Serpientes Y Flechas

A medida que pasa el tiempo las visiones y sensaciones se van modificando; en algunos casos se termina aceptando lo inaceptado. O enalteciendo lo bastardeado.
El trío canadiense Rush gozó, en sus inicios, de muy mala prensa.
Incluso en la Argentina, espejo fiel de las miserias ajenas.
Se decía que Rush era un grupo sin identidad, a mitad de camino entre Led Zeppelin y Yes, que sus letras no eran fantásticas sino fantasiosas y hasta infantiles, que los arreglos eran pretenciosos para sus cualidades técnicas, que Geddy Lee parecía estar compitiendo permanentemente para llegar a ser la-voz-más-chirriante-del-rock y otras lindezas.

El tiempo pasó, el trío demostró con hechos que la mayoría de lo que se decía eran perogrulladas y a unos 35 años de su creación, siguen dando batalla con enorme hidalguía.
Los entendidos (incluso aquellos que habían bastardeado a la banda) hoy toman a los canadienses como referencia ineludible; tal vez por algunas entregas que no admitían reparo alguno y, por qué no, sensibilizados ante algunas desgracias que los Rush han sabido sobrellevar con algo más que dignidad.

Lo cierto es que los ya no tan muchachos tienen nuevo disco, Snakes and Arrows. Por supuesto que no faltan las frases obvias como “es de lo mejor que hemos hecho en nuestra carrera”, pero desde este lugar los hemos querido siempre, con su pompa, sus dislates, sus excesos y sus numerosos aciertos.

Pasaron 5 años de su (oscuro y muy buen) disco de estudio, Vapor Trails. Lo que ya no llama la atención es que en Snakes and Arrows la formación sigue siendo la misma que en toda su discografía, con la excepción del álbum debut: Neil Peart en batería, Alex Lifeson en guitarras (aquí también mandolinas) y Geddy Lee en voz, bajo y teclados.

Hay chances de edición local.
Y estaría muy bien.

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