• Rufus Wainwright: Una Noche en la Popera

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    Wiltern Theater- Los Angeles
    Martes 12 de Febrero de 2008 – 20:00 hs.

    En el marco del Release the Stars Tour se presentó en Los Angeles el cantautor Rufus Wainwright junto a su banda integrada por Gerry Leonard en guitarra, Jeff Hill en bajo, el baterista Matt Johnson, Jack Petruzzelli en guitarra y piano, Louis Schwadron en trompa, Will Vinson en saxo y el trompetista C.J. Camarieri.
    Desde su debut discográfico en 1998, Wainwright editó otros cinco álbumes: Poses en el 2001, Want One en el 2003, Want Two un año después y Release the Stars y Rufus Does Judy at Carnegie Hall, ambos de 2007.
    Wainwright nació en New York, hijo de los famosos cantantes de música folk Kate McGarrigle y Loudon Wainwright III. Tras el divorcio de sus padres vivió en Montreal, Canadá. Regresó a New York para completar sus estudios en el Millbrook School. Comenzó tocando piano a los 6 años, tuvo su primer gira a los 13 con The McGarrigle Sisters and Family, grupo folk que integraban su madre, su hermana Martha y su tía Anna. En 1989 participó en el film Tommy Tricker and the Stamp Traveller, recibiendo una nominación en los premios Genie por mejor canción original. En 1990 fue nominado en los Juno Awards de Canadá como Vocalista Revelación. Tras su álbum debut, compartió escenario con Sean Lennon y poco después fue acto soporte de Tori Amos, Ben Folds y Sting. Así sucesivamente hasta constituirse en una figura de culto en el ámbito de la música pop.

    En su estilo confluyen su pasión por la ópera, su admiración por cantantes como Al Jolson, Judy Garland y Edith Piaf y sus permanentes referencias a la literatura y la cultura pop. Sus canciones abordan temas universales como el amor, la política, la religión y en la mayoría de los casos desde una perspectiva autobiográfica.
    Wainwright dibuja un paisaje sonoro al que podría denominarse pop barroco en el que conviven coros operísticos, ritmos de ragtime, la tradición del folk estadounidense y marcadas influencias líricas que van desde la ópera hasta la chanson francesa pasando por el lieder alemán y el estilo característico de los musicales de Broadway.
    Su particular estilo y timbre vocal con registro barítono, guarda un perfecto equilibrio con la expresividad escénica que identificara otrora al glam-rock.
    Pero detrás de todo artista hay un ser humano. No siempre; y aclaro esto para que no se constituya en una regla general. No quiero reclamos.

    Wainwright enfrentó en su etapa formativa la doble carga emocional que representa ser hijo de padres divorciados y famosos o viceversa. A los 14 años fue abusado sexualmente. Más tarde se hizo adicto a las metanfetaminas, potente psicoestimulante que -según parece- lo mantuvo bastante entretenido. Poco después, a instancias de su amigo Elton John, ingresó a la Fundación Hazelden de Minnesota para una terapia de desintoxicación y rehabilitación. Allí se graduó con honores (esto siempre queda bien en cualquier biografía, ¿vio?). ¿Algo más? ¡Sí! Es homosexual, públicamente declarado.
    Por lo general no acostumbro meterme con el sexo de los demás… Bueno, salvo que sea una mujer… O dos, o más… ¡No! Dos está bien. Eso sí, tratando siempre (siempre es una manera de decir) de no desear la mujer del prójimo y mucho menos del próximo. Lo cierto es que Wainwright es gay… bastante. Y eso no debería tener mayor importancia, al menos no en el campo artístico. Después de todo cada uno hace lo que quiere con su currículo. Pero él incorpora su pertenencia al “tercer sexo” al acto creativo. Juega con eso, lo verbaliza, lo hace público, lo refleja en sus canciones y en su despliegue escénico. Y además lo hace con estilo, con elegancia, con glamour…

    En El Banquete de Platón, que aclaremos, es un libro y no una comilona…
    ¿Cómo iba a ser Platón una comilona? Era hombre. No, mejor no explicarlo en demasía. El filósofo relataba allí que en la mitología griega los sexos eran tres. Lo masculino era en un principio descendiente del Sol, lo femenino de la Tierra y un tercer sexo representado por la Luna que reunía a los otros dos. Los descendientes de la luna eran temibles por su fuerza, su vigor y su arrogancia hasta el punto que atentaron contra los dioses. Fue entonces que Zeus los cortó en dos para debilitarlos, pero cada parte echaba de menos a su mitad anhelando ser una sola por naturaleza. Cuando se tropezaban con aquella mitad de sí mismos, sentían un maravilloso impacto de amistad, de afinidad y de amor y permanecían abrazados para no volver a separarse.
    Dicen las malas lenguas que Platón consideraba a todos como su mitad perdida, así que el muy pícaro se la pasaba de impacto en impacto y de abrazo en abrazo.

