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Juana Molina: Son

Río seco, Yo no, La verdad, Un beso llega, No seas antipática, Micael, Son, Las culpas, Malherido, Desordenado, Elena, Hay que ver si voy.


Músicos:
Juana Molina: todos los instrumentos
Martín Ibarburu: bombo legüero en Yo no
Alejandro Franov: gongs en Micael y Son
Acqua, 2006

Calificación: Apoya vasos

¿Cómo decirlo?
Hay una faceta de Juana Molina, la actoral, que decididamente me puede. O me pudo.
Hay otra faceta que no ha podido conmigo y es la musical.
Desde antes de la irrupción mediática gracias a cierto reconocimiento en el exterior de su anterior álbum, Tres cosas, los discos y las actuaciones de Juana Molina han sido para mí un jeroglífico indescifrable. Jamás entendí… nada. Y mucho menos la aceptación de ese –para mí- jeroglífico.
Y debo ser sincero. Me preparé para la audición de Son. Quiero decir, me propuse dejar de lado prejuicios (en la medida de lo posible, claro está) y me propuse tratar de encontrar lo que nunca hallé y que parece ser que mucha gente sí.
O sea, le puse garra.
El disco fue grabado casi en su totalidad por Juana Molina, tanto por el lado de las voces como de la instrumentación. Una voz me dice “muy bien, qué polifacética”; la otra me susurra “¡qué pretenciosa!”. No hago caso a ninguna de mis dos voces y procedo a escuchar, que de eso se trata.
El comienzo es con Río seco, siguen Yo no, La verdad y Un beso llega.
Hay alguna que otra frase interesante pero en general priva la inocencia, lo naif y, también, el sin sentido, la obviedad.
Pero hay otro problema que para mí es insoluble: Juana Molina canta. O lo intenta. Y de verdad que está lejos, incluso, de la interpretación. Además, no le entiendo lo que dice… menos mal que en el booklet están las letras, porque créanme, me cuesta adivinar si está cantando, tarareando o Litto-Nebbiando.
Una pena, porque hay algunas ideas interesantes en el disco. Pero Son tiene, en su fragilidad, cierta pretensión grandilocuente que termina resultando un mal maquillaje.
Musicalmente la estructura pasa por una guitarra acústica a la que se viste con algunos loops, algún toque percusivo y no mucho más. No está mal, pero tampoco se está inventando nada como para justificar los 5 minutos finales (con pseudo scat incluido) de Un beso llega… o sea… un minuto está bien, ya entendimos la idea… ¿para qué más?
Voy por el tema 5, No seas antipática, la misma estructura que en los temas anteriores, me estoy aburriendo… mucho… éste tema se lo ha escrito a su hija, parece “lalalalalalala… lalalalalala… no seas mala, no hieras a tu mamá…”.
Bueno… esto está empezando a ser más difícil de lo que creí en un principio… tema 6, Micael. La misma estructura musical, tema de tres minutos y una sola línea que se reitera una y otra vez. A pesar de una irrupción percusiva, el efecto hipnótico me está dejando groggy. ¿Será ésta la nueva psicodelia?
La verdad, prefiero a Austin Powers. Ése sí que tiene onda…
Con Son, tema 7 empieza la segunda mitad del disco, desaparece la guitarra acústica, hay grillitos y más sonidos atmosféricos o climáticos o… ¡oh! Pues que… Las culpas y una sentencia como toda letra: “quiero ver las culpas sobre la mesa de otros que no son”.
Eso es todo, repetido una y otra vez y vuelve el pseudo scat o la voz distorsionada o algo así.
Malherido, tema 9. Iba a privarlos de la letra pero quiero compartirlo para comprobar si soy yo o qué: “¡ah, el diente! Que le saquen eso enseguida, le duele y no quiere que le curen esa herida, hay que ver qué pasa con esa herida que le sangra, ¡cúrenlo, sánenlo! No lo dejen ahí tirado, esperemos que hoy se mejore”.
¿Y? ¿Soy yo? ¿Usted qué dice, ah? Musicalmente el tema tiene lo suyo, se respira mucho Eno. El Brian, no la sal de fruta, que quede claro.
En Desordenado los voy a privar del texto. De nada.
Insisto en la estructura de los temas. En ese sentido el álbum es homogéneo, parejito, todo-igual, ¿viste?
Elena arranca, obviamente, con una guitarra acústica, pero hay un aire Edie Brickell que no está mal. De verdad que el tema no está mal, a pesar de que Molina insiste en cantar (bueh…) como una nena caprichosa que aprieta los dientes mientras mira, cual Nick Drake, las puntas de sus zapatos (la imagino sentada, por eso). Pero Elena (también) languidece.
Llegamos al final con Hay que ver si voy.
Con la misma voz, Molina quiere hacernos creer que “una furia tan enceguecida no se puede calmar”; y lo canta como si además de lo antedicho, la hubieran anestesiado.
Bueno… el tema dura innecesarios 8 minutos y medio y yo que sigo preguntándome si seré yo o mi circunstancia o Juana Molina y su disco, o los periodistas y sus raras razones para opinar algo tan distinto a lo que yo escucho o siento…
A ver: quedó dicho que el disco tiene algunas cosas, algunos bosquejos que, desarrollados, podrían desembocar en algo interesante.
Debo decir además que el arte de tapa (a cargo de Alejandro Ros) es verdaderamente bonito.
Y agregar que, con todo, traté de que el gato tuviera sólo 4 patas y que el huevo fuera lampiño.
Escuché el disco no una, sino varias veces y con suma atención.
Otra vez, no me agarran.

Marcelo Morales.

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