• Martirio

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    Martirio y Chano Domínguez: Acoplados
    El agüita del querer, Locura de mi querer, No me digas que no, Torre de arena, Te lo juro yo, Me embrujaste, La bien pagá, Compuesta y sin novio, Ojos verdes, Yo soy ésa, Dicen, Nana vidalita de filigranas.

    Músicos:
    Martirio: voz
    Chano Domínguez: piano
    George Mraz: contrabajo
    Guillermo McGill: batería
    Big Band y Orquesta Sinfónica de RTVE

    Acqua, 2006

    Calificación: Sinuoso

    Martirio: Mucho corazón
    Las palmeras, Mucho corazón, Temes / Por qué ahora, Verdad amarga, María la portuguesa, Insensatez, Naranjo en flor, Porque vas a venir, Mañana de carnaval, María Magdalena.

    Músicos:
    Martirio: voz
    Chano Domínguez: piano
    Guillermo McGill: batería
    Javier Colina, Pablo Martín: contrabajo
    Jerry González: trompeta
    Paco de Amparo: guitarra flamenca
    Raúl Rodríguez: guitarra flamenca, tres cubano, percusión
    Y varios más.

    Acqua, 2006

    Calificación: Está (muy) bien

    La cantante María Isabel Quiñones Gutiérrez nació en Huelva en 1954.
    En la década del ’70 formó parte de la agrupación andaluza Jarcha; permaneció con ellos cuatro años y participó de la grabación de A la memoria de Federico García Lorca. Ya en ese entonces usaba lentes oscuros y peinetas. En 1984 y habiendo adoptado el seudónimo Martirio, integró Veneno, liderado por Kiko Veneno y los integrantes de Pata Negra, Raimundo y Rafael Amador.
    La intención de la cantante ha sido y es incorporar elementos del flamenco a sus interpretaciones que pueden pasar por la copla, las sevillanas, el bolero, el tango, el pop, el blues, el rock y cuanto ritmo esté usted dispuesto a danzar… o no.

    Debutó como solista en 1986 con Estoy mala al que le sucedió Cristalitos Machacaos tres años después. La bola de la vida del amor, de 1991, parece ser un fuerte punto de inflexión en su carrera artística. El cuarto álbum fue He visto color (1994) y en 1997 es donde toma forma la alianza musical con el pianista Chano Domínguez en Coplas de Madrugá. Boleros y tangos se suceden en su próximo álbum, Flor de piel. Y llegamos así a sus dos últimos trabajos: Acoplados, grabado en el año 2006 y Mucho corazón, del 2001, pero que el sello Acqua editó  recientemente en nuestro país.

    Un mártir (del griego “martys”, testigo) es una persona muerta en defensa de alguna causa. Esto, sin entrar en considerandos religiosos. Y el martirio es sufrimiento, suplicio, tormento o tortura. O todo junto. O de a pares. O sea.
    Tal vez sea otro el motivo, pero teniendo en cuenta el repertorio interpretado por la cantante es que logramos comprender por qué María Isabel (o Maribel) se rebautizó como Martirio, nombre tremendo si los hay. Como Dolores. O Soledad.

    Acoplados (a-copla-dos) es el tercer trabajo conjunto entre Martirio y el Chano, ya que éste también aportó lo suyo en Mucho corazón, pero de este álbum hablaremos después. Aquí, además del trío del pianista (que se completa con George Mraz y Guillermo McGill), hay una big band liderada por Domínguez y el aporte adicional de la Orquesta Sinfónica de la RTVE (Radio Televisión Española).

    La idea es tomar coplas y revestirlas con arreglos mayormente jazzísticos. El Chano Domínguez es, sin tener por qué andar dudando, uno de los músicos de jazz más inquietos e interesantes surgidos en España… y aledaños. Martirio es una de las cantantes más personales surgidas en el viejo continente. La combinación invita, a priori, a pensar en un cóctel explosivo. Tranquilos: no habrá lesionados esta vez.

