Reptet: Chicken or Beef?

Danger Notes, Reptet Score!, eltiT, Eve of Thrieve, Chicken of Beef?, That’s Chicken or Beef, Gwand Wabbit, Fishmarket, Swanni, Kill the Air, Go Bears

Músicos:
Samantha Boshnack: trompeta, flughelhorn, voces
Nelson Bell: trombón, tuba, eufonio
Christopher Credit: saxo barítono, saxo tenor, saxo alto
Izaak Mills: saxo tenor, clarinete, flauta, percusión
Tim Carey: contrabajo, bajo eléctrico, guitarra barítono
John Ewing: batería, percusión
Invitados: Lalo Bello (percusión), Mark Oi (guitarra), Tobe Stone (clarinete), Eyvind Kang (viola), Lori Godstom (cello), Paris Harley (violín), Clinton Fearon, Maeg O’Donoghgue-Williams, Sari Breznau, Kevin Hinshaw, Scott Adams, Satchmo & Jack (voces)

Monktail Records, 2008

Calificación: Dame Dos

El verdadero humor empieza cuando ya no se toma en serio la propia persona (Herman Hesse)

Reptet es una de las bandas más sobresalientes de la nueva escena musical de la ciudad de Seattle. En su alegato creativo coinciden la sustancia vital de la tradición del jazz, la rigurosa perspectiva del post bop, el apasionamiento expresivo de la música latina, la enérgica destemplanza del indie rock, el protocolo académico de la música clásica contemporánea, la exótica sonoridad del folk europeo, el espíritu redentor del dixieland y la insaciable búsqueda de la libre improvisación.
En la composición estructural del ADN musical de este sexteto, hallamos una iconografía legada de genuinos subversivos del arte moderno como Herman Sonny Blount (alias Sun Ra), Louis Thomas Hardin (alias Moondog) y Frank Zappa (alias… Frank Zappa); y también una catártica proposición narrativa fundada en los ancestrales principios de la estética circense y en un inaprensible ejercicio del humor absurdo que parece heredado de los Hermanos Marx.
El término absurdo se utiliza para identificar a quienes no actúan de acuerdo a un pensamiento lógico, apartándose de la razón. El humor es un estado emocional que determina en el individuo la posibilidad de realizar ciertas asociaciones mentales. Sigmund Freud decía que la esencia del humor consiste en que uno se ahorra los efectos que la respectiva situación hubiese provocado normalmente, eludiendo el sufrimiento y permitiendo que triunfe el principio del placer. Cuando el absurdo se traslada al campo del arte asociándose con el humor, permite introducir elementos de coherencia nula en un marco lógico previsible realzando, mediante sutiles contrastes, su núcleo creativo. Estos factores se unifican en la propuesta de Reptet y no es que se arrojen pasteles a la cara o dejen cáscaras de banana en el piso en espera de que alguien se resbale y caiga… o que toquen sus instrumentos con un disfraz de payaso.
Reptet
incorpora aspectos lúdicos para representar su música, resuelve situaciones a través del absurdo y, en definitiva, nos empuja a que se imponga el principio de placer del que hablaba Freud. Eso sí: cuando empujan, hay que tener cuidado de no pisar una cáscara de banana o que el goce del triunfo del placer no incluya un tortazo en la cara. De más esta decir que no usan disfraces de payaso (si mal no recuerdo durante sus conciertos uno de sus integrantes se disfraza de pingüino, no es lo mismo).

Hay quienes se ríen de los otros y hay quienes se ríen con los otros.
El humor absurdo requiere un esfuerzo especial tanto del emisor como del receptor e implica una complicidad subyacente entre ambos. Si el emisor falla en su formulación, caerá en el ridículo; y si el receptor falla en su interpretación, el resultado será inversamente proporcional al buscado en origen.
No debemos confundir comicidad con humor. Mientras la comicidad es un fenómeno más superficial, cuya función principal es generar la risa para provocar un desahogo explosivo y purificante, el humor, en cambio, penetra en el plano humano tanto intelectual como emocional induciendo a una sonrisa reflexiva de introspectiva dinámica que agudiza el nivel de comprensión de la realidad.
Reptet no recurre a la comicidad, la burla y la exageración en una búsqueda premeditada a través de la risa, del reconocimiento y la aceptación del otro.
En su lugar elige el sentido del humor como medio para disfrutar de sí mismos, de lo que hacen y piensan como acción derivada de la auto-aceptación y el auto-reconocimiento para obtener una visión panorámica de su entorno circunstancial.
Si usted no quiere complicaciones o es de los que cuando le cuentan un chiste se ríe tres veces (la primera al oírlo, la segunda cuando se lo explican y la tercera cuando lo entiende), puede que la sagacidad del humor absurdo no le agrade. De ser así, se perderá una significativa porción de la oferta de Reptet y algunas cosas más también.
Y aprovechando que estamos en confianza… ¿no habrá sido usted el que dejó olvidada esa cáscara de banana con la que tropecé en la puerta de mi casa, no?

