Django Bates: Spring Is Here (Shall We Dance?)

Spring, Turning Twenty, May Day, The Right to Smile, Early Bloomer, Fire Brigade, Subjective Hooks, Something Less Soothing, Evening Primrose, Sheep

Músicos:
Django Bates: teclados, trompa, voz
Julie Kjaer: flauta
Bo Skjod Christiansen: clarinete
Anders Bast: saxo alto, saxo soprano
Marius Neset, Martin Stender: saxo tenor
Johan Byling Lang: saxo barítono
Lars Soberg Andersen, Jimmy Nyborg: trompeta
Ulrik Kofoed: cuerno francés
Kevin Christiansen, Andre Jensen: trombón
Daniel Herskedal: tuba
Josefine Lindstrand, Elena Seten Yergui: voces
Christian Bluhme, Stuart Hall: guitarra
Peter Eldh, Michael Mondesir: bajo
Mikkel Schnettler: percusión
Anton Eger, Martin France: batería

Lost Marble, 2008

Calificación: Buena gente

Se puede admitir la fuerza bruta, pero la razón bruta es insoportable (Oscar Wilde)

Un trabajo publicado recientemente en el Journal of Advance Nursing intentó demostrar el poder curativo de la música. El grupo de científicos encabezados por Sandra Siedlecki, de la Cleveland Clinic y Marion Good, de la Universidad Case Western Reserve de Cleveland, llevó a cabo una investigación sobre sesenta casos y demostró que los pacientes, luego de escuchar música durante una hora diaria, mostraban una significante pérdida de dolor, una disminución de los factores depresores y un aumento considerable de su capacidad para ejercer el auto-control. Ese grupo de especialistas estadounidenses aseguró que el valor sanador de la música reside simplemente en que es una placentera, y a la vez poderosa, forma de distracción.
Esta línea de investigación científica se asocia al denominado “Efecto Mozart”, expresión que se refiere a las presuntas consecuencias a nivel cognitivo que produce escuchar las melodías de Wolfgang Amadeus Mozart. En tal sentido, la psicóloga Frances Rauscher y el neurobiólogo Gordon Shawn, de la Universidad de Wisconsin, descubrieron en un experimento realizado sobre 36 estudiantes que la exposición durante diez minutos a la Sonata para dos pianos en re mayor de Mozart, tenía efectos positivos en las pruebas de razonamiento espacio-temporal.
Lo sorprendente es que ese efecto duraba sólo diez minutos pero no con posterioridad al experimento, sino varios días antes.
Fue entonces que el famoso neurobiólogo, pedicuro y camillero Oxigeno Matheson* decidió profundizar en las teorías asociadas a los efectos terapéuticos de la música.
(*) A Oxigeno Matheson su padre quiso llamarlo George pero cuando nació el médico le dijo “su hijo George está bien pero hubo una complicación y tuvimos que ponerle oxígeno”.
Oxigeno Matheson, en un primer momento, sometió a diez pacientes a escuchar música de Richard Wagner una hora al día durante tres semanas. El resultado fue elocuente ya que los pacientes, luego del experimento, resolvieron invadir Polonia.
Ese fracaso fue devastador, tanto para Oxigeno Matheson en el intento por comprobar su teoría científica, como para los pacientes en su fallido propósito invasor.
Esto llevaría al infatigable Oxigeno a regresar a las fuentes de la música de Mozart. Producto de una nueva indagación científica, comprobó exitosamente que escuchar dos sonatas de Mozart tenía un valor equivalente a recetar dos aspirinas. En la actualidad, Oxigeno Matheson se encuentra abocado a lograr la manera de que los músicos que ejecutan las sonatas de Mozart vengan en cápsulas y puedan disolverse en agua.

En un principio, el fin de esta introducción es llegar a una conclusión basada, al menos, en dos preguntas claves y elementales. La primera es: “¿En un principio o en el fin?” Y la segunda: “¿En la introducción o en la conclusión?”
Vaya a saber…
A nuestro criterio, no queda debidamente comprobado que la música tenga un efecto determinado sobre las personas y, mucho menos, un valor terapéutico o sanador específico. En cambio, sí podemos asegurar que las personas tienen un efecto sobre la música, especialmente cuando esas personas son músicos o pretenden serlo. Y si no me cree, obligue a las Spice Girls a interpretar un oratorio de Berlioz, una ópera de Verdi o un coral de Mahler y después me cuenta si tiene efecto en la música o no.
Supongo que usted está ansioso por saber qué tiene que ver todo esto con el nuevo disco del músico británico Django Bates… pero ni se imagina lo ansioso que estoy yo.
Este álbum forma parte de un proyecto inspirado en las cuatro estaciones del año que dio inicio en 1993 con Summer Fruits (and Unrest), siguió en 1994 con Autumn Fire (and Green Shoots) y Winter Truce (and Homes Blaze) en 1995. Es decir, verano, otoño e invierno, respectivamente. Aunque resulte curioso, tuvieron que pasar 13 años para la llegada de la primavera, hecho producido con la reciente edición de Spring Is Here (Shall We Dance?). Bates, para este nuevo emprendimiento, sumó a la StoRMChaser, orquesta integrada casi en su totalidad por músicos graduados del Denmark's Rhythmic Music Conservatory, institución en la que Bates es profesor.

