Por Los Codos

Quique Sinesi

A priori y viendo este panorama multicolor que hay en tu obra, se me ocurren dos cosas: o que tenés una gran apertura y avidez o que la inseguridad te lleva a tocar distintos territorios.

La música es un placer para mí. Me gusta prácticamente todo. No hay nada que me atemorice en la música. El miedo solamente en la vida; en la música encuentro placer. Con respecto a los caminos… yo me preparé pero también me sucedieron cosas. Cuando me llamó Dino Saluzzi yo tuve que desarrollar la lectura y la técnica para poder tocar esa música, que era muy difícil. Y además las fusiones se me metieron solas; a los 19 años ya estaba tocando con Raíces, una fusión de candombe y rock. A los 20, ya estaba con Dino, donde había folclore, tango, milonga, candombe, jazz, rock… Yo empecé con eso, ése es mi folclore y es totalmente natural para mí.

Insisto con la palabra… la identidad de alguna manera implica un mensaje; ¿cómo se logra esa identidad y ese mensaje en una música instrumental como la que hacés?

(Piensa) Mirá… el arte es así… vos ves el título de una pintura, que obviamente debe tener un significado, y para vos representa cualquier otra cosa. Los títulos de mis temas tienen su sentido; uno trata de traducir su mensaje en la música… pero de eso te das cuenta después, cuando te llega alguna devolución. Hubo quien me dijo que a los Microtangos debería haberlos llamado Microjazz… uno nunca sabe qué pueden interpretar los demás…

Como que el mensaje surge de manera inconsciente y que provoca una devolución más consciente…

Claro… que a veces coincide y a veces no. Mirá… en 1982 estaba de gira con Saluzzi (bueno… ahí también me di cuenta que el jazz tenían que tocarlo ellos…) y entre todo lo que vi, me sorprendió mucho (el trompetista) Enrico Rava. Estaba con un cuarteto y no sé por qué pero me impresionó mucho, me encantó. Yo no sabía ni quién era. Pasaron un par de años y Rava vino a Buenos Aires porque con el grupo de Dino íbamos a hacer un ciclo con él durante una semana. Un día le comenté lo que me había pasado cuando lo vi y que nunca me lo iba a olvidar, que me había volado la cabeza. Y ahí me cuenta que ése fue el último concierto del cuarteto porque era un desastre cómo estaban (risas). Por eso, muchas veces lo que uno siente puede no tener concordancia con lo que siente el público. Un artista puede ser un canal de algo que ha sucedido en un momento determinado; pero es imposible saber qué pasa por dentro del receptor.

¿Será que el músico o el artista sí tiene en cuenta el contexto en el que se da la creación, que a su vez difiere del contexto en el momento en que esa creación llega al público?

Totalmente… además la mente del músico analiza o tiene en cuenta otros factores que van más allá de la creación pura. Y de eso el oyente ni se entera…

¿Existe una terapia artística?

Debería existir. Yo medito y eso me ayuda para bajar, más que nada porque son tantas cosas… Tenés que estar bien de salud, descansado, con el tiempo me di cuenta de que cada vez que iba a tocar a un lugar, no podía dedicarme a conocer. Yo no sé si existe una terapia musical pero hay que intentar encontrar un equilibrio.

Y vos lo encontraste en la meditación.

A mí me ayuda mucho para encontrar un equilibrio interno. Cada uno tendrá su manera, independientemente de lo que haga.

Un clásico es preguntarle a un músico acerca de los públicos, pero vamos por otro lado. En una oportunidad, incluso, vos dijiste que te llamaba la atención que a pesar de la frialdad de cierto público europeo, llegaran a conmoverse con una música que no conocían. Pero lo que quiero preguntar es: ¿qué te pasa a vos cuando estás en el exterior?

Cuando toco lo mío no planifico nada. Porque sé que si yo me siento bien con la música algo, generalmente, pasa. Y si toco con otros músicos y estamos en concordancia, también. Cada vez que tocaba con Charlie Mariano para mí era una fiesta; y tenía que tocar bien sí o sí… incluso para él (risas). Para mí era un mito viviente; y si para él estaba bien lo que yo hacía, lo demás me importaba más bien poco… porque con sus 80 años, ¿quién del público iba a saber más que él? Y eso a la gente le llega. A mí me importa que se genere algo desde la música, yo tengo que estar comprometido con lo que hago; lo demás, viene solo… o no. Pero ahí sí que no puedo hacer nada.

