• Quique Sinesi

    En la historia de la música popular argentina, ha sido una lamentable constante el escaso reconocimiento a aquellos artistas que intentaron modificar ciertas estructuras extrañamente solidificadas y arraigadas, la mayoría de las veces, en un éxito popular llamativo y con pocas intenciones de búsqueda o de valores estéticos linderos con la creatividad.
    Por supuesto que ocurre también en otras ramas del arte y hasta en estamentos que le son ajenos; como si intentar modificar lo existente fuera una felonía, una deslealtad, una traición, un delito. En el terreno que nos ocupa, los ejemplos son tan contundentes como llamativos; y si me apura, indignantes, penosos e injustos.
    La hoy en boga globalización, mal que nos pese, ha ayudado en parte a que por lo menos no se niegue la existencia de los que, tomando como bandera la rebeldía anti-sistema, intentan con sus propuestas incontaminadas y de indiscutidos valores artísticos, mostrar nuevos canales posibles de existencia, convivencia, desarrollo y crecimiento.
    No les resultó (resulta) fácil a gente como Ástor Piazzolla, Gustavo “Cuchi” Leguizamón, Manolo Juárez, Dino Saluzzi o Alberto Ginastera (por mencionar a algunos de los más “ilustres”), salirse de los caminos transitados por tantos y mostrar otros nuevos de los que (esas paradojas eternas) muchos han sabido nutrirse. En la Argentina somos poco permeables a las nuevas tendencias, ya se trate de tango, jazz, folclore, rock o clásica.

    En la actualidad tenemos varios tozudos, o valientes, o ilusos, que insisten denodadamente en la búsqueda permanente de un lenguaje propio que se diferencie de senderos híper transitados. Uno de ellos, sin lugar a dudas, es el guitarrista y compositor Enrique “Quique” Sinesi.

    Nacido en Buenos Aires en 1960 y autodidacta en sus inicios, antes de los 20 años ya formaba parte del grupo del bandoneonista Dino Saluzzí. En forma paralela integró el grupo Raíces y luego conformó, junto con el bajista Matías González y el baterista Horacio López, el trío Alfombra mágica. Dentro de sus proyectos podemos mencionar varios dúos con artistas como, entre otros, el saxofonista Charlie Mariano, el vientista Marcelo Moguilevsky, los pianistas Pablo Ziegler y Carlos Aguirre, la bandoneonista Helena Ruegg, el baterista Daniel Messina, la guitarrista Nora Buschmann y el trompetista Markus Stockhausen.
    Quique Sinesi & Friends es un proyecto que le permite tocar en distintos formatos con músicos como Erling Kroner, Daniel Topo Gioia, Sergio Terán, Arnulf Ballhorn, Helena Ruegg, Wálter Castro, Gustavo Battistessa y Gabriel Rivano. Con los chilenos Sergio Terán (vientos) y Pablo Paredes (piano) conformó el trío Viaje latinoamericano y ha compartido grabaciones o escenarios con una larga lista de colegas que intentaremos resumir: Enrico Rava, Pedro Aznar, Ruben Rada, Paquito de Rivera, Joe Lovano, Erling Kroner, Wolfgang Haffner, Michael Forman, Juan Falú, Karnataka College of Percusion, Dieter Ilg, Jasper Van Hof, Nazim, George Haslam, Silvia Iriondo, Jorge Cumbo, Javier Girotto, César Franov, Alejandro Franov, Martin Bruhn, Litto Nebbia, Cecilia Zabala, Nora Sarmoria, etc.

    Sus obras han sido editadas en Francia, Japón, Bélgica y Argentina e interpretadas por importantes guitarristas del ámbito clásico como Berta Rojas, Víctor Villadangos, Nora Buschmann, Luz María Bobadilla, Silvina López y José Ignacio López. Ha grabado en Alemania el Concierto para guitarra, bandoneón y orquesta de Ástor Piazzolla con la Orquesta Sinfónica de la Deutschland Radio Berlín. Como solista ha participado en festivales de guitarra y de jazz en Alemania, México, Francia, Suecia, Italia, Inglaterra, Paraguay, Suiza, Argentina, etc. Y también se ha presentado en Uruguay, Brasil, Bolivia, Chile, Colombia, U. S. A, Canadá, Dinamarca, Austria, Luxemburgo, España, Grecia, Croacia, Holanda y Turquía.

