• Sofía Vítola: El agua me…

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    Introducción, Invención, Ciempiés, Cajitas, Morro, Tropos, Bosque Musical, Ente Musical, Partícula X, Tono de Mar, Garuando

    Músicos:
    Sofía Vítola: voces, guitarras, instrumentos informales, procesadores
    Invitados:
    Joaquín Vítola: minimoog, voces en Invención; voces y aullidos en Ciempiés
    Elise Hoffberg: voz en Invención
    Candelaria Molina: voces y guitarra en Trapos
    Nina Polverino: voces en Tono de Mar

    Independiente, 2010

    Calificación: Está muy bien

    ¿Usted se preguntó alguna vez por el origen del agua? ¿De dónde viene, cómo se formó, por qué, para qué, etcétera?
    Yo… tampoco.
    Y mire qué raro… porque (y no vaya a ponerse paranoico/a por esto que voy a revelarle) sin agua, no existimos. Le juro. Y a veces tienen que ocurirle cosas determinadas o fortuitas a uno para que empiece a interesarse por determinadas cuestiones. Es muy probable que mucha gente llegue al final de sus días ignorando éste y otros interrogantes de indudable valía (por ejemplo… ¿cómo hizo Mostaza Merlo para sacar campeón a Racing?).
    Sepa que si para algo estamos aquí es para despejar dudas de esta naturaleza… y de otras. En momentos en que el agua escasea y está comenzando a ser disputada febrilmente por los poderosos que tienen poca, amenazando a los países piscuises que la juntan en balde, nos parece interesante abordar el tema. Sin abusar, por supuesto, trataremos de hacerlo de una manera sencilla, lisa, llana… como para que usted pueda entenderlo…
    Y nosotros también.

    Parece ser que hace unos 4.500 millones de años (margen de tolerancia: +/- 3%), comenzó a conformarse lo que hoy conocemos como Sistema Solar. Usted ya lo sabe… por un lado el sol y por el otro el gas y el polvo estelar que, condensados en pequeños fragmentos, comenzaron a jugar a los autitos chocadores. Aunque usted no lo crea, varios de estos choques originaron los planetas. En los que en un principio hacía una calorata de proporciones volcánicas; sí, en la Tierra también. Los gases que se desprendían de ese horno permanente, conformaron la atmósfera. Y entre esos gases había oxígeno e hidrógeno (nos vamos acercando). Aceptando la oferta 2×1 (dos de hidrógeno por uno de oxígeno), hizo su aparición en esta historia el vapor de agua.
    Luego de un tiempo (apenas algunos años… millones…) dicho vapor se condensó conformando nubes. Y comenzó a llover. Ante tanta inistencia pluvial, la superficie terrestre empezó a enfriarse y a retener cada vez más agua líquida. De ahí la conformación de mares, ríos, lagunas, lagos, charcos, etc. Esto fue posible en la Tierra porque la distancia con el sol permitió (permite) la realización de esos ciclos. Más cerca de febo, te incendiás; más lejos, te congelás.

    Pero hay otra teoría que dice que, además, el agua pudo originarse también gracias a unos meteoritos congelados que se dieron de bruces contra la superficie terrestre desparramando hidrógeno y oxígeno en cantidades harto generosas y, además, gratis.
    Desde este humilde lugar no se descarta a ninguna de las dos teorías. Es más, las aceptamos a ambas, habida cuenta de que los registros gráficos, fotográficos y audiovisuales de la época desaparecieron misteriosamente.
    Ahora que ya tiene usted un nimio pantallazo de cómo se originó aquello que usted contiene en el cuerpo en un 75% (otro misteriazo) y que cubre el 71% de la superficie de la corteza terrestre, le comento que el disparador de lo escrito hasta aquí fue la aparición del álbum debut como solista de Sofía Vítola que lleva por título El agua me…