¿Cuándo sentís mayor responsabilidad, tocando solo o acompañado?

Es raro de explicar… cuando tocás con otro es como un juego también, como con Marcelo (Moguilevsky). Hay que tocar, porque es un capo, pero me siento más relajado, hay una interacción. Cuando toco solo la exigencia también se traslada al público.

¿Podemos hacer un paralelismo a cuando hablábamos de la música escrita y la música improvisada?

Sí. En el sentido de las responsabilidades, sí. Aunque a veces, y retomando, tocar música escrita puede ser muy ingrato. Porque si tocás perfecto, no se da cuenta nadie. Pero si te equivocás en dos notas, se da cuenta todo el mundo. Tal vez por eso los proyectos en dúo que estuve haciendo últimamente tienen mucho de libertad; hay que escucharse, estar atento y uno aprende de eso. De los códigos, la manera de pensar…

¿Vos podés intuir en un músico lo que piensa de acuerdo a lo que toca?

Musicalmente, sí. Lleva un tiempo, pero sí. Con Moguilevsky, durante mucho tiempo nos juntábamos los domingos a improvisar. Y ahora que te lo digo caigo en la cuenta de que estas improvisaciones fueron aún antes de lo que hice con (Markus) Stockhausen (aunque sí fue la primera vez en vivo). Y a partir de esas juntadas comenzó a salir un lenguaje y a incorporar uno elementos del otro.

Cuando tocaste con la Sinfónica de Berlín el Concierto para guitarra, bandoneón y orquesta de Piazzolla, ¿fue todo escrito o pudiste improvisar?

Todo escrito. Absolutamente. Incluso cuando me hicieron la propuesta les pedí que me mandaran las partes; vi la partitura y, como venía familiarizado con el lenguaje porque venía tocando con Ziegler, les dije que sí, que lo grabáramos. Está todo escrito, pero es una música muy guitarrística. Hasta ahora no me ha pasado no poder tocar algo escrito. Ahora me han mandado algunas cosas de clásica contemporánea que aún no las vi… y hay que ver con qué se han venido. Yo creo que todo es posible de realizar; algunas cosas implican más trabajo que otras, eso sí…

Casi al principio de esta charla vos dijiste que una de las cosas que más te entusiasmaban era la composición (asiente); pero acabás de hacer un disco, Cuchichiando, en el que por primera vez no hay composiciones tuyas. ¿Qué sensación te produce el hecho de que en un disco tu aporte no pase por lo compositivo?

Esto tiene su origen en una propuesta que me han hecho. Porque como vos bien sabés, hay gente que cree que soy folclorista, otros que soy tanguero, otros me relacionan con el jazz… En determinado momento me llamaron de un festival de música folclórica y me proponen participar tocando temas de Cuchi Leguizamón. Lo que me sorprendió bastante porque no suelen llamarme para festivales acá. Afuera sí… pero acá es más difícil. Y me sentí muy atraído, porque a mí como oyente me gusta escuchar a Joe Pass tocando standards a su manera o a Ralph Towner. Y además siempre me atrajo la música del Cuchi; y poder encarar sus composiciones, solo con la guitarra y desde un enfoque más jazzístico, me resultó muy tentador. Y digo “jazzístico” por la libertad que te da el estilo y su carácter improvisatorio. Entonces lo armé, toqué y no estuve muy conforme con el resultado final porque no tuve mucho tiempo de preparación. Pero se me acercó Nicolás Falcoff, productor del sello Suramusic, y me propuso hacer un disco con música del Cuchi Leguizamón y con invitados. La idea me encantó. Un trabajo que fue puro placer. Me impulsó a investigar más, aparecieron cantidades de partituras y también encontré composiciones de él que nunca fueron grabadas… muy interesantes, como Chacarera del holgado, que tiene armonías muy disonantes y se ve que era muy difícil… por eso no lo grabó nadie (risas). Pude convocar a varios amigos, como los de Alfombra mágica, Juan Falú, Marcelo Moguilevsky, Nora Sarmoria, también estuvo Luciana Jury, una cantante increíble que conocí hace poco, Santiago Vázquez… y Franco Luciani, a quien no conocía y me llevé una sorpresa mayúscula… para mí es como una mezcla de Hugo Díaz y Toots Thielemans… tengo que escuchar más cosas de él…
A mí me sirvió mucho hacer este disco; incluso me brinda mucha inspiración para seguir, ando muy embalado porque me llegó material por varios lados y qué sé yo… es jazz…

Justamente… hace unos meses entrevistamos a Guillermo Klein, que también realizó un homenaje al Cuchi Leguizamón y nos decía que para él estaba a la altura de Duke Ellington; y coincidíamos en que el Cuchi es el “dueño” de varios temas que hoy son himnos anónimos (Sinesi asiente), que mucha gente los conoce y los canta pero que no tiene idea de quién los compuso… ¿qué tiene una persona para poder lograr eso?

Qué interesante lo que planteás…(piensa) El otro día estaba viendo el programa que tiene Emilio del Guercio (se refiere a “Cómo hice”, que se emite por canal 7) y estaba Spinetta por “Muchacha ojos de papel” (clásico del rock argentino). Yo no sé si son conscientes a la hora de componer esas canciones, que van a ser himnos… En el caso de la música del Cuchi respetan totalmente las formas del folclore y las letras también son de un nivel muy alto, como la música. Tal vez sea la conjunción… ya de entrada respeta las formas populares, una zamba por ejemplo. Pero hay algo más que no se sabe qué es… y no creo que el artista lo sepa tampoco en el momento de la creación ni que esté pensando en eso.

Y coincido, pero… ¿qué es lo que tiene un artista para que eso pase?

(Piensa) Yo vuelvo a lo del Cuchi… porque teniendo conocimientos muy amplios lograba que su música llegara a la gente. Y yo valoro mucho eso; hay como una síntesis… yo lo comparo también con Jobim. Porque se trata de música argentina, popular… pero hay algo diferente, se abre una puerta. Él pudo, desde la música popular, abrir una ventana gigantesca y es un mérito enorme… porque hay músicas que son populares pero que no te trasladan a ningún lado. Con Spinetta también pasa… te lleva hacia otros lados…

¿Puede ser que por esa erudición al Cuchi varios de sus contemporáneos lo ningunearon?

(Silencio)

Porque lo que noto es que hay un reconocimiento a su música pero de artistas posteriores a su generación…

Sí, sí, sí… entiendo… yo lo que creo es que son artistas que están adelantados a su época; yo lo viví en persona. En el ochentaypico fuimos con Dino Saluzzi a tocar en un festival folclórico en Cafayate, Salta. Ahí conocí al Cuchi. Era un maestro pero yo todavía no tenía cabal noción de lo que era. Y en ese festival, que era al aire libre, no había piano acústico, por lo que tocó en un Fender Rhodes, solo. Imaginate. Lo abuchearon, nadie entendió nada… y a nadie le importó que La arenosa era de él, o Balderrama. Lo abuchearon igual…

Ni hablemos de lo mal que la ha pasado Piazzolla…

Y Dino mismo… porque son adelantados…

¿Seguís pensando que Piazzolla y Saluzzi son el equivalente a Hermeto Pascoal y Egberto Gismonti?

Totalmente. Por una cuestión de fuerza interior, por lo que siguen creando. Es lamentable pero parece ser un mal universal: con Saluzzi va a pasar lo mismo que con Piazzolla. Lo van a reconocer cuando ya no esté. Con Charlie Mariano pasó lo mismo; hace poco le hicieron un homenaje y a mí me dio mucha bronca… Dino es un monstruo y necesita un reconocimiento en la Argentina. Que la gente sepa que existe y que le aportó mucho a la música argentina.

¿Y por qué creés que es así?

Debe haber mecanismos que no permiten que sea de otra manera. Pienso que debería haber un impulso más potente para que lo nuestro se pueda desarrollar más. Yo lo veo en cosas simples… hace poco estuve en Basilea y me llevaron a un museo de bandoneones que era impresionante… Yo no sé si acá hay algo similar, pero de lo que sí estoy seguro es de que, en caso de existir, no han hecho mucho para que se conociera. Llegás a Italia y en el aeropuerto hay un cartel gigante de Paolo Fresu… Acá, en Ezeiza, podría haber uno con una foto de Saluzzi, Piazzolla, Spinetta… para que al menos la gente que viene de afuera pregunte quiénes son…

¿Por qué la guitarra de siete cuerdas?

Fue una idea de Oscar Trezzini, el luthier que me hizo la guitarra, porque él veía que yo cambiaba mucho las afinaciones. Entonces se apareció con la de siete y ya no pude volver atrás. Después me enteré que la guitarra de siete cuerdas brasilera es muy popular en los choros; y es más… yo pienso que con el tiempo la guitarra normal va a pasar a ser la de 7.

