• Nozen: Live! Au Upstairs

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    Ça coule ça coule!, No Soap, ¿Quién me corre?, Jour de mariage, El loco, There’s a Cat in da House, No es bueno que el hombre esté solo, Stop Jumping!, A Hole in my Shoe, Danza del pantalón, Spread the News, No Milk no Sugar

    Músicos:
    Damián Nisenson: saxos alto y tenor
    Bernard Falaise: guitarra
    Jean Félix Mailloux: bajo
    Pierre Tanguay: batería

    Malasartes Musique, 2009

    Calificación: Dame dos

    El saxofonista Damián Nisenson nació en Buenos Aires en 1958. Cita entre sus influencias a Atahualpa Yupanqui, Ástor Piazzolla, Joao Gilberto, Robert Fripp, Jorge Cumbo, Caetano Veloso, John Coltrane, Jimi Hendrix, Roberto Goyeneche y David Crosby. Pero también a Frank London y John Zorn. Ha grabado en álbumes de Don Cornelio y la Zona, Los Twist, Viuda e hijas de Roque Enroll, La Portuaria, Los Triciclosclos, etc. Pero también de Fernando Kabusacki, Ryan Anderson y Sergio Bulgakov y ha compartido experiencias y escenarios con Jessica Lurie, Jean-Marc Herbert, Fanfare Pourpour, Chiave Minerale y Josh Dolgin, entre muchos otros. Ha conformado, además, las agrupaciones Dosaxos2 (junto con el también saxofonista Sergio Dawi), el trío Nisenson-Kabusacki-Dawidowickz, Damián Nisenson Trio y Damián Nisenson Trio + 3. Su último proyecto grupal es el cuarteto Nozen, integrado por Pierre Tanguay en batería, Jean Félix Mailloux en bajo, Bernard Falaise en guitarra y Nisenson en saxos alto y tenor.

    Desde hace algunos años Damián Nisenson ha sentado su base de operaciones en Montreal. Sus aptitudes lo han llevado a desempeñar el cargo de Director Artístico del sello discográfico Malasartes, del que nos ha llegado al buzón el álbum debut del cuarteto titulado Live! Au Upstairs, que refleja actuaciones de Nozen realizadas los días 12 y 13 de junio de 2009 en el mencionado Upstairs de Montreal. Desde hace un tiempo más que importante que el saxofonista se ha metido de lleno en lo que desde aquí humildemente damos en llamar música creativa contemporánea. En Nozen, cuya propuesta artística está decididamente emparentada con el jazz judaico de estos tiempos, Nisenson hace confluir, además de jazz y música klezmer, elementos de tango, música balcánica, pop, rock, libre improvisación y un par de etcéteras.

    Le voy a confesar algo. Hace unos meses comentamos este disco en otra de nuestras secciones (Brevario) y con la firme intención de hacer el correspondiente review. Un día (no importa cuál, pasó hace tiempo ya y de nada puede servirle ese dato, pardiez…) puse el CD en una reunión de amigos en casa. No jugaré al enigma: alguien se lo llevó, “sin querer queriendo”, de lo que me enteré mucho tiempo después. De más está decir que revisé toda mi casa, rincón por rincón, disco por disco y hasta libro por libro (el packaging es fino y en mi desorden habitual podía haber ido a parar al lugar más inesperado). Llamé a los bomberos, al Cipec, al 911, a los Cazafantasmas, a Tiburón, Delfín y Mojarrita (tenía amplias expectativas en el dedo biónico de Julio de Grazia), me vi todas las series del canal FX (tal vez se tratara de un acontecimiento sobrenatural) y hasta me compré una linterna.
    Nada.
    Nada de nada.
    Hasta que me fue devuelto con un “tomá, me lo llevé para escucharlo y me colgué… ¡está buenísimo!”

    Quedé paralizado. Entre otras cosas porque quien se lo había llevado tiene menos oído que un termo y jamás se me hubiese ocurrido que un álbum como éste pudiera (o pudiese) ser de su agrado. Creí que me estaba cargando hasta que me habló con propiedad y conocimiento del CD, diciéndome además que había estado investigando en el músico (Nisenson) y en el estilo, que no sabía que existía música así y una serie de comentarios que en mi estado de lobotomización temporal no logré registrar. Lo que sí recuerdo es que ante la alegría (perdone usted pero estas situaciones me pueden) opté por disimular el pequeño desliz cometido por mi amigo y que motivó que llamara a… a… a toda esa gente y que además me comprara una linterna (que ya no anda).