    El estilo de Quique Sinesi abarca elementos del tango y folclore argentinos, candombe, jazz, música clásica e improvisación. Utiliza básicamente una guitarra española de siete cuerdas, pero también guitarra píccolo, acústica, charango y, ocasionalmente, guitarra eléctrica.

    Como líder ha grabado, entre otros, Música para guitarras (1989), Cielo abierto (1992), La luz sigue brillando (1996), Danza sin fin (1998), Color cielo (2000), Microtangos (2001) y Cuentos de un pueblo escondido (2005). Su última producción, Cuchichiando, es su primer álbum sin aporte compositivo, ya que se trata de un homenaje a Gustavo “Cuchi” Leguizamón. Allí recrea clásicos y no tanto (incluso algún inédito hasta el momento) del notable artista salteño en distintos formatos grupales y con la compañía de Marcelo Moguilevsky, Juan Falú, Nora Sarmoria, Luciana Jury, Franco Luciani, Santiago Vázquez y sus compañeros de Alfombra mágica: Matías González y Horacio López. Grabado entre octubre y diciembre de 2009, con producción de Nicolás Falcoff y editado por el sello Suramusic, Cuchichiando será presentado oficialmente el próximo viernes 11 de junio en el Teatro I.F.T. , sito en Boulogne Sur Mer 549, Buenos Aires (entradas en venta en el teatro o por PlateaNet: 5236-3000).

    E inventando un momento (que no fue escaso ni mucho menos) que a todas luces no le sobra, Quique Sinesi nos recibió con una amabilidad y humildad que contrastan con semejante currículum. El problema que se nos presentaba era… ¿por dónde empezar? ¿Qué temas tocar? ¿Qué priorizar? Sinesi nos la hizo fácil, muy fácil, contestando absolutamente todo, con detalles y anécdotas enriquecedoras y tirándonos encima el fardo de la responsabilidad. Porque si a usted no le conforma lo que leerá a continuación, no será atribuible al artista.
    Pero basta ya de preámbulos y ojalá que disfruten tanto al leer como nosotros al entrevistar.

    ¿Vos naciste en Buenos Aires, no?

    Sí, en Capital Federal.

    Porque algunos afirman que sos entrerriano…

    Sí… eso porque salió erróneamente en una nota y después se propagó.

    La verdad que no sé por dónde empezar… hay tanto que me parece que me vas a tener que ayudar (risas). Avancemos por saber cómo se te dio esto de meterte de lleno en la música.

    Mirá… no vengo de familia de músicos. Fue jugando… con mi hermana (Claudia Sinesi), con (el bajista) Matías González, que éramos amigos de chicos… a mis padres les gustaba mucho la música; mi viejo era tanguero y a mi vieja le encantaba el jazz y el folclore. Fue medio natural… yo empecé tocando, el estudio vino después. En cierto momento me di cuenta de que lo necesitaba; al principio estudié clásica, después jazz… pero ya tenía 20 años y estaba con Dino Saluzzi.

    Esto fue aproximadamente por 1980, ¿se te hacía difícil teniendo en cuenta la época (en relación a la dictadura militar del período 1976-1983)?

    Casi te diría que me afecta más ahora que antes. Porque en esa época era chico y estaba tan inmiscuido en la música, tocando, experimentando, buscando… Tal vez fue un aislamiento inconsciente, porque además de tocar con Dino (Saluzzi) y Raíces… (piensa) Yo creo que de chico uno ya se acostumbró a vivir en ese clima espeso que por supuesto no me gustaba… iba a los recitales y era a suerte y verdad lo que podía ocurrir. Terminabas acostumbrándote a convivir con el miedo.

    Es decir que además de ser un obsesivo con la idea de estar tocando todo el tiempo, la situación no sólo no te paralizó sino que te impulsó a inmiscuirte más en la música…

    Claro… fue como una rebeldía inconsciente. Yo estaba rodeado de mis amigos, que les encantaba la música y era como una retroalimentación constante.

    En toda esta paleta casi infinita de estilos que has ido abordando, ¿pensaste en algún momento en focalizar en alguno en particular?

    Por supuesto… todo el tiempo. La cuestión es que me agarra por épocas. Siempre me gustó lo popular; y el jazz me atrajo mucho. En la época de (el club) Jazz y Pop yo tocaba mucho jazz; me gustaba Wes Montgomery, George Benson… y me metí de lleno. Pero en un momento sentí que quería encontrar una música que tuviera más que ver conmigo; seguramente por el hecho de estar tocando con Dino desde los 19 años. Yo ya componía algunas cosas… y en el momento que sentí que estaba muy jazzístico, sentí que tenía que parar, que cambiar. Y así me fue pasando en lo sucesivo. Hoy siento que mi camino ya está claro. Lo que más naturalmente me sale es componer; tal vez no haya un rótulo bien definido para lo que hago, porque tiene que ver con la música clásica, el jazz y la música argentina.

    ¿Qué es la música argentina?

    Hay una música argentina actual; en este momento hay un jazz argentino como en su momento existió (y sigue existiendo) un rock argentino. De adolescente consumía más rock nacional que extranjero, aunque (sonríe) lo que más me gustaba era Madre Atómica, OM, grupos que eran más fusión que rock… Yendo más a las raíces me gusta investigar sobre música folclórica o ciudadana con total libertad. Desde hace años que estoy en ese camino; incluso cuando hago proyectos como el que tenemos con (el pianista) Pablo Ziegler, que ya tiene varios años. Y es verdad lo que dijiste al comienzo… de afuera parecería que uno está en muchas cosas distintas al mismo tiempo, pero para mí es algo totalmente natural, tiene que ver con lo que absorbí desde bien chico. Venía con el tango por parte de mi viejo, el folclore y el jazz por parte de mi vieja (que además era fanática de Oscar Alemán), después aparecieron The Beatles, el rock sinfónico… pero todo eso para mí es “una” música. Hoy justamente pensaba en eso, pero no siento una dualidad; a lo que sí me lleva es a darme cuenta de cómo ha cambiado el mundo en estos últimos años. De cómo uno va relacionándose. Ya no es tan común aquello de “voy a armar mi grupo”… ojo, hay gente que lo hace y me parece genial, pero en mi caso me gusta tocar con mucha gente y en proyectos distintos. Hace unos días estuvimos tocando con (la pianista) Paula Shocron… y vos fijate: somos de distintas generaciones, tenemos distintas cabezas, nuestros estilos son distintos… Otro tanto ocurrió con (el saxofonista) Charlie Mariano, con quien grabé dos discos y veníamos de universos totalmente diferentes.

    Y ni hablar con Markus Stockhausen, ¿no?

    Ni hablar… yo ahí, con él, aprendí tanto… de su concepto…

    ¿Qué es lo que te atrajo de eso que llamás “concepto”?

    La libertad que, al menos, busca. Y que, a través de la música, la logra. La primera vez que nos juntamos para tocar, que teníamos que hacer dos conciertos, yo llevé algunos temas míos; y él me dijo “bueno, vamos a empezar y a cerrar con esto, pero en el medio va a ser todo totalmente improvisado”. Y para mí fue un desafío absoluto porque nunca había hecho un concierto íntegramente de música improvisada. A partir de ahí fuimos buscando pautas conceptuales partiendo de determinadas líneas, armonías, sonoridades… y estaba en otro universo, más viniendo de él que, a través de su padre (Karlheinz Stockhausen, compositor alemán reconocido entre otras cosas por sus innovaciones en música electroacústica, música aleatoria y composición seriada), tenía una carga adicional muy especial; y el conocimiento, porque Markus sabe todo, muchísimo. Y fijate que lo que él hace es lo opuesto a lo que hacía el padre, que escribía todo, pero absolutamente todo, hasta los desplazamientos sobre el escenario, cuándo levantar la trompeta… todo escrito… a veces suena como música improvisada pero hasta eso también estaba escrito.

    ¿Dónde hay más desafío, a la hora de responder a algo pautado de manera estricta o cuando te dan la libertad de hacer lo que quieras?

    (Piensa) El desafío está siempre. Cuando tenés que tocar algo que está escrito te encontrás con una aventura perfeccionista; también depende de la música que estés tocando, porque con Pablo Ziegler hay muchos obligados y contrapuntos y no tenés margen de error. En cambio en la improvisación…

    Un error te puede ayudar a encontrar nuevos caminos…

    Exactamente… porque viéndolo así, ese error podés interpretarlo como un llamado… es algo místico lo que puede ocurrir si uno está realmente metido. A mí me ha tocado interpretar música escrita, improvisada y también un mix de ambas, que me encanta. Es muy atractivo cuando tenés momentos de libertad y de encuentro. Más que nada con el público, porque cuando improvisás todo a veces la gente queda como tildada, eso pasaba con Markus (Stockhausen); que seguramente les gusta pero es otro viaje. Para mí todo es fascinante de aprender, conocer distintas culturas, distintas músicas, distintos pensamientos. Tal vez por eso es que no esté en un estilo definido, como vos decías. Porque eso me permite… A ver… las veces que fui a New York, en cualquier club que me metía te encontrabas con que el pianista parecía Bill Evans, el bajista Gary Peacock y así… y eran pibes jóvenes desconocidos. Y en una de las primeras giras con Saluzzi tomé conciencia de que tenía que enfocarme en nuestra cultura, nuestra locura, con la raíz, que la hay. Y por supuesto que hay una energía inherente a cada lugar, ya sea Buenos Aires, Berlín o New York que salta… y si uno está abierto, percibe que hay una música también. Por eso, cuando me preguntaste acerca de la “música argentina”, te puedo contestar que sí, que está el tango, el folclore… pero también que hay una “música argentina” que está sucediendo ahora. Lo veo en gente joven…

    Esta aparente rotura de límites en los estilos musicales, ¿hace peligrar la identidad?

    Sí, pero también hace que uno en determinado momento tenga que encontrar una identidad nueva. Yo creo que la identidad se hace con el tiempo. Hay una identidad actual en la música contemporánea argentina de proyección folclórica, porque uno no está solo… hay un movimiento que es el que se va gestando. También veo una identidad en el jazz argentino; en el tango… siento que hay una búsqueda…

    ¿Acá incluís al tango electrónico?

    Sí, también. Yo creo que todavía en el tango no hay algo consolidado. Hay muchas búsquedas, muy buenas, pero como que aún falta… Lo veo más en el folclore, donde sí hay un grupo de artistas que van juntos: Acá Seca Trío, Juan Falú, Nora Sarmoria, Raúl Carnota, Franco Luciani, Lilian Saba, el Negro Aguirre… y en el jazz también hay gente con una cabeza nueva… Shocron, Jodos, Tarrés… con el tiempo se verá hacia dónde va y si llega a algún lado. Ziegler también es un buscador, hay muchos trabajos que realizó que acá no se conocen; otro que anda explorando cosas nuevas es (el pianista) Fernando Otero.

    ¿Y qué pasa con tu propia identidad?

    Yo creo que hay una música que circula más allá de mí, mucha música escrita para guitarra clásica. Lo noto también porque me piden cosas, siento que puede haber una evolución en mí por ese lado; hay trabajos en guitarra sola que lamentablemente no se han editado en el país, como los Microtangos, que tiene que ver con lo ciudadano pero con una ruptura teniendo en cuenta lo contemporáneo y a que, además, estuve viviendo mucho tiempo en el exterior.

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