Adrián Iaies: Vals de la 81st & Columbus

Vals de la 81st & Columbus, Astor Changes, Round Midnight, Algún Día Nunca Llega, Juárez El Casamentero, Sigilosamente (for Duke), Valsecito Para Una Rubia Tremenda, What Are You Doing The Rest Of Your Life, Nefertiti, Mariposita

Músicos:
Adrián Iaies: piano
Michael Zisman: bandoneón
Pablo Aslán: contrabajo
Pepi Taveira: batería
Juan Cruz De Urquiza: trompeta

Sunnyside, 2008

Calificación: Está muy bien

Hay quienes viajamos con un ladrillo para mostrar al mundo cómo era nuestra casa (Bertold Brecht)

Erich Fromm aseguraba que el sentimiento de identidad es tan vital e imperativo para el ser humano, que un individuo no podría estar sano si no encontrara algún modo de satisfacerlo. La noción de identidad contiene en un mismo plano dos dimensiones de un fenómeno inclusivo y de auto identificación que se enlaza con lo histórico y social. La fenomenología de la identidad, por lo tanto, es de carácter bidimensional, ya que nos impone el imperativo de no sustraernos al carácter dialéctico que asume lo colectivo y lo individual. Preguntarnos “quién soy” o “quiénes somos” es aquello que termina constituyéndonos como tales y nos diferencia de los otros. A pesar que la respuesta a esos interrogantes nunca es absoluta y cambia y muta permanentemente, jamás dejamos de buscarla. Para la psicología, la identidad es una exigencia básica del hombre que hace que responder a la pregunta “¿quién soy?” sea tan necesario como alimentarnos.

En una somera exposición podríamos aseverar que la identidad es una necesidad afectiva ya que implica sentimiento. Es cognitiva, ya que nos obliga a tomar conciencia de nosotros mismos y de los otros como personas diferentes; y también activa, debido a que el ser humano adopta sus decisiones haciendo uso de su libertad y voluntad. Es lógico suponer que la identidad guarda relación tanto con nuestra historia de vida como con la influencia ejercida por el concepto de mundo que predomina en el tiempo y lugar en el que vivimos. En la unicidad de cada persona no hay un solo “nosotros” sino varios superpuestos y no excluyentes. Así es como nos confesamos y declaramos con idéntica propiedad: “nosotros los hinchas de Racing”, “nosotros los seres humanos” o “nosotros los argentinos”. En ese orden.
Toda identidad tiene un factor antagónico, ya que ser algo significa no ser otras cosas. Esa alteridad nos crea conflictos con los demás pero también con nosotros mismos, ya que cuando el otro no confirma nuestra identidad no sólo pone en riesgo la propia identidad sino que también representa una velada amenaza para nuestra autoestima y para la imagen que intentamos proyectar en los demás. En su Escala de Necesidades Básicas, Abraham Maslow planteaba que uno de los principios elementales del ser humano es el sentido de pertenencia, o sea aquello que nos hace ser parte de algo o sentirnos reconocidos por los demás. Por lo tanto, en la conceptualización de la identidad, hay un cruce innegable entre la historia personal y la historia social.

Todo esto viene a cuento de Vals de la 81st & Columbus, el nuevo álbum del pianista y compositor argentino Adrián Iaies. La trayectoria artística de Iaies es motivo de orgullo para la cultura argentina y no extraña que ese sentimiento adquiera una dimensión mayor a medida que nos alejamos del hábitat creativo en el que se desarrolla. Y digo esto, si usted me permite la autorreferencia, desde la perspectiva del exilio. Es más, me animaría a asegurar que en la distancia encontré que la música de Iaies, aún siendo pasible de una valoración estética de carácter universal, contenía elementos familiares y reconocibles en los que podía ver reflejada mi propia identidad.
Vals de la 81st & Columbus no es un álbum más en la discografía de Adrian Iaies, ya que se grabó en Buenos Aires pero fue editado y distribuido por uno de los sellos independientes más importantes de los Estados Unidos: Sunnyside.
En ese inédito marco contextual comencé a escuchar una voz interior que me decía, casi como si fuese una revelación divina: “¡Hacé el comentario del disco, infeliz!”

Sin embargo, me tomé mi tiempo para aceptar ese íntimo mandato. No soy de apresurarme. Como ejemplo basta mencionar que recién la semana pasada acepté una invitación que hace 20 años me hizo el Partido Intransigente para asistir a una peña, organizada con objeto de recaudar fondos en ayuda de las Brigadas del Café en la Nicaragua sandinista. Llegué un poco tarde, es cierto, pero me conformó el enterarme que la reunión había sido un fracaso. Dicen que sólo concurrieron cinco tipos: dos militantes del PI (Partido Intransigente), uno del MAS (Movimiento al Socialismo) y dos del PO (Partido Obrero). O sea…pipi más popo.
En un esfuerzo supremo por no demorarme tanto (y no hacer “pipi más popo”) acepté la delegación divina de comentar este álbum con la firme convicción que para un intelectual la tarea resultaría sencilla. El intelectual medita, se inspira, busca, investiga, organiza las ideas, imagina, proyecta, interconecta fenómenos, etc.; mientras que el resto de los mortales se hunden en el más profundo de los silencios.
Al fin y al cabo aquí me tiene… hundido en el más profundo de los silencios.

