¡¡¡Vamos, Que Se Acaba!!!

Uno de mis amigos, afecto él a la mula informática, me dijo oportunamente y más allá de cualquier disquisición moral y filosófica: “hay que apurarse a bajar antes de que corten el chorro”. Él se refería sencillamente a que esta primavera marxista musical de la descarga de música vía las redes P2P iba a ser indefectiblemente eclipsada por el frío y cruel invierno del negocio discográfico; y esto ya está sucediendo.

Con la excusa de la defensa de los derechos de autor en Francia, sancionaron una ley en la cual se establecen multas progresivas para quienes descarguen u ofrezcan archivos musicales mediante programas P2P; asimismo, establece hasta penas de prisión para quienes distribuyan dichos programas. También sanciona a aquéllos que decodifiquen los discos que cuentan con protección contra copias (Copy Protect) y guarda las penas más fuertes para aquéllos que vendan discos falsos o piratas.

Insisto con lo de excusa; porque si se tratara de defender a los artistas deberían controlar mejor a las discográficas multinacionales que son las que al final del día se llevan el pedazo más grande de la torta y son una picadora de carne.

Los artistas existen más allá de las disqueras, de los managers, de los productores; ellos seguirán grabando y produciendo.  La gran mayoría se beneficia de la difusión que les permite la Internet y las redes P2P; otros, los más populares, ganarán un poco menos de dinero.

No nos olvidemos que detrás del cobro de los derechos de autor hay mucha gente que cobra sueldos. Se ha montado una enorme infraestructura de recaudación de derechos que calculo, junto con las discográficas, son las más perjudicadas.

Con lo que sí estoy de acuerdo es con la persecución de aquéllos que se benefician vendiendo copias piratas de discos, pero estos personajes parece que son invisibles porque siempre sobreviven.

Todo esto lo hacen porque se trata de la salida más fácil; difícil es dar valor agregado a los bienes que producen y dejar de tratar a la música como un tubo de dentífrico y comenzar a considerarlo nuevamente como un producto artístico/cultural y ponerse al día con la tecnología buscando formas alternativas y económicas de distribuir y vender música.

Federico Larroca

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