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Liliana Herrero: Igual a mi corazón

Liliana Herrero, más que una cantante, es una intérprete.
Potente.
De las buenas.
Inimitable, si se permite.
Y tiene, además, algo que no abunda: un espíritu (más que) inquieto.
Por eso es que en ella conviven el homenaje a Leguizamón / Castilla, otro a Falú / Dávalos, el recorrido por los ríos Paraná y Uruguay en Litoral, la diversidad de Recuerdos de Provincia y Confesión del Viento, las colaboraciones con Adrián Iaies, Gerardo Gandini, los Fattoruso, Daniel Maza, Hermeto Pascoal, Néstor Marconi, Horacio Fontova y, por supuesto, Fito Páez.
También el desestructurar las canciones, agregando palabras, quitando líneas, jugando, o sea.
Creando.

Y el 2008 nos trae Igual a mi corazón, línea incluida en Chañarcito.
Y que explicarlo es, más o menos, un lío.
Un lindo lío.
Porque al principio nomás aparece el gran Marcelo Moguilevsky como invitado en La casa de al lado (de quien Baglietto hiciera una bonita versión en Quién sabe). Mariano Cantero y una percusión mínima; la guitarra de 7 cuerdas de Matías Arrazú lidera mientras los colores provienen del clarinete y la flauta dulce de Moguilevsky. La Herrero nos da una suerte de plácida bienvenida. A su disco. A su casa.
Zamba del arribeño… letra de Néstor Soria, música de Juan Falú. Intrumentación: sólo la guitarra de 7 cuerdas de Arriazu. Y dos voces: Liliana Herrero y Mercedes Sosa.
Sí… es cierto… la querida Negra Sosa no tiene la garganta de otrora. Pero… tal vez por eso mismo… o por la unión… o por vaya uno a saber qué cuernos, el momento es demoledor, sublime, desgarrador, irrepetible. Para escuchar y emocionarse en permanente repeat.

Uruguay, de Rubén Olivera, hace que nos preguntemos si no habrá algo de sangre paraguaya en la entrerriana. Hacia el final, Urbano Moraes entrega un preciso aporte en bajo. León Denarós le puso letra a Chañarcito, composición de Carlos Guastavino. Aquí, la Herrero (nos) confiesa: "Chañarcito, chañarcito, que tantas espinas tienes. Igual a mi corazón, entre espinas te sostienes". El acompañamiento de Snajer en guitarra de diez cuerdas no es el ideal. es el único posible. Magia pura.
Brillantina de agua, de la uruguaya Ana Prada, nos da un oxígeno diferente, cercano al pop. Retorna Moguilevsky, esta vez en armónica (lo que es capaz de hacer ese muchacho…), aporta lo suyo en contrabajo Guido Martínez y dos voces dos que aportan prístinos momentos: Liliana Vitale y Lisandro Aristimuño. La mbira de Marciano Cantero nos marca el camino en Canto labriego; el tema, de dulzura sin par, pertenece a Teresa Parodi. Que aquí aporta un breve recitado con gran tino y ubicuidad. Otro gran momento del álbum.

Les dije que no (me) sería fácil… "Me siento tan leve cuando estoy pesada" comienza a cantar Herrero. Otras voces propias se van entrelazando por detrás. El clima, potente, atractivo, moderno, sin fisuras logrado en Achado por, básicamente, la,percusión de Cantero y el piano preparado de Caíto Marcondes encuentra en la voz de la entrerriana algo similar al límite de las fuerzas… de todos. Ella deja todo cantando "Quién va querer explicar el dolor" y a mí se me contrae el estómago.
Arbolito del querer, de Meloni y Ortiz, nos lleva al otro palo: tres guitarras acústicas y las voces. Cuando se escucha "Por dónde andarán sus ojos, mirando lo que no quiero; ellos, regalando vida y yo, muriendo por ellos (…) Buscando olvido me fui; me fui de donde vivía; muchas cosas olvidé, menos lo que yo quería", ¿hay chance de insensibilidad?
Zonko Querido, de Pepe Núñez y Juan Falú trae un dueto entre la voz de Herrero y el piano de Lilián Saba. Esta última está fantástica. Y la Herrero, en este formato minimalista es, con todo respeto, imbatible.

Canción de las cantinas, de Manuel Castilla y Rolando Valladares es otro de "esos" momentos. Se escuchan voces de fondo grabadas en un asado. Las copas, a cargo de Cantero, brindan un clima ideal. El trabajo de Arriazu, como a lo largo de todo el disco, es impecable.
Agua de sed, de Coqui Ortiz y Matías Arriazu, contiene un arreglo para cuarteto de cuerdas de Lea Freire. Apenas dos minutos. Cuerdas y voz. No desentona, pero me queda la sensación de que le ha faltado algo…
En Cais, de Milton Nascimento (cantada en portugués y castellano), Herrero convocó al contrabajista Mariano Otero. La versión, minimalista, es notable. La cantante parece alejarse de la melodía por una bisectriz que la lleva (mirá vos) al mejor lugar.
El final oficial del CD es con Vidalero, de Juan Quintero. Itiberé Zwarg se ha hecho cargo del arreglo y de la dirección musical de la Itiberé Orquesta Familia. Un cruce infinito de cuerdas y percusiones sobre el que emerge la voz de Herrero, para derivar en una suerte de carnaval Hermeto-Pascoalense, ahora con voces y bronces y flautas que suben, bajan, vienen y van y donde todo parece estar permitido.
Y si escribimos "final oficial" es porque el álbum trae una "yapa": Ponte enferrujada, composición de Antonio Bruno Zwarg y que la cantante interpreta en portugués, con el aporte en guitarras de Luciano Cámara y Bernardo Ramos y el violín de Renata Neves. Y Liliana Herrero que parece decirte "gracias por venir, vuelvan cuando quieran, la (su) casa es vuestra".

Liliana Herrero parece haber encontrado "su" equilibrio.
Sin ir más lejos, Igual a mi corazón entrega clásicos del cancionero argentino popular, pero también nuevas composiciones. Predominan las guitarras acústicas y la percusión pero también hay cuerdas, saxos, flautas y piano preparado. Como invitados encontramos a Mercedes Sosa y Teresa Parodi. Pero también a Mariano Otero, Marcelo Moguilevsky, Guido Martínez y Lisandro Aristimuño.
En definitiva, que Liliana Herrero ha demostrado que se puede ser fiel a nuestra música folclórica sin que ello evite la incorporación de nuevos compositores, estilos y tendencias.
Claro que, para ello, no basta sólo con la intención.
Se necesita, además, inquietud, talento y sabiduría.
No sé si me explico…

Marcelo Morales

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