• Will Bernard: Party Hats

    • CevherShare

    Share the Sea, White Elephant Sale, Ripple Sole, Leo’s Cat, Party Hats, Afro Sheen, Chin Up, Newbie, Folding Green, Rattle Trap, Penske

    Músicos:
    Will Bernard: guitarra
    Will Blades: órgano
    Ryan Newman, Keith McArthur: bajo
    Jan Jackson, Paul Spina: batería
    Cochemea Gastelum, Joe Cohen, Peter Apfelbaum, Dave Ellis: saxo
    Mike Olmos: trompeta
    Adam Theis: trombón
    Josh Jones: percusión
    Michael Bluestein: órgano y piano eléctrico

    Palmetto Records, 2007

    Calificación: Está muy bien

    Hacer las cosas en serio es divertido (Wynton Marsalis)

    Will Bernard es uno de los guitarristas más versátiles de la actualidad. Serio pero no solemne y siempre al servicio de proyectos de indudable rigor profesional. Desde su integración al Peter Apfelfaum Hieroglyphics Ensamble en los albores de los noventa a la fecha, ha recorrido un amplio rango de estilos que abarcan jazz, música experimental, hip hop, world music, blues, funk, etc. Su participación en T.J. Kirk junto a John Schott, Charlie Hunter y Scott Amendola, le permitió obtener reconocimiento y prestigio. En 1998 debutó como solista con el álbum Medicine Hat. En el 2001 editó Motherbug y en el 2005 Direction to my House. En los últimos años ha alternado colaboraciones en bandas como la Mike Clarke’s Prescription Renewal, Robert Walter’s 20th Congress y el Stanton Moore Trio. Ahora nos llega su ultimo trabajo discográfico: Party Hats, que a la vez marca su debut en el sello Palmetto Records.

    Desde su título intuimos que el disco tiene algún punto de contacto con lo festivo y la diversión, toda vez que los mencionados “party hats” no son otra cosa que los tradicionales gorritos de cumpleaños.
    En mi trayecto por recolectar información sobre el origen conceptual de la diversión fui hallando, para mi sorpresa, un sinnúmero de alusiones filosóficas sobre su contracara: el aburrimiento.
    En filosofía, el aburrimiento aparece frecuentemente junto a sentimientos como el disgusto y el miedo. Sobre estos temas han escrito con innegable autoridad Schopenhauer, Postman, Aristóteles y Nietzsche, entre otros. Sin embargo, el punto de vista más descriptivo es el que ofrece Kierkegaard, quien teorizando sobre el particular le adjudicó al aburrimiento la capacidad de poblar el mundo.
    Simple lógica. Dios se aburría y por eso creó a Adán, pero como éste también se aburría creó a Eva y a partir de ella…
    ¡Mamita querida! Todo el mundo empezó a divertirse como loco… Venia gente de todos lados. Incluso quedaba gente afuera del Paraíso…
    Esto, o mejor dicho aquello, nos permite concluir en que el aburrimiento es algo así como la prehistoria de la diversión. Más o menos.

    En Share the Sea Funky hallamos rastros percusivos del ícono del afro beat, el nigeriano Fela Kuti. Realzados por la combinación de jazz y funk con una sección de vientos predominantes, montados sobre una rítmica afro. El órgano Hammond B-3 de Will Blades establece el marco estructural del que emerge un cristalino solo de Bernard de fuerte contenido melódico, preciso, simple y sin desbordes.
    El “a go go” de White Elephant nos invita a realizar un rápido movimiento de las extremidades inferiores, al tiempo que la parte superior o torso se balancea mientras marcamos el ritmo dándonos pataditas en la nariz con el talón. Siempre con la mirada fija en la nuca, a la vez que formamos un círculo con la mano izquierda al que penetramos repetidas veces con el dedo índice de la mano derecha, sin perder el compás. La línea de bajo desplegada por Ryan Newman resulta capital en la constitución de la matriz rítmica, lo que sumado al monolítico aporte de la batería de Jan Jackson, brinda las garantías necesarias para el desarrollo de los solos. El tema va ganando en intensidad sin jamás apartarse de su eje melódico y del carácter festivo que lo distingue.

