Undivided: The Passion
Noc (Night), Getsemani (Getsemani), Zdrada Judasza (Treason of Judas), Król wyśmiany / Zaparcie się Piotra (Ridiculed King / Denial of St. Peter), Droga Krzyźowa/Ukrzyźowanie/Śmierć (Way of the Cross/Crucifixion/Death), Rocpacz (Despair), Zmartwychwstanie (Resurrection)
Músicos:
Bobby Few: piano
Klaus Kugel: batería
Mark Tokar: contrabajo
Waclaw Zimpel: clarinete, clarinete bajo, tarogato
Sello y año: Multikulti Records, 2010
Calificación: A la marosca
Realidad o ficción, poco importa a esta altura. Lo que no puede soslayarse es que la historia en sí es harto atractiva y que ha dado mucha tela para cortar. Nos estamos refiriendo a la existencia de un tal Jesús, ocurrida hace unos dos mil años, hijo (dicen) de un carpintero (José) y María (sin pecado concebida -¿en serio?-). Salvo por Belén, el pesebre, el bautismo y los Reyes Magos, poco se ha sabido de sus primeros 30 años de vida. Pero luego se transformaría en uno de los personajes más populares de la historia de la humanidad. Las interpretaciones han sido infinitas; se lo ha tildado de líder político, predicador itinerante, sanador, milagrero, agitador, profeta… y el arte, en todas sus facetas, iba a ocuparse in extenso de la existencia del también llamado Mesías, Jehová, Enviado, Salvador, Hijo de Dios, Cristo, Señor, Jesucristo, Redentor, etc.
Sin dudas que el período más re-conocido de ese flaco desgarbado, pelilargo, barbudo, combativo y querible ha sido el que refiere a sus últimas horas de vida, su muerte y resurrección (en ese orden). Horas que comienzan en el Huerto de Getsemaní adonde Jesús se dirigió después de bajar línea a pleno en lo que luego se conocería como La última cena; ésa en la que estaba con sus doce apóstoles (a quienes les lava los pies), donde anuncia que uno lo va a traicionar y donde también ofrece su cuerpo y su sangre.
La historia, con sus amores, desamores, traiciones, lealtades, ruegos, lamentos, insultos, descreimiento, misericordia, regocijo, penitencia, incredulidad, castigos, remordimientos, abandonos, indolencia y, entre otras cosas, crueldad, es fascinante. Haya ocurrido o no, es fascinante. Seguramente quien mejor ha sabido reflejar musicalmente el período mencionado fue un tal Johann Sebastian Bach, con sus “La Pasión según San Mateo” y “La Pasión según San Juan”, compuestas a inicios del siglo XVIII. Pero (y discúlpeme el atrevimiento) me permito recordar Passion (con todas sus licencias a cuestas), la banda de sonido que Peter Gabriel registrara para el film The Last Temptation of Christ, de Martin Scorsese.
El clarinetista y compositor polaco Waclaw Zimpel ha decidido realizar su propia interpretación sonora de “La Pasión de Cristo” iniciándola en aquella noche en el Huerto de Getsemaní y finalizándola con la Resurrección (lo que la transformaría en una “pasión extendida”; sabido es que el protagonista “… al tercer día resucitó de entre los muertos”). Zimpel registró The Passion con Undivided, cuarteto que lidera y que se completa con el contrabajista ucraniano Mark Tokar, el pianista estadounidense Bobby Few y el baterista alemán Klaus Kugel, durante una actuación realizada en abril de 2009 en Dwdr Artusa, Torun (Polonia). Cuatro músicos de extensa y reconocida trayectoria en lo que podríamos denominar jazz de vanguardia con un fuerte contenido experimental e improvisatorio.
Difícil extraer momentos en una obra concebida como un todo. La historia es interpretada cronológicamente comenzando con la breve Noc, pieza introductoria de carácter percusivo minimalista; Getsemani otorga una profunda atmósfera reflexiva sostenida ascéticamente por Klaus Kugel y Mark Tokar, siendo Bobby Few y Waclaw Zimpel los encargados de insertarnos de lleno en la tensa espera, que desemboca en un furioso in crescendo, de un Jesús a la espera de la consabida traición. Zdrada Judasza por momentos asoma como una improvisación colectiva de ribetes dramáticos liderada por el clarinete de Zimpel, al que le sucede una descollante intervención del pianista Bobby Few que no impide disfrutar del soberbio trabajo realizado por el baterista Klaus Kugel desde la retaguardia. No se queda atrás Mark Tokar con una sólida e intensa entrega en contrabajo solo. El clarinete bajo indica el triste rumbo en Król wyśmiany / Zaparcie się Piotra, momento de la ridiculización del protagonista, con su corona de espinas y la negación por triplicado de su apóstol Pedro. Undivided se permite aquí reflejar la burla a la que Jesús fue sometido con un pasaje cercano al straight ahead para luego desembocar en otro magnífico momento improvisatorio de “desilusión” (negación) extrema.
Droga Krzyźowa/Ukrzyźowanie/Śmierć narra sucesivamente el trayecto de Jesús con la cruz, la crucifixión y la muerte. Con gravedad extrema muy cercana al góspel, es uno de los momentos más sublimes del álbum. Zimpel va aumentando el dramatismo sostenido por otra exquisita entrega de Kugel y el atinado uso del contrabajo con arco, gentileza de Mark Tokar.
Rozpacz (La desesperación) es aquí representada por un incesante bombardeo percusivo de Kugel al que luego se acopla (con similar intensidad) el resto del cuarteto. El final es con Zmartwychwstanie (La resurrección), una coda de tres minutos con aire de “grand finale” que decrece en intensidad paulatina y reflexivamente.
The Passion es un CD de neto carácter litúrgico traduciendo de manera poco frecuente e ideal un texto de fuerte contenido dramático en un documento sonoro que excede todo tipo de creencias religiosas. Esta suerte de transcripción (si se me permite la licencia) literal, cuenta con el valor agregado de la improvisación cuyo único límite pareciera ser el sentido trágico que rodeó el período histórico mencionado, sin caer en previsibles estereotipos y con un delicado balance sonoro y protagónico. Es decir: hay un indudable líder; pero que permite que el resto de los integrantes, involucrados con la causa, aporten sus no pocas bondades en un proyecto que no rehúye del compromiso creativo de una obra que siempre transita por terrenos fértiles.
Así que ya sabe: sea creyente o no, déjese atrapar por este magnífico álbum interpretado por cuatro músicos de excepción que, en este caso, sí saben de qué se trata.
Marcelo Morales