    Sofía Vítola es joven, rosarina, cantante, guitarrista, compositora, arregladora, pero, esencialmente, una artista. Inquieta. Deshinibida. Arriesgada. Fluctuante. Talentosa. Provocadora. Etcétera.
    Su primera experiencia discográfica fue a finales de 2009 con el impactante Norita, de la agrupación Plan Be, una de las más refrescantes apariciones dentro del panorama musical contemporáneo argentino. Pero El agua me… es otra historia; su propia historia. Por eso es que se ha hecho cargo de prácticamente todo, con la excepción de algunos invitados caros a sus afectos y afinidades. El agua me… no es una continuación de Norita. Brinda una experiencia más introspectiva, sensitiva, por momentos minimalista o naif. Vítola dice haberse reencontrado con la voz. Pero atenti: habló de voz, no de canto. Que lo hay; en cierto sentido lo hay. No de una manera convencional, por supuesto. Porque, como era de esperar, sobrevuela lo inesperado.

    La Introducción, breve, un motor y una cajita de música, al que le sucede Invención, con el aporte de Joaquín Vítola en minimoog y voces. Vítola no canta, recita sobre una base que remite a los primeros trabajos de Laurie Anderson. Las voces se entrecruzan casi infantilmente, con sonidos enmarañados en claro contraste. En Ciempiés el tratamiento de voces viene acompañado de una guitarra atractiva en su ascetismo y cierta dosis disonante. Sofía Vítola había declarado, reiteramos, que se había reencontrado con la (su) voz, protagonista indisimulable hasta aquí. Pero son los sonidos los que envuelven, los que magnetizan; los que sin que nos demos cuenta dan inicio a Cajitas, dando rienda suelta a los “instrumentos informales”, a los procesadores, a una sucesión de pequeños segmentos que desembocan “acuáticamente”, con el agua que fluye.

    Un recitado a capella. En MorroVítola aporta nuevamente una paleta sonora envolvente y juega con los silencios y las voces y la respiración. Y luego con instrumentos de dudosa procedencia. No hay patrones rítmicos convencionales. Gobierna una atmósfera fluctuante, densidad, un entramado lúdico y bucólico.
    Tropos (un tratamiento libre sobre un texto de Oliverio Girondo) cuenta con el aporte de Candelaria Molina (compañera en Plan Be) en voces y guitarra. El efecto logrado exige de una atención (e intención) del oyente poco frecuente. Vítola y Molina se permiten dislates con voces procesadas, sonidos infinitos, complejos arreglos y un concepto ilimitadamente expresivo. La tendencia continúa en Bosque Musical, otra reelaboración sobre un poema, en este caso, de Alejandra Pizarnik. Ambos poetas deben estar sonriendo satisfechos. Y nuevamente el agua…

    La brevísima Ente Musical (medio minuto) actúa de preámbulo a Partícula X, con sus ronroneos, lamentos, llantos y luego un tratamiento complejo y desacomplejado que desemboca en Tono de Mar, con las voces de Nina Polverino allá a lo lejos sobre un intento de melodía pop. Pero nada aquí es tan lineal. El cierre es con la expresivamente teatral Garuando, donde nuevamente la instrumentación cede su lugar a las voces y los silencios en algo que a esta altura del álbum ya no sorprende tanto.

    Sofía Vítola ha hecho de El agua me… un álbum para sí misma, sin concesiones, con ciertos guiños, un llamativo y esforzado tratamiento sonoro y donde la voz es protagonista indisimulada, casi coqueteando con la obsesión. La vocalista y guitarrista ha realizado un disco verdaderamente solista, con una importante dosis de riesgo, hermetismo y valentía. Si la idea fue mostrar algo distinto a Plan Be, lo ha logrado con holgura.
    Es más… la talentosa Sofía Vítola ofrece en El agua me… (además de un arte bellísimo) algo que suena diferente no sólo a sus proyectos paralelos sino también a lo que hoy puede escucharse dentro del panorama musical local.
    Y más allá de los logros (que los hay) o no, es motivo más que suficiente para celebrar.
    Porque paradójicamente, y al contrario del agua, Sofía Vítola concretó un álbum que de inodoro, insípido e incoloro, no tiene nada.
    Afortunadamente.

    Marcelo Morales

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