    Ya estamos en el Wiltern, teatro que debe su nombre a… Wiltern… ¿Wiltern? Debe su nombre a… ¡se lo debo! Sólo le diré que está en la intersección de las calles Wilshire y Western, aunque no sé si ese dato resulte de importancia.
    Sala llena, publico excitado, clima festivo y varios que parecen haber encontrado a su mitad perdida y a los que, según veo, para separarlos no hay Zeus que valga.
    El inicio es con Release the Stars. Un extenso y bombástico pasaje instrumental en el que se destaca el aporte de los vientos, especialmente la trompa de Schwadron.
    Dicho así suena raro, ¿no? Desde ya, cuando digo trompa no me estoy refiriendo a la prolongación muscular hueca y elástica de la nariz de algunos animales capaz de absorber fluidos, sino al instrumento musical también conocido como cuerno francés. Por las dudas digamos que el cuerno francés no es una infidelidad cometida en París sino un instrumento de viento consistente en un tubo de latón enroscado circularmente que va ensanchándose desde la boquilla al pabellón y que recibió esa denominación porque fue creado por un luthier francés al que… a mujer lo engañaba. Ingresa Wainwright y la tribuna estalla. Aquellos que no provenimos del pop (ni vamos hacia él), tenemos la malévola tendencia a creer que las figuras representativas de ese género son simples manifestaciones del negocio de la música y la industria del entretenimiento, encubiertas detrás de supuestas aspiraciones artísticas. Pero en el caso de Wainwright, como en algunos otros, existe un delicioso balance entre ambos aspectos. El tipo canta fenómeno, su banda suena de maravillas, la interacción que logra con el público es conmovedora y, por si fuera poco, todo parece envuelto por un halo de elegante frescura. Factores que serían la característica dominante del show.

    Sigue con Going to a Town, también del álbum Release the Stars. Una melodía que remite al estilo compositivo de Randy Newman en la que Wainwright declara: “Haciendo un hogar a mi manera jamás estaré solo. Tengo una vida que conducir, un alma que alimentar, un sueño para escuchar y eso es todo lo que necesito”.
    Sanssouci es una crónica de su adicción a las drogas. Un viaje simbólico al Palacio que perteneciera a Federico, El Grande en el que un torturado personaje alucina con seres imaginarios: “Sólo podés verlos a través de la ventana pero una vez que las puertas se abran, todos desaparecerán. No hay nadie en Sanssouci esta noche”.

    En el sensual Rules & Regulations, Wainwright nos habla de amores fracasados, en Matine Idol, de su álbum debut, alude a River Phoenix, actor que sucumbiera a temprana edad a causa de las drogas y en The Art of Teacher del álbum Want Two aborda en primera persona la relación entre una alumna y su profesor de arte.
    El interés no decae. Llega Tiergarten del álbum Release the Stars, una estructura melódica que guarda puntos de contacto con la ópera-folk de Don McLean And I Love You So, adornada con sutiles arreglos de los que emerge la voz de Wainwright para narrar en tono confesional su frustrada relación con el experto en arte Jorn Weisbrodt.
    Al romanticismo de Leaving for Paris, le sobreviene una línea de guitarra cercana al post-punk a cargo del legendario Gerry Leonard que deriva en Between my Legs. Una hibridación de folk-blues y glam-rock, que Wainwright utiliza para referirse de manera explícita al libertinaje vivido durante su dependencia con las metanfetaminas.
    Al nostálgico ensueño de The Consort del álbum Poses de 2002, le sucede la romántica sordidez de Do I Dissapoint You de Release the Stars, para luego hacer una versión del clásico de Gershwin, Foggy Day, tema que popularizara Judy Garland.

    Del country-rock operístico de Beautiful Child del álbum Want One pasamos a la ternura de Not Ready to Love. La obertura que entrelaza las guitarras de Petruzzelli y Leonard desemboca en Slideshow. Un retrato de amores no correspondidos en el que Wainwright declara “te amo porque me tratás con indiferencia” e intuye sus fatales consecuencias “No sé qué voy a hacer si no formo parte de tu próximo álbum de fotos”. A continuación Wainwright entona (y bien) sin amplificación Macushlah, canción tradicional irlandesa que compusieran Josephine Rowe y Dermot MacMurrough.
    El cierre será con la pomposa y festiva 14th St de Want One. Merecida ovación.
    Regresan para los bises. Primero con el dramático crescendo de I Don’t Know What It Is y luego Poses en cuya letra Wainwright reconoce haber asumido “todas esas poses clásicas de tortura que han arruinado mi mente como una serpiente en el huerto”.

    Seguidamente ofrecen una versión del tema de Arlen y Koehler, Get Happy. Wainwright se trasviste en escena para emular el cuadro musical que hiciera de esa canción Judy Garland en el film de 1950 Summer Stock. La banda se suma a la coreografía y, juntos, logran con gracia y estudiada torpeza eludir el riesgo de caer en el ridículo.
    La despedida será con Gay Messiah cantada a coro por el público.
    Rufus Wainwright brindó una encantadora exposición artística que amalgamó extremos tan disímiles como el pop y la ópera. No sabemos qué le deparará el futuro; pero sí podemos asegurar que en el presente nos hizo disfrutar de… Una Noche en la Popera.

    Sergio Piccirilli

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