Anat Cohen: ¡Al fin Solos!

Hollywood & Highland Center – Hollywood (USA)
Martes 29 de julio de 2008 – 19:00 hs.

En el marco del ciclo de conciertos denominado Wine & Jazz que se desarrolla en el Hollywood & Highland Center se presentó la clarinetista y saxofonista israelí Anat Cohen junto a su cuarteto integrado por el pianista Jason Lindner, Ben E. Street en contrabajo y el baterista Daniel Freedman.
Anat Cohen nació en Tel Aviv, Israel, pero actualmente reside en Estados Unidos. Debutó a los 12 años en su país natal tocando clarinete en la banda de Dixieland del Conservatorio Jaffa. A los 16 años ingresó al prestigioso Thelma Yelin High School for the Arts en donde aprendió saxo. Poco después de graduarse se incorporó al servicio militar, período en el que integró como saxofonista la banda de la fuerza aérea israelí. Más tarde se trasladó a Boston para estudiar en el Berklee College of Music. Durante esa época ejecutó saxo tenor en una amplia variedad de contextos musicales: klezmer, música afro-cubana, tango, música brasilera, entre otros. Una vez que fijó residencia en la ciudad de New York, participó alternando saxo y clarinete en ensambles de música brasilera como Brazooca, el Choro Ensemble y el New York Samba Jazz. Junto a sus hermanos (el saxofonista soprano Yuval Cohen y el trompetista Avishai Cohen) constituyó 3 Cohens, proyecto que se prolongó hasta nuestros días con el álbum Braid. Tras acompañar en gira a la Sherrie Maricle’s Diva Jazz Orchestra en el 2004, Anat se abocó a su debut discográfico solista, el cual se produjo un año después con el álbum Place and Times. Ese trabajo, que recolectaba las influencias recibidas durante su formación musical, marcó el inicio de su romance con la crítica. Los medios especializados se deshicieron en elogios y repartieron títulos nobiliarios indiscriminadamente: “artista de jazz revelación”, “mejor álbum debut de jazz”, “clarinetista revelación”, etc. En el 2007 editó dos nuevos álbumes: Poetica y Noir. En el primero de ellos, junto al pianista Jason Lindner, el bajista Omer Avital y el baterista Daniel Freedman, más el agregado de un cuarteto de cuerdas, trabajó sobre un repertorio que incluyó canciones tradicionales de Israel, Brasil y Francia, composiciones propias y una versión del clásico de John Coltrane: Lonnie’s Lament. Mientras que en Noir encabezó la Anzic Orchestra, ofreciendo una amable revisión de obras de compositores tan disímiles entre sí como Eduardo Lecuona, Arthur Hamilton, Pixinguinha, Luiz Bonfa, Johnny Griffin y Sun Ra.

Para sorpresa de todos, esos discos marcaron “el inicio de su romance con la crítica”… hmmm… creo que esto ya lo dije. Lo concreto es que “los medios especializados se deshicieron en elogios y repartieron títulos nobiliarios”… ehhbueno, creo que esto ya lo dije. Lo anterior y “creo que esto ya lo dije”, también.
Tal vez suene temerario afirmar que Anat Cohen y la crítica especializada están de novios, pero resulta innegable que entre ellos hay “algo”. A lo mejor son sólo suposiciones nuestras, incluso es probable que las críticas mencionadas sean justas, intachables, perfectas, magistrales y que, a lo mejor, los discos de Cohen no estén a su altura… quiero decir… los discos están bien… pero no para ponerse de novios.
Lo cierto es que para disipar estas (y otras) dudas concurrimos al Hollywood & Highland Center para ver a la novia…
Ante todo aclaremos que una novia es una pareja femenina en una relación romántica o sexual… o varias. El equivalente masculino es novio. Sin embargo los hombres, para conservar esa denominación, deben tomar el recaudo de que sus respectivas novias no sean la misma mujer, ya que en ese caso dejarían de ser “novio” para convertirse en un imbécil. Mucho más divertido puede resultar que el hombre designe simultáneamente como novia a varias mujeres al mismo tiempo, dentro de lo posible tratando de evitar que se enteren las novias y sobre todo la esposa. Tras la palabra novia suele incluirse la preposición de como indicativo de pertenencia, ya que no se puede ser novia de forma aislada o, por ejemplo, novia de puntos suspensivos o no-novia. La palabra novia no es nueva ya que proviene del latín nova que significa nueva, aunque suene contradictorio. En sus orígenes, se utilizaba la expresión nova nupta o recién casada; pero poco a poco fue dejándose de usar el término nupta y nova fue modificándose hasta llegar a novia. En síntesis, si usted hoy invita a sus amigos para presentarles a su nova nupta, lo más probable es que no venga nadie. Inicialmente, el uso de la palabra novia implicaba que la relación estaba dirigida al matrimonio; pero con el tiempo, para evitar que se asociara a palabras como fracaso, decepción, fiasco o desastre, su significado fue ampliándose a otro tipo de relaciones; incluso a relaciones con otros tipos. Actualmente, el término se usa para indicar relaciones entre adolescentes, entre adultos y también entre adolescentes y adultos. Asimismo puede aplicarse a una relación exclusivamente sexual o a una relación en que la pareja comparte una, viviendo juntos sin estar casados; y en ningún caso implica que esté dirigida al matrimonio. Por el contrario, el matrimonio puede ser una relación sin sexo en la que exclusivamente se comparte una vivienda. No es lo mismo.

