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Tomás Becú: Bushwick

Ayumu, Lunes, Bushwick, Chim-Pum, I Fall In Love Too Easily, Duerme Negrito, Danny Boy

Músicos:
Tomás Becú: guitarra
Pepi Taveira: batería
Julián Montauti: contrabajo
Mariano Loiácono: trompeta y flugelhorn

Ayumu, 2007

Calificación: Dame dos

Y de ponto estás tranquilo, pasándola relativamente bien y alguien que te entrega un disco debut. Entonces pensás “otro más”. Y sin que sea un mérito, simplemente por curiosidad y porque más de una vez, entre tanto chasco y decepción algo bueno surgió, lo escuchamos.
Las más de las veces apelamos a la piedad.
Pocas, muy pocas veces, poquísimas, nos entusiasmamos.
Sabido es que el entusiasmo es un sentimiento intenso de exaltación del ánimo, producido por la admiración apasionada de alguien o algo que se manifiesta en la manera de hablar o actuar. También es fervor, pasión, frenesí, acaloramiento, enardecimiento, ardor, vehemencia, intensidad.
Releyendo… la verdad es que si debemos hacerle caso al diccionario nuestro entusiasmo necesita un poco de WD-40.

El guitarrista Tomás Becú no tiene antecedentes discográficos como sideman. Empezó como autodidacta. Luego estudió. Se armó un sello discográfico para poder editar sus CD’s.
Y grabó un disco.
Y nos lo dio.

Miramos la tapa: aparecen los nombres de Pepi Taveira (batería), Julián Montauti (contrabajo) y Mariano Loiácono (trompeta y flugelhorn). Apuramos el paso (la compactera estaba lejos). Encendemos el reproductor, colocamos el CD y apretamos “play”.
Lo que se escucha es un bombardeo percusivo a cargo de Taveira. Aparece Becú con sonido friselliano, la base remite al Coltrane más espiritual, a un lamento gospel en el que parecen filtrarse deformaciones de Summertime y My Way. Dije “parecen”. Ayumu cuenta, además del tamborileo constante de Taveira, con el arco de Montauti y el liderazgo de Loiácono. Reflexivo e interesante comienzo.
Pensando en que la tónica se profundizaría, fuimos por unos sahumerios, agua de malva, jugo de coco, un habano y un té verde.
Pero Lunes nos desacomodó.
Taveira y Montauti se suman a una suerte de hard bop; como quien no quiere la cosa, Becú va tirando fraseos, latigazos, sutilezas. Mientras tanto, Loiácono la rompe con una intervención digna de sí mismo. Cosa seria el trompetista… que deja paso al primer solo del guitarrista que no apela al virtuosismo ni a velocidades supersónicas. Mete lo justo (y un poco más también, sin que sea in-justo) y sin sahumerios ni agua de malva, ni coco ni habanos ni nada, ajustamos los auriculares.

Bushwick amenaza en el inicio con un solo de batería de ésos que parecen obligatorios y dicen nada. Falsa alarma. El “efecto Taveira” arrastra a Montauti que mete un riff irresistible. Loiácono se apresta a jugar y encuentra a un Becú que no para de poner pases gol. El líder vuelve a resignar protagonismo (al menos como se lo entiende generalmente) y el trompetista ahora sí que cita Summertime de manera no solapada. El cuarteto suena con una solidez apabullante. No sé si quedarme con el tremendo solo de Loiácono o con las sutilezas infinitas de Becú que, cual pivot, recibe y toca de primera con todos. Hasta que el dueño de la pelota se hace cargo y, con una base sobre la que podría tocar (mal) yo, Becú la rompe. El final es a todo cuartetazo.

La cuarta y última composición del guitarrista en su debut, Chim-Pum… iba a poner que remite al swing de los años ’30 pero no… que Loiácono me trajo a la memoria a Armstrong pero no… negociemos con un straight ahead en el que rápidamente el combo queda reducido a un trío con Becú en buena forma. Y no sé si soy yo o que Loiácono es juguetón (o las dos cosas) pero en su solo vislumbro un par de giros a Bye Bye Blackbird. Mientras me quedo con la duda, les cuento: lo que se escucha es consistente, comprometido y de alto vuelo.

I Fall in Love Too Easily trae la calma desde el inicio con el pasaje a dúo en flugelhorn y guitarra. Sin provocar molestia alguna, sino todo lo contrario, se suman Taveira y Montauti. Becú suena pulcro, limpio, como la versión lo impone. Cuando se produce el traspaso hacia la intervención de Loiácono, pensamos que es el momento de afirmar que estamos ante un disco notable. El líder genera y cede espacios pero a la vez subyuga con sutilezas desde atrás, siempre presto a pasar al ataque. El solo de Loiácono es prístino. El final es mágico.
El tradicional Duerme Negrito nos retrotrae al clima de la apertura del CD, con Taveira y Montauti nuevamente sosteniéndolo todo mientras los otros dos bandidos juegan. El clima crece aunque la sensación es que un par de minutos menos le habrían dado más consistencia a la versión.
El final es con otro tradicional, Danny Boy. Una suerte de breve réquiem comandado por Becú con un gran trabajo de Taveira en los tambores. Poco más de tres minutos sutiles, calmos, enigmáticos, envolventes.

Tomás Becú ha debutado discográficamente como líder con Bushwick.
Tiene apenas 21 años.
No lo parece.
No lo decimos por su aspecto físico.
Nos referimos a una consistencia inhabitual y a una madurez difícil de hallar por estos lares. Y por los otros, también.
Por supuesto que se notan influencias; pero así y todo hay un toque personal que atrapa.
Y no somos mentalistas como para adivinar cómo seguirá esta historia.
Pero que arrancó fenómeno, no quedan dudas.

Marcelo Morales

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