• Fantastic Merlins: Look Around

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    Músicos:
    Nathan Hanson: saxo tenor, electrónicos
    Jacqueline Ferrier-Ultan: cello, electrónicos
    Brian Roessler: bajo
    Federico Ughi: batería

    Innova, 2007

    Calificación: A la marosca

    Parece que al público hay que darle todo masticado. Como si fuesen tontos les dicen 2+2=4. A veces es mejor 2+2 y que saquen la cuenta solos (Billy Wilder)

    Vivimos en una sociedad plagada de cosas efímeras. Locales de comida rápida, accesorios descartables, flashes de noticias sobre gente supuestamente importante que vive su ocaso sin jamás haber alcanzado gloria alguna. Una especie de copetín al paso gigante por el que desfilan ejércitos de eyaculadores precoces dispuestos a disparar sus municiones lo más rápido posible. Éste es un mundo que pide logros constantes y en el que las conductas impulsivas son cada vez más comunes. Si nos sentáramos a reflexionar, pensar y meditar en una montaña, es probable que antes de arribar a alguna conclusión trascendental, la montaña haya desaparecido y en su lugar se levante un centro comercial.
    “La sociedad fomenta el consumismo, éste nos conduce a la impulsividad y de allí a los comportamientos autodestructivos, hay un paso.”
    Decía un analista mientras se apretaba los dedos con una morsa.
    Charles Carver, de la Universidad de Miami, afirmó: “La impulsividad tiene ventajas evolutivas sobre todo porque la vida es corta y…”
    Posiblemente hubiera redondeado la idea si no lo atropellaba un camión mientras disertaba… Tenemos la sensación que no podemos parar, porque si lo hacemos el otro nos va a pasar por encima. Precisamente, como le ocurrió al tal Carver. Las crisis de pareja o afectivas y las dificultades laborales o profesionales ya no se enfrentan: se erradican cambiando de pareja, de amigos, de trabajo, de carrera y de crisis.

    Todo se usa, se tira y ya está. Finalmente, con tanto exceso, todo es ausencia; porque lo más importante es, siempre, lo que nos falta.

    Lejanos tiempos aquellos en que después de la tradicional peregrinación a la disquería, regresábamos felices a nuestra casa con un long play abajo del brazo. Mirábamos la tapa con adoración, observábamos su arte… ¡olíamos el disco! Luego lo colocábamos en la bandeja giradiscos para escucharlo sin interrupciones. Ahora, recibimos los 157 discos que compramos por Internet, escuchamos los primeros 3 segundos de cada uno de ellos y elegimos el que nos pareció más interesante para escucharlo mientras miramos la televisión y terminamos algún trabajo que teníamos atrasado en la oficina. Ni qué hablar de aquellos que sólo graban Itunes para escuchar en su Ipod y luego incluirlos como un ringtone en su Iphone. No digo todo para promover que retornemos a la Era de Piedra montados en nuestro dinosaurio favorito. 
    Hablo de hacer un corte, tener una medida y tomar distancia para alejarnos de lo inmediato. Resistir y, si nos dejan, contragolpear.

    El término vanguardia pertenece al léxico militar y designa la parte más adelantada del ejército. La que confrontará con el enemigo, la primera línea de avanzada en exploración y combate. En el campo artístico es la primera línea de creación, la renovación radical en las formas y contenidos para, al mismo tiempo, sustituir las tendencias obsoletas.
    El vanguardismo busca introducir elementos innovadores respecto de las formas tradicionales. En la arquitectura de vanguardia, la simetría dio paso a la asimetría. En la pintura se rompe con las líneas, las formas y los colores neutros. En las esculturas aparecen las figuras amorfas que requieren interpretación. En la danza desaparecen los elementos y vestuarios clásicos y aumenta la expresividad corporal.
    Vanguardia es un concepto que indica la existencia de mejora en la condición humana. Pero para acceder al arte de vanguardia no basta con comprender, hace falta entender. No alcanza con encontrar, hace falta buscar. Y no alcanza con buscar, hay que querer hacerlo.
    Por suerte en la música, al igual que en otras disciplinas, hay gente hambrienta por esta clase de experimentación militante.

