Gustavo Lorenzatti: Buenas nuevas

Enigmatik-A, Pechalo con la sierrita, Dinámico, Cerro Azul, Oaxaca, Marok, Su’s Dreams, Simultaneous, Pere, Tresor, Blues, Budú, Francesca, Playa Marina, El gran tironeo, Santa Cruz, Speedo, Gromari

Músico:
Gustavo Lorenzatti: contrabajo
Músicos invitados:
Pedro Fenoglio: trombón en Santa Cruz y Gromari
José Franco: batería en Speedo

BAU, 2010

Calificación: Dame dos 

El Licenciado en Frases Hechas, el Doctor Asdrúbal Casimiro Perogrullo afirmó, en su última conferencia acaecida en la Sociedad de Fomento Lo Evitable, una verdad incuestionable: “Estoy en condiciones de aseverar que, sobre la soledad, se ha escrito mucho”. No podemos referirnos a la reacción de los asistentes porque, simplemente, no los hubo. Y así finalizó la rimbombante presentación de Perogrullo.
Uno detesta caer en los lugares comunes; pero éstos se empecinan en aparecer una y otra vez. Así que disculpe usted, pero a veces el destino se torna en algo ineludible. Así que tampoco vamos a caer en actitudes quijotescas porque ya lo dijo también el Licenciado Perogrullo: “se hace lo que se puede; y lo que no… se compra hecho”. Y como “lo hecho, hecho está”, mejor “pasemos a los hechos”.
No se necesita ser una eminencia como Asdrúbal Casimiro para comprender que la soledad es la carencia (voluntaria o involuntaria) de compañía; que un solitario ama la soledad o, al menos, vive en ella; y también que es único en su especie. A partir de estos, si se me permite, enunciados, tiene razón el Licenciado Perogrullo al afirmar que “sobre la soledad, se ha escrito mucho”. Pero no menos cierto es que no siempre ha habido coincidencias en los razonamientos. Porque podemos encontrarnos con expresiones fatalistas como la del psicólogo y psicoterapeuta Alfredo Ruiz que, sin notársele el menor rictus, sentencia: “Psicológicamente se define a la soledad como la ausencia, real o percibida, de relaciones sociales satisfactorias, que se presenta con síntomas de trastornos psicológicos y desadaptación, como ansiedad, depresión, insomnio, abuso de drogas y alcoholismo”. Esta vez recurriremos al filósofo canino Diógenes para exclamar sin hesitar: “¡Qué lo parió!”. Pero espere… no se deprima, drogue ni beba… no por esto al menos. Ya que la Licenciada Merlina Mainer ofrece otro punto de vista: “Los adultos solemos buscar momentos para estar solos y poner en orden nuestras ideas, pensar detenidamente acerca de los siguientes pasos a seguir y abstraernos de las ráfagas de acontecimientos que se suceden a nuestro alrededor. Si lo piensas bien, cada uno de nosotros vive en soledad con sus pensamientos y su conciencia. Esto es algo inmodificable y permanente. Haz de la soledad tu aliada”. Y ya que estamos, veamos qué nos dice el Dr. Walter Ghedin: “En estos tiempos que corren, con tantas urgencias, presiones y exigencias, la soledad llega a ser un momento deseado. Se convierte en el espacio para estar con uno mismo, con los pensamientos propios, las emociones, el disfrute o, simplemente, para tener la mente en blanco”.

Si usted espera a que me sume a la masa de opinadores u opinólogos acerca de la soledad… olvídelo. Muchos se han referido a ella de una u otra manera. Algunos de ellos, verdaderas celebridades como Neruda, Baudelaire, Becquer, Beaumont, Amado Nervo, la Madre Teresa, Francis Bacon, Paul Valery, Goethe, Flaubert, Edgar Allan Poe… ¿qué se puede decir entonces que no se haya dicho ya, eh…?

Podemos seguramente coincidir en que la soledad… depende. Del cómo, el por qué, el para qué, en tanto y en cuanto. A uno le queda en el inconsciente que muchos de los grandes genios de la historia de la humanidad han sido solitarios. Pero por otro lado, que no la han pasado tan bien. Ambas cuestiones son incomprobables. Pero parecería ser que gran parte del asunto pasa por la intención. De si uno quiere estar en soledad. O no. De esto, seguramente, dependerá si se trata de un estado positivo (elegido, deseado) o que coincidiendo con el Lic. Alfredo Ruiz, desemboque en “ansiedad, depresión, insomnio, abuso de drogas y alcoholismo”.

