• Burning Ghosts: Burning Ghosts

     

    burning ghostsAnthem, Defiance, Chains, Elegy, Dissent, Flashpoint, Requiem, Rise, Mercy, Manifesto

     

    Músicos:

    Daniel Rosenboom: trompeta

    Jake Vossler: guitarras

    Richard Giddens: bajo

    Aaron McLendon; batería

     

    Sello y año: Orenda Records, 2016

    Calificación: A la marosca

     

    No quiero producir una obra que el público pueda absorber estéticamente. Quiero darles un golpe en los riñones, un sobresalto que los saque de la indiferencia (Ingmar Bergman)

     

    La historia nos demuestra que el arte siempre ha sido un síntoma de su época y, por ello, no debe sorprendernos que muchas de las expresiones creativas de este tiempo aspiren a manifestarse como una representación de la desmesura, el exceso, las injusticias y la monstruosidad sin límites que exhibe nuestra sociedad actual.

    En el arte contemporáneo se revela y exterioriza una ruptura con el paradigma estético tradicional. Ahora, la búsqueda de la belleza formal -o de lo que, antiguamente, era entendido como tal- se ha visto rebasada por la inexcusable necesidad de materializar en el acto creativo un relato que, además de retratar el dolor, las penurias y el sufrimiento que padecen los sometidos por la elite dominante, pueda dejar atrás el plano de la mera representación para pasar al de una acción directa, militante y comprometida con esa realidad.

    No caben dudas de que hoy nos toca vivir un tiempo caracterizado por la crueldad del capitalismo desenfrenado, la entronización de la doctrina de la meritocracia -que alienta la competitividad y aboga por la salvación individual en detrimento del interés colectivo– y la creación de un arquetipo de sociedad que siempre tiende a privilegiar al más fuerte e ignora, sistemáticamente, a los más débiles.

    Ese perverso esquema -en donde la verdad no tiene valor y en el que los mentirosos no tienen motivos para avergonzarse- está sostenido mediante un sistema propagandístico montado por los medios hegemónicos de comunicación que pertenecen, justamente, a esas elites dominantes. Desde allí nos muestran a políticos sonrientes e inescrupulosos -que parecen haber sido fabricados en serie– asegurándonos que en el futuro estaremos mejor si nos sacrificamos y confiamos en ellos. Y todo eso sucede mientras recibimos una ejemplificadora advertencia: oponerse a la voluntad de los poderosos puede significar el desprecio, la injuria o el escarnio público; pero poner nuestro trabajo al servicio de su poder omnímodo nos otorgará prestigio y riqueza.

    En ese siniestro contexto, resulta lógico que muchos artistas sientan el deber de ser la voz de los que no tienen voz, de los sometidos, los perseguidos y de aquellos cuyas voces han sido silenciadas por el sistema imperante.

    Después de todo, el arte es una manera de hacer visible lo que permanece oculto y mostrarlo con la mayor lucidez posible; pero, también, sirve para iluminar las zonas más oscuras del comportamiento humano. Por ello hoy, las obras verdaderamente auténticas no pueden eludir la responsabilidad de provocar una reacción en los destinatarios que -apelando al intercambio de ideas o conceptos y la transmisión de emociones- los haga despertar de su letargo, los obligue a la reflexión más profunda, los arroje fuera de su zona de confort y los impulse a abandonar la manifiesta insensibilidad de la indiferencia.

    En esa batalla contra la clase dominante y las injusticias se alza la voz del cuarteto Burning Ghosts a través del álbum homónimo con el que acaba de materializar su arrollador e imponente debut discográfico.

    El núcleo conceptual de esta obra pretende ofrecer una respuesta artística ácida, inflexible y sin concesiones a un momento en donde la identidad de la cultura estadounidense ha sido puesta en tela de juicio por causa de la codicia sin frenos de los sectores privilegiados y la alarmante proliferación de la brutalidad policial, el racismo, la intolerancia, la creciente desigualdad social, la discriminación y las constantes violaciones a los derechos humanos.

