• Nels Cline Singers: Initiate

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    Disco 1: Into it, Floored, Divining, You Noticed, Red Line to Greenland, Mercy (Supplication), Grow Closer, Scissor/Saw, B86 (Inkblot Nebula), King Queen, Zingiber, Mercy (Procession), Into it (You Turn)=
    Disco 2: Forge, Fly Fly, Raze, And Now the Queen, Blues Too, Thurston County, Sunken Song, Boogie Woogie Waltz

    Músicos:
    Nels Cline: guitarra eléctrica, guitarra acústica, efectos, voz, megamouth
    Devin Hoff: contrabajo, bajo eléctrico
    Scott Amendola: batería, percusión, mbira, electrónicos
    Invitados: David Witham (piano eléctrico, órgano), Yuka Honda (sintetizador), Greg Saunier, Satomi Matsuzaki y John Dieterich (percusión en Boogie Woogie Waltz)

    Cryptogramophone, 2010

    Calificación: Dame dos


    Cuanto puedas hacer o soñar, inícialo. La audacia posee genio, fuerza y magia (Johann Wolfgang von Goethe)

    La iniciativa es una cualidad de la personalidad que, además de canalizar el derecho de hacer una propuesta, nos sirve para idear, inventar o emprender cosas adelantándonos a otros individuos en la realización de algo. El dilema de la iniciativa nos enfrenta a la polaridad existente entre el ejercicio pleno de la acción de iniciar algo en oposición a la pasividad. La cualidad personal que nos inclina a practicar una iniciativa no sólo se fortalece o atenúa por las potencias opuestas entre actividad e inactividad sino también por los intereses y aspiraciones multiformes inherentes a cada individuo. Esa diversidad subyacente nos obliga a derribar el muro de la inacción al tiempo que requiere de audacia para desmontar la dicotomía implícita en la definición del trayecto a iniciar. De manera explícita o subliminal, todos estos elementos parecen congregarse tanto en la piedra fundacional de The Nels Cline Singers como en los postulados de su nuevo álbum: Initiate (en inglés, “iniciar”).
    En los años previos a la constitución de este trío, el guitarrista Nels Cline fluctuó entre los divergentes territorios del jazz y el rock y entre universos sonoros gobernados por lo eléctrico y lo acústico. En un tiempo en donde esas fronteras territoriales no eran tan difusas como en la actualidad, asumió la iniciativa de unificar esas sensibilidades en un único combo que expresara los diferentes matices estéticos que las impulsaban. El resultado fue The Nels Cline Singers, proyecto cuya cosmogonía integra un impar ADN musical galvanizado por elementos provenientes del avant-rock, el blues, la libre improvisación, la experimentación electrónica, el noise-rock, la balada folk y el free jazz; todo esto signado por la audacia exploratoria, el compromiso creativo y una elusión de la banalidad no exenta de ironía. Esto último explica en parte por qué una banda sin cantantes adoptó la denominación “singers”, ya que su propuesta se ubica en las antípodas de las melodías pegadizas con armonizaciones simples y sencillez instrumental que caracterizaron a los grupos vocales de música ligera con los que las grandes compañías discográficas lobotomizaban al público en los 60’s… Desde The Swingle Singers a Johnny Mann Singers pasando por Ray Conniff Singers, The Singers Unlimited y The Cliff Adams Singers, entre otros esperpentos.

    Nels Clineencontró en el baterista Scott Amendola y el bajista Devin Hoff dos laderos de excepción, junto a quienes labró una oferta estética que fue consolidándose y evolucionando permanentemente a través de los álbumes Instrumentals de 2002, The Giant Pinde 2004, Draw Breath de 2007 y que alcanza su cumbre expositiva en el trabajo que nos ocupa: Initiate. Aun cuando muchos se apresuraron en describir a Initiate como un CD doble, la realidad indica que fue concebido como un álbum en estudio más el agregado de un segundo disco en carácter de bonus grabado en vivo en Café Du Nord de San Francisco durante una reciente actuación ofrecida por el trío.
    El compacto en estudio incorpora a la prédica habitual de Nels Cline Singers aspectos inhallados en su discografía previa, tales como un acercamiento al groove (seguramente introducido aquí por Scott Amendola), la incorporación de sutiles matices vocales a cargo de Cline, la alternancia de contrabajo y bajo eléctrico de Devin Hoff y las participaciones como invitados en algunos temas de los tecladistas Yuka Honda y David Witham. En tanto que en el bonus en vivo conviven composiciones inéditas, recreación de algunos clásicos de la banda, piezas provenientes de álbumes solistas de Cline e irreprochables lecturas de Boogie Woogie Waltz de Joe Zawinul y And Now the Queen de Carla Bley. En definitiva, como bien describe el productor David Breskin, el disco en estudio es una hipersensible versión technicolor de la banda en tanto que la parte en vivo es el crudo perfil en blanco y negro que emerge de sus, habitualmente, incendiarias representaciones escénicas.

