John Scofield: Ya Aburre…

Teatro Gran Rex – Buenos Aires
Miércoles 28 de Mayo de 2008 – 21:30 hs.

Ya perdí la cuenta de los shows que presencié de John Scofield. En el peor de los casos, el concierto fue bueno. Y ocurrió una sola vez. En las demás ocasiones la cuestión rozó la admiración, el regocijo y la incredulidad.
Así las cosas, es difícil no sucumbir a la tentación de las reiteraciones, adjetivaciones desmedidas, copia de reseñas anteriores…
Pero no sería justo con nuestro querido (respetuosamente, se sabe) Pelado.
De todas maneras, no es bueno prejuzgar. Ni para bien ni para mal. Porque prejuzgar es juzgar las cosas antes del tiempo oprtuno o sin tener cabal conocimiento. Ajá. Aclaremos que, en este caso, juzgar es "formar opinión sobre algo o alguien".
Y aquí no se trata de culpar a nadie.
No señor.
Válgame Alá.

En esta oportunidad, Scofield vino a presentar su último álbum, This Meets That. Allí lo acompañaron Bill Stewart en batería y Steve Swallow en bajo eléctrico. Los que no vinieron fueron los que aportaron bronces en el CD (Roger Rosenberg, Lawrence Feidman, Jim Pugh y John Swana), que fueron reemplazados por Phil Grenadier (trompeta y flugelhorn), Eddie Salkin (saxo tenor y flauta) y Frank Vacin (saxo barítono y clarinete).
O sea, un sexteto. ¿O un doble trío? Mirá hasta dónde me persiguen las extrañas definiciones de un tal Robert Fripp…

Noche invernal en la Buenos Aires otoñal. Mucha gente en el Gran Rex; Scofield parece ser uno de los pocos guitarristas extranjeros al que en la Argentina van a ver pianistas, bajistas, cantantes, saxofonistas, vibrafonistas, ukelelistas, arpistas, armoniquistas, flautistas, violinistas, percusionistas, bateristas, charanguistas, bandoneonistas, acordeonistas, cellistas… de todos me pareció divisar, al menos, un representante.
¿Guitarristas?
Je… unos cuantos…

Pero antes de la presentación del ex integrante de la banda de Miles Davis en los 80's, tuvimos como número de apertura al Lito Epumer Quinteto. Al también guitarrista acompañaron Cristian Judurcha en batería, Mario Gusso en percusión, Paul Dourge en bajo eléctrico y Gustavo Liamgot en teclados. Fueron 4 temas en unos 40 minutos. Lo mejor, La chacarera del sordo. La gente recibió y despidió a Epumer con mucho afecto. El quinteto ha sonado ajustado y sólido. Yo pienso, íntimamente, que Lito Epumer es mucho, pero mucho más que lo que ofreció en esta ocasión.

A las 22:30 hs. se descorre nuevamente el telón. Luego de la calurosa bienvenida, los dos tríos están sobre el escenario. Uno de ellos, sentados a un costado del escenario. El otro, ocupando el centro del mismo, bien juntitos los tres. Scofield toma el liderazgo en forma inmediata mientras Swallow y Stewart lo corren de atrás, pero como si fueran liebres. Los caños funcionan como simple apoyatura. Para la apertura la elección recayó en el clásico House of the Rising Sun. Luego de la primera gran intervención del Pelado, otro ídem, Steve Swallow, toma el liderazgo con apabullante sobriedad. La ovación hacia el bajista no se hace esperar. Mientras, Scofield sonríe, como agradecido.

En la intro de Memorette queda clara su admiración por Jim Hall. Una típica balada "Sco" que la acerca peligrosamente al fallido Quiet. El solo de Phil Grenadier en flugelhorn poco aporta. El sport lo levanta el bajista con un solo plagado de sutilezas.
Bill Stewart, hasta el momento, comanda absolutamente todo desde la base proporcionándole a Swallow toda la libertad que necesita… y merece. Pero desde el comienzo de Heck of a Job se intuye que hay que estar atentos. Los caños han encontrado su lugar en el tema. Hay amago de tsunami sofocado nuevamente por la sobria intervención del bajista, cuya mano izquierda se desplaza por su instrumento cual paciente y sutil araña. La labor de Scofield, desde la defensa, es impecable. Y llegó el momento Stewart, con un solo impoecable en el que jamás se alejó del tema. Primera genial intervención del baterista. El sexteto, bien ensamblado, luego vira levemente a un blues. Gran momento.

