• Fabiana Cantilo: En la vereda del sol

    Cinema verité, Tema de Pototo (Para saber cómo es la soledad), Una canción diferente, Cartas sin marcar, Pupilas lejanas, Persiana americana, Fuego, La vida es una moneda, Costumbres argentinas, Wadu Wadu, Arrancacorazones, Canción para Carito, Maribel se durmió, Brillante sobre el mic, Inconsciente colectivo

    Músicos:
    Fabiana Cantilo: voz
    Marcelo Predacino: guitarras, cuatro
    Javier Miranda: batería
    Cay Gutiérrez: acordeón, teclados, percusión, melódica
    Marcelo Capasso: bajo, slide, cabasa, guitarra acústica
    Leonora Arbiser: acordeón
    Violeta Capasso: metalófano
    Brigitta Danko, Raúl Di Renzo: violín
    Gabriel Falconi: viola
    Jorge Bergero: cello
    Invitados:
    Gustavo Cordera: voz en Una canción diferente
    Kevin Johansen: voz en Pupilas lejanas

    Sony, 2009

    Calificación: Ni en un virgen

    Debo reconocer que la cantante argentina Fabiana Cantilo me cae realmente bien. Durante mucho tiempo le he seguido la campaña de cerca, como integrante de las Bay-Biscuits, de Los Twist, haciendo coros para Sueter, Fito Páez o Charly García. Algunas de sus interpretaciones solistas también contaron con mi anónimo beneplácito y no incluyo en ellas a temas como Mi enfermedad o Mary Poppins y el deshollinador (aunque en el clip se sacudía de perlas). Luego, le perdí el rastro durante algún tiempo. Hasta que en el año 2005 editara Inconsciente colectivo, álbum en el que interpretara 17 clásicos (algunos más, otros menos) del rock (¿pop?) nacional. Allí convivieron temas de Pedro y Pablo, Invisible, Seru Giran, Fito Páez, Andrés Calamaro, Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, Soda Stereo, Sueter, Divididos… Como suele ocurrir(me) en estos casos, el disco me sonó desparejo y sin que las relecturas aportaran, artísticamente, algo decididamente relevante.
    Inconsciente colectivo vendió más de 60.000 unidades alcanzando así el Disco de Platino.
    No sé si me explico.

    En 2007 editó Hija del rigor. Una entrega bastante floja, donde la mayoría de las composiciones le pertenecen y que contó con algunas presentaciones, como la del Teatro Coliseo, que brindaron más dudas que certezas.
    Así las cosas, el siguiente paso de la cantante resultó bastante previsible: una suerte de continuación de Inconsciente colectivo, titulado En la vereda del sol, con 15 clásicos (algunos más, otros menos) del rock (¿pop?) nacional. En este caso, se encargó de aclarar la cantante, en formato acústico. El repertorio está conformado por temas de Charly García (dos, uno de la época de Seru Giran), Luis Alberto Spinetta (también dos, uno de Almendra y otro de Spinetta Jade), Fito Páez (dos), Andrés Calamaro (ídem, uno de Los Abuelos de la Nada), Soda Stereo, Los Pericos, León Gieco / Antonio Tarragó Ros, Celeste Carballo, Attaque 77, Intoxicados y Virus.

    Convengamos, a priori, que para un o una intérprete, no significa un gran riesgo abrevar en el cancionero rockeril argento. Porque temas de los buenos, hay cantidad. Pero, como siempre, no importa tanto el qué sino el cómo. Ahí es donde empiezan a tallar los arreglos, la producción artística y la dirección musical, aquí a cargo de Marcelo Capasso y Cay Gutiérrez. En los créditos también se menciona a responsables de vestuario, fotos, peinado y maquillaje. De la cantante, por supuesto.

    Soy partidario de que las versiones o covers, remitiéndonos exclusivamente al terreno del rock y del pop, deberían, para justificar su realización, ser mejores. Si esto no es posible, queda la instancia de la diferencia, de la deconstrucción, de la verdadera relectura. Y si esto tampoco es posible, o bien dejemos a los originales tranquilos o recurramos a ellos en el fogón, entre amigos que juren silencio y que nos quieran lo necesario (no lo suficiente) como para evitar la crueldad.