Intuimos que cuando el contrabajista Gustavo Lorenzatti decidió grabar Buenas nuevas, optó por la soledad con absoluto convencimiento, conocimiento de causa y de sus propias fuerzas. Porque el álbum (salvo en 3 de los 18 tracks) es una entrega de contrabajo solo, sin sobregrabaciones, registrado en Córdoba en el año 2005 y que recién ahora ha sido editado por el pujante sello BAU Records.
Por si no lo conoce, le contamos que Gustavo Lorenzatti es un contrabajista argentino nacido hace 46 años en Córdoba. A pesar de que el destino le puso en sus manos una guitarra (y no sólo una vez), el contrabajo ganó la partida por escándalo. Porque si bien originalmente estudió guitarra en San Francisco (Estados Unidos), un triple salto mortal lo desembocó en el Conservatorio de Rotterdam. Allí estudió durante seis años con Hans Roelofsen (solista de la Nederlanse Filarmonic Orchestra) y ya no hubo marcha atrás.
Lorenzatti participó en orquestas de cuerdas y ensambles de música contemporánea tales como El Asko Ensamble (Holanda) y Ensamble de Música Contemporánea de Río de Janeiro. Fue miembro fundador de Tango Cuatro y Sexteto Canyengue en Holanda, músico invitado de la Orquesta Típica de Osvaldo Pugliese y ha acompañado, entre otros, a Néstor Marconi, Raúl Lavié, Horacio Ferrer, Martha Argerich, Ernst Rejseger, Marcelo Álvarez, De Boca en Boca, Joan Manuel Serrat, Dúo Coplanacu, Leo Maslíah y Carlos “La Mona” Jiménez. Compuso diferentes obras para danza, danza teatro, teatro, agrupaciones de jazz, multimedia, intervenciones, música incidental, cortometrajes y cine. Ha sido compositor y arreglador de Golpe de Calor, Trío La Desatanudos, Trío Bailongo y de Contrabón, dúo de contrabajo y trombón que conformara junto con Pablo Fenoglio.

Y Gustavo Lorenzatti se decidió a grabar su propio álbum. Y lo hizo (casi) en soledad. No abundan los antecedentes, en la Argentina, de registros de contrabajo solo. Y mucho menos sin sobregrabaciones. Lorenzatti, que ha incursionado por prácticamente todos los estilos todos (clásica, electrónica, folclore, jazz, rock, pop, tango y siguen las firmas) ha concretado, en Buenas nuevas, una aventura fascinante y un álbum de impecable factura. Las primeras 15 composiciones (todas, menos una, le pertenecen) las ejecuta sin compañía. Y ha sabido vestir de diferentes matices a cada una de ellas como para que tengan su propia autonomía pero, a la vez, funcionen como un bloque homogéneo, sólido, consistente y atractivo. Tenemos el inicio con Enigmatik-A, cuya calma inicial no presagia el irresistible groove con cierta dosis de violencia que se avecina; la experiencia rayana con la electroacústica y el notable uso del arco en Pechalo con la sierrita; la sucia distorsión de Dinámico en una suerte de mix entre grunge y noise. Cerro azul, indicando que seguramente Lorenzatti ha escuchado alguna vez solear a Charlie Haden. El alegato camarístico presente en Oaxaca; el contrabajo como elemento de percusión en la vigorosa Marok; Su’s Dreams con su aire tan pesadillesco como angelical; el indisimulable lirismo presente en Simultaneous Pere (única composición ajena, perteneciente a Pere Soto); el aire espacioso y espacial de Tresor; el dúo consigo mismo de contrabajo y percusión (en el mismo instrumento) en Blues, pieza no exenta de erotismo y de un ubicuo aporte vocal a cargo del mismo Lorenzatti; el regreso a la distorsión en la violenta Budú. La formidable experiencia de Francesca, la pieza más larga del CD (casi diez minutos) con elementos minimalistas, árabes, barrocos y de avant garde; el temple y la reflexión en Playa Marina; la perturbadora e inquietante El gran tironeo… Y así llegamos a los tres duetos con los que se cierra Buenas nuevas. La enérgica Santa Cruz junto con el trombonista Pablo Fenoglio, de brillante performance. Speedo, con el versátil baterista José Franco, una entrega ascética de enrarecida y subyugante atmósfera con elementos (nuevamente) electroacústicos y de clásica contemporánea. Y, finalmente, la calma en forma de canción en la atractiva Gromari, nuevamente con el ínclito aporte de Pablo Fenoglio en trombón.

El contrabajista, compositor, arreglador y productor Gustavo Lorenzatti logró, en Buenas nuevas, concretar un álbum homogéneo, sólido, compacto, como si se tratara de una extensa suite de 70 minutos en los que las posibilidades del contrabajo parecen ilimitadas. Lorenzatti ha sabido amalgamar las diversas experiencias adquiridas en diferentes estilos, con el valor agregado de su técnica, su inventiva y su valentía para adentrarse en terrenos escasamente explorados. Ha decidido llevar a cabo su proyecto (casi) en soledad. Pero a no confundirse: fue una soledad elegida (y en este caso bienvenida) pero en la que estuvo acompañado (aunque parezca un contrasentido) por su instrumento y sus bondades. Que, claro está, no son escasas.

Marcelo Morales

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