Strangeness in the Night resulta útil para apreciar la destreza del trío número uno. Grenadier y Salkin ríen a mandíbula batiente mientras que el voluminoso Frank Vacin se mantiene re-concentrado y sin realizar la más mínima mueca. Buen solo del guitarrista que da paso, abruptamente, a un correcto solo de trompeta que no entrará en la historia. Mientras tanto, Scofield se retira del escenario (¡?). Cuando vuelve y quiere meter un acorde, se da cuenta de que el cable de su guitarra estaba suelto, viboreando. Los caños aprovechan y meten un pasaje rayano en el be-bop. Otro dejadme solo del baterista, menos atractivo que el anterior aunque tratándose de Stewart… se entiende, ¿no?

El guitarrista apela a los pedales para, Sco-tronics mediante, iniciar un combate contra sí mismo. Uno de esos momentos en los que uno se inclina hacia adelante, con gesto adusto primero, achinando los ojos después y luego sonriendo ante las capacidades de Scofield. Luego de jugar unos segundos con la pedalera (con algún que otro amago a Down D) y sin previo aviso, el sexteto completo arremete con Satisfaction, de The Rolling Stones, a contundencia pura. La versión es más potente que en This Mets That pero no logra sorprender. Aunque el guitarrista explota en el solo que demanda y requiere el momento. Ah… Bill Stewart está hecho un demonio…

Shoe Dog nos lleva hasta Nashville. Afortunadamente a Scofield le corre una sangre distinta que a Frisell. Swallow obliga a todos a (casi) el silencio. Su solo es chiquito, mínimo, los dedos de goma se deslizan sin el menor esfuerzo. Scofield se contagia y Shoe Dog empieza a proporcionar unas cuantas alegrías. Los Scohorns sonríen cómplices. Al menos dos de ellos. Ahora es el bajista que torea al guitarrista, parece decirle "dale… animate…", pero el Pelado no acepta el convite, pasa y deja que juegue Stewart que, dicho sea de paso, la devuelve redondísima. Los caños aportan su coloratura; pero Swallow anda con ganas de hacer lío y Scofield ahora sí que entra como un caballo Pampero (y con Patoruzú). El final, casi en fade, es impecable.

Behind Closed Doors, de Kenneth Gist, es una sencilla balada que aportó relax, estiramiento de piernas, reacomodamiento de líquido sinovial y un final a dúo entre Swallow y Scofield sencillo, minimalista. No más que eso.
Cuando el líder anunció el esperado (al menos por este escriba) Over the Big Top, pensamos que estábamos cerca del final. Porque a eta altura ya es un clásico imbatible, como la puteada del Diego Armando a los italianos en el Mundial '90, el cabezazo de Zidane, la "revolución productiva", la marcha peronista, el barril de El Chavo del Ocho, la verborragia de Chávez o el gol del Chango Cárdenas. Los caños no desentonan. Swallow marca el pulso del tema con uno de los mejores riffs (si se me permite) de la historia reciente del jazz. Como el de Tutu. O Jean Pierre. El solo de Scofield, con ayuda de los pedales, es casi Zeppeliano. Mientras tanto, el tandem Swallow / Stewart la rompe. Los Scohorns obtienen su momento de mayor protagonismo y lo aprovechan con suma (¿excesiva?) corrección. Y apareció, nuevamente, el show del baterista en glorioso momento.
Y fue el final nomás.

Pero el fervor de la audiencia, agolpada ante el escenario como si se tratara de un grupo de rock, aceleró un bis que, seguramente, ya estaba pactado. Fue un blues que, más que cuadrado, fue cubo. Un giro sutil a A Go Go apoyado nuevamente en los Sco-tronics. Y, cuando se les antojó, final. Abrupto. Y definitivo.

John Scofield volvió a presentarse en Buenos Aires y, como era de esperar, la rompió nuevamente. Tal vez no hubo un aporte que justificara la presencia de los Scohorns; pero una vez más, el Pelado la gastó.
Y la verdad que, afortunadamente, ya aburre.

Marcelo Morales

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