Mariana Masetto: La Bumbunita
El palomo, Clavelito tilcareño, Ausencia, Dueño no tengo, Duerme cabrito, Algarrobo algarrobal, El becerrito, Juan del monte, Leña verde y amor pobre, La Bumbunita
Músicos:
Mariana Masetto: voz, percusión
Facundo Guevara: percusión
Invitados:
Mariana Baraj: voz, percusión
Enrique Norris: flugelhorn, pigmeum horn, voz, percusión
Lucas Loberto: contrabajo
Independiente, 2010
Calificación: Está muy bien
La mayoría de los especialistas coinciden en que las primeras expresiones musicales han tenido como protagonistas a la voz humana y a los elementos de percusión. Nos animamos a decir que su origen fue lo que hoy denominamos aplauso, justamente porque lo tenían al alcance de la mano (perdón). Luego, los denominados de entrechoque, utilizando a tales efectos huesos, piedras y madera. Algo así como los antecesores del querido toc-toc de la escuela primaria. Haciendo gala de técnicas avanzadas, los más avezados y curiosos se metieron con lo que con el tiempo se daría en llamar membranófonos, justamente porque su sonido surge del golpeteo en membranas previamente tensadas. De ahí a una batería Caf, un paso. O varios golpes.
Con el tiempo, como corresponde, los instrumentos percusivos han ido perfeccionándose hasta convertirse, en algunos casos, en mecanismos complejos muy difíciles de maniobrar (y de comprender). Algunos también han ido modificando el uso de la voz, pero no es nuestra intención aquí hablar de relatores de fútbol coreanos.
Lo que sí se mantiene, en algunas corrientes musicales, es esa conjunción de voz y percusión que, como dijimos, data de tiempos inmemoriales. Algo bastante extraño si se tiene en cuenta el grado de tecnologización imperante en la actualidad donde todo parece necesario electrificarse. Pero hay artistas que afortunadamente siguen optando por la potencia de la sencillez. Confieso que mi respeto es mayúsculo para con los artistas que con mínimos recursos instrumentales (una guitarra acústica, un charango, un contrabajo, un bombo legüero o simplemente cantando a capella) logran desarrollar canales de expresión que, en su gran mayoría (porque hablamos de los buenos), vienen acompañados de un enorme componente emocional.
Siempre consideré que estos músicos poseen una amplia seguridad en sí mismos, en lo que comunican. No temen. O al menos tienen lo necesario como para vencer sus propios temores. En la música argentina tenemos varios ejemplos de artistas que con mínimos recursos instrumentales son capaces de lograr en las almas sensibles un movimiento telúrico de proporciones en la médula de la sensibilidad.
La cantante y percusionista argentina Mariana Masetto acaba de sumarse a esa lista.
Nacida en Entre Ríos, su foja de servicios dice que ha participado solamente en la grabación de Tríptico, el exquisito álbum triple que Enrique Norris grabara en 2009. Pero Masetto parece tener como respaldo fundamental un espíritu inquieto que la ha llevado a estudiar canto, percusión, piano y armonía (con músicos como Enrique Norris, Mariana Baraj, Juan Pablo Arredondo, Teresa Musacchio, Carto Brandán, etc.), además de haber participado de numerosos cursos, seminarios y talleres de la más diversa especie (dictados por gente como Naná Vasconcelos, Lucía Pulido, Freddy Henríquez, Carolina Chrem, Ramiro Musotto, etc.). A esto hay que agregar que es profesora de yoga, licenciada en composición coreográfica y que ha incursionado en danzas clásica y jazz. O sea que, como dijera un filósofo contemporáneo “la base está”.
En tres sesiones llevadas a cabo en el mes de octubre de 2009, Mariana Masetto grabó La Bumbunita, su álbum debut. Tres de los diez temas los interpretó solita y sola. En los demás contó con el aporte del percusionista Facundo Guevara (también productor del CD) y esporádicos aportes de Mariana Baraj, Enrique Norris y Lucas Loberto.
