• Eldar: Re-imagination

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    Remember When, Interlude # 1 (Soul Glare), Prairie Village, Out Of Nowhere, Interlude # 2 (Ordered Chaos), Back Home, Place St. Henry, Tears, South Bixel, Dream Song, Polaris


    Músicos:
    Eldar Djangirov: piano, teclados
    Todd Strait, Ali Jackson, Terreon Gully: batería
    Marco Panascal, James Genus: bajo eléctrico
    Carlos Henríquez: bajo acústico
    Mike Moreno: guitarra
    David Lai: Fender Rhodes
    DJ Logic: bandejas, efectos, programación

    Sony/BMG, 2007

    Calificación: Buena gente

    En ocasión de la edición en la Argentinna de Live at the Blue Note, nos referimos a este pianista, jovencísimo, nacido en Kyrgyzstan en 1987.
    El álbum nos había sorprendido más que gratamente aunque abríamos un interrogante acerca del futuro de Eldar, habida cuenta de las (malas) experiencias que otros pseudo prodigios sufrieron debido a causas que no enumeraremos aquí, simplemente porque las desconocemos.
    El nuevo compacto del pianista es en estudio y su título es, cuanto menos, extraño.
    De acuerdo al diccionario de la Real Academia Española (RAE, para los amigos, mucho gusto, qué tal, pase usted, siéntese), imaginación viene del latín imaginatio y tiene 4 definiciones:

    1. Facultad del alma que representa las imágenes de las cosas reales o ideales.
    2. Aprensión falsa o juicio de algo que no hay en realidad o no tiene fundamento.
    3. Imagen formada por la fantasía.
    4. Facilidad para formar nuevas ideas, nuevos proyectos, etc.

    El prefijo “re” implica un refuerzo en la idea… o bien una reiteración.
    ¿Cuál habrá sido para Eldar el verdadero sentido otorgado al disco desde el título?
    No lo sabemos.
    Entonces debemos jugar en función del existente. Y el existente es este álbum que también fue editado en nuestro país y es más, se rumorea que antes de fin de año el kyrgyzstaniano visitaría nuestro país. Sí… para tocar también.
    Veamos algunos tópicos:

    No hay una banda fija.
    Aparecen los teclados.
    En un tema, se agrega un organista.
    En otros tres, un guitarrista (eléctrico).
    Aparece el gran DJ Logic.
    De los 11 temas que contiene Re-imagination, 9 (incluidos un par de interludios) le pertenecen a Eldar Djangirov. Uno es de Oscar Peterson y el restante de Green / Heymann.
    Estamos analizando (o algo así) el álbum de un pibe de 20 años.

    El comienzo es con I Remember When, dedicado a sus padres y que comienza con cierta fritura sonora similar al ruido de un disco de pasta hecho puré. Eldar le pone garra a un tema que nos parece haber escuchado varias veces y que suena acelerado, con una percusión un tanto innecesaria y que apunta a cierto clima épico. El tenue colchoncito de los teclados allá a lo lejos no mata ni engorda. El final parece pensado para levantar a la platea.
    Interlude # 1 (Soul Glare) es, justamente, un interludio. Que dura minuto y medio y en el que DJ Logic y Eldar apretan botoncitos y pasan discos al derecho y al revés. No acertamos a decubrir ningún mensaje satánico… ni de los otros.
    Prairie Village es en quinteto: batería, guitarra eléctrica, bajo eléctrico, piano/teclados y DJ Logic. Volvemos al track uno porque pensamos que se trataba de una versión distinta del mismo tema que ya nos había sonado a otro(s). Pero a pesar de ciertas similitudes, parece que no… que se trata de una nueva ¿composición? del pianista.
    No quiero apresurarme y hacer un comentario tajante porque recién van… ¡¿15 minutos?! del álbum y todavía falta… Pero sí apuntemos que el solo de guitarra bien puede ser el de un Frank Gambale descafeinado en los 80’s, que la base rítmica toca de taquito y poco le importa si está Eldar, Mike Stern, Gianfranco Pagliaro o Leo García. Ah… DJ Logic… ¿está? Avisen. El pianista/tecladista sigue apostando a los climas épicos pero la suerte no parece estar de su lado, por ahora. Es más… los arreglos parecen extraídos de algún disco de la Chick Corea Acoustik Band. Hacia el final aparece algo del Eldar que nos gusta. Por el momento, no alcanza.

