Bill Frisell Trío: Unspeakablemente Ausente

La Trastienda (Buenos Aires) – Viernes 22/04/2005

Bill Frisell (guitarras, efectos); Victor Krauss (contrabajo); Matt Chamberlain (batería).
Segunda Función: 23.30 hs.

Comienzo: 23.55 hs. – Finalización: 01.25 hs.

Bill FrisellLa presentación en vivo en Buenos Aires del guitarrista norteamericano Bill Frisell, acompañado por sus compatriotas el contrabajista Victor Krauss y por el baterista Matt Chamberlain, ha sido, es y será siempre una buena noticia. Más aún si la promesa mediática era la presentación de su CD grabado en estudio, Unspeakable (Nonesuch – 2004).

Me preguntaba cómo se las arreglaría el bueno de Bill para que ese disco (en su original, en estudio, acompañado por una sesión de vientos, un trío de cuerdas y ocasionalmente una bandeja giradiscos), no perdiera su riqueza e interés con apenas un trío de guitarra, contrabajo y batería.
El desafío parecía ser más que interesante.

Digámoslo de entrada: “Unspeakable”, lamentablemente, no fue de la partida.
Este CD había resultado ser un leve giro estilístico, pero giro al fin, respecto al estilo “country” que este músico abrazó en sus últimos discos. Por eso tiene un sabor agridulce el repertorio elegido para estas presentaciones, que descansó básicamente en Nashville (Nonesuch – 1997), Gone, Just Like a Train (Nonesuch – 1998) y Good Dog, Happy Man (Nonesuch – 1999).

Así y todo ello no empañó, necesariamente, la performance de estos notables músicos en La Trastienda, quienes con sus instrumentos hicieron lo que quisieron en pos de la belleza sónica. Y si no, bastaba con observar la precisión y calidad del contrabajista Victor Krauss, que realmente animaba a creer que tocar ese enorme instrumento es un juego de niños.

Matt ChamberlainMatt Chamberlain, baterista de pulso rockero y sutilezas de jazzman, motor rítmico de dos diosas-artistas como Tori Amos y Fiona Apple, fue el otro plato fuerte de este trío junto a Frisell. Sea con el platillo, sea con el aro del tambor, Chamberlain fue una constante caja de sorpresas que hizo que muchos de los temas más previsibles de Frisell tuvieran otra textura, otro vuelo.
Bill Frisell se ocupó de tocar guitarra eléctrica, efectos que salían de varios pedales y de una cajita negra apoyada sobre un banco alto, todo operado con muy buen gusto por el músico.

Si hay algo que caracteriza a este guitarrista es su particular sonido, que va desde lo cristalino hasta la crispación en cuestión de segundos, y como dijera Franz Liszt “…quien consiga un sonido propio siempre tendrá trabajo…”.

La mayoría de los temas giraron alrededor de la música country norteamericana, o en todo caso de la mirada que Frisell le da a ese estilo. Mayormente había una extensa introducción que no daba pistas del tema que se abordaría, hasta que lentamente aparecía la melodía y de ahí las improvisaciones sobre ella.

Ejemplos de esto fueron los temas tomados de los discos Nashville (“Gimme a Holler” y “Keep Your Eyes Open”) y de Good Dog, Happy Man (“That Was Then”, “Shenandoah”, “Big Shoe” y “Poem For Eva”).

Viktor KraussEllo no sucedió en aquellos pasajes más bluseados y potentes (escasos, lamentablemente), que vinieron de la mano de “Blues For Los Angeles” y “Lookout For Hope” (de “Gone, Just Like a Train”). Definitivamente hubiera pagado el doble del precio de la entrada por escuchar en vivo la versión original de “Lookout For Hope” del disco homónimo del año ‘89, con Hank Roberts en el cello, pero no siempre los deseos se cumplen en nuestras vidas.

Los puntos altos del trío vinieron de la mano de clásicos del jazz y el pop, como cuando sorprendieron con una ajustadísima versión del tema de Burt Bacharach, “What The World Needs Now Is Love” (en la primera función) y una maravillosa versión de “Equinox”, de John Coltrane en la segunda.

Para destacar una verdadera rareza “friselliana”: la versión instrumental del melancólico tema “Steady, Girl”, que en su versión original en el disco “Before We Were Born” estaba cantada y co-compuesta por el guitarrista Arto Lindsay.

El público en la segunda función se mostró más efusivo que el de la primera, lo que redundó en dos bises.
La iluminación en el escenario fue cuidada y sobria; el sonido fue irreprochable y la organización general, a cargo de Tribulaciones, impecable.

Que vengan de nuevo, pero a tocar “Unspeakable” completo.

Hugo Linares.

Bonus Track Moralesco

La verdad que el comentario de Hugo me parece impecable, al margen de algunas disidencias.
Yo asistí a la misma función y quería simplemente acotar algunas cositas:
• El comienzo fue prometedor.
• La promesa no fue cumplida.
• Frisell hizo (mal) uso de una suerte de “Friselltronics” que agregaron nada y restaron algo.
• Tanto el guitarrista como Matt Chamberlain tocan de pucha digo. Viktor Krauss, a juzgar por el show, no lo sé.
• El repertorio elegido resultó de una exigencia compositiva muy económica: mucho folk, blues y 4×4 (que en realidad a veces parecía un Fiat 600).
• Un servidor esperaba mucho, pero mucho más. Por momentos daba la sensación de “yo empiezo y ustedes me siguen”.
• Frisell no fue económico a la hora de tocar. Es más: tocó todo el tiempo. Chamberlain se lució igual porque le ponés un espiral y te lo hace sonar; Krauss quedó relegado a un tercerísimo plano en el que cumplió, pero lejos estuvo de destacarse.
• El desarrollo de los temas terminó resultando monotemático y previsible.
• Que quede claro: no pienso ni de cerca que vinieron a hacer la fácil; simplemente que la propuesta me pareció de vuelo raso.
• Me aburrí.

Marcelo Morales.

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