El repertorio incursiona en ritmos argentinos y latinoamericanos. A lo largo del álbum Masetto interpreta una gran cantidad de instrumentos de percusión como bombo legüero, tambora colombiana, teponaztle, cencerro, ago go de castaña, congas, pezuñas, garrahand, cascabeles, chapitas, semillas, tambor piano, maraca de poro, cuenco tibetano y caxixi. Pero del querido toc-toc, ni noticias…
La apertura es con El palomo, tradicional chileno recopilado por Violeta Parra que Masetto interpreta en soledad, tal vez porque El palomo la dejó sola, caramba, porque se voló y se fue. Aunque tan sola no; ahí está su voz, enérgica y corriendo algún riesgo (¿innecesario?) en algunos agudos. También está presente el bombo legüero como protagonista principal y en el reparto figuran cencerro, tambora colombiana y teponaztle (tambor de origen prehispánico, consistente en un tronco ahuecado y cerrado por sus dos extremos, que lleva dos lengüetas que producen vibraciones distintas). Las revoluciones bajan pero los timbres percusivos aumentan en el bailecito Clavelito tilcareño, de José María Mercado; Ausencia, del colombiano Iván Benavides, cuenta con el aporte de Facundo Guevara en djembé, guasa y semillas y de Mariana Baraj en voz. El ritmo monocorde se sostiene con el agregado progresivo de los distintos instrumentos y se pone al servicio del buen trabajo vocal de Masetto y Baraj.
Dueño no tengoes una vidala de La Rioja con recopilación de Leda Valladares. Aquí la percusión está a cargo exclusivamente de Guevara, con la excepción del caxixi interpretado por Baraj. Masetto logra introducirse en el dolor / ruego de la vidala y, por supuesto, otro tanto ocurre con Baraj. Duerme cabrito es un canto de cuna que se convierte en la única composición de la líder y que cuenta con el protagonismo de la garrahand, un instrumento de acero creado en la Argentina con sonoridad similar a una kalimba.
El tradicional Algarrobo algarrobal es una de las piezas más arriesgadas del álbum. Es que además de las escobillas de bambú, los palos de lluvia, los cascabeles, las chapitas y un par de etcéteras, aparece Enrique Norris regalando una participación inimitable en flugelhorn y pigmeum horn. El becerrito, del venezolano Simón Díaz, trae de nuevo al tándem Masetto / Guevara quienes, lejos de abrumar, utilizan los diferentes elementos percusivos para ofrecer distintas coloraturas, como si se estuviera frente a un tema infantil (¿acaso no lo es?).
La chacarera Juan del monte, de Leguizamón y Castilla es interpretada con energía por Masetto. Interesante relectura de la música del Cuchi Leguizamón sin otros elementos que los percusivos, la voz de la dueña de los tambores y las palmas de Lucas Loberto, Nina Polverino y Sofía Vítola (que se ve que andaban por ahí). La cueca tradicional Leña verde y amor pobre recopilada por Valladares vuelve a mostrar a Masetto sin compañía y saliendo nuevamente bien parada, acelerando ritmos, golpes, cantos y respiración hacia el final. El cierre es con La Bumbunita, vidala de Teuco Castilla y Rolando Valladares donde el contrabajo de Lucas Loberto marca el pulso desde el inicio con fuerte presencia. Masetto se hace cargo del lamento en uno de los puntos altísimos del CD. La ascética percusión se pone al servicio del trabajo del contrabajista que es inmaculado, incluso con el arco.
Mariana Masetto tiene, en La Bumbunita, un álbum debut del que puede enorgullecerse. La presentación, el sonido y las interpretaciones hacen que nos preguntemos si es cierto que estamos ante la primera experiencia como líder de la cantante y percusionista.
Y la respuesta la sabemos; pero así y todo nos entra la duda.
Porque, la verdad, no lo parece…
Marcelo Morales
