• Joe Lovano / Gustavo Bergalli Quinteto: Los Pelos Que Uno Tiene

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    Festival de Jazz
    Teatro ND/Ateneo – Buenos Aires

    Nota: Esta introducción es exactamente igual a la aparecida en el comentario de Gismonti. No somos tan engreídos como para creer que todos leerán todo.
    Eso sí: somos medio fiacas, además.

    Entre los días 21 y 26 de marzo se llevó a cabo el Festival de Jazz en el Teatro ND/Ateneo.
    La producción general del evento estuvo a cargo de Alberto Grande y al habitual listado de artistas nacionales (en este caso Pedro Aznar, los Fattoruso –que prácticamente son de acá-, los Malosetti, Escalandrum, Botafogo, Nolé y Cavalli) hubo que sumarle a artistas internacionales como la japonesa Tomoko Ohno (que tocó junto conel saxofonista Andrés Boiarsky), Alex Acuña (quien hizo lo propio con el pianista Jorge Navarro), el Zimbo Trío, el saxofonista Joe Lovano (junto con el quinteto del trompetista Gustavo Bergalli) y Egberto Gismonti.
    No asistimos a ninguna de estas fechas pero sí a los bonus tracks, habida cuenta del éxito del encuentro.
    Aclaración necesaria: nos ubicaron fenómeno (chasgracias) y en este caso no hay excusas. Todo está en manos de las limitaciones propias (y algunas ajenas que han sabido adquirirse) de este escriba.

    Joe LovanoLos pelos que uno tiene
    Joe Lovano/Gustavo Bergalli quinteto
    Apertura: Ricardo Nolé Trío
    Martes 28 de marzo de 2006 – 21:00 hs.

    Debo reconocer de antemano que asistí al teatro con algunas dudas y muchos interrogantes.
    El atractivo principal era la primera visita de Joe Lovano a Buenos Aires; pero no venía con proyecto propio ni con sus músicos y hay una larga lista de fracasos artísticos de músicos extranjeros que brindaron conciertos de escaso nivel, jugando a improvisar pero de manera previsible con músicos locales.

    Nole TrioPero antes de eso, a las 21:20 hs. se apropió del escenario el trío del pianista uruguayo Ricardo Nolé a quien acompañaron Ernesto Zeppa en batería y Alejandro Herrera en bajo eléctrico.
    Nolé tiene una vasta trayectoria en la música rioplatense; en la propuesta ofrecida en el ND/Ateneo, abrió con Candombe pa’ Venado Tuerto y le siguió Me Pa’, tema que compusiera junto con Rubén Rada.
    Tanto desde los discos como en pocos minutos de actuación, queda claro que Nolé tiene un sonido potente y una sorprendente agilidad y velocidad en sus dedos. Y toca realmente bien. Lo que no llegamos a entender es por qué la necesidad de tanta velocidad sin pausas, sin silencios, lo que deja al espectador (o al menos “me” deja) abrumado por la andanada de notas sin respiro que atacan desde el teclado. Da la sensación de que Nolé está corriendo muy rápido, como si lo estuvieran persiguiendo o como si necesitara demostrar (casi) todo el tiempo lo veloz y preciso que puede ser.
    En esta carrera lo acompaña Zeppa, igualmente entusiasta y apabullante pero por momentos no tan preciso. Quien parece estar tocando otra cosa es Alejandro Herrera, que si bien es otro virtuoso de su instrumento, maneja un poco más y mejor los espacios que, o bien se le asignan, o sabe encontrar.
    En Isla de Flores aparece cierta calma y otro tanto en la entrega a piano solo de Chovendo na Roseira, tema de Jobim que NoléaChopineó” tal vez en demasía.
    Nuevamente en trío, arremeten con Nolecidio (el título es toda una definición y en un fallido, en mis apuntes, había anotado “Lolecidio”, voto a Reutemann) y para el final subió un trío de percusionistas para una atractiva versión de Templando, tema que Nolé incluyera en De Profundis y que terminara resultando de lo más atractivo de su actuación, en un cierre a pleno tambor y desfilando en la retirada.
    O sea… hay con qué. Lo que no es poco.

