caine ha sido una aventura fascinante. Sus discos siempre… a ver… ya sé que tiene álbumes que son más logrados que otros y que su eclecticismo, que lo lleva de la música clásica a la tecnología más avanzada, es un campo fértil para los desniveles.
    Pero, en general, a mí me ha pasado que…
    Estoy tratando de expresar con palabras lo que aún no tengo muy en claro.
    Pidamos ayuda: “¡ayuda!”

    Ahora sí; en el año 1985, Hyspamérica Ediciones Argentina lanzó la “Biblioteca Personal Jorge Luis Borges”. Una de sus entregas, en dos tomos, fue el necesario “Los demonios” del imprescindible (¡pare de adjetivar, Morales!) Fiodor Mijailovich Dostoievski.
    En el prólogo, Borges escribe: “En el prefacio de una antología de la literatura rusa, Vladimir Nabokov declaró que no había encontrado una sola página de Dostoievski digna de ser incluida. Esto quiere decir que Dostoievski no debe ser juzgado por cada página sino por la suma de páginas que componen el libro”.
    A esto yo llamo un reverendo patadón en los dientes.
    Con Uri Caine me permito decir que ocurre algo similar. Supongamos que queremos sacar un “Best of” del pianista nacido en Philadelphia. ¿Qué metemos?
    Veamos: están sus primeros discos de jazz como Sphere Music o Toys (y esos gloriosos duetos con Don Byron), el trío Philadelphia Experiment, con el groove explotando desde el órgano, sus incursiones en la música clásica (de manera respetuosa o irreverente, con orquesta o con DJ’s) re-interpretando a Mahler, Bach, Mozart, Wagner, Beethoven, Schumann…, algo de Rio, grabado en Brasil con músicos de ese país, algunas cosas en solo piano, el festivo descontrol bajo el nombre de Bedrock, “simples” entregas en trío de piano…
    ¿Cómo hacer?

    Algunos se sienten seducidos por su costado puramente jazzero, otros con su acercamiento a los compositores clásicos, hay quienes lo prefieren guerrillero y en compañía de DJ’s y raros vocalistas raros, algunos (varios) disfrutan sus entregas en soledad…
    Difícil conformar a todo el mundo.
    Yo tengo un problema (uno más): todo lo que ha hecho este hombre me ha resultado atractivo. Piso altísimo y techo inalcanzable. Un crack de las teclas y las neuronas. Como bien lo bautizó el Gran Pepe Terminiello jugando con la fonética: “un Huracán”.
    Luego de esta larga introducción, confesión, explicación o vaya uno a saber qué, les cuento que la nueva entrega del pianista se basa en 19 composiciones de John Zorn de su Masada Book II ejecutadas en solo piano.
    Luego de escucharlo en reiteradas oportunidades es que tomé la decisión de fastidiarlos, indignarlos, decepcionarlos y frustrarlos.
    Y es que soy muy vengativo.
    A lo largo de aproximadamente 78 minutos, Caine muestra sus influencias, gustos, pareceres y demás.
    Por momentos, entonces, va de Art Tatum a Bill Evans. Pero también de Mozart a Satie (deuda pendiente del pianista). De Oscar Peterson a Jarrett. De Schumann a Mozart. De Richard Clayderman a… no… para tanto no da la cuestión…
    ¿Eclecticismo?
    Tal vez.
    ¿Falta de identidad?
    Nada de eso.

    Uri Caine brinda en Moloch un muestreo magistral de cómo puede reinventarse un repertorio que abreva, básicamente, en la conjunción del jazz con la música tradicional judía.
    Serio, respetuoso, también irreverente y lúdico… ¿cuál de todas las facetas le pertenece?
    Respuesta: todas.
    Y como les dije, soy vengativo.
    Uri Caine me ha fastidiado, indignado, decepcionado y frustrado.
    Y deseo que a ustedes, queridos lectores, les ocurra exactamente lo mismo.
    Porque ni en diez vidas este escriba podría crear, leer, interpretar, descifrar, reinventar, de la manera que lo ha hecho en esta oportunidad el pianista… nada… en área alguna.
    Pasando en limpio: Uri Caine ha realizado uno de los mejores álbumes que he escuchado en mucho tiempo.
    Y como a ustedes, lectores, los quiero, les deseo que al escucharlo sientan lo mismo que yo.
    Uri Caine (Huracán) arrasa con todo lo que le pongan enfrente.
    Y a mí me estampó contra una viga.
    Y, sin embargo, me gustó.

    Marcelo Morales

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