Emilio Teubal & La Balteuband: Un montón de notas

Ping Pong, Before the Outerspace, X-cetera (after), Un montón de notas, El amanecido, Baguala, (T) La Arania '08, A la pantalla A, Coda

Músicos:
Emilio Teubal: piano, Fender Rhodes, acordeón
Xavier Pérez: saxos tenor y soprano 
Felipe Salles: saxos tenor y soprano, clarinete bajo, flauta 
Moto Fukushima: bajo eléctrico, efectos 
Franco Pinna: batería, bombo legüero 
Kobi Salomon, Ivan Baremboim: clarinete
Greg Heffernan: cello
Marcelo Wolski: percusión

Not Yet Records, 2009

Calificación: Está muy bien

Miguel Teubal y su esposa Norma debieron exiliarse en 1976 de la Argentina debido a la dictadura militar imperante (e inoperante) existente. Recalaron en Madrid y allí, ese mismo año, nació su hijo Emilio Teubal. La familia regresó al país en 1984 con el retorno de la democracia. A los 9 años, el pequeño comenzó sus estudios de piano, asistió al Conservatorio Nacional de Buenos Aires y estudió composición, arreglos y orquestación en forma privada. En 1999, Teubal se mudó a New York a seguir estudiando y allí se quedó.
Conformó La Balteuband, debutando discográficamente en 2006 con el álbum homónimo, donde se hizo cargo de la mayoría de las composiciones (ocho sobre nueve), de los arreglos y la producción.
Para ir formateando la cuestión, podemos arriesgar que La Balteuband es un grupo instrumental en el que confluyen el jazz y ritmos provenientes de la Argentina, básicamente del folclore.
Como para que tenga una idea, ¿vio?

Un límite es, dice la señora RAE, más conocida como Real Academia Española (no confundir con el Racing de Santander), una línea real o imaginaria que separa dos terrenos, dos países, dos territorios. En música deberíamos referirnos a los estilos. También al talento, al buen gusto y a etceteridades varias. Pero lo que nos ocupa, en principio, es el estilo. Los estilos.
A lo largo de la historia se han producido muchos encuentros de estilos. También desencuentros, éstos cada vez con mayor frecuencia. En el barrio lo llamábamos "pastiche" o, como reza la sabiduría popular barrial, "ni chicha ni limonada".

Es indisimulable que, en los últimos años, los puristas deben andar a cabezazo limpio contra las paredes debido a que todo estilo está tendiendo a la impureza. Pero si intentamos hablar seriamente, en todas las épocas se han dado estas situaciones, de manera más o menos solapada. Dentro de la música argentina, a mí a veces se me dificulta distinguir un guayno de una chacarera de una zamba de un malambo de un pericón. Dije que se me dificulta a veces. En otras ocasiones, me resulta decididamente imposible.
Y si vamos al rock… todavía estoy tratando de interpretar en qué se diferencia el rock sinfónico del progresivo. O dónde empiezan y/o terminan estilos como el hard rock, heavy metal, death rock, gothic rock, metalcore, deathcore, stoner rock, grunge, action rock, industrial rock, black metal, glam metal, kraut rock, thrash metal, extreme metal, garage rock o… ¡¿dance rock?!
Tal vez puedan tildarme de básico, pero tenía las cosas mucho más claras cuando por un lado estaban los chetos (Willy Ruano, Pablo Codevila y Silvia Pérez) y por el otro, los rockeros.

Lo cierto es que los estilos existen y sus límites también.
Y hay quien sabe conjugarlos y quien no.
Como en todos los órdenes de la vida (cristiana, musulmana, buda, judía, agnóstica, atea, protestante, indígena, espiritista, shintoísta, zoroastrista, neopaganista, rastafarianista, universalista o todas juntas).

No sabemos qué religión profesa Emilio Teubal; pero sí que ha sacado, con La Balteuband, su segundo disco. Que lleva por título Un montón de notas. Y donde encontramos músicos de diversas naciones: Argentina, Japón, Cuba, Brasil, Israel y Estados Unidos.