Ante el objeto físico (léase disco) y en un rápido repaso de los temas incluidos en él, notamos que casi la totalidad de esas composiciones ya habían formado parte de discos anteriores del pianista. Esto abría un interrogante dirigido a delimitar hasta dónde Vals de la 81st & Colombus era un simple repaso de la discografía previa o una lectura actualizada de las versiones originales y hasta dónde una voluntaria descontextualización producto de una necesidad creativa o un re-lanzamiento en el mercado de jazz estadounidense de la música de Iaies. ¿Y por qué no ambas cosas?

La apertura es con Vals de la 81st & Columbus (Kuny’s Waltz) tema que ya fuera incluido en el álbum Las tardecitas de Minton’s de 1999. Un delicado preludio en piano, susurrado y melancólico, propicia el ingreso del resto de la banda, es decir: Aslán, Taveira y Zisman, aquí extendida con la participación como invitado del trompetista Juan Cruz De Urquiza. El bandoneón de Zisman (en la versión original ejecutado por Gabriel Rivano) rivaliza en el entramado armónico con la trompeta, hasta que la estructura se desvanece en un bellísimo solo de piano hábilmente secundado por el tándem rítmico que constituyen el contrabajo y la batería. Luego sigue un clásico del repertorio de Iaies: Astor Changes. Con versiones previas en Round Midnight y otros tangos de 2002, Astor Changes de 2005 y más recientemente en UnoDosTres (en trió con Mariano Otero y Ricardo Cavalli). Esta nueva lectura oscila entre lo exuberante y lo refinado y refleja influencias de la música clásica y la improvisación jazzística, incorporando una dinámica que acepta lejano parentesco con el estilo asociado a Dave Brubeck. Todo adornado por figuras de contraste entre la encendida arenga del bandoneón de Zisman y el tono confidente y ascético que caracteriza a Iaies.

A veces, sin necesidad de palabras, el cerebro consigue descifrar todas las secuencias de sonidos, silencios y ritmos, como si conociese naturalmente esa secreta organización. Sin importar el formato, tiempo y lugar en que se manifieste, eso es lo que me ocurre con la versión imaginada por Iaies del clásico de Thelonious Monk, Round Midnight. Tema que ya incluyera en sus álbumes Las Tardecitas de Minton’s y Round Midnight y otros tangos. No sé si esta versión es la mejor, pero sigo pensando cada vez que la escucho que en algún tiempo y lugar Monk y Piazzolla se juntaron a tocar. La melancólica revisión de Algún día nunca llega registra antecedentes discográficos en los álbumes Astor Changes y en UnDosTres, en este último en dos versiones diferentes (una en solo piano y otra en trío con Juan Cruz de Urquiza y Mariano Otero). Mientras que Juárez, el casamentero es la excusa perfecta para confesar la estrecha relación musical que une a Iaies con el pianista Manolo Juarez. Tras la reposada Sigilosamente (For Duke) llega una notable lectura de Valsecito para una rubia tremenda con un exquisito diálogo entre Iaies y Zisman, realzado por el inmejorable respaldo que ofrecen el contrabajo de Aslán y la batería de Taveira. A continuación, hacen una irreprochable versión de What are you doing the rest of your life, composición de Michel Legrand que formara parte del soundtrack de la película The Happy Ending y que Iaies incluyera en sus álbumes Round Midnight y otros tangos y Astor Changes. Seguido por una adaptación del clásico de Wayne Shorter Nefertiti que no agrega demasiado a las ofrecidas en discos anteriores. El cierre es un dúo de piano y bandoneón con el tema de Arieta y García Jiménez: Mariposita.

Conformar una identidad es establecer un centro gravitatorio sobre el que giran nuestras acciones. Eso implica que, más allá de los cambios o nuevos saberes incorporados en la vida, siempre hay un Yo relativamente unificado.
Tal vez Vals de la 81st & Columbus no señale el norte del camino que Iaies recorrerá en el futuro; pero aún así, esta revisión de su propia obra no hace más que reafirmar su identidad artística. Una identidad que pese a las distancias geográficas puede estar muy cerca del corazón. Una identidad que cuanto más se aleja, más se acerca.

Antes de cambiar el mundo, dé tres vueltas por su propia casa (Truman Capote)

Sergio Piccirilli

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