    Hay ejemplos de artistas que han versionado a sus colegas de manera admirable. Si me apura un poco le digo que Tori Amos es tal vez el ejemplo más cabal y contundente de lo que antes mencionamos. Sola al piano (Smells Like Teen Spirit, de Nirvana, Thank You y Whole Lotta Love, de Led Zeppelin, entre infinitos ejemplos) o con banda (la genial interpretación de Happiness Is a Warm Gun de The Beatles, Do It Again, de Steely Dan y hasta Ring My Bell, el clásico de la música disco de Anita Ward), ha dado cátedra al respecto. Holly Cole, en Temptation, ha homenajeado a Tom Waits de manera admirable. Y también lo ha hecho el bluesero John Hammond en Wicked Grin. Joe Jackson es otro que sabe del tema (hay algunas dosis en el álbum Summer in the City). Y por supuesto Frank Zappa, especialmente en The Best Band You Never Heard in Your Life. En la Argentina me cuesta. Pedro Aznar podría ser uno. Attaque 77 desde el disco Otras canciones, parte del trabajo realizado por Lito Vitale en Escúchame entre el ruido, pero no me vienen así, rápidamente, muchos más. Y tampoco es el punto.

    También considero importante, a la hora de realizar un cover o versión, que el o la intérprete se embeba en la canción, la haga suya, la comprenda, la considere, la respete. Y que la interprete, por supuesto.
    La sensación, luego de escuchar paciente, concienzuda y reiteradamente En la vereda del sol, es que me cuesta encontrar algún atractivo, alguna justificación, algún sentido que amerite, artísticamente hablando, la realización de este disco.
    Y la verdad que no siento placer alguno en exponer lo antedicho. Pero tampoco lo he sentido al escuchar el CD. Fabiana Cantilo es, para la gran mayoría, "la" voz femenina del rock argentino. Y se supone que a los 50 años y con diez álbumes como solista en sus espaldas, tiene amplio poder de decisión sobre qué hacer y cómo llevarlo a cabo. No voy a entrar en disquisiciones filosóficas acerca de si está bien o mal recurrir a una fórmula exitosa desde lo comercial. Ni tampoco en la elección de los temas porque, como ya hemos dicho, no importa tanto el "qué", sino el "cómo".

    Pero sí me pregunto una y otra vez por qué Fabiana Cantilo decidió hacer este disco y en la manera en que lo hizo. Más allá de algunos aciertos instrumentales (especialmente de Marcelo Predacino en guitarra acústica y algún pasaje de las cuerdas), En la vereda del sol navega entre la intrascendencia y la abulia, con arreglos absolutamente previsibles y remanidos y donde cuesta encontrar el sentido de por qué escuchar estas versiones y no las originales.
    Y es que nada nuevo agregan. Y Cantilo canta como si hubiera decidido dejar de ser "la" voz femenina del rock argentino, con inflexiones impropias de una intérprete que ha sabido entregar más de un par de alegrías, con una aparente intención amable… excesivamente amable, donde las apuestas parecen innecesarias y el riesgo inexistente.

    Una pena porque estoy convencido de que Fabiana Cantilo puede hacer discos infinitamente mejores que éste. Incluso haciendo covers. Pero aquí ha decidido no zambullirse en la temática de cada una de las canciones elegidas, todo es monocorde, como si estuviera cantando en un idioma que le es desconocido y sin comprender el sentido de lo que está interpretando.
    Como habrán podido apreciar, no hemos analizado tema por tema el contenido del disco, simplemente porque deberíamos reiterarnos en los adjetivos para cada una de las entregas. Gustavo Cordera aporta su voz en Una canción diferente, de Celeste Carballo y Kevin Johansen la suya (con un poco más de swing) en Pupilas lejanas, de Los Pericos.

    El actor Luciano Carlos Medina, en una escucha compartida, supo decir sabiamente: "Lo que logró este disco es que salga corriendo a escuchar algunos temas en su versión original". Si ésa fue la intención, tal vez el objetivo se haya alcanzado.
    Pero como no estoy tan seguro de ello, me pregunto qué diría la prensa especializada si en lugar de Fabiana Cantilo se tratara del álbum debut de una ignota cantante.
    Y si les parece exagerado lo comentado aquí, comparen con las versiones originales y me cuentan.
    Porque las comparaciones, en casos como éstos, no son odiosas.
    Son necesarias.

    Marcelo Morales

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