Chicken or Beef? es el tercer disco de la banda y, con seguridad, el que mejor se aproxima a su despliegue escénico. Fue grabado en Seattle por Mel Dettmer, quien trabajara entre otros con Wayne Horvitz, Skerik y Mr. Bungle y la portada del álbum, al igual que su predecesor Do this! de 2006, tiene ilustraciones del legendario Jim Flora.
El disco abre con Danger Notes, composición de Samantha Boshnak resuelta a través de un encuadre armónico inherente a la música de big band y con reconocibles ecos de jazz latino. La dinámica, en contrapunto de los vientos, es interceptada por el bajo para mutar en un vigoroso ascenso rítmico que propicia el despliegue de los solos, concluyendo en un natural regreso al germinal enunciado melódico.
Reptet Score!, cuya autoría pertenece a Chris Credit, actúa como el soundtrack de una película imaginaria que, dicho sea de paso, merecería filmarse. Las exóticas sonoridades iniciales nos trasladan a oriente medio y de allí, sin escalas, a la península ibérica. Un ensamble impiadoso con elaborados quiebres e irrecusable frescura, empalmados mediante breves entreactos vocales que ofician como una catarsis colectiva. Una catarsis es una profunda experiencia purificadora provocada por un estímulo externo. Proviene del término griego Κάθαρσις, katarsis o katharsis, que significa purificación o purga. Una purga en cambio es un laxante usado para la eliminación de heces y, cuando es muy potente, también elimina eses, emes y algunas letras más. ¡Olvídese del asunto! Son puras… heces.
El concepto de catarsis, si bien tiene raíces antropológicas, también ha sido empleado en medicina y en el psicoanálisis. No quiero irme por las ramas y menos después de un laxante pero… me gusta indagar en todo aquello que me permita tener temas de conversación con mi peluquero quien, dicho sea de paso, le cuento que es sordo. Me enteré que era sordo el día que le pedí que me recortara la patilla y salí con un corte de pelo al estilo mohicano. Para no dejar cabos sueltos, le digo que los indios mohicanos son una invención literaria de James Fenimore Cooper, quien creó esa palabra combinando el nombre de las tribus reales de los mahicanos y moheganos. Bueh… tome todo esto como una purga, quiero decir… como una catarsis… con heces.

En eltiT hallamos una cautelosa aproximación a la tradición del jazz pero con un embrión estructural despojado de elementos sobrantes y un constante énfasis en la armonía tonal, a la manera del minimalismo. El interludio en contrabajo tiene un efecto transformador, permitiendo que el dibujo sonoro pase por la melancolía del blues y el lirismo de la música folclórica española; este último realzado por el magnífico discurso de la trompeta de Boshnack. Todo remata con los saxos de Mills y Credit enlazados en un admirable duelo de texturas. En Eve of Thrieve, un persistente hi hat y la ominosa sonoridad del saxo alto, construyen los cimientos sobre los cuales se montan en bloque los solos, con sobresalientes intervenciones de Bell en trombón, Carey en contrabajo y Ewing en batería. La vorágine percusiva, el obsesivo estribillo y el aporte de Mills en su “human beat box” en Chicken or Beef? empalman con That’s Chicken or Beef en ritmo de ska. Gwand Wabbit es una (otra) encomiable composición de Boshnack que unifica, en líneas ascendentes, el blues y la música clásica contemporánea.
En Fish Market, una desencajada intro a puro rock desemboca en una visión futurista del hard bop a lo Sun Ra. El músico Sun Ra afirmaba que venía del planeta Saturno y que permanecía en la Tierra con la misión de salvar a la humanidad; en cambio, en el caso de Reptet, ocurre todo lo contrario: aún siguen en Saturno.
Swanni, de Izaak Mills, reúne, en dosis de extraño balance, intensas texturas de gran complejidad armónica, libre improvisación y un humor lleno de complicidades.
En verdad, sólo falta que en este álbum encontremos aterradores aullidos, cintas procesadas, la infrecuente sonoridad del bombardino o eufonio, ladridos, un pasaje que parezca anunciar una corrida de toros y el perturbador sarcasmo de Frank Zappa.
Bueno… justamente todo eso pasa en los temas Kill the Air y Go Bears. Gran final.
Reptet, desde la perspectiva de la creatividad y el humor, recorre con autoridad la delgada frontera que separa la genialidad de la locura.
Bienvenido que así sea.

La locura, a veces, no es otra cosa que la razón presentada de diferente forma (Johann W. Goethe)

Sergio Piccirilli

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