    La necesidad de canalizar esas inquietudes mediante un acto creativo, llevó al notable trompetista y compositor Daniel Rosenboom -sin lugar a dudas, una de las figuras protagónicas de la avanzada musical angelina– a corporizar sus ideas por la vía de la constitución de un proyecto grupal integrado por otros tres músicos emergentes de la costa oeste estadounidense: el guitarrista Jake Vossler, el contrabajista Richard Giddens y el baterista Aaron McLendon.

    El contraste existente entre la comunión de ideas sobre la realidad por parte de los miembros del cuarteto y las diferentes estéticas que representan a cada uno de ellos, sumado al indiscutible talento composicional de su líder, arrojaron como resultado un álbum conceptual de provocadora ferocidad y enorme fortaleza sonora al que sus propios artífices describen como metal-jazz.

    El debut discográfico de Burning Ghosts contiene diez dinámicas viñetas, estructuradas a la manera de una ópera en dos actos, en las que se ofrece un alegato brutalmente honesto sobre la locura de los tiempos modernos y el inocultable sentimiento de frustración provocado por la creciente ola de injusticia. Esas aspiraciones e intereses se extrapolan en un cuerpo orgánico de trabajo donde convergen composición e improvisación, estructura y espontaneidad y en el que van asomando con singular naturalidad vestigios de free-jazz, metal experimental, post-rock y música clásica contemporánea.

    La obertura de la obra nos entrega el potente y visceral relato sonoro de Anthem. Aquí la trompeta de Daniel Rosenboom dictamina el curso de una creciente y sostenida masa sonora que, al ingresar en su fase conclusiva, será resuelta por dinámicas descendentes enunciadas a trío por la guitarra de Jake Vossler, el contrabajo de Richard Giddens y la batería de Aaron McLendon.

    Luego sobrevienen los cuatro temas que componen el primer acto de esta “opera instrumental”: Defiance, Chains, Elegy y Dissent.

    El primero de ellos –Defiance– nace en derredor de un vigoroso motivo que confronta los luminosos fraseos de la trompeta con las indómitas distorsiones provistas por la guitarra. Esa impronta inicial es interceptada luego por un solo de Richard Giddens en contrabajo, a partir del cual nace una dinámica en swing sobre la que se sucederán los fenomenales aportes solistas de Daniel Rosenboom en trompeta y Jake Vossler en guitarra, la reexposición del motivo original y una espaciosa coda de elusivo temperamento.

    El episódico tránsito de Chains encadena la atinada introducción en batería por parte de Aaron McLendon con una parte central que deja aflorar los difusos contornos del espiritual negro y el brutal sentido catártico de su resolución final.

    El contenido lamento y la carga emocional que desprende Elegy encuentra en la trompeta de Daniel Rosenboom a su protagonista excluyente; en tanto que la marcha recorrida por Dissent irá acumulando tensión hasta converger en un impetuoso clímax desde donde emergen el pesado ostinato del contrabajo de Richard Giddens, los punzantes aportes de la guitarra de Jake Vossler y la batería de Aaron McLendon y una abrasiva exposición solista de Daniel Rosenboom en trompeta.

    En las cuatro piezas comprendidas en el segundo acto de la obra, se suceden la danza incendiaria del contundente Flashpoint, el inocultable carácter ceremonial y litúrgico de Requiem, el triunfante lirismo exhibido por el emotivo Rise y los pausados movimientos que determinan el desahogado paisaje musical que dibuja Mercy.

    El epílogo de este auténtico magnum opus en la trayectoria de Daniel Rosenboom llega con el épico alegato de Manifesto. Una especie de collage sonoro a escala sinfónica cuya fortaleza declarativa y voraz expresividad parecen simbolizar el espíritu de una revolución latente.

    En síntesis: Burning Ghosts nos ha entregado un álbum impactante en el que, además de sus (muchas) virtudes musicales, se vislumbra un gesto vital de rebeldía, una necesaria e imprescindible reacción en defensa de las víctimas de tanta injusticia y el obligado recordatorio de que debemos luchar por los que hoy están sufriendo.

    Y debemos hacerlo porque ellos nos necesitan, pero también porque nosotros podemos ser los próximos.

     

    La injusticia, allí donde se halle, es una amenaza para la justicia en su conjunto (Martin Luther King)

     

    Sergio Piccirilli

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