    Primera composición ajena: Out of Nowhere, en cuarteto… llamativo: bajo, batería, piano/teclados y un Fender Rhodes. La melodía, bellísima, aparece tenuemente sugerida por el pianista que parece haberse calmado. El tema así lo indica. Y él le hace caso. Correcto trabajo de Ali Jackson en escobillas y de Henríquez en contrabajo. No entendimos las razones que promovieron la inclusión de un Rhodes. A decir verdad… ni nos dimos cuenta…
    El segundo interludio simplemente sirve, con su sonido cercano a la electrónica, para desembocar en Back Home, donde Eldar sólo es acompañado por el baterista Todd Strait. Los teclados molestan un poco. ¿Recuerdan los duetos de piano y batería de Patrick Moraz y Bill Bruford? Bueno… nada que ver.

    Place St. Henri fue compuesta por Oscar Peterson; y si no fuera que deberíamos contar con Tony, Douglas y El túnel del tiempo, bien podríamos haber pensado que el Oscar escribió esta pieza pensando en el párvulo de 20. Acá sí que Eldar le da al tema lo que le pide. Y más también. Nuevamente sólidos Jackson y Henríquez. Y uno se pregunta que entonces por qué… pero no nos anticipemos que falta.
    Tears es un solo piano. Bienvenido. Una balada simple, un tema para días de lluvia, un aire a Bill Evans, hemos levantado la puntería. Ojo que no es para dar vueltas olímpicas ni ir a festejar al Obelisco. Pero que está bien, está bien.
    South Bixel trae de nuevo los teclados, las guitarras, al DJ y entonces volvemos a escuchar lo que ya escuchamos, bien tocado pero remanido, previsible, insulso, veloz, rápido, acelerado… y con DJ Logic metiendo un solo de guitarra sampleado (¡?).
    La melodía es agradable. Ajá. ¿Y?

    Dream Song es otro piano solo. Otro momento de relax que juega con la melodía del tema anterior. Es un muy buen momento. Tal vez por oposición. Pero (nuevamente) que está bien, está bien.
    Polaris (¿se acuerdan de las camisas?) se anuncia como una “jam”. Paso, gracias, recién tiré. Se llama Polaris pero el inicio es (suena, me suena) similar a So What y a partir de ahí, la jam me suena a todo. No está mal… para una jam. Eldar mete un solo que abriga esperanzas para su próximo disco.
    Y cuando creíamos que todo había finalizado así, sin más ni más, fuera de programa y sin anuncio previo de alguna índole, el mozalbete entrega una delicadísima versión en piano solo del Blackbird que conocemos todos (Lennon y McCartney, señora, señor…).
    Un gran final. Y no sólo por lo inesperado.

    Bueno… ahora sí… ya no hay excusas.
    Parece ser que en los Estados Unidos tienen la irrefrenable necesidad de endiosar a los músicos jóvenes que aparecen con cierto (mucho en este caso) talento. Como para que la tortuga no se les escape. No siempre aparece una Diana Krall o una Norah Jones que reactiva la industria del jazz y que termina permitiendo la subsistencia de artistas infinitamente menos populares.
    Pero a los chicos, se sabe, hay que decirles siempre la verdad.
    Sigo pensando que Eldar Djangirov tiene un potencial extraordinario y que se planta frente al instrumento con muchísima autoridad.
    En el disco que nos ocupa, el pianista parece haber querido incursionar en terrenos para él vírgenes. Alguien debió avisarle que en esos terrenos, de tan transitados ya no queda ni pasto. Jugando con las definiciones de la RAE (mi buena amiga…), me permito decir que Eldar parece haber tenido una “imagen formada por la fantasía” más que “facilidad para formar nuevas ideas, nuevos proyectos, etc”.

    Porque ideas nuevas… muchas que digamos… no hay.
    Aunque tal vez, en su fantasía… sí.
    Soy testarudo, así que el crédito sigue abierto.
    Aunque cheques en blanco y firmados, no entrego más.

    Marcelo Morales

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