    Esa colisión de perfiles cromáticos, estilos musicales y búsquedas del conocimiento por vías paralelas encuentra una sugestiva simbología en la foto que ilustra el arte de cubierta del álbum. Allí encontramos una imagen que asemeja un mandala cuando en realidad se trata de una foto de la “Máquina de Dios” o Gran Colisionador de Hadrones. La similitud entre ambos no se circunscribe a lo visual sino que también actúa como si fuesen espejos enfrentados de la sabiduría, ya que mientras un mandala es la representación esquemática del macro y el microcosmos utilizada por el budismo y el hinduismo, el GHC (en inglés Large Hadron Collider, LHC) es un acelerador de partículas que, al recrear los eventos ocurridos inmediatamente después del big bang, pretende descubrir el significado de la masa, la existencia del bosón de Higgs, el conocimiento de la materia oscura, las violaciones de simetría entre la materia y la antimateria y otras tantas cosas que habitualmente no nos dejan dormir o son comentarios de toda reunión familiar. A pesar del enorme avance científico que presupone el GHC, muchos creyeron ver en él un signo del apocalipsis y anunciaron que seríamos tragados por un enorme agujero negro, lo cual no tiene sustento alguno; y digo esto no sólo en función de mis conocimientos científicos sino en relación a mi vasta experiencia en agujeros negros… humildemente…

    La apertura, con Into it, nos sumerge en un paisaje sonoro gobernado por las espaciales texturas provenientes de la guitarra y la voz procesada de Nels Cline en intersección con los aportes de Devin Hoff en bajo eléctrico y Scott Amendola en electrónicos. Un juego de colores y simetrías que reaparecerán luego sobre el final de Red Line to Greenland y en el tema de cierre Into it (You Turn),aquí en versión remix y con el sintetizador de Yuka Honda reemplazando la parte vocal. Ese inicial collage de loops empalma con el contundente Floored, pieza cuyo alegato no parece ocultar las influencias recibidas del Miles Davis de principios de los setenta. Las referencias a Davis se extienden a Divining. Aquí la línea melódica aparenta recoger trazos de Blue in Green en equidistancia con armonías que, al superponer elementos de bossa nova, música tradicional de Bahía y psicodelia, alude al género tropicalia que representaran en los sesenta Caetano Veloso, Tom Zé y Gilberto Gil, entre otros. En tanto que el prístino solo de Nels Cline es una flagrante negociación entre los estilos de Wes Montgomery y George Benson. En la refinada serenidad de la balada You Noticed sobresale una lírica intervención del contrabajo de Devin Hoff. Luego, en otro juego de contrastes, llega el portentoso rock de Red Line to Greenland, en el cual la futurista impronta sonora que caracteriza al trío se asocia con inusitadas alusiones guitarrísticas a Jimi Hendrix y Jeff Beck. Mercy (Supplication) y su expandida secuela Mercy (Procession) ofrecen sendas relecturas de una misma pieza, en origen compuesta para el Nels Cline Trio. Mientras que la acústica Grow Closer (en origen titulada Egberto), además de aspectos heredados de Gismonti, se manifiesta permeable a influencias de la música de Mali y contiene en su preludio una declarada evocación a Ralph Towner. Scissor/Saw se recuesta en la experimentación electrónica a la manera de algunos trabajos de Mike Patton, en tanto que el espacioso rubato de B86  (Inkblot Nebula) nos remite a los primeros álbumes de Weather Report. King Queen es una notable compilación afro-beat que reúne el juju nigeriano y diferentes ritmos de Senegal y Mali revestidos por la sonoridad retro del Vox Jaguar Farfisa de David Witham y un solo de Cline que acepta vecindad con las experiencias punteras de Carlos Santana.

    Si el disco en estudio entretiene, gusta y convence, el segmento grabado en vivo es una patada de mula en la boca del estómago. El comienzo, con el inédito Forge (una colisión frontal entre King Crimson y la Mahavishnu Orchestra en la que sobresale el turbulento aporte de Scott Amendola), enlaza con una categórica versión de Fly Fly del álbum Giant Pin y las apocalípticas distorsiones del black metal Raze. El necesario respiro auditivo llega a través de una versión de And Now the Queen (composición de Carla Bley que sólo fuera grabada por su esposo Paul Bley en el álbum de 1993 Homage to Carla) y del angular tributo a Jim Hall englobado en Blues Too. A continuación ofrecen una apoteósica versión grupal de Thurston County, tema proveniente del disco solista de Nels Cline Coward, cuya construcción sonora rinde pleitesía al guitarrista de Sonic Youth, Thurston Moore. Luego de la ágil relectura a la John Scofield del tema de The Inkling Sunken Song, el cierre del álbum sobreviene con una recreación de la imperecedera composición de Joe Zawinul Boogie Woogie Waltz.
    Initiate tiene el audaz ímpetu para redescubrir lo conocido con una nueva mirada.


    El genuino viaje del descubrimiento no consiste en buscar nuevas tierras, sino en mirar con nuevos ojos (Marcel Proust)

    Sergio Piccirilli

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