    El comienzo no es alentador. Martirio no parece Martirio y se la nota casi a contramano de la propuesta, como incómoda ante tanto instrumento por detrás. El agüita del querer y Locura de mi querer (transformada en un blues) suenan demasiado amables. No festivas, sino amables. Aquí, Martirio no sufre tormento ni provoca sufrimiento y su voz suena afectada. No me digas que no es un straight ahead con guiños a Salt Peanuts. Y la puntería mejora un poco. Las cuerdas en el inicio de Torre de arena lentifican todo y no es una buena noticia. La sensación sigue siendo que la orquesta sobra y que la big band, a veces, también. Pero hay un repunte y empiezan a aparecer elementos sumamente atractivos como en Me embrujaste.
    La bien pagá tiene lo suyo, pero el tema cuenta con versiones infinitamente superiores, al menos para el gusto de este escriba. La tónica sinuosa se mantiene hasta el final del álbum donde tenemos a Dicen en el “haber” y a Nana vidalita de filigranas en un estrepitoso “debe”.
    ¿El Chano Domínguez? Perdido entre tanta trompa y cuerda.
    ¿Martirio? Navegando entre el exceso de arreglos e instrumentación.
    Ambos, solitos, me gustan más.

    Distinta es la cuestión en Mucho corazón, grabado en el 2001. El repertorio y la instrumentación tienen nada que ver con Acoplados. Letras potentes y Martirio más en su salsa, en el living de su casa. Ya el comienzo, con Las palmeras (mirá qué primera frase: “Mi corazón está empezando a padecer, desde que yo te conocí, mi dulce bien”), la muted trumpet de Jerry González y los arrebatos flamencos de Raúl Rodríguez y Paco de Amparo dejan en claro que estamos en otra historia. Una historia mejor.
    La armónica de Antonio Serrano al inicio de Mucho corazón es un gran presagio. Ésta sí que es Martirio, joder…
    El medley Temes / Por qué ahora, además de estar muy bien resuelto, ofrece chances de sonrisas estomacales cuando aparece Raúl Rodríguez (hijo de la cantante) en tres cubano y respaldado por la percusión (también cubana) a cargo de Amado Zulueta. Es interesante la elección de los temas… una suerte de historias enfrentadas / espejadas que funciona y va palante.
    Verdad amarga, de Consuelo Velázquez, vuelve a contar con Jerry González y está bien. No mucho más; tal vez sobra la percusión de McGill. Tal vez. El solo de González es sobrio y magnífico.
    Dos guitarras y un piano son el soporte instrumental en María la portuguesa, de Carlos Cano.
    Muy bien resuelto el arreglo para Insensantez, en castellano y con una buena intro a cargo de González y de Pablo Martín en contrabajo con arco. El aire flamenco lo aporta nuevamente Raúl Rodríguez.
    Naranjo en flor trae de nuevo la armónica de Serrano. La versión es floja. Y eso que no me quiero acordar de Goyeneche…
    Salimos de la meseta con Porque vas a venir. Cosa brava el Jerry González, che… Aquí lo acompaña solamente el niño Rodríguez, quien además de guitarra flamenca ejecuta diversos elementos de percusión.

    Los últimos dos temas del álbum cuentan con el Chano Domínguez y su trío.
    En Mañana de carnaval (también en castellano) están solitos. La versión es solamente correcta, pero se siente el toque del Chano y no es poco. En cambio, en María Magdalena aparecen también las percusiones y guitarras. De lo mejor del disco, con una Martirio relajada, cómoda, a sus anchas, ligerita y el flamenco a pleno.
    La conclusión va a sonar reiterativa. Pero es que María Isabel Quiñones Gutiérrez no parece necesitar de una instrumentación superior a la mínima necesaria.
    Si se me permite, también aquí… menos es más.

    Marcelo Morales

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