¿Por qué, cuál es el beneficio principal?

Tiene un bajo más y también se relaciona con el uso del dedo meñique. A mí me resulta muy natural. La afinación es igual a la de seis, pero con un bajo más en “si”. Es muy práctica… yo con Ziegler por momentos toco el bajo y me encanta…

¿Y por qué no una de ocho?

También… lo que pasa es que sería otro universo, pero también…

¿Por qué te inclinás más por lo acústico que por lo eléctrico?

Toqué eléctrica muchos años, con Alfombra mágica, con Saluzzi… Pero desde que apareció la de siete cuerdas es como que me sentí muy identificado. Cuando toco solo además me gusta la posibilidad de pasar a la guitarra píccolo, al charango, la española… Hay un clima intimista y una calidez que me gustan. Esto no quier decir que en algún momento no toque eléctrica de nuevo… Pero me entusiasma el hecho de romper estructuras propias y de ampliar las posibilidades. Me ha pasado con los Microtangos, que es una música más agresiva, más de ruptura, menos melódica y que en Europa gusta mucho. Para mí son señales… como esto del Cuchi… ¿por qué me llamaron a mí y no a otro? También pudo haber sido un error(sonríe) pero para mí es una señal. Yo siempre quise tocar con Piazzolla y no se dio; pero cuando me llamó Ziegler… todas son señales. Trato de involucrarme en proyectos en los que sienta que puedo ponerme la camiseta…

Pero te debe haber pasado participar de proyectos que no te conformaron…

Me sigue pasando. Cuando me ocurre, me retiro de forma natural. Es probable que termine no existiendo química. En lo propio trato de asociarme con gente con la que intuyo que las cosas pueden funcionar y que puede existir un intercambio. Me gusta tocar con gente que, si toca mejor que yo, bienvenida…

¿Qué es lo que estuviste haciendo recientemente con (la pianista) Paula Shocron?

Desde hace un tiempo que teníamos la intención de juntarnos como para ver qué salía. Y la oportunidad se dio justo antes de un viaje mío. Nos mandamos unos temas y nos metimos en un estudio a tocar y lo grabamos. Para mí fue mágico lo que ocurrió… y la verdad es que tengo muchas ganas de editarlo. Y eso que nunca nos habíamos juntado para tocar… Me encantó y no siempre pasa eso, así que no sé… habría que mezclarlo… veremos…

¿Cómo te llevás con la tecnología?

Me gusta; pero la uso con cierto cuidado. Porque puede ser interesante pero también delicado. Desde hace rato estoy usando loops, ya como un instrumento más, básicamente en vivo. No me gusta abusar, pero sí utilizarlo como un recurso.

Además de la presentación de Cuchichiando, ¿tenés algún otro proyecto a la brevedad?

Vamos a actuar con Moguilevsky en Córdoba, pero quiero dedicarme a componer. Estuve viajando mucho este último tiempo y quiero parar un poco. También tengo composiciones que me han pedido para orquestaciones, pero es algo a largo plazo. Ahora lo que quiero es componer para distintas formaciones.

¿Hay un momento para componer?

Hum… es un tema ése… Para mí hay que tener el ambiente propicio y estar ahí, como para un pintor tener la tela enfrente…

Aquello de “cuando llegue la inspiración, que me encuentre trabajando”

Por supuesto, porque la idea puede venir en cualquier momento. Es raro, porque algunas de las ideas de los Microtangos las escribí en un tren en Alemania. Pero a mí me gusta estar con la guitarra a mano, un grabador, partituras para escribir, estar con los elementos…

¿Pensaste alguna vez en la posibilidad de no tocar más?

Trataría de componer como sea…

Te la complico un poquito más: no música.

También me gusta enseñar pero claro… está relacionado con la música así que tampoco podría (risas). Trataría de ser Director Técnico de fútbol…

¿En la Argentina? Vas a tener mucha competencia… (risas)

Me gusta mucho el fútbol y ya que no puedo jugarlo… cuando era chico jugué en Vélez, de 6… me gusta mucho de verdad…

Bueno, no sufras… la última: no compusiste música para películas, ¿no?

No, y es algo que de verdad me gustaría hacer… Pero por ahora, tocar… porque puedo tocar, ¿no? (risas) Uno no es consciente a veces del regalo que tiene, de poder hacer lo que uno quiere, lo que le gusta, habría que tener más conciencia de eso…

www.quiquesinesi.com

Marcelo Morales

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