    El grupo Fantastic Merlins y su disco Look Around puede ser un medio adecuado para establecer contacto. Esta banda constituida en el 2005 es un impredecible cóctel de música clásica y avant-jazz. Estos muchachos no tocan bonito para gente bonita; en su lugar han decido expresarse mediante una narrativa compleja y de carácter exploratorio. Su música conjuga elementos familiares con sustancia melódica y profundidad estructural en cantidades exactas para convertirse en antídoto de oídos aburridos. En su propuesta hallamos referencias a la literatura, el cine, la pintura y una gran variedad de géneros y estilos musicales. De Pharoah Sanders a Francois Rabbath, de Charlie Parker a John Zorn, de Albert Ayler a Tom Cora, de John Coltrane a Curlew.
    Libertad, belleza, experimentación e intensidad cinemática en constante balance con líneas vigorosas y atrapantes improvisaciones, interceptadas por un sutil e inquietante despliegue melódico.

    El disco abre con la climática y reflexiva profundidad de Look Around. Una calida evocación al romanticismo de Paul Bley combinada con la nostálgica orientación de la música sefardí y la típica austeridad escandinava que ha caracterizado tradicionalmente al sello ECM.
    I Was Behind the Couch All the Time ofrece enérgicos fraseos en paralelo de saxo y cello alternados con fantasmales pasajes de experimentación pura. Imagine una película de Jean-Luc Godard con música de Ornette Coleman y tendrá una idea aproximada de cuál es la orientación.
    En la atrapante simplicidad de A Very Small Animal encontramos la audacia del pintor asociado al expresionismo abstracto, Barnett Newman. Su obra más representativa consiste en sencillas composiciones en las que un amplio campo de color es traspasado por una o dos líneas verticales, mientras que el tamaño de sus cuadros siempre rebasa el campo de visión del espectador. Este tema expresa similares conceptos y eso incluye la sencillez, el contenido místico y la amplitud de la perspectiva requerida para su interpretación.
    It Would Seem nos trae una inquietante y angular expresividad cinemática con una sensibilidad jazzera no estructural que permite un fértil desarrollo para turbulentas improvisaciones. Un poco de Thelonious Monk, un poco de John Zorn y bastante de Fantastic Merlins.
    En Letting Go confluyen la música de cámara, espaciosos climas a lo Bill Frisell y la metódica complejidad de Carei Thomas.

    En la simpática frescura de Dance Partner descubrimos rastros de Mah-na Mah-na de Piero Umiliani. Canción pop que formara parte del soundtrack del documental Svezia, Inferno e Paradiso de 1968 y que un año después, merced a la versión que hicieran Los Muppets, se convertiría en un éxito arrasador. Runoff Water está inspirada en la obra de la poetisa polaca Wislawa Szymborska, autora de obras capitales como La Sal, Mil Consuelos y De la Muerte sin exagerar. A su vez, la melancólica intensidad ofrecida por Fantastic Merlins nos remite a algunas viejas composiciones del laudista John Dowland como Lacrimae y Semper Dowland, Semper Dolens. El delicioso diseño melódico apuntalado por una contundente precisión rítmica en Lenny es una invitación para que todos los cerebros salgan a bailar y muevan sus neuronas al compás, casi un hit single. La pastoral belleza de Line contiene pistas que nos conducen al compositor Ennio Morricone. El cierre será con Bright and Wide. Una viva confrontación de conceptos entre Science Fiction de Ornette Coleman y cualidades propias de la psicodelia.

    Fantastic Merlins puede gustar o no (eso dependerá de valoraciones estéticas personales); pero estos tipos saben lo que hacen y adónde van. Vale la pena seguirlos aun a riesgo de extraviarnos en el camino.

    A veces es necesario perderse para encontrarse (Samuel Beckett)

    Sergio Piccirilli

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