    A las 22:40 y ante mucho público aunque el teatro presentara algunos claros, sube a las tablas el imponente saxofonista Joe Lovano acompañado por o acompañando a Gustavo Bergalli en trompeta, Fernando Martínez en batería, Juan Pablo Navarro en contrabajo, Adrián Beeuwsaert en piano y Pablo Mainetti en bandoneón.

    Comienzan con El arrastre, de Bergalli. El sexteto suena potente y relajado. Y si bien se hablaba de una fusión de tango-jazz, la sensación (que con el transcurrir del espectáculo confirmaríamos) fue la de un combo de jazz con cierto aire ciudadano. Una buena intro de Mainetti da pie a Streets Of Napoles, tema del saxofonista incluido en Viva Caruso. Aparece un aire latino, un buen solo de Beeuwsaert y una gran intervención de Lovano.
    El ajuste real lo notamos en El Rioplatense –tango para Gustavo- una composición de Wilson de Oliveira que se inicia con un dueto Piazzoliano a cargo de Mainetti/Navarro y donde Martínez da cátedra usando palmas, tambores, platos y palos con gran ubicuidad y destreza. El solo de Lovano es tan bueno como el de Bergalli pero el que verdaderamente la gasta aquí es Navarro, que con el arco hace maravillas mostrando un crecimiento superlativo en la ejecución de su instrumento de (poco) tiempo a esta parte.
    Gustavo Bergalli toma la palabra antes de Urgente el Norte (baguala compuesta por su hijo Facundo) y explicó que esta idea/proyecto nació hace más o menos una década y propuesta por el propio Lovano quien, sin Bergalli, se manda con Birds I View con un Martínez nuevamente todo terreno.
    Milonga mía y Milonga del encuentro (ambos de GB) muestran al trompetista en buena forma (hubo un gran dueto con Beeuwsaert) y a Lovano grande en las pequeñas cosas.
    Hacia el final, en Blues Verde, Bergalli se acomoda al costado del escenario y, creyendo que nadie lo ve (o sin importarle), comienza a danzar mientras el trío base swinguea de lo lindo. Por el otro lado entra como una tromba Lovano que luego casi se acuclilla como para prestar más atención a las delicias que Martínez dispara desde su pedal de bombo.
    El final fue con Viva Caruso, de JL, con un Mainetti que encontró el espacio que durante la noche no le sobró y brindó un magnífico solo.

    Hay distintas maneras de interpretar este concierto.

    Si no tenemos en cuenta el entorno y la manera en que se llevó a cabo, es una cosa.
    El punto de vista difiere muchísimo si nos remitimos exclusivamente y de manera harto crítica a lo sucedido sobre el escenario.
    Ni calvo ni con dos pelucas.
    Hemos tenido la oportunidad de ver a uno de los músicos vivos más influyentes del movimiento jazzístico. Su currículum es imponente y algunos de sus trabajos (como líder o bien con el cuarteto de John Scofield o el trío conformado junto a Frisell y Motian) son impecables.
    Y si bien no se trató de un proyecto propio ni hubo casi tiempo para ensayos o la modelación de la propuesta ofrecida, el concierto brindó justamente la posibilidad de verlo en buena forma, sin regular, sin piloto automático y donde cada nota parece tener su sentido. Alejado de toda pirotecnia, sin tocar para la tribuna y absolutamente relajado y compenetrado, dan ganas de verlo de nuevo pero con un proyecto personal o con más trabajo previo.
    Los músicos argentinos estuvieron a la altura de las circunstancias y sin dudas fue en Gustavo Bergalli en quien recayó el mayor peso de la propuesta.
    Creo que salimos todos beneficiados.
    Por eso… ni calvo ni con dos pelucas.
    Apenas… los pelos que uno tiene.

    Marcelo Morales.

    Fotos cedidas gentilmente por Horacio Sbaraglia

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