El Ojo Tuerto

Béla Encendida, Llama Infinita: Béla Fleck & the Flecktones

Teatro Gran Rex – Buenos Aires
Viernes 23 de Marzo de 2007 – 21:30 hs.

Béla Fleck & the FlecktonesConvengamos que es un nombre raro. No me refiero a Flecktones, cuya raíz es el apellido del líder y lo de “tones” es fácil de entender.
Y si no es raro es, convengamos, inusual (al menos en esta parte del planeta).
Porque… ¿a cuántos Béla conoce usted?
Hasta el momento, yo recuerdo a dos: al músico húngaro Béla Bartok y al actor Béla Ferenc Dezső Blaskó, más conocido como Béla Lugosi.
Y apareció Béla Fleck, liderando con su banjo un grupo de jazz (de alguna manera hay que definirlo… sepan disculpar) que sonaba distinto, que proponía otra cosa y con algunos títulos en sus discos que destilaban cierto humor: UFO Tofu o Flight Of the Cosmic Hippo.

DrumitarY además había un bajista soberbio y su hermano (el del bajista) que se hacía llamar Future Man y que tocaba un instrumento diseñado por él mismo denominado Drumitar, resumen que sale de la ecuación Drum + Guitar.
Sus discos de estudio siempre me parecieron un gran bosquejo. Como que había algo más. Estaba analizando poderosamente la situación (porque si algo me caracteriza es que yo, a las situaciones, las analizo poderosamente), cuando llegó a mis manos el álbum doble, en vivo, Live Art. Ahí entendí, o al menos me autoconvencí, de que la verdad del grupo pasaba por los conciertos. Sus posteriores discos de estudio reafirmaron la premisa inicial. Y Live at The Quick, la segunda.

Y llegaban a la Argentina en un momento cumbre del grupo, devenido en cuarteto desde que a Béla Fleck, Victor Wooten y Future Man se le sumó Jeff Coffin.
En nuestro país han sido ignorados casi por completo. El único CD editado en la Argentina (y a caballo de su visita) es el último, The Hidden Land, que hemos reseñado en nuestra entrega anterior.
Entonces… ¿un Gran Rex? Sabemos que, para muchos, Victor Wooten es una especie de prócer de las cuatro cuerdas (aunque ahora ya hay de cinco, de seis y andá a saber cuántas blasfemias más). Pero… ¿no será mucho?
El teatro estaba colmado; esto es, unas 3.000 personas.
Y el clima previo era de fiesta absoluta, fervor inusitado, cierta emoción, incredulidad en algunos, curiosidad en muchos otros.

CoffinA las 21:45 hs., las luces que se apagan, la audiencia que estalla y, con un sonido potentísimo, los Flecktones salieron a matar de entrada con The Next (de Little Worlds, 2003), que incluyó un primer solo de Wooten, una sólida intervención de Cofffin en saxo tenor, el buen gusto de Béla Fleck y la versatilidad inaudita de Future Man con su extraño aparato.
Y si el comienzo fue alentador, con la intro que el bajista (con acompañamiento de palmas incluido) hizo en Throedown At the Hoedown (de Left Of Cool, 1998), el público se rindió totalmente. El groove es increíble. Coffin mete un fraseo con el tenor, otro con el alto y luego toca los dos juntos en un hecho, si se quiere, tribunero, pero sumamente efectivo. Hay un pasaje de preguntas y respuestas entre Wooten y Fleck (con sus instrumentos, obvio, había faltado Soldán), en el que intercalan piezas clásicas con buen gusto y precisión. Mientras tanto, Future Man hace percusión.. con la boca.
Juéguele si quiere: en 2 temas, se consumieron 22 minutos. Así, como quien no quiere la cosa… en mis apuntes anoté “Tremendo”. Saquen sus conclusiones.

Béla FleckHabíamos augurado que la íbamos a pasar bien. Lo que no sospechábamos era cuán bien…
Saludo de rigor (gente de hablar poco, anunciaron solamente un tema en toda la noche) y la calma con la preciosa Lover’s Leap, del álbum Outbound (2000). El clarinete de Coffin le da al tema cierto aire entre klezmer y tanguero (¡!). Wooten sabe ser sutil cuando el tema lo impone. Béla Fleck, (impresionante su manejo como líder) deja de lado las delicadezas para realizar su primer gran solo de la noche. Future Man sigue en su mundo, que es el nuestro. Y aquí, el diálogo se produce entre el clarinete y el bajo y no es menos atractivo que el anterior.

Future ManFuture Man se sienta frente a un mini set acústico. Lo toca con la mano y pie derechos. La mano izquierda se dedica al Drumitar y el pie izquierdo… bien, gracias. Hace, como intro, un solo tremendo, casi despiadado. El percusionista no llama la atención solamente por lo estrafalario de su vestimenta, que incluye un gorro o algo así con una pluma. La versatilidad, contundencia, sutileza y tanto más, quedan manifiestas a lo largo de todo el concierto. El solo desemboca en el primero de los temas de su último trabajo (The Hidden Land, 2006): P’lod In the House. Coffin en soprano simula el sonido de una perezosa ambulancia. Ahora sí, es jazz. Bueno… ahora ya no. Y llega el mundo del revés: mientras Wooten apela a las sutilezas y no a la parafernalia, el que se saca es Béla Fleck extrayendo de su banjo unos sonidos extrañísimos. Anoto en mis apuntes: “Extraordinario”.