    Evidentemente no hay fórmulas; ¿cómo saber qué, cuánto, en qué momento y de qué manera algo puede gustar, encantar o seducir a alguien? Musicalmente hablando, por supuesto. Recuerdo que en mi adolescencia intentaba llamar la atención de algunas señoritas grabándoles casetes con la música que escuchaba. Pero la selección del material no era fácil. Muchas veces me ha ocurrido que los temas de relleno (esos que uno ponía al final de cada lado porque por la duración “entraba justo”) eran los que provocaban, inesperadamente, las reacciones esperadas. Como aquella vez que utilicé un casete de mi madre, lo regrabé con gemas del rock sinfónico de entonces (Yes, King Crimson, Genesis, Pink Floyd) y lo entregué. La devolución fue demoledora: “lo que más me gustó fue ese pedacito al final de Camilo Sesto”. Apurado, no había borrado los últimos minutos de la cinta… allí aparecía el Camilo entonando “la huella de tu canto echó raíces…. Meliiiiiinaaaaa… ah… ah… y vuelven a reír tus ojos tristes… Meliiiiiinaaaaa… ah… ah…” seguido por el demoledor “lalaralaralalalaaaaa… Meliiiiiinaaaaa… ah… ah…” El suceso motivó mi primera experiencia terapéutica.

    Pero no sé por qué insiste en que me desvíe del asunto que nos ocupa, que es la edición de Live! Au Upstairs, del cuarteto Nozen.

    De antemano quiero comentarle que no tengo, hasta donde sé, familiares judíos. Ni de cerca. Por eso me resulta incomprensible por qué termina seduciéndome tanto la música klezmer en la mayoría de sus variantes. Y ya yendo al disco, de movida queda claro por qué Nisenson cita entre sus influencias a Frank London y John Zorn. La propuesta de Nozen contiene muchos de los elementos visibles tanto en Masada como en la formidable Hasidic New Wave. Hasta tal vez resulte un mix, habida cuenta de la conformación del grupo. Ça coule, ça coule, apuntalado desde el bajo de Jean Félix Mailloux ofrenda la primera notable intervención del guitarrista Bernard Falaise y muestra a un Damián Nisenson en estado de gracia. El soporte percusivo de Pierre Tanguay es formidable y las primeras sonrisas asomaron. Algo que se prolonga en No Soap, con una base a mitad de camino entre el funk y el soul, un trabajo melódico de notable precisión entre Nisenson y el guitarrista Falaise, quien brinda otra intervención para el aplauso sostenido. Un contenido bombardeo percusivo preludia un contenido caos que Nisenson lidera con autoridad y ubicuidad. Un hit single.

    ¿Quién me corre? es un straight ahead (a cargo de bajo y batería) atravesado por el klezmer (gentileza de saxo y guitarra), para luego virar hacia un segmento donde el free se hace presente merced a un incendiario solo de Nisenson. La calma llega en la balada Jour de mariage, un relax necesario ante tanto vértigo desplegado. El loco hace honor a su título. Una base percusiva potente que invita a cabalgar, sobre la cual Nisenson y Falaise avanzan a paso redoblado hasta que se despega el guitarrista para otro momento de contagiante efervescencia. Y se contagian todos, afortunadamente.

    There’s a Cat in da House, lúdica, festiva, simple en apariencia muestra, entre otras cosas, el buen gusto y la gran variedad de recursos del baterista Pierre Tanguay, acelerando y desacelerando por su cuenta… como si no le importara nada… Pero ahí está el bajista Jean Félix Mailloux para apuntalar el descontrol que tiene como protagonistas, una vez más, a Nisenson y Falaise. El guitarrista brilla también en la espaciosa y relajada No es bueno que el hombre esté solo. Pero en Stop Jumping! el cuarteto invita al pogo con un espíritu rocker indisimulable. Tremendo momento…

    Ahora que dejé de saltar, puedo decirle que A Hole in my Shoe tiene toda la estirpe de un standard de jazz ( y de los buenos) con una sólida intervención de Jean Félix Mailloux en bajo y Nisenson nuevamente desatado. Los aires ciudadanos se hacen presentes en la nostálgica Danza del pantalón; mientras que Spread the News nos acerca al heavy metal (¿heavy mental?) donde el saxofonista introduce un solo de aire judaico sobre una base símil Living Colour. La combinación es encantadora. No quiero ser reiterativo, pero hay un solo de Falaise
    El cierre es con la reflexiva No Milk no Sugar, de oscura intensidad, casi un réquiem. Y luego de unos segundos de silencio, lo que parece (pongo “parece” porque con esta gente nunca se sabe) uno de los temas procesados al revés. O atravesado por vaya uno a saber qué procedimiento(s) tecnológico(s). Sea paciente y escúchelo. Vale la pena. Y se aceptan apuestas (¿¡!?).

    Estoy contento.
    Porque recuperé un CD por el que removí suelo y techo y porque al escucharlo nuevamente ratificó mi impresión inicial. Live! Au Upstairs, el álbum debut del cuarteto Nozen, liderado por el saxofonista argentino Damián Nisenson es un claro ejemplo de cómo un compositor puede utilizar sus influencias y las distintas tradiciones estilísticas para un lenguaje nuevo y personal, netamente contemporáneo y, más interesante aún, atemporal.
    Soberbiamente grabado y ejecutado, Live! Au Upstairs (que lamentablemente no se ha editado en la Argentina), ubica (ratifica) a Damián Nisenson como uno de los músicos argentinos más sólidos de la actualidad. Y con un futuro tan prometedor como incierto, habida cuenta de los distintos rumbos y humores por los que ha sabido (y sabe) transitar.

    Marcelo Morales

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