    La diversión es el uso del tiempo de una manera específicamente planeada para el refresco terapéutico del propio cuerpo o de la mente, e implica una participación activa.
    El grado de intensidad de la diversión suele depender de varios factores: los aspectos psico-sociales, la finalidad estético-conceptual, la relación entre lo finito y lo infinito, la mediación lógica, la yuxtaposición de lo cualitativo con lo cuantitativo, la abstracción y trascendencia de principios que transmutan lo físico en metafísico y por sobre todo… el grado de ingesta alcohólica de los participantes de la fiesta. Esto último permitirá que la diversión oscile entre untar con miel a nuestra suegra y encerrarla en la jaula de los osos (no se imagina lo gracioso que puede resultar ver la cara de asco del oso) hasta rociarla con combustible y soplarle en su cara las velitas de cumpleaños (el efecto psicodélico que se obtiene con una suegra en llamas es una oda a la alegría).
    Ripple Solo nos ofrece una diabólica métrica “in the pocket”. El centro de la escena es compartido por el saxo de Apfelbaum y la guitarra de Bernard. Tras un pasaje en unísono, se bifurcan en un delicado contrapunto de económico vocabulario y relajado virtuosismo.
    En la intro de Leo’s Cat, Will Bernard expresa su veneración por Jimi Hendrix. Ya en el cuerpo principal, los componentes rítmicos y armónicos nos sumergen en las profundidades del heavy funk en el que sobresale un efusivo solo de órgano que sonrojaría al mismísimo John Medeski.
    Los milimétricos arreglos de Party Hats admiten influencias provenientes de Eddie Harris y Lou Donaldson. La precisión y solidez rítmica liberan de inhibiciones a Bernard, haciendo que su guitarra suene como si Scofield tocara música surf. Siempre melódico pero nunca ingenuo.
    Afro Sheen enlaza con sencillez el funk y las fuentes principales de la música del continente africano. Muy buen solo de Apfelbaum seguido de cerca por un crucigrama de acordes en guitarra.
    En Chin Up, Bernard recurre a la guitarra slide para asociar, en términos de sonido, el country blues y la música hawaiana.

    Newbie tiene ecos lejanos de Tutu, tema de Marcus Miller inmortalizado por Miles Davis. Una contundente base permite el lucimiento de Will Blades en órgano. Claro que arriba de eso luce hasta el silbato de un árbitro de fútbol cobrando penal en contra de nuestro equipo favorito. Mientras tanto, Bernard rasguea, puntea, distorsiona, berrea, hace pucheritos… parece que no era penal.
    Un solo en saxo a cargo de Dave Ellis deriva en Folding Green, en el que las congas de Josh Jones, el órgano de Blade y la guitarra con wah wah de Bernard se disputan el rol percusivo.
    El asimétrico diseño rítmico de Rattle Trap encuentra su eje en las texturas de los instrumentos de viento potenciados por el contraste de una guitarra que parece asentarse en las huellas del blues.
    El cierre es con Penske. Un ágil fraseo de Bernard actúa como aviso de largada para que el resto de los miembros de la banda salgan disparados como si fuesen perseguidos por un despechado ser humano de sexo femenino o varios… ovarios. Buen solo de guitarra, brillante intervención de Adam Theis en trombón y una inesperada coda que nos recuerda a la Jimi Hendrix’s Band of Gypsys.
    Final.

    Party Hats no es la clase de discos que uno se llevaría a la tumba para que nos acompañe en nuestra morada eterna; pero tampoco es del tipo que… nos llevaríamos a la tumba para asegurarnos que nadie vuelva a escuchar jamás. Eso sí, puede ser muy útil y divertido escucharlo mientras pensamos qué llevaremos y qué dejaremos…

    Cumplamos la tarea de vivir de tal modo que, cuando nos toque morir, incluso el de la funeraria lo sienta (Mark Twain)

    Sergio Piccirilli

    Notas Relacionadas o de Interés: