The Police: Casi Como el Primer Día

Estadio River Plate – Buenos Aires
Sábado 01 de Diciembre de 2007 – 21:30 hs.

The PolicePrimer show en Argentina desde el ahora mítico show de 1980 en Obras Sanitarias; o sea… veintisiete años de espera. Sin embargo, por diversos motivos los tres integrantes de la banda han visitado el país durante este período. Sting ha dado varios conciertos solistas y Andy Summers al menos uno. Nota de color: al guitarrista me lo encontré en una oportunidad junto a Michael Etheridge a la salida de un show de Robert Fripp (el dúo tenía que tocar en Brasil y luego en Bs.As). Stewart Copeland ha mantenido otro tipo de vínculos con la Argentina debido a su afición al polo; de hecho, en el show, tenía puesta una remera que denunciaba su fanatismo.
Como ya he comentado en estas páginas hasta el hartazgo, los shows de rock me generan mucha incertidumbre y más si son al aire libre o en estadios de futbol.

Sting - Summers21:30hs., el estadio lleno, comienza el show puntualmente. ¿Con qué me encontraría? La producción es impecable, arrays de parlantes ultra-modernos por todo el estadio, un mangrullo de sonido como pocas veces se ve por estos lares. ¿Tendrán la potencia desde el escenario para mover semejante cantidad de gente o estarán viejos? ¿Sting podrá con el repertorio? En segundos empezaré a tener respuestas. Cinco pantallas al frente y otra atrás en las que se ve mejor que en un plasma, impresionante. La iluminación y la puesta de luces detrás de las pantallas son impecables pero no quitan la atención de lo principal: la música. Message in a Bottle arranca a todo trapo y volumen, la gente estalla, el sonido se sobrepone a toda la gente cantando y gritando, demasiados bajos, Sting 1 – Summers 0, la batería impecable. Primer round ganado por la banda, están enteros y generan lo esperado, ya tienen a la gente en el bolsillo.

Sigue Synchonicity II, nuevamente a todo volumen, salvo que en este caso no suena bien, poca definición. La versión es sólo correcta. Hasta aquí no terminaron de despejar mis dudas. Walking on the Moon ya me deja tranquilo, el sonido se compuso finalmente y la banda suena del carajo. El problema con los estadios es que hasta que no está la gente adentro nunca se sabe cómo va a sonar.

Recorrieron perfecta y emotivamente un repertorio sin sorpresas en relación al material habitual en vivo de la banda… pensando en los años ´80. En este show desfilaron prácticamente los mismos temas del de 1983 registrado en el disco The Police Live. Don´t Stand So Close to Me, coreado por todo el estadio; Can´t Stand Losing You, en una versión igual de potente pero menos áspera que la original; Roxanne que hace explotar al público en una excelente y extendida versión; De Do Do Do De Da Da Da, sin pena ni gloria; Hole in my Life muy pero muy bien y Spirits in a Material World en una versión sin teclados muy interesante. Los temas más viejos fueron acomodados a las versiones en vivo del los ochenta, especialmente a lo que sonido se refiere. Bastante despojados en su origen, ganaron en arreglos y sonido en todos los casos. La verdad es que no hubo nada raro ni demasiado novedoso, se trató en general de un set sólido de temas muy bien interpretados, a pesar del notorio (en los músicos) paso del tiempo.

CopelandLos momentos más intimistas fueron Walking in Your Footsteps, King of Pain y Wrapped Around your Finger. Aquí es donde fueron notables los arreglos, especialmente las programaciones y el rol de percusionista de Copeland, quie contaba con un set ad-hoc que cumplirá una función más visual que musical. Lo interesante es cómo lograron la intimidad ganando en emotividad.

Andy SummersLo que más me gustó de este muy buen show fueron las versiones de Bring On the Night / When the World is Running Down y de Driven to Tears. Aunque algunos se sorprendieran, tampoco había nada demasiado novedoso; estas versiones fueron basadas en los arreglos de Sting como solista. Versiones más straight ahead, con algunos aires de jazz-rock, pensadas para tocarse todo… y es lo que hicieron. A Bring On the Night le adosaron como intro Voices Inside my Head, éste sí en una versión irreconocible. Estos temas sirvieron para el lucimiento colectivo y en especial de Andy Summers quien creó cierto desconcierto en el público que fue a buscar los hits y poco (o nada) más. Summers en todo momento dio la nota por su inteligencia y sonido al tocar, pero en estos temas superó todas las expectativas; con un sonido distorsionado impecable se dio el lujo de entrar y salir de la armonía, volar por el diapasón y hasta interpolar algún que otro tema de jazz, todo sin darle respiro a un público que trataba de asimilar (¿disimular?) lo que pasaba.

Todo lo que comenzó siendo dudoso tuvo final felíz.
Sting pudo cantar los temas en los mismo tonos originales, aunque por lo menos una octava abajo y de una manera muy prolija y delicada. El sonido fue muy bueno, cada tema con una mezcla particular, resaltando la labor de cada uno de los músicos en los momentos indicados. Esto quedó en evidencia por un pequeño error: en un momento calmo de uno de los temas, Copeland hace un rulo in-crescendo en un tom en primer plano en una de las pantallas, y se notó cómo desde la consola le levantaron el volumen para que se escuchara; los primeros golpes se perdieron y el resto se escuchó claramente. Asimismo, no noté en ningún momento que Andy Summers cambiara los efectos o volumen de su guitarra desde el escenario. Realmente un trabajo impecable.
También el sonido de la batería es digno de destacar, casi de CD, lo mismo que la actuación del baterista que con su ímpetu casi punk hace mover a todo el estadio. Esto no llama la atención para cualquiera que haya escuchado o visto material en vivo de The Police: Copeland  siempre arremete. Esto ayuda particularmente en el material de los años ´70 cuyo sonido original no estaba pensado para estadios.

La parte visual del show también estuvo muy bien; las pantallas no perdieron detalle de la actuación de los músicos y las proyecciones fueron correctas (aunque no faltó algún golpe bajo en relación a la pobreza en el mundo que, a esta altura del partido, parece más bien un recurso oportunista que otra cosa).

Cuando me quise acordar ya habían pasado dos horas y el show estaba terminando.
Y mis dudas no sólo desaparecieron minuto a minuto; es más, fueron pulverizadas.

Federico Larroca

Nota relacionada: El Ojo Tuerto: The Police – Abuso Policial

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