• John Hollenbeck Large Ensemble en Concierto: Un Placer Extra Large

    Red Cat – Los Angeles, California (USA)

    Lunes 7 de Marzo de 2011 – 20:30 hs.

     

    La subyugante oferta musical que integra el prodigo universo sonoro del compositor y baterista John Hollenbeck lo ha elevado con justicia al cenit imaginario en el que se ubican los artistas más creativos de la última década. En su trayectoria reciente se dan cita en perfecta sincronía proyectos paralelos de equivalente calidad, tales como el incomparable The Claudia Quintet, sus respectivos dúos con el saxofonista Jorrit Dikstra y el cantante Theo Bleckmann, The Refuge Trio y el recientemente constituido Hello Earth!. No obstante podríamos colegir que, de ese vasto territorio estético en el que confluyen e interceptan entre otros géneros el jazz, la música de cámara, el minimalismo, la música folk y el post-rock; es el John Hollenbeck Large Ensamble la propuesta que mejor contiene su pensamiento orquestal de avanzada y la exuberancia de los ideales artísticos que lo distinguen.

    La plenitud estética de este emprendimiento ha quedado debidamente testimoniada en los álbumes A Blessing de 2005 y Eternal Interlude de 2009 ya que ambos trabajos, además de impulsar una eminente renovación del concepto de big band, han permitido un reposicionamiento de los principios tendientes al mestizaje de jazz y música clásica otrora enarbolados por la third stream o tercera corriente y su precursor, el jazz sinfónico. Las composiciones pergeñadas por John Hollenbeck para este ensamble se caracterizan por su fuerte anclaje a la partitura, espacios de improvisación acotados a los instrumentos solistas, un encuadre de la masa sonora que privilegia la textura, el timbre y la dinámica en comunión con nociones cromáticas heredadas de Gyorgy Sandor Ligeti, una liberación de las estructuras sinfónicas tradicionales a la manera de los postrománticos y una apropiación de elementos de libre atonalidad asociados a Arnold Schoenberg.

     

    El fulgor académico que manifiestan sus composiciones no se circunscribe a las elites de la música culta ni se ajustan con exclusividad a los restringidos márgenes que delimitan el territorio asignado al jazz de vanguardia. Por el contrario, en las ideas que emanan de sus partituras se expresa una heterodoxia siempre vinculada a las nuevas corrientes de la música creativa pero canalizada mediante una explícita y deliberada orientación a desacralizar la actitud intelectual exagerada y con una pertinaz búsqueda por construir sensaciones auditivas placenteras.

    El arte musical une a la obra con su autor; pero en el caso de John Hollenbeck, al igual que con otros elegidos, está presente la indisimulable intención de extender ese enlace a quienes acceden a la misma. Es decir que su propuesta artística conlleva la indisimulable aspiración por lograr que el creador, la obra, su exposición y posterior contemplación, se vinculen entre sí a través del placer.

    La música, tanto en su forma y contenido como en su valoración y disfrute, es susceptible a múltiples interpretaciones y resulta de apreciación subjetiva, en cambio el placer… bueno… parece que el placer también tiene una amplia variedad de posibilidades. Incluso ahora viene a mi mente un recuerdo que… ¡no! Más de uno…

    El placer es un sentimiento o sensación agradable o positiva que se manifiesta de forma natural cuando es satisfecha alguna necesidad psíquica, estética, intelectual, lúdica, filosófica, emocional o física (como en el soslayado caso de mis recuerdos).

     

    El placer que deviene de satisfacer plenamente una necesidad puede estar objetivado en una bebida en el caso de la sed, en la comida cuando tenemos hambre, en el conocimiento en relación a la ignorancia o en la creatividad para el desarrollo del espíritu. La satisfacción también puede presentarse mediante la diversión en su correspondencia con al aburrimiento o de manera similar a la que actúa el sexo para la libido… Por ejemplo como en los secretos recuerdos que, por pudor, jamás revelaré.

    Y no lo haré no sólo porque soy muy reservado sino también porque una cosa fue lo de las geishas o aquel “asuntito” con el contingente de colegialas danesas y otra muy diferente fueron los apasionados encuentros nocturnos con mi vecinita… su mamá… y su abuela (y la oveja). Aun cuando existen numerosos enfoques sobre la naturaleza del placer, debo reconocer cierto apego a las teorías freudianas que establecen que los procesos inconscientes se fundan sobre la base de los mecanismos psíquicos primarios y en la necesidad de disminuir, a través del “principio del placer”, la sensación de displacer que provoca el aumento del grado de excitación no satisfecha.

     

    Ahora bien… si esto alcanza o no para justificar lo de la oveja… no sé.