WootenA modo de presentación, Wooten afirma que Jeff Coffin tiene la particularidad de que el pelo (en alusión a su extraña barba) no le crece hacia arriba, sino hacia abajo. Con esto, el saxofonista (y algo más) huye del escenario. El ahora trío acerca sus butacas a las primeras filas de la platea. A Wooten le cuesta hacer equilibrio y mientras tanto se solidariza con el trabajo de Future Man (toca con escobillas… bueno… en realidad con los dedos… pero suena como si… ¿entienden?). Y Béla Fleck que se disfraza de mago: contratiempos, marchas, contramarchas, mano, contramano, prohibido el paso, mire atrás al bajar y cuanta sentencia quieran.
Retiran las butacas y se viene el momento más esperado por la mayoría de los asistentes. Victor Wooten comienza su solo con unos loops sobre una base minimalista que en algún momento desaparece sin que nos demos cuenta. Uno va preparado pero el tipo te sorprende igual. Y eso que en uno de sus videos explica que tuvo que inventarse una técnica propia porque no tenía velocidad en sus dedos… Por momentos lo ejecuta como un stick, lo que le permite hacer lo que se le dé la gana como, en medio de escalas a velocidad sideral, meter la melodía (¿cómo iba a faltar?) de Amazing Grace, a la que transforma en funky haciendo la melodía con armónicos. El teatro estalla y surge el “Olé, olé olé olé… Victor, Victor…” que el bajista se permite acompañar con su instrumento.

Jeff CoffinLa aparición de Coffin entrega otro dueto, en este caso con variaciones circenses. Y si hay circo… reaparece Future Man. Coffin (me) sorprende y para bien con un potentísimo solo y, cuando se calma, aparece Béla Fleck para que el combo sea completo. El saxofonista vuelve a utilizar al mismo tiempo el tenor y el alto. El sonido se va haciendo chiquito y da pie a otra buena intervención del ahora flautista Coffin. Luego pasa al tenor para un solo obviable, pero reaparece Fleck no sólo para levantar el sport sino también para recibirse de crack absoluto. El final, en lugar de un in crescendo, es un in descendendo. Anoto en mis apuntes: “Gran momento”.
Who’s Got Three, de The Hidden Land, es dedicada por Béla Fleck a su padre. No, al suyo de usted no… al suyo de él. Junto a Coffin en soprano hacen una intro no exenta de humor, básicamente desde el banjo. Cuando ataca el cuarteto en pleno, se perpetúa el “momento Béla” de la noche.

Victor WootenAnoto en mis apuntes: “Por como empieza, se viene algo bravo”. Acometen con Subterfuge, también de su último disco. En el comentario del CD, acerca del tema afirmábamos: “otro temazo que invita a subir el volumen”. Los hermanitos Wooten (porque Future Man y Victor son hermanos), se dedican a hacer base… a su manera. Coffin aprovecha para meter un sinnúmero de sutilezas desde el tenor (y la verdad, que fe al pelado con barba no le tenía…) y siempre está Béla.
Anoto en mis apuntes: “este tema me hace feliz”.
El bajista comienza a tocar chiquito y todos lo siguen. Pero se avecina el desastre… todo está nerviosamente contenido hasta que Fleck da la orden y un apasionante caos envuelve al teatro. Se calman, anoto: “Versión indestructible, ¿por qué hay tanta gente con cara de gil feliz?” Me doy cuenta de que yo también estoy sonriendo estúpidamente. Pero la calma se va para que el tema se transforme en una furiosa versión de Come Together, de The Beatles. Coffin apela al tenor, pero procesado a tal punto que suena como una guitarra con wah wah. La naturalidad con la que Fleck vuelve a la melodía central de Subterfuge es como para cerrar el teatro… con todos adentro.

Bela FleckUn discurso semi panfletario del bajista acerca de los premios Grammy y de las cualidades del banjoísta, sirve de presentación para el cierre del concierto. Un medley de Béla Fleck solito y solo con su 5 strings acoustic banjo.
Y en unos diez minutos, las hizo todas. Segmentos de temas propios, citas a Bach, Chopin, Beethoven y… ¿Scarlatti? Lo que sea lo interpretó de manera admirable y provocando caras de sorpresa en los asistentes (porque miralo vos, al instrumentito ése…) y, por momentos, estruendosas carcajadas cuando se acompañaba con gestos “a la Daniel Rabinovich”. Todo medido, en su punto justo, un gran cierre, pero por la conservación de las instalaciones del teatro, es conveniente que regresen para algún bis. El fervor es inusitado, típico de un concierto de rock. Y, por supuesto, salen.

¡Y cómo! Arremeten con Stompin’ Grounds, una “road song” comandada por Wooten, con Coffin en soprano y a una velocidad Flecktónica. El banjoísta se adelanta al borde del escenario. Los otros tres realizan una singular, simpática y atinada coreografía. La cosa vira hacia el “a go go”. La batalla es campal. Como si en la perinola hubiera salido “todos ponen”. Un atajo los lleva hacia el free. Final de fiesta con velocidad, precisión y sincronización perfectos. Nuevamente, el teatro entero de pie observando cómo Coffin le saca fotos a la audiencia. La ovación, interminable, merece otro bis.
El postre elegido es de su álbum debut: The Sinister Minister, que incluye un dueto de hermanos a golpe limpio, una excelsa intervención de Coffin en flauta, furiosos rockandrolles y, además, está Béla Fleck.
Todo termina, exactamente, a la medianoche.
Todos sonreímos, incrédulos, ante lo presenciado: un concierto inolvidable.
Béla Fleck & the Flecktones han demostrado por qué muchos los consideran como una de las mejores bandas para presenciar en vivo. Las han hecho todas. Y no solamente eso, sino que se divierten haciéndolo… y te contagian.
Sólo queda por pedir que esta (este) Béla tenga llama infinita.

Marcelo Morales.

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