La primavera es la estación que marca la transición entre el invierno y el verano. Astronómicamente, comienza con el equinoccio, momento en que los haces de luz solar iluminan por igual ambos hemisferios, generando que los días tengan igual duración.
La primavera es sinónimo de vida, de color, enamoramiento y frescura. Es una época en que las plantas florecen, los animales se aparean y los seres humanos… también.
Justamente, el tema que abre el álbum se llama Spring; es decir… primavera. Un inesperado y confuso collage de Weather Report, Manhattan Transfer y Hermeto Pascoal adornado con densas capas orquestales y el trinar de los pájaros como fondo. En una primera impresión, podemos deducir que en la primavera de Django Bates esta todo mezclado… Los animales florecen, las plantes sufren alteraciones hormonales y las personas incuban huevos; incluso las personas más animales se aparean con plantas.
En Turning Twenty la situación no mejora. El carácter orquestal retoma estructuras sonoras ya utilizados por Bates en álbumes anteriores. Las inserciones corales alternan esquemas melódicos de improvisación asociados al raga y un leit motiv basado en las palabras mágicas “sim sala bim”. Bueno, mejor probemos con abracadabra y sigamos… Llega entonces May Day, una interesante exposición en ritmo de mambo al estilo de Pérez Prado que parece honrar al título del disco: “La primavera está aquí (¿vamos a bailar?)” ¿Divertido? Sí. ¿Exigente y comprometido? No… ¡qué va!

Bastante más ambiciosa es la pieza siguiente: The Right to Smile. Este tema, que tiene una sarcástica dedicatoria al ciudadano ruso que ganara una batalla legal que le permitió aparecer sonriendo en la foto de su pasaporte, esconde una alegoría en defensa de los derechos del inmigrante y una velada crítica al nacionalismo exacerbado. Esos conceptos se traducen musicalmente con ingenio y elegancia al superponer himnos y canciones tradicionales en distintos idiomas que confluyen en una exaltada interpretación de Ode to Joy, de Ludwig van Beethoven.
Early Bloomer es una versión esencialmente coral del tema que Bates incluyera en el álbum Winter Truce (and Homes Blaze) de 1995. Sus inusuales progresiones armónicas proveen una interesante visión vanguardista de preceptos anclados en la música sacra.
Fire Brigade ofrece una mirada de carácter surrealista sobre las secuelas que produce un enamoramiento súbito, unificando en un mismo mapa sonoro vestigios melódicos del clásico New York, New York con una impronta rítmica de perfiles africanos.
Las asimétricas contorsiones armónicas de Subjetive Hooks reafirman el concepto lúdico que anida en la génesis de este trabajo y Something Less Shooting da lugar a desenfrenadas fracturas y quiebres ridículamente complejos, que pretenden disimular lo que se anuncia con ironía y acidez como “la secreta canción pop de Django”.
Evening Primrose es un contrapunto vocal interpretado, al igual que en Early Bloomer, por el RMC’s Choir, que incluye el insospechado aporte de la voz de Tim Berne.
El álbum concluye con Sheep, una desconcertante reverencia a la música de Joe Zawinul más cercana a la copia apócrifa que al homenaje póstumo.
Síntesis: Spring Is Here (Shall We Dance?) presenta afables melodías envueltas en densas capas orquestales ataviadas de fatuos arreglos corales. Describiendo una primavera llena de vitalidad y agitación, plena de emociones juveniles, ligeras y superficiales, que no parecen corresponder a un músico en su madurez artística.
Al fin nos quedamos con la ambigua sensación de no haber podido comprobar el efecto terapéutico de la música o, en todo caso, si algo ha provocado este disco es… una profunda decepción.
Una lástima, aunque después de todo… sólo es una opinión.

Si un hombre te dice que pareces un camello no le hagas caso, si te lo dicen dos, mírate al espejo (Proverbio árabe)

Sergio Piccirilli

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