     

    Mientras reflexiono sobre todo esto le cuento que el John Hollenbeck Large Ensemble se presentó en el afamado Red Cat de Los Angeles integrando a su líder en batería, Tony Malaby en saxo tenor y soprano, Ben Kono en flauta, saxo alto y soprano, Jeremy Viner en clarinete y saxo tenor, Dan Willis en saxo tenor y soprano, corno inglés y flauta, Bohdan Hilash en clarinete bajo y saxo barítono, Rob Hudson, Mike Christenson, Jacob Garchik y Jeff Nelson en trombones, Dave Ballou, James DelaGarza, Jon Owens y Laurie Fink en trompetas, Matt Michell en piano y sintetizador, Kermit Driscoll en bajo, Patricia Franceshy en percusión, Theo Bleckmann en voces y JC Sanford en el rol de conductor.

     

    El concierto da inicio con Guarana, pieza en origen incluida por The Claudia Quintet en Semi-Formal de 2005 pero que aquí se ajusta a la versión ofrecida con posterioridad por el John Hollenbeck Large Ensemble en el álbum de 2009 Eternal Interlude. Un entramado orquestal extrovertido y luminoso funda las bases armónicas sobre las que se desliza una partitura de escritura irreprochable, llena de colorido y aromas populares, en donde se congregan ritmos brasileros, sutiles invocaciones al minimalismo clásico y sentidas referencias a conceptos de orquestación heredados de Bob Brookmayer. En un contexto de ejecución superlativo, sobresalen aquí los estratégicos matices que dibuja la batería de John Hollenbeck, la contundente solidez que construye el experimentado Kermit Driscoll en bajo eléctrico, la aquilatada intervención solista del trombón de Jacob Garchik y la voz de Theo Bleckmann, siempre bien proyectada y con imponente facilidad para la coloratura tanto en los pasajes intimistas como en las agilidades del clímax. A continuación llega una inmejorable interpretación de Foreing One del álbum Eternal Interlude, tema inspirado en el clásico de Thelonious Monk Four in One cuya escritura le fuera comisionada a John Hollenbeck por The Scottish National Jazz Orchestra. Una apropiada síntesis de jazz tradicional y pensamiento de avanzada en la que se entrelazan elaborados movimientos armónicos, resoluciones en contrapunto de pasmosa precisión y un amplio dominio de las intensidades dinámicas. Todo coronado con un estupendo solo de Tony Malaby en saxo tenor que confirma las cualidades que le han permitido ser considerado uno de los actuales popes en su instrumento.

     

    La revisión del extenso A Blessing, tema que dio titulo al álbum que el ensamble editara en 2005, fue una de las varias cumbres interpretativas alcanzadas en la noche angelina. Una página de carácter sublime que evoluciona de lo etéreo a lo épico a través de una línea melódica deliberadamente aletargada con ornamentos de carácter monástico y explícita serenidad religiosa, sabiamente interceptados por los magníficos aportes vocales de Theo Bleckmann, el incorpóreo soliloquio de Matt Mitchell en piano, los controlados arrestos percusivos de John Hollenbeck y la vibrante intervención de Tony Malaby en saxo soprano.

    La siguiente propuesta es una impactante relectura de Constant Conversation, composición perteneciente al álbum solista de John Hollenbeck Quartet Lucy de 2002. Una línea melódica de exótica belleza prospera al compás de atrapantes cadencias arábigas al tiempo que los múltiples adornos orquestales van matizando su acción dramática. Todo bajo los influjos de la experta batuta de JC Sanford quien, durante toda la noche, supo conducir al ensamble por una ruta alejada de la artificiosidad y el sentimentalismo para enfatizar los trazos rectores de la partitura.

     

    La suite Eternal Interlude coteja la conmovedora humanidad de su línea melódica con sutilezas armónicas que parecen manifestar una expresión ajena a toda medida terrena para luego desembocar en una especie de paroxismo sinfónico, lleno de cambios orquestales y expresa tendencia al trascendentalismo que se consume, finalmente, en una sugestiva coda en solo de piano a cargo de Matt Mitchell.

    La recreación de Perseverance, pieza inspirada en las elecciones presidenciales estadounidenses de 2008 que pertenece al álbum Eternal Interlude, ostenta explosivos vaivenes rítmicos e irresistible energía interpretativa. Aquí realzado por una intachable labor de Kermit Driscoll en bajo y sendos brillantes contrapuntos, primero entre los saxos de Tony Malaby y Dan Willis y luego entre la batería de John Hollenbeck y el clarinete de Jeremy Viner. El cierre llega con una memorable entrega de The Music of Life, tema en origen incluido en Quartet Lucy de 2002 y con una posterior versión en A Blessing de 2005. Aquí con John Hollenbeck dejando la batería para asumir la dirección del ensamble y con otra brillante performance vocal a cargo de Theo Bleckmann sobre textos del filósofo sufista Nazrat Inayat Khan.

    A pedido del publico regresan para ofrecer una inesperada, elegante y refinada versión del clásico de Jimmy Webb Wichita Lineman de 1968. Final de una noche majestuosa.

     

    El ser humano tiene la capacidad de experimentar placeres estéticos, emocionales e intelectuales y éstos suelen encontrar en el arte un sentido unificador.

    En ocasiones ese pacto de unidad, como ocurrió esta noche con el John Hollenbeck Large Ensemble, puede adquirir la dimensión equivalente a Un Placer Extra Large.

     

    Sergio Piccirilli

     

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