Tradicionalmente, para adquirir la calidad de novia, era necesario que existiera una declaración que podía ser “¿Querés ser mi novia?”, o “¿Querés salir conmigo?” y cuya aceptación convertía la relación en noviazgo. Para no parecer muy ansiosas, durante mucho tiempo existió la regla entre algunas mujeres en no decir sí a la primera propuesta, respondiendo “dejame pensarlo” o “necesito tiempo”, pero las más vehementes eludían esa regla agregando inmediatamente: “¿No me repetís la pregunta?”. En la actualidad, algunos opinan que el besarse o tener relaciones sexuales transforma a la pareja en novios; y cuando existen declaraciones y/o aceptaciones, son en un tono más informal y ramplón como “¿Te gusta tocar la flauta?” o “¿cuánto cobrás, morocha?” Preguntas que reciben respuestas igualmente ordinarias, tales como “toco la flauta pero más me gusta un buen clarinete” o “baratito baratito… con una grande de mozzarella y anchoas arreglamos”, etc.
En tren de aclarar las cosas (raro hablar de tren cuando nos estamos refiriendo a no-vía, ¿no?) digamos que el noviazgo entre la crítica especializada y Anat Cohen no tiene implicancias sexuales ni ha requerido de una declaración formal o informal pese a que la muchacha, justamente, toca clarinete. Y de más está decir que ningún crítico se dejaría seducir sólo por una grande de mozzarella y anchoas…
Si incluye la cerveza y la fainá, puede ser.

Existen notorias diferencias entre la crítica general y la crítica especializada. Por ejemplo: un crítico del montón que ha sido designado para cubrir un show, puede llegar tarde al lugar de la cita. En cambio, un crítico especializado ni siquiera necesita asistir al concierto para comentarlo (hecho que ratificaríamos después, sin hacer nombres).
Para dejar en claro a qué grupo pertenecemos (o no pertenecemos), llegamos tarde y nos perdimos el primer tema (*) así que para cubrir el bache citaremos textualmente el comentario de un crítico especializado que no llegó tarde, ni nunca: “Desde el inicio Anat Cohen manifiesta auténtica alegría y convicción en lo que hace y evita limitar su música a una categoría, obteniendo una infrecuente amplitud musical que nos recuerda inmediatamente a Duke Ellington” (sic)
(*) Nota de la redacción: El primer tema fue una versión de Jitterburg Waltz de Fats Waller

A continuación, Cohen ofrece Purple Piece, composición de su autoría que fuera incluida en el álbum Poetica de 2007. Su reposado y nostálgico encuadre melódico, establece un inesperado contraste con el hiperactivo ámbito comercial que caracteriza a la plaza principal del Hollywood & Highland Center.
Seguidamente hacen Washington Square Park, tema que integrará el próximo álbum de Anat Cohen, Notes from the Village. Una intensa aproximación a las raíces africanas del jazz con muy buenas intervenciones de Lidner y Freedman, la habitual solidez del experimentado Street y con Anat Cohen brillando en clarinete.
Luego brindan una versión de Ingenuo, tema tradicional de la música urbana de Brasil llamada choro o chorinho y que fuera compuesto por el legendario Alfredo da Rocha Viana Filho, más conocido como Pixinguinha. La lectura de Cohen es respetuosa y se ajusta a los cánones del género: Un ritmo agitado y festivo, signado por el virtuosismo y conteniendo amplios espacios para las improvisaciones.

Es el turno de Siboney, versión del clásico de Ernesto Lecuona que también formará parte del nuevo trabajo de Anat Cohen, que unifica el jazz con ritmos antillanos y el clasicismo europeo. El centro de la escena lo ocupa la clarinetista, tocando de manera impecable, derrochando simpatía, bailando, sonriendo y haciendo mohínes. Definitivamente… está de novia. Al finalizar el tema, en un pasaje que pareció extractado de algún capítulo de Jacinta Pichimahuida, pregunta: “¿Cómo se llama esta canción de Lecuona?” El auditorio/alumnado responde a coro: “Siboneeeeeey” (así, con muchas "e"), Por un momento temí lo peor.
Luego llegan la delicada y dulzona Hofim (Beaches) del álbum Poetica y una sugestiva versión del tema del ícono del rhythm and blues Sam Cooke: A Change Is Gonna Come.
El cierre será con una cálida relectura de Lonnie’s Lament de John Coltrane. Final.
El Hollywood & Highland Center es uno de los centros comerciales y turísticos más importantes de la ciudad de Hollywood. Allí toco Anat Cohen con su cuarteto.
La gente siguió haciendo sus compras.
Los turistas continuaron sacando fotos.
El público aplaudió.
Pero tarde o temprano todos se irán y los novios podrán decir: ¡Al fin solos!

Sergio Piccirilli

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