Ping Pong abre el álbum con una intimista intro de piano a cargo de Teubal. Como si se estuviera jugando un match, el tema va calentando en forma gradual, con las voces líderes de Xavier Pérez y Felipe Salles en saxos soprano. La base, folclórica, a cargo del baterista Franco Pinna y el bajista Moto Fukushima permite, a pesar de su atractivo, degustar la sutil intervención de Teubal en Fender Rhodes. El entramado armónico parece llevarnos a un callejón sin salida pero es una falsa alarma. En gran parte por el muy buen aporte de Pinna.
Before the Outerspace coquetea con el vals. Ivan Barenboim en clarinete hace suponer un rumbo que, al ingresar el tenor de Xavier Pérez, no se concreta. La balada no aporta demasiado si bien incluye arreglos y detalles que mantienen nuestra atención. El minuto final, comandado por Pinna y Teubal, levanta el sport.
X-cetera (after) es, desde su inicio, otra cosa. Un dueto de saxos tenores a cargo de Felipe Salles y Xavier Pérez, apuntalado exclusivamente por un preciso juego de tambores y platillos marca Pinna, obliga a levantarnos del asiento y a empezar a cabalgar. Le sucede una gran intervención de Teubal, para que el dueto ahora sea de tenor y soprano (Pérez). La cuestión vira nuevamente a un trío pero esta vez de batería, bajo y piano. Con los límites rítmicos y estilísticos rompiéndose una vez más hasta un notable grand finale en quinteto.

Un montón de notas es un tributo al genial músico y humorista uruguayo Leo Maslíah. Y tranquilamente podría haber sido dedicado a Hermeto Pascoal. Aquí Teubal decidió cambiar los saxos por clarinetes (a cargo de Kobi Solomon e Ivan Barenboim), flauta y clarinete bajo (Felipe Salles) y cello (Greg Hefferman). Marcelo Woloski en percusión aporta ciertas coloraturas típicas del samba brasileño. Con cierto aire de forró, Un montón de notas ofrece en realidad un montón de ideas y de sonidos atractivos que van mutando de ejecutante, aunque el aplausómetro se incline, en este caso, por el gran trabajo de Hefferman. Importante también en el reflexivo pasaje previo al final, con un liricismo que tampoco sabe de estilos.
La sentida introducción de Teubal en El amanecido no presagia el deseo irrefrenable de hacer palmas, a caballo de un buen solo en soprano de Xavier Pérez. Otro buen pasaje de Teubal en piano sobre una sólida base que se sostiene en la sobriedad de Fukushima y un Pinna que aquí ha decidido priorizar el bombo legüero y acertó una vez más.

En Baguala se respira el aire norteño, como si Leda Valladares estuviera ahí, fiscalizándolo todo. Casi un requiem, Teubal ha realizado un arreglo para metales que Pérez y Barenboim ejecutan a la perfección.
(T) La Arania '08, jazz de vanguardia con aires ciudadanos y de carnaval. Aquí el líder suma un acordeón al trío de flauta, saxo soprano y clarinete. El bajista Moto Fukushima tiene su momento y no lo desaprovecha, al que le sucede un interesante solo a cargo de Felipe Salles en flauta y, siempre, el clima festivo. A la pantalla A marca otro de esos cruces de estilos, sostenidos por el bombo legüero de Pinna y un solo de saxo tenor a cargo de Salles. Teubal vuelve a recurrir al Fender Rhodes y los arreglos son nuevamente muy cuidados. Aunque la sensación es que un par de minutos menos no hubieses venido mal.
El final es con Coda, una breve pieza camarística de singular belleza.

Emilio Teubal & La Balteuband demuestra en Un montón de cosas que, ceñirse a estilos predeterminados, es tener la imaginación en stand-by. El grupo comandado por el pianista ha dejado en claro que los límites son una valla que necesariamente debe ser saltada.
Eso sí… se necesita talento, trabajo, ideas y compromiso.
Y aquí, hay de sobra.

Marcelo Morales

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